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Lo que puede indicar el color de uñas de tu perro


Tener un perro implica cuidarlo y estar al pendiente de cualquier anomalía que pudiera presentar su cuerpo. No basta con alimentarlo, bañarlo y jugar con él, también es necesario vigilar su comportamiento y poner atención en pequeños detalles, como por ejemplo las uñas.

 

Cortar las uñas de nuestro mejor amigo de manera periódica es muy importante para que pueda realizar sus actividades con comodidad y pleno bienestar. Especialistas aseguran que se debe tener especial cuidado en los perros que pasan la mayor parte del tiempo dentro de una casa o un departamento ya que estos, a diferencia de los canes que pasan muchas horas en exteriores, no tienen terreno dónde desgastar las uñas.

 

Una de las preguntas que constantemente nos hacemos es qué significa el color de cada uña de nuestro perro. Según expertos, estas pueden ser naturalmente de color negro, blanco o rosado sin necesidad de que ello indique que algo malo está pasando. Sin embargo, destacan que el cambio repentino de tonalidad sí podría ser motivo de preocupación.

 

El cambio drástico en el color de las uñas o de una de ellas suele ser señal de la existencia de una infección o la presencia de bacterias u hongos consecuencia de los residuos a los que el can está expuesto en la calle o en los patios; en situaciones más graves, puede estar relacionado con alguna enfermedad del sistema inmune o trastornos congénitos. En cualquiera de los casos, la uña se hace cada vez más débil y propensa a quiebres constantes, lo que podría ser doloroso y muy peligroso.

 

Si normalmente tu perro tiene uñas de un determinado color o incluso combinadas, no te preocupes, es parte de la fisiología de tu mejor amigo. Por el contrario, si la apariencia se modifica en cuestión de días es importante que acudan al veterinario, no sin antes estar consciente de que cada raza es diferente y que atender un mal a tiempo la mayoría de veces tiene remedio.

 

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¿Animales callejeros o “de la cuadra”?


Existen casos donde los gatos o perros viven en una zona donde son alimentados por los vecinos del lugar, reciben algunas vacunas o son esterilizados, sin embargo, no entran a sus casas y no los consideran sus mascotas.

Es muy posible que alguna vez hayas visto un grupo de gatos en tu colonia o un perro “callejero” que “vive” en tu calle o la entrada de tu edificio. Si te preguntan quién es su dueño en automático dirás “nadie, lo alimentan entre todos los vecinos”.

Es muy probable que tampoco duerma en la casa de alguno de los vecinos sino que más bien le hayan adaptado una caja o una cobija como su camita para el exterior. Lo más común para estos animales de compañía es que reciban la definición de callejeros, pero nada más alejado de la realidad.

Conoce a: Los gatos que habitan el Metro de la CDMX

A estas poblaciones se les conoce como animales semidomiciliados y son los que presentan mayores posibilidades de reproducirse con éxito, ¿por qué? Porque a diferencia de los animales en situación de calle, tienen algunos cuidados veterinarios, una fuente de alimentación segura y condiciones óptimas para pernoctar.

De acuerdo con los expertos, los animales de compañía se dividen en tres categorías:

*Domiciliados: aquellos que tienen dueño, viven dentro de una casa y reciben cuidados. Tienen altas tasas de reproducción.

*Semidomiciliados: viven en alguna zona donde son alimentados y protegidos. Se les permite entrar en las casas, pero también deambulan libremente por las calles. Esa razón también les permite mantener altas tasas de reproducción.

Existe también la definición de animales comunitarios, sin embargo, ella se basa en que los semidomiciliados deben tener un dueño –aunque éste les permita vagar todo el día- y los comunitarios no tienen un dueño definido.

La realidad es que ambas definiciones implican animales “medio cuidados” por una o varias personas en una comunidad.

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Photo by Johann on Pexels.com

*En situación de calle: no tienen dueño ni cuidados. Al no recibir atención veterinaria son susceptibles a enfermarse y no tienen una alta esperanza de vida, es decir, no viven por mucho tiempo. Son susceptibles al maltrato y suelen temer al ser humano.

En este ramo también podríamos considerar a las poblaciones ferales.

¿Qué hacer ante estas poblaciones?

Siempre que hablamos de animales semidomiciliados o en situación de calle hay que considerar que el primer paso es cumplir con la esterilización. Es el método más efectivo para controlar la sobrepoblación.

El segundo es ponderar los beneficios del animal en la zona, es decir, una colonia de gatos que mantiene controladas a las ratas de un lugar, por ejemplo.

