No puedo compartir por completo la postura en la que una mascota, especialmente un perro o gato, deba de separarse de su familia humana por decisión de ésta. Aunque comprendo que las circunstancias de vida de cada quien pueden ser más o menos complicadas, yo no puedo concebir una postura o movimiento en mi vida que me haga separarme de ninguno de los cinco que hoy son mi familia.
Sin embargo, tratando de ser objetivo, reconozco que en muchas personas no existe negligencia, mala voluntad o falta de responsabilidad cuando deben tomar la decisión de separarse de una mascota.
Para mí, honestamente, pensando en el bien de la mascota y la familia (especialmente cuando hay niños), separarse debe ser absolutamente la última opción, la única salida posible cuando ya se han explorado todas las demás. Pero si este momento llega, también existe una diferencia notable entre separarse bien, indiferentemente o terriblemente mal.
Supongamos que está en esa posición, usted debe, por cualquier razón que sea, separarse de la mascota que lo ha acompañado durante mucho tiempo; para ello, pemítame ejemplificarle con las mascotas que, quizá algunos blogernautas saben ya, conozco mejor: los perros.
La opción más común dentro de las negligentes y monstruosas, es dejarlo a su suerte. Sacarlo a la calle, “perderlo” en una zona que no reconozca, abandonarlo con engaños en un pensión veterinaria o llevarlo a un lugar boscoso o silvestre, no merece la comprensión ni entendimiento de nadie, mucho menos la disculpa.
Obviemos esa parte, pensando que no es un caso que conozcamos.
Vamos a pensar en los casos en que el dueño no puede conservar a la mascota pero es una persona decente, responsable y con los valores mínimos. ¿Qué hacemos?
Primero consideremos si hay niños pequeños. No considerar lo que los niños sentirán al dejar ir a un amigo animal es casi tan negligente como sentarles frente a la televisión en horarios para adultos, es decir, implica falta de responsabilidad y despreocupación por sentimientos que más adelante pueden haberse modificado seriamente por ese hecho.
Un niño no puede tomar decisiones familiares y a veces no comprende todo el espectro de necesidades de una familia, pero sí tiene una opinión y muchas dudas. Es una falta de respeto no exponerle el panorama completo y permitirle expresar lo que siente, aún cuando usted deba manejar poco a poco las cosas hasta llegar a que comprenda lo que de cualquier modo usted ya decidió.
Cuando hay un amor verdadero de parte del amo (niño o adulto), lo mejor que se puede hacer es apelar a que él vea por el beneficio real de la mascota. Un niño, o adolescente, debe entender que antes del capricho de él por tener a su perro cerca, debe pensar en cómo vivirá el perro. Cuando los espacios son muy reducidos, el perro puede vivir, siempre y cuando se le dedique un tiempo específico para salir a pasear y para jugar… y eso no está en la mente de todos los adolescentes.
Lo que sí está en la responsabilidad de todos los dueños, y debe mantenerse hasta el último día, es el destino de la mascota que se separa. El perro es un ser de lealtad absoluta. En la lealtad basa el éxito de su manada, su subsistencia, su alimentación y su reproducción.
El perro es un animal humanamente social. El perro ya no tiene una conexión real y directa con el mundo de los animales silvestres y genéticamente no está diseñado para estar lejos del hombre. ¿Sabe usted que el perro se apegó al hombre antes que cualquier otro animal? Antes de que el hombre supiera montar un caballo, arrear una vaca o recolectar los huevos de una gallina, el perro caminó a su lado. Y esto no es por “poquito”. Los estudios antropológicos indican que el perro fue domesticado por lo menos, hace 15.000 años, mientras su competidor más cercano, la oveja, lo fue hace casi 10.000, No está hecho para vivir sólo y sin duda sufre cuando se separa de su familia habitual. Cuando de nuestra parte es absolutamente inevitable, cuando hemos explorado todas las opciones y no existe otra, la última muestra de lealtad que podemos darle es escoger una familia amorosa para él.
No hay método efectivo para que el perro no sufra, al menos, unos días; pero sí hay muchas formas de darle un sufrimiento prolongado y terrible, que lo puede llevar, incluso, a la muerte.
Antes que otra cosa, debemos cuidar que la nueva casa a donde irá tenga un espacio definido y similar al que nosotros tenemos para él.
Si pasa por ejemplo, de tener un patio en nuestra familia a un balcón en la nueva, sentirá, no sólo la separación de los miembros, sino una especie de “castigo” de largo plazo y en el tiempo que le tope adaptarse, su cuerpo sufrirá trastornos por el ejercicio, la tensión y la vista.
Esto último no lo digo como una cosa sencilla.
Especialmente en las grandes ciudades, es común que la gente que vive en departamentos y tiene pequeños balcones, coloque a su perro ahí, ya sea permanentemente, o mientras hacen las labores del hogar, con el sentido de dos beneficios: La mascota no estorba y se “distrae tomando el aire”.
Sin duda existen perros que disfrutan estar un rato observando el mundo desde un balcón o una ventana, pero como en todas las conductas, esto no es regla y lo peor es que en los casos contrarios, es realmente dañino. Un perro que sale al balcón y le ladra a cuanta persona o auto pasa por enfrente, es un perro estresado. Muchas personas interpretan los ladridos constantes hacia la calle como una forma de “esparcimiento”, incluso como la forma perruna de “diversión”. No. Un perro ladrando en un balcón o en una azotea tiene estrés, tiene nervios y quizá miedo del mismo lugar que pisa. Algunos perros, viendo a través de los barrotes del balcón, están muertos de miedo.
