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La decisión que costó la vida a casi 100 elefantes


Al menos 90 elefantes han sido asesinados por cazadores furtivos en los últimos tres meses en Botsuana, país con la mayor población de estos mamíferos en todo el mundo, denunció la asociación Elefantes Sin Fronteras.

Mike Chase, director de la organización y encargado del censo poblacional, indicó que sigue sobrevolando distintos distritos y encontrando cadáveres, por lo que es posible que la cifra aumente.

Al comparar las cifras del Censo Aéreo de Elefantes y Vida Silvestre de 2015, que realizan junto al Departamento de Vida Silvestre de Botsuana, con el que estaban realizando este 2018, Chase afirmó que se encuentra con las cifras de caza furtiva más grandes en la historia de África.

El censo, que comenzó el pasado 10 de julio, va a la mitad.

La ONG encontró un claro vínculo entre el aumento de la caza y la decisión del gobierno de desarmar a la unidad que combatía a los cazadores furtivos.

Los guardabosques o “rangers” botsuanos viajaban fuertemente armados y tenían autorización para disparar, sin embargo, desde mayo, el nuevo presidente Mokgweetsi Masisi ordenó desamar la unidad sin dar mayores explicaciones.

Tras la noticia de las muertes y la acusación de Elefantes Sin Fronteras, la prensa internacional ha realizado preguntas al ministro de Turismo, Tshekedi Khama y el jefe del estado mayor del Ejército, general Placid Segokgo, sobre los motivos del desarme.

Ambos funcionarios se limitaron a confirmar la muerte de los elefantes pero rehusaron ahondar en los detalles del motivo del desarme de los rangers.

El predecesor de Masisi, Ian Khama, era considerado un defensor de la fauna salvaje.

En abril pasado, autoridades de Mozambique incautaron 3 toneladas de marfil con destino a Camboya, es decir, unos 400 elefantes habría sido asesinados para obtener ese marfil

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Foto: Pixabay

Para entender el conflicto:

  • Kilo de marfil se compra por unos mil dólares
  • Los principales mercados son Tailandia y China, donde se utilizan en adornos
  • Cada colmillo puede pesar 30 kilos
  • Las poblaciones de elefantes entre Zambia y Angola fueron llevadas casi a su extinción
  • Botsuana tiene la mayor población de elefantes en África con más de 135.000 ejemplares, hace 30 años la población total superaba el millón
  • Cada año, alrededor de 30 mil elefantes mueren a manos de cazadores furtivos

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    Foto: Pixabay
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El águila… un ave rapaz en peligro de extinción


En el mundo existen más de 60 especies de águilas distribuidas en América, Europa, Asia y algunas partes de África, desafortunadamente muchas de ellas están en riesgo de desaparecer. En México, siete especies están en peligro de extinción, las cuales son: cabeza blanca, arpía, solitaria, crestada, elegante, tirana y blanquinegra, mientras que el águila real se ubica en la categoría de “amenazada”.
Esta ave, considerada emblema de nuestro país, presenta números alarmantes, pues a inicios del año 2016 quedaban tan solo cien parejas de reproducción en vida silvestre. La deforestación y construcción de zonas urbanas e industriales son una amenaza real para estos animales; la afectación de su hábitat y la disminución de su población son el claro ejemplo del impacto negativo que la presencia del hombre ha tenido sobre su existencia.
Otra acción que revela la inminente amenaza del hombre es la extracción de las aves rapaces de su ambiente natural y su tenencia ilegal. Esta situación muestra la urgencia de poner en marcha nuevas leyes, políticas y programas aún más orientadas a la protección, reproducción y preservación de dichas especies.
La ley General de Vida Silvestre, creada el 3 de julio de 2000 y cuya última reforma se realizó ‪el 19 de enero‬ de este año, estipula que “es motivo de infracción y sanción administrativa poseer ejemplares de vida silvestre fuera de su hábitat natural sin contar con los medios para demostrar su legal procedencia” y agrega “el saqueo de nidos para fines comerciales es un problema que se ha detectado (…) se sabe que los huevos son robados para coleccionistas o para incubarlos”.
Como sabemos recientemente se han avistado águilas en algunos puntos de la Ciudad de México, lo que ha sido motivo de sorpresa y admiración para muchos habitantes. Al respecto, es importante destacar algunos apartados de la Ley de Protección a los Animales del Distrito Federal, publicada en febrero de 2002 y cuya última reforma se llevó a cabo en junio de 2017.
Esta legislación resalta la importancia de dar un trato digno y respetuoso a las águilas y a todas las especies. Define como maltrato “todo hecho, acto u omisión del ser humano, que puede ocasionar dolor o sufrimiento afectando el bienestar animal” y añade “todo acto que implique la muerte innecesaria o injustificada de un animal es un crimen contra la vida”. También destaca que si es necesario capturar una especie silvestre en la vía pública deberá realizarse bajo denuncia a las autoridades correspondientes y siempre libre de maltrato.
De acuerdo con la Bióloga por la UNAM, Estrella Serrano García, “el avistamiento de águilas en la capital del país también puede deberse a que escaparon de zonas en cautiverio o de cetreros, que son sitios donde se adiestra de forma autorizada a las aves rapaces para dispersar a otras más pequeñas de lugares en los que aterrizan y despegan aeronaves o en los que funciona algún otro medio de transporte”. “Sea cual sea la razón, siempre deben ser tratadas con respeto”, agrega.
Aunque las autoridades trabajan de manera permanente, a través de dependencias como la SEDENA, PROFEPA Y SEMARNAT para recuperar, rehabilitar, proteger y reintroducir en su medio a animales capturados o comercializados, es necesario sumar esfuerzos para erradicar el tráfico ilegal de especies y crear conciencia sobre el respeto al mundo animal.
Si deseas consultar la Ley General de Vida Silvestre o la Ley de Protección a los Animales del Distrito Federal, puedes hacerlo en los siguientes enlaces:

Jaguares. Dioses de Belleza Implacable.


Ojo de DiosCaminando en la profundidad del bosque tropical, no existe un punto de calma para tus ojos y oídos. De entre los altos árboles, de un verde intenso en las hojas y un ocre invadido de musgo en el tronco, emergen constantemente figuras, sonidos y colores que emocionan, sobresaltan y maravillan.

Cada ciertos minutos se oye el llamado de un mono, gutural y repetitivo. Le contesta un ave, más agudo y cadencioso. Los insectos acompañan; la lluvia hace las percusiones suaves; en el fondo, el arroyo que crepita contra las piedras matiza todo con uniformidad. Todo compone una melodía única y permanente, perfecta. Todos son elementos de una orquesta incomparable que la naturaleza fue conformando con una exactitud increíble.

Y como en cada gran orquesta, viene el momento del solista. Ese golpe armónico que pasa por encima de los demás, sin avisar, irrumpiendo entre la suavidad de esta pieza. Aquí, en el bosque lluvioso, el solista, el más poderoso de los músicos, es también el que lleva el atuendo más espectacular e inconfundible.

Es momento de ver actuar al súper depredador de estos lugares, el amo y señor absoluto, ya sea corriendo entre los matorrales, trepando los árboles o incluso nadando… es el señor Balam, el gran Ocelotl, Chac, Yaguareté. Es el tiempo del Jaguar.

 De manchas, colmillos y garras.Mirada de cazador

Es el felino más grande de América y el tercero en el mundo, sólo detrás del gran Tigre y el majestuoso León; aunque dicen algunos, es aún más poderoso que ambos.

Ha sido símbolo de las zonas que habita para cada cultura que ha atestiguado su presencia. Y es que no es para menos: lo que debió sentir e imaginar cada ser humano que se encontró con él en la selva, debe haber sido incomparable.

Imagina caminar por esa selva, en busca de algún animal pequeño que cazar, o recolectando madera, bayas o yerba. De repente, casi de la nada –pues tus oídos no pudieron detectar su presencia- encuentras la mirada fija de un jaguar sobre ti. Sus ojos, de un tono ámbar/verde, enmarcados perfectamente con una línea negra intensa, casi no se mueven mientras te ve. No sabes el dato exacto, pero podría pesar entre 70 y 80 kilos, quizá más. Por un momento, de pie majestuoso sobre una extensión del árbol, contemplas el metro de altura que podría tener con la cabeza erguida, y los casi dos metros que tiene de largo.

Pero esta posición dura muy poco. A él no le gusta perseguir a sus presas. No corre grandes distancias por gusto. Al contrario, es un cazador experto en la emboscada y de un cálculo casi perfecto. Comienza a contraerse sobre su vientre y hacia atrás, preparando el poderoso resorte de sus patas traseras. Baja lentamente las orejas y se prensa aún mejor del árbol aquel.