En términos generales no son animales de compañía que demanden mucho cuidado ya que su responsabilidad suele ser compartida por varios miembros de una comunidad.

En términos de cuidados veterinarios, se requieren los mismos que un animal domiciliado.

Ahora ya sabes, no son ni el gato ni el perro “de la cuadra” o del edificio, son animales de compañía semidomiciliados, o comunitarios si los quieres llamar así, que requieren ser esterilizados y cumplir con un cuadro de vacunas además de un lugar para que puedan dormir cómodos y sin sufrir por los cambios en el clima.

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El pelo de los perros: una barrera de protección


Es verano y durante esta época de calor lo más importante es mantener frescos a nuestro perros; sin embargo, durante años se han tomado decisiones equivocadas y poco informadas respecto a este tema.

Con las altas temperaturas frecuentemente se opta por cortar varios centímetros el pelo de los perros e incluso raparlos, sin saber que esto último trae más consecuencias negativas que positivas ya que su piel queda en gran medida expuesta al medio ambiente, susceptible de numerosos daños y posibles infecciones.

Una de las principales funciones del pelaje en los canes es regular su temperatura, así como proteger su piel de condiciones externas como la lluvia, el frío, los rayos del sol y las picaduras de otros animales. Los perros tienen folículos compuestos por un pelo primario, cuya función es actuar como barrera a las radiaciones ultravioleta, y varios secundarios, mejor conocidos como “subpelos” que evitan cambios drásticos en su termómetro corporal mediante la famosa “muda de pelo” que es completamente natural y tiene lugar a medida que transcurren las diferentes estaciones.

Investigaciones han demostrado que el subpelo crece a mayor velocidad que el pelo primario, por lo que terminará sobresaliendo si se recurre constantemente al rapado. De esta forma, un can con exceso de subpelo experimentará mucho más calor.

En consecuencia, un rapado excesivo en los perros puede ocasionarles quemaduras y sobrecalentamiento de piel, problemas de la regulación térmica e irritación; especialistas aconsejan cepillarlos diariamente y utilizar productos adecuados para desenredar. Otra opción es practicarles un “deslanado” con el fin de retirar única y exclusivamente el pelo excedente.

Un pelaje equilibrado siempre será la mejor opción para nuestro mejor amigo. La regla básica es no raparlo y solo cortar un poco de pelo para darle frescura, teniendo siempre en cuenta que este, más que algo estético, es un elemento de protección.

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Los perros y su capacidad auditiva


¿Cómo los afectan los sonidos fuertes?

Uno de los animales con el sentido del oído más desarrollado indiscutiblemente es el perro. En un comparativo, los perros tienen un espectro auditivo que alcanza los 65.000 hertz (Hz.), mientras que el del ser humano apenas llega a los 20.000 Hz. Esto provoca que los canes tengan una audición muy aguda que les permite escuchar sonidos que para las personas son prácticamente imperceptibles.

Debido a esta situación, cuando los perros son expuestos a sonidos como el generado por una aspiradora o música a alto volumen, experimentan molestia y un cuadro de ansiedad. Sin embargo, el daño puede ir más lejos ya que los ruidos estruendosos, como por ejemplo los registrados durante las explosiones del pasado 5 de julio en Tultepec, Estado de México, afectan células sensoriales, lo que podría disminuir de manera severa su capacidad auditiva.

¿Qué sucede con los ruidos producto de la pirotecnia? Los cohetes o petardos pueden alcanzar los 190 decibeles, mientras que el oído de los perros apenas puede soportar los 85 decibeles. Dadas estas condiciones, el uso de pirotecnia es causante de pánico, desesperación, taquicardia, temblor y aturdimiento entre la población canina.

En México, el uso de juegos pirotécnicos normalmente tiene lugar en septiembre durante las fiestas patrias, en navidad y la celebración de año nuevo. Siempre y cuando se tenga el tiempo suficiente, se recomienda aplicar técnicas de condicionamiento y sensibilización a lo largo de varios meses; estas consisten en proporcionarle al perro trozos de comida o snacks y posteriormente reproducir audios de fuegos artificiales cuyo volumen vaya aumentando de manera gradual a medida que transcurren los días. De esta forma, el perro recibirá el estímulo necesario y finalmente podrá relacionar los cohetes con una determinada recompensa.

