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El llanto mortal de un Squonk


Caminamos por los bosques fríos de Inglaterra, quizá por los mismos que hace años Robin Hood usara para esconderse y ayudar a los pobres. Las leyendas, aquí, son tan claras como los árboles, huelen a musgo, a tierra mojada. Las leyendas y la lluvia, aquí, son parte de la vida misma. De repente… escuchamos un ligero y tierno llanto. Suave, lento, pero tan triste que el nudo en la garganta es inevitable…

Creemos que un niño extraviado, o una princesa triste se esconde a lo lejos, pues nuestro ojos no logran ver al portador de tal melancolía.

El llanto continúa, así que bajas la mirada, y ahí a tus pies… un sapito rechoncho y de patas cortas, de pasos torpes y mirada baja, solloza sin parar.

La primera reacción es de lástima quizá, te acercas para escuchar mejor su llanto, saber si serán tus oídos los que juegan la broma… pero no, el pobre anfibio, llora. Voltea hacia ti, pero ancho y verrugoso como es, te hace casi imposible evitar el sobresalto por su cara tosca, a pesar de la ternura de su depresión.

Él se da cuenta que lo has visto, que otra vez su aspecto ha asustado a alguien, recuerda que es feo… y su llanto aumenta… llora, llora.

Lágrima a lágrima aumenta su tristeza, hasta que ante tus ojos, lo ves desaparecer, deshaciéndose en lágrimas.

Es un Squonk.

Antes de que el cantante Phil Collins le cantara a Tarzan en el soundtrack de la película, era parte del famoso grupo Génesis, en el que le dedicaron una canción a esta triste leyenda de Gran  Bretaña: El squonk.

Se dice que el Squonk es una raza de sapos muy prolífica de la isla de Bretaña, y que data de hace miles de años, pero es tan consiente de su fealdad, que has sido casi imposible verlo hasta nuestro días, pues el pequeño animalillo vive agazapado entre la maleza y los pantanos, evitando que la gente se burle de su cara y su piel.

El famoso y triste squonk es una de las representaciones míticas a un hecho común entre los humanos: la crueldad y la no aceptación de aquellos que son diferentes. La intolerancia, la burla y el miedo a lo distinto.

En esta tendencia, la leyenda del Squonk no está alejada de otros clásicos, como el Patito feo, El Fantasma de la Ópera o el Jorobado de Notre Dame.

Lo que además, nos habla de lo antigua que puede ser esta tendencia cruel tan nuestra de rechazar aquello que no conocemos.

La leyenda cuenta que el Squonk, triste como siempre por su fealdad, escuchó una noche el llanto armónico de una hembra de su especie, por lo que, contrario a su instinto, salió de su pantano hasta zonas may habitadas, tratando de encontrar el amor que tanto deseaba.

Cuando por fin encontró la fuente del cántico, se trataba de un viejo cazador de leyendas, que había aprendido a imitar este llanto, en busca de capturar un Squonk.

El pequeño Sapo trató de escapar, pero el viejo lo metió a un saco, para llevarlo a su casa y unirlo a su colección de rarezas.

Mientras viajaban, el squonk, humillado aún más de lo acostumbrado por la burla del cazador, comenzó a llorar inconsolablemente… y cuando el viejo llegó a casa para sacar a su presa, lo único que encontró en el saco fue un charquito de lágrimas, en las que el triste squonk se había desintegrado.

Desde entonces el squonk no confía más en los humanos, ni en otros animales… ni en el amor.

Es probable que la historia se mezcle también en algún punto con la clásica leyenda del sapo que al besarlo se convierte en príncipe, pues se dice que alguna princesa de corazón puro aceptó al squonk pese a su fealdad, y al verlo llorar, lo consoló y le dio un beso, a lo cual el squonk se transformó de nueva cuenta en un charquito de lágrimas, que cayeron al lago, mezclándose… y a los pocos minutos salió del lago un príncipe, que se casaría con la doncella.

Ante todo esto, el Squonk quizá parezca inofensivo, y lo es en la mayor parte, pero también resulta que el llanto triste del squonk  puede deprimir tanto a la gente que lo escucha, que los lleva a una locura que les hace vagar acongojados por los bosques británicos, hasta perder el rumbo y extraviarse para siempre.

 

 

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Canelo. La fidelidad no caduca.