No es tan grande como un tigre, pero es mucho más hábil en estas condiciones. Si decidiera atacarte, es prácticamente imposible escapar. Puede escalar casi con la misma velocidad con la que puede correr. No existe un obstáculo selvático que te podría ayudar a retrasar su cacería. ¿Querrías buscar un arroyo, río o laguna para escapar nadando? Mala idea. El jaguar es un hábil nadador, incluso parece disfrutarlo. De hecho, se alimenta frecuentemente de cocodrilos y grandes tortugas que caza directamente en el agua.

La selva es el territorio perfecto para el jaguar y es por ello que prevaleció como el mejor de los depredadores, sin competencia, sin amenaza, sin miedo. En la selva era, sencillamente, un dios.

Los antiguos pobladores de las zonas de distribución del jaguar, lo llevaron de inmediato a sus culturas y sus relatos pictográficos como el todopoderoso del lugar. Se le pudo encontrar desde el sur de Estados Unidos y casi hasta la punta sur de Argentina, pero fue más abundante desde siempre en el sureste mexicano, Centroamérica y norte del cono sur, así como en toda la amazonia.

En culturas tan prolíficas y artísticas como la Maya, fue eje central. Se le conoció como Balam, y estuvo presente en la creación de los hombres, tanto como tuvo a su cargo la protección de ellos, una vez que la humanidad definitiva quedó asentada. Protegía los cultivos, las cosechas y la vida. Probablemente por su abundancia en todos los territorios selváticos, no fue asignado a un punto cardinal, sino a todos. Protegía a los asentamientos humanos, poblados pequeños o grandes ciudades, desde cada ángulo, por lo que se creía que cada región era custodiada por cuatro jaguares que las rodeaban.

Pero no sólo eso. Tenía una relación directa con el sol. Para algunas culturas, era el sol mismo, el Dios máximo que cruzaba los cielos durante el día y se escondía en las noches, bajo sus pies. Cruzaba el inframundo, cada noche, peleando en el Xibalbá para emerger de nuevo cada día. En este punto además, maravilla su similitud con la mitología de otro félido, el gato (Felis silvestris catus), que también debía hacer un recorrido similar, pero este lo hacía en Egipto (véase Animalia 22), es decir, son coincidencias entre dos culturas milenarias que nunca se conocieron.

De Pantheras y cazadores.

Ha habitado el continente desde hace, al menos, 2 millones de años, fecha que se extrae de los registros fósiles más antiguos hasta el momento, pero podría haberlo hecho desde el inicio del Pleistoceno, aún unos 500 mil años más atrás.Cazador y Dios

Es heredero de los grandes felinos y hasta el día de hoy, de manera casi unánime, es emparentado con el Tigre, el León y el Leopardo, como parte del Género Panthera.

Este nombre, Pantera, es comúnmente objeto de confusión, pues en algunos lugares de Estados Unidos se les llama así incluso a los Pumas –que pertenecen completamente a otro género-, mientras en el resto de América es común llamarle Pantera Negra a los ejemplares de Jaguar que presentan melanismo, es decir, nacen y se quedan completamente negros, pero que no son una especie distinta, ni siquiera una subespecie. Estos ejemplares son frecuentes y no presentan ningún problema de salud. De hecho, si se les ve de cerca, se pueden reconocer las rosetas que componen sus manchas regulares, en diferentes tonos de negro.

Sólo tiene competencia depredadora con el Puma (Puma concolor) en las zonas en las que comparten territorio, pero rara vez se ha sabido de enfrentamientos entre ambos, probablemente porque el Puma sabe lo mortal de esa competencia.

Si sus garras, sus compactas y musculosas patas o sus habilidades como cazador, son de cuidado, las fauces de un Jaguar son excepcionalmente poderosas y temibles. De acuerdo a los estudios comparativos más recientes, la mordida del jaguar podría ser más fuerte que la de los leones y tigres, aún siendo éstos más grandes.

Esta evolución podría deberse a que, mientras sus grandes primos cazaban la tierna carne de gacelas, cebras o búfalos, el jaguar ampliaba su menú y luchaba con cosas tan duras como la piel de un cocodrilo o los caparazones de tortuga.

Añadido a todo esto, el jaguar desarrolló una técnica muy inusual para la caza: atacar la cabeza de sus víctimas, atravesando al primer mordisco el cráneo de los animales, reduciendo así, al mínimo, la resistencia de éste y, por ende, la duración de la pelea.

De su peor enemigo.

Desde luego, este panorama de omnipotencia y gloria tuvo sólo un gran problema: el hombre.

A la llegada de los hombres y su perfeccionamiento de armas, trampas y métodos de captura, la población de jaguar en toda América, comenzó una debacle.