No obstante, si los eventos en los que se utilizará pirotecnia están muy próximos o nos toman por sorpresa, lo recomendable es actuar normal, es decir, no sobreprotegerlo como si fuera a ocurrir una tragedia. También se aconseja poner música relajante y cerrar ventanas para disminuir el impacto del ruido, así como poner al alcance algunos de sus juguetes favoritos que lo hagan sentir en un ambiente cómodo y familiar.

 

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Jaguares. Dioses de Belleza Implacable.


Ojo de DiosCaminando en la profundidad del bosque tropical, no existe un punto de calma para tus ojos y oídos. De entre los altos árboles, de un verde intenso en las hojas y un ocre invadido de musgo en el tronco, emergen constantemente figuras, sonidos y colores que emocionan, sobresaltan y maravillan.

Cada ciertos minutos se oye el llamado de un mono, gutural y repetitivo. Le contesta un ave, más agudo y cadencioso. Los insectos acompañan; la lluvia hace las percusiones suaves; en el fondo, el arroyo que crepita contra las piedras matiza todo con uniformidad. Todo compone una melodía única y permanente, perfecta. Todos son elementos de una orquesta incomparable que la naturaleza fue conformando con una exactitud increíble.

Y como en cada gran orquesta, viene el momento del solista. Ese golpe armónico que pasa por encima de los demás, sin avisar, irrumpiendo entre la suavidad de esta pieza. Aquí, en el bosque lluvioso, el solista, el más poderoso de los músicos, es también el que lleva el atuendo más espectacular e inconfundible.

Es momento de ver actuar al súper depredador de estos lugares, el amo y señor absoluto, ya sea corriendo entre los matorrales, trepando los árboles o incluso nadando… es el señor Balam, el gran Ocelotl, Chac, Yaguareté. Es el tiempo del Jaguar.

 De manchas, colmillos y garras.Mirada de cazador

Es el felino más grande de América y el tercero en el mundo, sólo detrás del gran Tigre y el majestuoso León; aunque dicen algunos, es aún más poderoso que ambos.

Ha sido símbolo de las zonas que habita para cada cultura que ha atestiguado su presencia. Y es que no es para menos: lo que debió sentir e imaginar cada ser humano que se encontró con él en la selva, debe haber sido incomparable.

Imagina caminar por esa selva, en busca de algún animal pequeño que cazar, o recolectando madera, bayas o yerba. De repente, casi de la nada –pues tus oídos no pudieron detectar su presencia- encuentras la mirada fija de un jaguar sobre ti. Sus ojos, de un tono ámbar/verde, enmarcados perfectamente con una línea negra intensa, casi no se mueven mientras te ve. No sabes el dato exacto, pero podría pesar entre 70 y 80 kilos, quizá más. Por un momento, de pie majestuoso sobre una extensión del árbol, contemplas el metro de altura que podría tener con la cabeza erguida, y los casi dos metros que tiene de largo.

Pero esta posición dura muy poco. A él no le gusta perseguir a sus presas. No corre grandes distancias por gusto. Al contrario, es un cazador experto en la emboscada y de un cálculo casi perfecto. Comienza a contraerse sobre su vientre y hacia atrás, preparando el poderoso resorte de sus patas traseras. Baja lentamente las orejas y se prensa aún mejor del árbol aquel.

No es tan grande como un tigre, pero es mucho más hábil en estas condiciones. Si decidiera atacarte, es prácticamente imposible escapar. Puede escalar casi con la misma velocidad con la que puede correr. No existe un obstáculo selvático que te podría ayudar a retrasar su cacería. ¿Querrías buscar un arroyo, río o laguna para escapar nadando? Mala idea. El jaguar es un hábil nadador, incluso parece disfrutarlo. De hecho, se alimenta frecuentemente de cocodrilos y grandes tortugas que caza directamente en el agua.

La selva es el territorio perfecto para el jaguar y es por ello que prevaleció como el mejor de los depredadores, sin competencia, sin amenaza, sin miedo. En la selva era, sencillamente, un dios.

Los antiguos pobladores de las zonas de distribución del jaguar, lo llevaron de inmediato a sus culturas y sus relatos pictográficos como el todopoderoso del lugar. Se le pudo encontrar desde el sur de Estados Unidos y casi hasta la punta sur de Argentina, pero fue más abundante desde siempre en el sureste mexicano, Centroamérica y norte del cono sur, así como en toda la amazonia.

En culturas tan prolíficas y artísticas como la Maya, fue eje central. Se le conoció como Balam, y estuvo presente en la creación de los hombres, tanto como tuvo a su cargo la protección de ellos, una vez que la humanidad definitiva quedó asentada. Protegía los cultivos, las cosechas y la vida. Probablemente por su abundancia en todos los territorios selváticos, no fue asignado a un punto cardinal, sino a todos. Protegía a los asentamientos humanos, poblados pequeños o grandes ciudades, desde cada ángulo, por lo que se creía que cada región era custodiada por cuatro jaguares que las rodeaban.