Los mitos, a veces, en nuestro mundo animal, son historias que hablan de seres que antes llamábamos irracionales, pero que con el tiempo hemos comprobado que son increíblemente sensibles y por tanto, para nosotros los ignorantes, siguen siendo un misterio.

Cuando yo era pequeño recuerdo que algunas canciones folclóricas hablaban de animales geniales, tan fieles que resultaban difíciles de creer. Recuerdo especialmente al caballo blanco de José Alfredo y a un perro muy fiel, que esperó hasta morir, acostado junto a la tumba de su dueño.

La mayoría de la gente tomaba esas historias como cuentos románticos, pero mi padre, ese primer y gran mentor del amor animal en mi vida, decía que eran completamente reales.

Yo siempre me sostuve de esos cuentos.

Hoy platicamos la verdadera historia de uno de esos mitos, quizá para algunos aún desconocida.

En la antiquísima ciudad de Cádiz, en España, existía un hombre pobre que tenía por amigo a un perro flaco, un mestizo llamado Canelo. El hombre, ciudadano poco conocido y sin fama alguna, enfermó un día y en el hospital le dijeron que debía hacerse un proceso lento y diario: debía hacerse diálisis.

Desde ese día, caminaba cada mañana junto a Canelo hasta el hospital, y cuando llegaba a la puerta le decía a su amigo: “Espérame aquí Chaval”. Este procedimiento de limpieza orgánica, le llevaba algunas horas y le dejaba agotado, pero al salir, el fiel Canelo lo esperaba para acompañarlo a paso lento de regreso a casa. Esa era quizá la razón de su fuerza.

Pero un día de diálisis, uno como cualquier otro de los cientos que llevaba repitiendo la rutina, el hombre ya no salió. Estando en el hospital se complicó su salud, debió se internado en terapia intensiva y cuidado permanentemente, durante varias semanas.

Canelo sólo recordaba sus últimas palabras: Espérame aquí, chaval. Y lo esperó.

Al cabo de unas semanas el cuerpo de su dueño no pudo más… y murió.

No hubo persona alguna que quisiera o pudiera explicarle a Canelo la situación. O quizá este no quiso entender.

Día y noche Canelo esperaba a la puerta del hospital en Cádiz, alimentado por enfermeras y doctores para quienes ya era un perro familiar, casi un amigo.

A veces estiraba las piernas y paseaba un poco por la cuadra, pero siempre volteaba a la puerta para no perder la salida de su amo.

Poco a poco fue haciéndose de una casa, cartones y maderas que le fueron confeccionando los mismos personajes que a diario lo veían.

Y Canelo siguió esperando.

Pasaron DOCE AÑOS. Doce años más viejo, Canelo esperaba la salida del hombre al que sin duda, amó.

Lo hicieron miembro honorario del hospital, lo defendieron de la perrera municipal, lo vacunaron y desparasitaron.

Un día, el experimentado Canelo murió atropellado. Con doce años al borde de la calle, nadie se creyó que Canelo muriera por accidente, más parecía haber intentado una nueva estrategia, quizá ir a buscar a otro mundo a su amigo que tardó doce años en salir.

Hoy la imagen de Canelo es de bronce, puesta sobre una placa en el lugar donde tanto tiempo vivió, en la calle que sí, hoy, oficialmente se llama calle Canelo.

Canelo y su fidelidad son esos pequeños elementos de la historia que hacen leyendas y crean mitos. Para mí, Canelo es ese perro del que hablaba la canción y que sólo mi papá me apoyaba a creer que era verdad.

 

Pequeños mitos caninos. (Que no le digan, que no le cuenten)


La gente tiende a dar respuestas rápidas a preguntas importantes cuando se trata de los perros. Es como si todos fueran un poco veterinarios o un poco expertos, por el simple hecho de tener uno en casa o porque les agradan.

La verdad es que algunos podemos tener sangre ligera para los perros, y eso a veces nos hace entenderlos mejor, pero NO nos da facultades psíquicas, mucho menos, nos convierte en Dr. Doolitle.

Por eso es importante reconocer cuando tenemos que preguntarle a un experto, acudir con un especialista, como siempre romper el mito con cultura nueva, con conocimiento.

Y eso por eso que vamos a hablar rápido de algunos Mini Mitos Caninos y sus respuestas rápidas.