Se calcula que el jaguar puede haber perdido entre el 35 y el 50% de su territorio a nivel continental, y se discute su permanencia en países como Uruguay, Argentina y El Salvador, en donde los avistamientos se han hecho cada vez más efímeros.

El gran felino nunca desarrolló una reproducción prolífica o una socialización de manada, que le pudiera ayudar a combatir a ese depredador sapiens. De hecho, los jaguares se separan de su madre, para siempre, tras haber cumplido 1 o 2 años. Las hembras crían solas durante este tiempo a los cachorros, pues corren al macho tan pronto las crías han nacido, para protegerlas de ellos mismos.

Al crecer, cada ejemplar debe buscar su territorio y hacerlo patente con hormonas secretadas en heces y orina, así como arañazos en los árboles y un rugir inconfundible que ahuyente intrusos, cada cierto tiempo. Ni siquiera entre machos y hembras se toleran cerca. Un macho suele establecer su territorio en un área de varios kilómetros, en donde sólo comparte ciertos metros que se cruzan con dos o tres hembras alrededor.

Esta costumbre de segregación, seguramente fue otro aliciente para perder la lucha constante contra los hombres, que invadían su territorio urbanizándolo, exterminando a las otras especies que serían su alimento, o cazando a los mismos jaguares, en esa absurda búsqueda de trofeos, entres los que su piel, siempre ha sido sumamente codiciada.

Hoy en día, la noticias, aunque no en pleno consenso, parecen más positivas. Los programas de conservación del jaguar en diferentes partes del continente parecen surtir efecto sobre las poblaciones, que registran un sostenimiento o incluso ligero crecimiento a recientes fechas. En México, instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de su Instituto de Ecología, han llevado a cabo censos locales y un gran censo nacional, cubriendo las 4 zonas delimitadas de distribución de Jaguar: Zona Norte (Sonora, Sinaloa, Tamaulipas y San Luis Potosí), Zona de Occidente (Nayarit, Jalisco, Michoacán y Guerrero), Zona del Pacífico Sur (Oaxaca y Chiapas) y la Península de Yucatán (Campeche, Yucatán y Quintana Roo). La sensación general de los resultados, es medianamente positiva, pero esto no ha logrado que el antiguo dios Balam salga de la lista crítica de especies en extinción.

Sólo a través de la educación, la información y la cultura de valor a la vida, existe una esperanza para lograr que el majestuoso felino americano, siga reinando las selvas, con su belleza y poderío, como lo había hecho durante miles, o quizá millones de años.

La paz de la Selva

¿Aún se puede salvar al Lobo Mexicano?


 

Versión Online de nuestro reportaje para Animalia 24Era un fantasma que descendía cada atardecer. Era esa sombra, ese misterio que se convertía en silueta cuando llegaba a la punta del risco, y más que aullarle a la luna, le aullaba a un sol que descendía, pintando de rojos y naranjas el cielo del desierto. Ese era el hogar del Lobo. Era el paraíso árido y montañoso, en donde este príncipe tenía su reino.

Como el hijo pródigo más audaz, sabiéndose descendiente de un linaje majestuoso, el Lobo Mexicano se había separado de sus hermanos hacía miles de años, aventurándose en llanuras y montañas ocre, que habían sido poco exploradas por los grandes mamíferos.

Era un maestro de las sociedades y las estrategias.

Era el sonido de la oscuridad, el gran aullido que enmarcaba la noche del desierto.

Era admirado. Era temido. Era respetado. Era envidiado.

Y desapareció.

El Camino Caninae

Como apareció en la portada de Animalia 24

Hace casi 40 millones de años, por lo menos, los primeros cánidos recorrían el territoriode América. No eran parecidos a los perros o lobos que hoy conocemos, de hecho, Hesperocyon, como se le conoce a esta familia, parecería una rara mezcla entre un mapache grande, un felino robusto o un coyote alargado. Pero se trataba apenas del primer gran cambio desde que el primer carnívoro, Miacis, evolucionara, separando su información genética en los que hoy conocemos como caninos y felinos.

El estrecho de Bering fue, como para muchas especies, clave en la comunicación y la evolución especializada. La teoría más aceptada en estos años es que los antepasados carnívoros de los caninos se originaron en Norteamérica, pero a través de Bering llegaron al norte de Asia y Europa, en donde la gran combinación comenzó. Se expandieron por esos vastísimos territorios, encontrando poca o nula resistencia como depredadores, especialmente porque se mantenían siempre en grandes manadas.