¿Cómo saber si mi perro lo disfruta o lo sufre? Conociéndolo. Su mascota no es igual a la del vecino, no importa si es incluso de la misma raza y edad. No lo abandone en un balcón a la primera, primero salga con él, vea como se comporta, detecte si está tranquilo, si cuando usted se mete entra corriendo detrás, si quiere quedarse más, si realmente contempla el mundo o se siente amenazado. Aún si lo disfruta, el balcón no puede ser “SU LUGAR”, sino solamente el espacio en donde está un rato, para después regresar a nuestro lado. ¿O ha visto usted a algún animal terrestre que haga su guarida en el risco, al borde de una montaña?
La gente que lo cuidará y amará a partir de nuestra despedida, debe saber el ritmo y las costumbres que el perro tiene, para no verse sorprendidos. Especialmente hay que cuidar esto en términos de las muestras de cariño.
Si nuestro perro está acostumbrado a las caricias y mimos, y la nueva familia respeta, admira o gusta de los perros, pero no suele tener un contacto físico cercano, para él será muy difícil adoptarlos como familia, pues siempre extrañará la forma de contacto que tenía con nosotros y a demás, a la familia nueva le resultará un perro “encimoso”.
Si al contrario, nuestro perro comúnmente gusta de ir a su rincón o a su cama a descansar a solas, pero la nueva familia es empalagosa y de mucho contacto, puede asustarles cuando la mascota les demuestre alguna advertencia de disgusto, pidiendo su “espacio personal”.
Es responsabilidad de usted, el amo que se separa, avisar a la nueva familia del caráter del perro, con todo detalle y sinceridad.
Si muerde cosas o hace “travesuras”, hay que confesar que aún necesita educación, no que es un “perro problema”. Es justo advertir sobre las “manías” de la mascota para darle a la nueva familia la posibilidad de protegerse. A la mayoría les llaman atención los zapatos, pero también hay otros que se ven atraídos por los enchufes, los teléfonos o los controles remotos. Eso es más serio. Confiéselo antes de entregarlo en adopción.
Ni qué decir de las afecciones de salud. Sería usted una persona horrible si deja que la nueva familia descubra las enfermedades que tenía el perro hasta el momento de llevarlo al veterinario.
El otro aspecto ideal –aunque muchas veces más difícil- es que en la nueva familia esté alguien conocido. Ya sea un
familiar o amigo al que veía algunas veces o una voz que reconoce, la presencia de alguien confiable en términos de olor, imagen o sonido, lo ayudará a dar la transición.
De niño tuve que separarme yo de un perro, cuando nos mudamos de ciudad, si bien ahora mismo no lo permitiría, reconozco que mi padre hizo lo mejor que pudo en tanto explicarme y buscar el mejor lugar para el cachorro. Ese caso fue de mucha suerte para nosotros y creo que por ello entendí que era mejor para él.
La jovencita que ayudaba a mi mamá con la limpieza tenía años con nosotros, y en los días de escuela creo que tenía más contacto ella con mis perros que yo mismo. Debía limpiar lo que ambos perros hacían en el patio, pero aunque lo disfrazaba con regaños fingidos por “cochinos” o “traviesos”, jamás los asustó con un golpe o los intentó alejar. Ella los quería y ellos la querían. El cachorro que se tuvo que separar de nosotros se fue con una cara muy familiar, con una presencia confiable y a un lugar muy similar al que tenía antes. En su momento estoy seguro que ninguno de nosotros ponderó todas esas ventajas puntualmente, pero coincidió un buen final para su historia.
Si esta última opción se le complica o es muy tardada, por favor acuda a páginas de Internet o grupos de redes sociales en donde concurran amantes de los animales, no sólo “publicite” a su perro en un lugar visible.
Si aún dentro de las asociaciones serias se dan casos de malos adoptantes, imagine las enormes posibilidades que tiene usted de entregar a su amigo a una persona descuidada o violenta si no conoce nada del nuevo adoptante.
Si aún con el dolor de la separación podemos encontrar un buen lugar para la mascota que se va, podemos estar en contacto y saber de ella.
Mi último consejo: no la “olvide”.
No. No es más sano “darle vuelta a la hoja” cuando se separa. Si el proceso es definitivo, le recomiendo que no visite a la mascota muy seguido, para permitirle adaptarse a su nueva familia sin que esté esperando su regreso, pero pida noticias de ella con frecuencia, alguna foto o un video.
Y el día que su mascota hay cumplido su ciclo, si es posible por las condiciones antes de “dormirlo”, acuda a su lado para dicho paso.
La memoria de ellos en tanto las personas que aman, es extraordinaria. Si el perro o gato debe dar ese paso de dejar esta vida, nada será más gratificante para él que ver una última vez la cara de la primera persona que le amó.












Precio: Muy Alto. Marca de reciente introducción a México, pero ya con algunos años de camino en Estados Unidos. Tiene publicidad (la gringa) interesante, pero los encargados de la marca en México de plano son malos, porque nadie los está conociendo. Sólo se conocen en Petco. De sus redes sociales ni te fíes, no tienen idea de lo que venden, en donde o cuanto cuesta. Su fortaleza: Calidad. Sin duda los ingredientes son de primera y su sabor, por ello, también. El cambio en las mascotas se nota. Su debilidad: Si le gustan a tu perro, cambiarle a una más barata cuando venga la crisis, no será sencillo. Su distribución es muy chiquita; quizá quieren jugar al «Ferrari», y establecer un «estatus de exclusividad», y por eso no se hacen publicidad, cuestan tanto y se venden en tan pocos puntos.








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