Mito. Perro que ladra no muerde.

Hay diferentes tipos de ladridos… y sí, algunos no significan que un perro atacará, algunos son ladridos de alegría, con otros más agudos pueden estar pidiendo juego, comida o simplemente atención, algunos (como en el aullido nocturno) son comunicación de unos con otros, por lo que generalmente son ladridos hacia arriba, hacia la nada… y alguno son ladridos de nervios y alerta, ladridos que significan un preámbulo. Es como si dijera: “Mira, ladro fuerte, es porque soy peligroso”. Para identificar a cada huno hay que conocerlo bien al perro en cuestión, así que no aplica con perros ajenos.

Perro que ladra, puede morder, depende la circunstancia. El ladrido es una alerta, está avisando su incomodidad antes de actuar. Nada de valentías absurdas, si un perro ladrando no se calma, déjalo en paz.

Mito. El perro libre es el más feliz.

Falso. El perro ha sido domesticado por el hombre, tiene miles de años siendo la compañía de los seres humanos y disfruta su presencia.

Es imposible verlos como animales silvestre, ya no, nunca más. “Liberar” a un perro en un parque o bosque, es en realidad quitarse, por la vía más cómoda y cobarde, una responsabilidad que sencillamente nos dio flojera, si eres niño, no dejes que tu papá te eche ese choro, si eres adulto, no seas otro cómodo irresponsable del montón. Además, en “libertad”, las posibilidades de que el perro muera pronto y de forma dolorosa, son muy altas.

Mito. “¡Míralo! ¡Si sabe lo que hizo…!” Está consciente que hizo una travesura.

Regañarlo porque encontramos algo malo que hizo hace un rato, no lo hace entender la travesura, sólo lo asusta por nuestro tono de voz.

Enseñarle el zapato que mordió hace media hora, mostrarle el vaso que rompió cuando no estabas, o acercarlo a que huela su orina o heces que dejó en tu sala un rato antes, es absurdo. Creerá que lo regañas por ponerte atención o hacerte caso para acercarse.

No está consciente del error, está asustado por nuestro enojo.

¿No lo crees? Dile cosas como “perro cochino, malcriado, esto no se hace” pero en el tono chistosito que usas cuando lo apapachas. Verás que se acerca, mueve la cola y es feliz. ¿Entonces cuál crees que es el factor de miedo?

No lo cachaste en el momento del error, ni modo, no va a entenderlo después.

Mito. Las hembras necesitan ser madres al menos una vez (Porque si no se enfermará, será una perra triste, extrañará tener cachorros algún día)

Falso y doblemente grave. Ninguna hembra mejora su futuro o salud con una camada de cachorros. Al contrario, si se esteriliza desde los seis meses de edad, se reducen riesgos de muchas enfermedades futuras. Remover quirúrgicamente o “cancelar” el aparato reproductor, reduce considerablemente la producción de hormonas, por lo que los cánceres de este tipo se quedan sin gasolina.

Los perros en general no “envidian” un hecho que no conocen. Si nunca es madre, la perra nunca “añorará” serlo, porque no sabe el “sentimiento” que implica, aunque lo vea en otras.

Lo más grave, claro: creencias de este tipo tienen a MILLONES de perros en la calle, pero eso sí, su mamá tiene la satisfacción, ¿no?

Mito. El Doberman se vuelve loco y te desconoce.

Muuuuy falso. Creencias populares hablaban de un cerebro superdesarrollado o un hueso que crecía de más. Es falso. Son pretextos para esconder la culpa de una mala socialización, de una mala educación o de haber convertido a nuestro perro en agresivo a fuerza de nuestros propios nervios. Sí, es uno de los perros más fuertes, por lo que si no son encausados correctamente en tanto su energía, es fácil hacerlos agresivos, pero no es algo genético o biológico.

Mito. El Labrador es el perro más amable del mundo.

Seamos justos, tampoco esto es automático. Un labrador con una educación descuidada, puede ser tan o más agresivo que el típico perro malo.

No hay santos ni demonios por naturaleza, todos son responsabilidad humana.

Mito. “No está gordo… ¡está sanote!”