Después de la vuelta evolutiva que tuvieron en aquella segunda parada, regresaron a Norteamérica por el mismo camino, habiendo desarrollado ya una línea de cánidos más estable. Se podían ver ya los rasgos más claros de los Canis, los Vulpes y los Urocyon, es decir, los antepasados de Lobos y Zorros.

Por encima del cinturón ecuatorial, prácticamente llegaron a todo el mundo. Pero fue quizá por su pelaje caluroso y denso, o por su estrategia social de cacería que se veía beneficiada en lo espeso de los bosques, que pocas subespecies se desarrollaron en las zonas desérticas. Apenas 3 se han aceptado como subespecies adaptadas a este tipo de ambientes: El Lobo Árabe (Canis lupus arabs), el Lobo Indio (Canis lupus pallipes) y en Lobo Mexicano (Canis lupus baileyi).

El Lobo Mexicano se constituyó como un prolífica especie, la más pequeña, nativa del punto más al sur y genéticamente más distinta, del Lobo gris de Norteamérica. Aparece oficialmente como nativa de las regiones montañosas al norte de México: Durango, Coahuila, Chihuahua y Sonora,  así como de partes de Texas, Nuevo México y Arizona, pero se llegaba a encontrar ocasionalmente en territorios de más al oeste y noroeste, como California y Nevada.

Un Lobo Mexicano macho promedio pesa entre 30 y 45 kilos, con un máximo de metro y medio de longitud y unos 70 u 80 centímetros de altura, lo que generalmente lo compara con la morfología de un Pastor Alemán adulto.

Su figura es más estilizada que la de otras especies, ligeramente de rasgos más alargados y menos anchos, como si fuera un vínculo entre los coyotes, chacales y perros comunes.

El Gran Padre Lobo

El respeto olvidado

Y fue esta figura, delgada pero fuerte, la que dominó también la iconografía de las poblaciones humanas que habitaron a su alrededor.

Prácticamente todas las tribus de nativos americanos que compartían territorio con el Lobo Mexicano, lo retrataban y guardaban como un símbolo al que respetaban y querían. Si bien temían ser atacados por alguna manada de lobos cuando se adentraban en su terreno, no existen leyendas o cuentos del folclore en los que el Lobo sea un antagónico, o tenga rasgo alguno de terror.

Apareció una y otra vez dibujado en pieles, en paredes, en tee pees y hasta en el rostro de los guerreros. Se tallaba, como símbolo de protección, en las figuras que conocemos en la generalidad como tótems, o en ornatos y colgantes que se añadían al cuello de los guerreros o a sus accesorios de cacería.

Su aullido no era el ícono de terror, absurdo y artificial, que heredamos de las culturas europeas. El aullar de los lobos era símbolo de vida y de que la noche transcurría en orden. Eran algo así como “vigilantes”, como el sereno que hace años pasaba por las calles encendiendo las farolas y avisando que podían dormir en paz.

El fuego los mantenía a la distancia, y ante la posibilidad de cazar muchas otras presas menos complicadas, rara vez invadían un asentamiento humano, ni seguían demasiado tiempo a un expedición de hombres.

Tribus como los Cherokee, Apalache, Hopi, Zuñi, Acoma, Mojave, Pápago o Seri, tenían en un lugar muy alto al Lobo Mexicano.

El principio del fin

Camino a la extinción

Al igual que todos los lobos, los lobos mexicanos tienen una firme estructura social y un sistema de comunicación complejo que incluye el marcado, posturas corporales, formas más especializadas como postura de orejas y cola, amén de vocalizaciones numerosas tales como aullidos, ladridos, gemidos y gruñidos.

Viven en grupos familiares o manadas, que consisten en una pareja alfa y sus crías, con un proceso de a menudo varias generaciones, por lo que podían llegar a encontrarse grupos numerosos, con “abuelos” o incluso “bisabuelos” como líderes. Entres sus presas se cuentan alces, venado bura y venado cola blanca, pero son capaces de enfrentar y matar ganado, especialmente ejemplares jóvenes y menos robustos.

Este fue su principal problema cuando el “nuevo mundo” empezó a ser colonizado.

A la llegada de los europeos a tierras americanas, todo era un asombro que llenaba libros y relatos orales de estos hacia el viejo continente. Las especies nuevas de aves, mamíferos y plantas, eran celebradas por su valor, variedad, belleza estética y hasta sabor. Pero no todas las especies de américa eran un maravillosa novedad.