Pues falsote. Como con los humanos, un perro que rebasa su estructura normal, tiene una enfermedad llamada SOBREPESO. Puede ser muy grave y detonante de muchísimos otros males. Ve con un veterinario a la de ya, para que te diga su condición real y qué hacer para ayudarlo. Si no, la diabetes, el cáncer, los problemas de articulaciones o cadera, en fin… muchas cosas malas le esperan.

Mito. “Pobrecito, se aburre de las miiiiiismas croquetas todos los días…”

En realidad son muchísimo menos quisquillosos que nosotros y no responden mucho que digamos a cosas como el aburrimiento. Si algo es placentero y funciona para sobrevivir, en la mente del perro no hay por qué cambiar. Claro, si huele carne, pollo o algo sabroso en tu plato, querrá conocerlo, pero si no se lo das, no tendrá por qué pedirlo constantemente, será un mera curiosidad.

Y quizá el mito más grande de todos: Los Perros comen huesos.

Perros y huesos, mito de caricaturas, tanto como los perros cazando gatos o los gatos comiendo pescados de los que sacan el esqueleto intacto. Los huesos son los restos, las sobras.

Les gustan por el sabor de la carne que les queda o porque resiste a la primera mordida y a veces les gusta el reto, pero no porque la naturaleza les haya puesto huesos en su menú principal.

De hecho, para muchos perros un hueso es un enorme riesgo, pues puede romperse, astillarse y lastimarle severamente la garganta, esófago, estómago o intestinos.

Lo importante ante cualquier mito, es acudir con los especialistas, informarte, preguntarle a gente calificada. Tu perro es tu responsabilidad, no juegues a las adivinanzas con su vida. Protégelo de la ignorancia humana como él te protege de las amenazas externas.

 

Los mitos del Perro I.


El día de hoy respondemos a una petición especial de nuestros bloggonautas y nos apoyamos de amigos especialistas para hacer una breve exploración cientifico-mitológica de uno de los animales más cercanos al ser humano, el que más tiempo ha caminado a su lado y el que implicado una mayor conexión entre los humanos y el mundo natural, comenzamos con la saga mítica del Perro.

¿Qué tiene de mitológico un perro para aparecer en esta sección? (¿Es que a Paco Colmenares se le acabaron las leyendas?)

Lo que sucedió es que este humilde autor, ante la observación de un joven radioescucha y blogger, no tuvo más que reconocer que se ha dejado llevar por la maravillosa cosmogonía de los seres de fantasía pura, dejando de lado la fantasía misma que han traído siempre los seres que nos acompañan a diario.

Por eso decidimos hacerle un homenaje a aquel amigo que, aunque tiene 12 mil años caminando con nosotros, sigue siendo un misterio en muchos sentidos.

¿Hasta donde llega su consciencia? ¿Qué tan inteligente puede ser? ¿Es capaz de resolver problemas nuevos sin condicionamiento? ¿Sabe que nosotros somos los amos?

Hay muchas interrogantes que a lo largo de las próximas semanas iremos develando poco a poco y con la ayuda de nuestros expertos invitados y colaboradores del programa. Pero como todo gran camino empieza con un paso, el día de hoy empezamos por resolver algunos enigmas tan básicos que los creemos obvios.

Por ejemplo: ¿qué es un perro?

Desde luego no vamos a concentrarnos en el hecho de que es un mamífero cuadrúpedo y demás definiciones de biología. Empecemos por decir que su familia, Canis, apareció en el planeta hace unos 300 mil años, pero los antecesores más lejanos con conexión canina, tienen más de 30 MILLONES de años.

Cynodictis

Este súper abuelo prehistórico del perro es conocido como Cynodictis, y era un animal enorme con forma de mangosta pero de hocico alargado.

El Cynodictis vivió en el periodo Oligoceno y se extendió sobre lo que hoy es Europa y Asia, y por su tamaño y forma, se le ha llamado amablemente El Oso-Perro.

Tomarctus

Aunque genéticamente tiene muchas relaciones caninas, el Cynodictis está aún en discusión sobre su parentesco, lo que no sucede con el Tomarctus, oficialmente el canino más viejo del planeta, de unos 24 millones de años.

Parece muy factible que sea este el animal del que evolucionaría el gran lobo, el Canis Dirus, del que se tienen fósiles con 300 mil años de antigüedad. Empero, el lobo que hoy conocemos (Canis Lupus) es muy diferente a los grandes lobos de las eras glaciales, los que medían casi el doble que los actuales y competían mano a mano y desde entonces, con un famoso felino, el dientes de sable.