El Lobo Mexicano cargaba con tres estigmas que incomodaban a los colonos europeos:

En primera instancia, era muy parecido al lobo euroasiático, viejo conocido, temido y cazado en los bosques de toda Europa y Asia, ícono de leyendas nada favorables y hasta representante de infantiles historias que los retrataban como monstruos, devoradores de niños, conexiones con el diablo y con la brujería, o hasta transmutaciones de demonios.

Después, eran un riesgo para la ganadería que se comenzaba a desarrollar al norte de México y sur de los Estados Unidos. Eran ágiles y podían cazar casi a todas horas. Con los numerosos grupos de ganado que devoraban los pastizales próximos a los bosques, las bajas, que mermaban la economía de los pobladores, los llenaba de rencor hacia la especie.

Finalmente estaba el factor cultural. Como parte de un proceso de suplantación de cultura, la destrucción o intercambio de cada símbolo era importante para el éxito de estas empresas. Como lo hemos visto, prácticamente para todas las culturas nativas que conocieron al Lobo Mexicano, este significaba un ser de respeto, casi un Dios… y eso no podía ser tolerado.

Esa combinación de elementos fue disminuyendo las poblaciones constantemente, irrefrenablemente. El fin del mundo, para el Lobo Mexicano, había llegado en las naves de estos invasores. Los perros de raza grande habían llegado también de Europa, y algunos podían ser más feroces y grandes que el mismo lobo, así que tampoco podían comprender su valor o belleza en el ecosistema propio.

Huir de la ignorancia

Los cuentos y las historias, cada vez más exageradas, abundaban. Las expresiones “te va a comer el lobo” y hasta los relatos infantiles como “Caperucita” o “Los 3 Cerditos”, habían hecho de la frase “lobo feroz”, parte del vocabulario; un vocabulario que sólo respondía a la fantasía, pero no había nadie cerca para desmentirlo.

Programas de control de depredadores, desbordantes de ignorancia, casi exterminaron al lobo mexicano en el medio silvestre, antes de que alguien pudiera reaccionar.

Seguramente, alguna noche, el aullido de un Lobo Mexicano se escuchó en solitario, y por primera vez en miles de años, ningún otro lobo le contestó. Se escuchó por última vez, ahogado, sin sentido y sin réplica, rindiéndose ante algo que, sin comprender, tenía que aceptar.

Con la captura de los últimos 5 lobos mexicanos que quedaban en estado salvaje en México, desde 1977 y hasta 1980, se inició un programa de cría en cautividad y se salvó al lobo mexicano de la extinción, aunque muchos creen que quizá es ya muy tarde.

El Lobo Mexicano se encontraba en la lista de especies en peligro en 1976, cuando comenzaron el trabajo de recuperación. El plan de recuperación tiene el objetivo de restablecer en vida libre, aunque en zonas de reserva, una población de lobos mexicanos dentro de algunas áreas de distribución histórica. En marzo de 1998, se liberaron tres manadas en la “zona de recuperación primaria”, en la zona pública del Bosque Nacional Apache, al este de Arizona. En 2002, la Tribu Apache White Mountain también se convirtió en un colaborador del proyecto, y la primera manada de lobos en la Reserva Fort Apache ocurrió en 2003.

Hoy en día, la población cautiva se compone de aproximadamente 300 animales, y abarca más de 45 parques zoológicos y centros de la vida silvestre en los Estados Unidos y México, pero las condiciones sociales no han cambiado tanto como se quisiera.

Dado que la mayor parte del territorio de los Lobos está poblado, algunos estudiosos del tema creen que nunca saldrá de la lista crítica, por lo que pareciera confinarse el esfuerzo a proteger a un número reducido, en zonas protegida.

Muchas personas han estado involucradas en este tipo de esfuerzos de reintroducción, incluyendo a varios de los mejores Médicos Veterinarios y Zoólogos mexicanos, pero el problema educativo se mantiene.

Mientras el Lobo Mexicano no recupere ese lugar de admiración y respeto que ha merecido y que mucho tiempo tuvo, su extinción será un problema latente.

Una preocupación que jamás debió existir.

Animalia 24

Si quieres escuchar los aullidos en libertad de una de las primeras manadas de Lobo Mexicano reintroducida, accede a: http://www.fws.gov/southwest/es/mexicanwolf/MWaudio.cfm

Esta es una versión editada online del reportaje publicado en Animalia Magazine #24. Si quieres conocer la versión completa impresa, puedes pedirla a ventas@animaliamagazine.com

 

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