Canis Dirus

En términos muy generales, la familia canina actual, toda derivada de ese gran Lobo Dire, se compone de lobos, perros salvajes, chacales, zorros y el perro común.

Tanto el Gran Danés como el Chihuahua son hijos de la misma familia, y sus características se han ido forjando por los ambientes en que han vivido.

Sin embargo, las características que definen al canino son un poco engañosas, y hacen que algunas veces se incluyan falsos perrunos en la familia.

Canis lupus

Por ejemplo, a diferencia de lo que la mayoría cree, la Hiena no es un cánido, pues su conformación genética está mucho más cercana a los grandes felinos.

Tampoco lo es el recientemente extinto Lobo de Tasmania, que era en realidad un marsupial, más cercano a los canguros que a los perros.

Incluso hay un animal, que al puro estilo engañoso del “Conejillo de Indias” (ni conejo, ni de la India), fue llamado Perro de las praderas, cuando en realidad es un clásico roedor.

Ahora bien, es cierto que todas las razas del Perro doméstico provienen del mismo abuelo, pero también es cierto que como uno de los animales con mayor capacidad de adaptación ambiental, con el paso de los años cada una fue desarrollando capacidades y costumbres diferentes.

Pero de eso… platicamos en la siguiente entrada de Animítica en Planeta Mascotas. Hasta entonces, esperamos sus dudas y comentarios, para seguir ampliando el conocimiento.

La terrible y triste historia del cándido Murciélago Vampiro y su Drácula desalmado.


Sin lugar a dudas, el famoso conde Drácula es uno de los íconos de terror para diferentes culturas alrededor del mundo. Ya sea por copia, por importación cultural, por costumbre o por cercanía, el conde en alguna de sus interpretaciones está presente en miles de imágenes, anuncios, adornos, revistas, pósters y por supuesto disfraces, a lo largo y ancho del globo.

Podríamos hablar mucho de la historia misma del conde, aunque desde luego sería difícil aportar algo nuevo, pues se han escrito tantos libros, obras de teatro, cuentos y guiones cinematográficos, que la historia se ha ido hasta desgastando en poco más de 100 años, desde que apareció la novela homónima Drácula, escrita por Bram Stoker en 1897.

Sin embargo, existe una parte de la leyenda que resulta un tanto injusta para uno de sus actores.

El mito del vampiro moderno bien podría tener algo así como 700 años. Sería muy difícil dictaminarlo con total seguridad, pues algunos relatos de la vieja Europa que aún no usan la denominación, parecen hablar de seres similares y rondan estas fechas. Sin embargo, las criaturas vampíricas en sus muchas denominaciones, parecen presentes desde hace miles de años, en relatos griegos, egipcios, chinos y mesopotámicos.

Pues en este largo camino, en algún punto entre la suerte, la investigación y los rumores, el murciélago vampiro se le pegó a esta leyenda.

El Desmodus Rotundus, o murciélago Vampiro, es un quiróptero de la subfamilia Desmodontidae y es hematófago, o sea, se alimenta de sangre.

Dos razas de murciélagos vampiros se alimentan de sangre de aves exclusivamente, y solo una se alimenta de sangre de mamíferos mayores, como caballos, reses y borregos. Desde luego, en la menú de ninguno se encuentran los humanos, pero pueden atacar si se lo proponen, cosa que sucede con extrema rareza.

La mordida del murciélago no es letal por si misma. De hecho es muy pequeña y muy poco profunda. Hacen un hendidura a nivel de piel y sin buscar venas o zonas especiales. Su saliva tiene un anticoagulante, lo que hace que pueda seguir emanando la sangre hasta que se llena, lo que además, pasa relativamente rápido.

Sí existe un riesgo con las mordidas del murciélago vampiro, pero es debido a las bacterias y virus que pueden transmitir con su saliva y depositarlas directamente en el torrente sanguíneo.

Es común que transmitan la rabia, aunque también se les asocia con enfermedades como La fiebre murina y la enfermedad de Chagas.

Todo esto hizo que la leyenda de Drácula, del Vampiro asesino e inmortal, se asociara con la del Pequeño Murciélago Desmodus.

El mamífero volador de 10 centímetros es incluso simpático y poco huraño, pero tiene una fama de matón que ya quisieran los mafiosos italianos.

En muchos lugares no es raro ver que ante la aparición de un murciélago, la gente que esté cerca se cubra el cuello con su chamarra o con las manos, como si corrieran en verdad el peligro de que les atacara el vampiro del cine.

Algunas películas, libros y cuentos han hecho esta asociación estableciendo que el Vampiro humanoide tiene la capacidad de tranformarse en murciélago para huir. En otras, como Bats, de 1999, murciélagos alterados genéticamente son el enemigo en pleno, aterrorizando poblados enteros.

Nada más lejano.

El ataque de un murciélago vampiro, es muy raro que se reporte. El de una banda entera de murciélagos: increíble.

Pero las leyendas y los mitos son así. Fértiles imaginaciones nutridas de fantásticos detalles de la vida real y en esta ocasión le tocó al inocente Desmodus Rotundus ser parte de uno de los mitos de terror más antiguos.

No toque la puerta. Cuidado con el Can Cerbero.


Carteros, mensajeros, repartidores de pizza y hasta algún malandrín de dos pesos… ¿qué tienen en común?

Bueno, pues todos son o han sido amenazados en algún momento por el más clásicos guardian de las puertas, el perro.

Nuestro amigos canes, gracias a su instinto protector y territorial, han sido desde hace miles de años, probablemente desde su domesticación, los guardianes del hogar por excelencia, siempre situados en la línea frontal de batalla, la misma entrada de la guarida.

Bueno, pues entre aquellos que confiamos la puerta misma de nuestro hogar a uno de estos fieles compañeros, hubo quien exageró. Me refiero al Dios griego Hades, amo y señor del inframundo, que para cuidar la entrada de su hogar, se hizo de un célebre y poderoso amiguillo.

El Can Cerbero.

Cerbero, nombre exacto de este amigo, es un perro gigantesco y feroz, dotado de gran inteligencia y excelentes sentidos de olfato, vista y oído.

Algunos lo señalan como un animal de varios metros de altura. Algunos como un can de proporciones normales. Pero en lo que cada relato coincide, es en la firmeza de este amigo para cuidar las puertas de inframundo griego, lugar al que cada alma debía ir.

Ah sí… y en que tenía tres cabezas.

Originalmente la costumbre griega dictaba que al morir, cada persona debía ser enterrada con dos monedas para dárselas a Caronte, el barquero mortal que le haría cruzar sobre su balsa el río Estigia, entre el limbo y el inframundo. Una vez terminado el viaje, se llegaba a las puertas del Hades o inframundo, en donde el Can Cerbero, esperaba serio y firme.

Si el Hades (nombre discutido entre el dueño del lugar y el lugar mismo), por alguna razón no era el lugar adecuado para esa alma, Cerbero no le dejaría pasar a ningún precio.

Algunos osados que quisieron rescatar alguna alma del inframundo, sufrieron la ferocidad del can, como Teseo o Priíto. Sin embargo algunos otros supieron vencerlo, como Orfeo, que le encantó con su música, Eneas o Psique, que lo engañaron con pastelillos dulces, o el mismísimo Hércules, que hubo de capturarle incluso, para cumplir con su última tarea.

Cerbero es en nuestros tiempos un célebre personaje de fantasía, pero aparece mencionado por primera vez en la cultura literaria occidental por Dante Aligheri en la Divina Comedia, en el canto sexto al infierno. Después de esto ha pasado por múltiples libros, obras cinematográficas, videojuegos y cómics, hasta una de las últimas representaciones famosas, en la saga de Harry Potter.

La cultura occidental, empezando por Europa hasta llegar al Nuevo Mundo, fue modificando estos elementos teológicos de mitologías como la griega, como una forma de hacer más adeptos a sus religiones o creencias. Hades fue interpretado como Satanás y el inframundo griego como el Infierno, de ahí que Dante lo pusiera en esa sección de su obra. Desde luego, eso ha hecho de Cerbero un ser diabólico, “perro del diablo”, aunque afortunadamente la desmitificación de las sociedades a través de la educación, hace cada vez más común el concepto original:

Hades es el Dios que cuida el lugar de descanso de las almas, ya sea que deban sufrir un castigo o no, el inframundo es el inevitable lugar a donde van los muertos, en donde no necesariamente hay dolor y sufrimiento… y Cerbero es un ser noble y justo, feroz cuando es necesario, leal el resto del tiempo.

Para la lengua española, desde años se aceptó el uso de Cancerbero, todo junto, para designar a un portero o guardián, especialmente si es uno fiero e imbatible.

Por eso no es raro llamarle así a guardianes de discotecas o centro nocturnos, porteros reacios de edificios importantes, y a los guardametas de nuestros favoritos equipos de futbol.

El Can Cerbero, guardián de nuestra departamento de Animítica.

El Pie más Grande de la mitología.


Hoy nos vamos a aproximar a pasos agigantados a uno de los mitos más difundidos en el folclore de la cultura norteamericana.

No, no hablaremos de Elvis y su conexión con los extraterrestres. Este miro, de hecho, es más alto que el Rey del Rock, su copete es más abultado, y sobre todo, en caso de usar zapatos, calzaría varios números más arriba que Elvis Aaron Presley.

Sí, hoy seguimos las huellas del Big foot, el Sasquatch… las enormes huellas de Pie Grande.

Pie grande es probablemente uno de los tres mitos, presumiblemente aún existentes, más famosos del mundo.

Es parte del trío Mounstro del lago Ness, Yeti, Pie grande.

Estos tres casos, ubicados en latitudes muy distintas, sobreviven en la cultura popular como posibles mitos. Y son sólo posibles, porque muchos dicen que su existencia es indiscutible.

Ya antes hemos hablado de Nessie, y pronto nos ocuparemos del frío primo del Himalaya, pero por hoy, pie grande entra con paso firme para instalarse en el departamento Animítica.

Pie grande es una especie de humanoide simio, de entre 2 y 3 metros de altura, pies y manos gigantescos y el cuerpo cubierto de un denso pelo café o negro.

Fue visto oficialmente por primera vez, en 1958 y desde entonces, los avistamientos de aficionados, exploradores y campistas, se han multiplicado, llegando a obtener incluso huellas enormes en la tierra, fotografías un tanto borrosas y un enorme número de historias a su alrededor.

Se dice que el Pie grande, puede ser una especie de gorila que se desarrolló un poco más que los simios, logrando incluso pararse prácticamente erguido y alcanzando la estatura de 2 metros y medio.

De alguna forma, Big Foot podría ser el eslabón perdido, como mucho se le ha llamado, entre la especie homínido humanoide más evolucionada, y el ser humano Homo Sapiens, como se le conoce al hombre normal.

También se presume que él y Yeti, el famoso abominable hombre de las nieves que vive en los Himlayas, son parientes cercanos, conectados por el estrecho de Bering.

Lo cierto al respecto, es que Big foot es tan famoso en la cultura de Norteamérica, que anualmente se hacen congresos alrededor de su figura, en donde se presentan las nuevas evidencias sobre el mito, nuevas historias y cualquier parafernalia a su respecto.

Aunque las novelas sobre él y su participación en la ficción sea muy amplia, pocos ejemplos se han quedado suficientemente grabados en la historia de los medios sobre este muchacho de patas grandes.

Fue uno de los primeros grandes invitados a la era Simpson, representado por una confusión al encontrar a Homero lleno de lodo, apestoso y gritón… bueno, aunque las últimas dos sean parte de la naturaleza de Homero.

Marvel Comics diseñó un personaje llamado Sasquatch, al igual que la Compañía Capcom en su videojuego Darkstalkers, pero sin duda el Pie Grande más famoso y querido de la televisión de fin de siglo, fue el aparecido en la serie Harry y los Henderson, en donde una familia con una casa en el bosque, atropella por accidente al Bigfoot, lo lleva a su hogar para sanarlo y aprende a convivir con él, una vez que ya es conocido como el buen Harry.

Este Harry  sonriente, bonachón, amoroso y un tanto ingenuo, disminuyó mucho la imagen violenta y temible que se llegó a tener del enorme mito. Pero no se detuvo ahí, pues hasta una película alcanzó a tener.

Ese es Pie grande, leyenda, folclore o especie humanoide por descubrir, lo que sí le damos seguro, es su diploma y mención honorífica, en el departamento de Animítica.