Pero no sólo eso. Tenía una relación directa con el sol. Para algunas culturas, era el sol mismo, el Dios máximo que cruzaba los cielos durante el día y se escondía en las noches, bajo sus pies. Cruzaba el inframundo, cada noche, peleando en el Xibalbá para emerger de nuevo cada día. En este punto además, maravilla su similitud con la mitología de otro félido, el gato (Felis silvestris catus), que también debía hacer un recorrido similar, pero este lo hacía en Egipto (véase Animalia 22), es decir, son coincidencias entre dos culturas milenarias que nunca se conocieron.

De Pantheras y cazadores.

Ha habitado el continente desde hace, al menos, 2 millones de años, fecha que se extrae de los registros fósiles más antiguos hasta el momento, pero podría haberlo hecho desde el inicio del Pleistoceno, aún unos 500 mil años más atrás.Cazador y Dios

Es heredero de los grandes felinos y hasta el día de hoy, de manera casi unánime, es emparentado con el Tigre, el León y el Leopardo, como parte del Género Panthera.

Este nombre, Pantera, es comúnmente objeto de confusión, pues en algunos lugares de Estados Unidos se les llama así incluso a los Pumas –que pertenecen completamente a otro género-, mientras en el resto de América es común llamarle Pantera Negra a los ejemplares de Jaguar que presentan melanismo, es decir, nacen y se quedan completamente negros, pero que no son una especie distinta, ni siquiera una subespecie. Estos ejemplares son frecuentes y no presentan ningún problema de salud. De hecho, si se les ve de cerca, se pueden reconocer las rosetas que componen sus manchas regulares, en diferentes tonos de negro.

Sólo tiene competencia depredadora con el Puma (Puma concolor) en las zonas en las que comparten territorio, pero rara vez se ha sabido de enfrentamientos entre ambos, probablemente porque el Puma sabe lo mortal de esa competencia.

Si sus garras, sus compactas y musculosas patas o sus habilidades como cazador, son de cuidado, las fauces de un Jaguar son excepcionalmente poderosas y temibles. De acuerdo a los estudios comparativos más recientes, la mordida del jaguar podría ser más fuerte que la de los leones y tigres, aún siendo éstos más grandes.

Esta evolución podría deberse a que, mientras sus grandes primos cazaban la tierna carne de gacelas, cebras o búfalos, el jaguar ampliaba su menú y luchaba con cosas tan duras como la piel de un cocodrilo o los caparazones de tortuga.

Añadido a todo esto, el jaguar desarrolló una técnica muy inusual para la caza: atacar la cabeza de sus víctimas, atravesando al primer mordisco el cráneo de los animales, reduciendo así, al mínimo, la resistencia de éste y, por ende, la duración de la pelea.

De su peor enemigo.

Desde luego, este panorama de omnipotencia y gloria tuvo sólo un gran problema: el hombre.

A la llegada de los hombres y su perfeccionamiento de armas, trampas y métodos de captura, la población de jaguar en toda América, comenzó una debacle.

Se calcula que el jaguar puede haber perdido entre el 35 y el 50% de su territorio a nivel continental, y se discute su permanencia en países como Uruguay, Argentina y El Salvador, en donde los avistamientos se han hecho cada vez más efímeros.

El gran felino nunca desarrolló una reproducción prolífica o una socialización de manada, que le pudiera ayudar a combatir a ese depredador sapiens. De hecho, los jaguares se separan de su madre, para siempre, tras haber cumplido 1 o 2 años. Las hembras crían solas durante este tiempo a los cachorros, pues corren al macho tan pronto las crías han nacido, para protegerlas de ellos mismos.

Al crecer, cada ejemplar debe buscar su territorio y hacerlo patente con hormonas secretadas en heces y orina, así como arañazos en los árboles y un rugir inconfundible que ahuyente intrusos, cada cierto tiempo. Ni siquiera entre machos y hembras se toleran cerca. Un macho suele establecer su territorio en un área de varios kilómetros, en donde sólo comparte ciertos metros que se cruzan con dos o tres hembras alrededor.

Esta costumbre de segregación, seguramente fue otro aliciente para perder la lucha constante contra los hombres, que invadían su territorio urbanizándolo, exterminando a las otras especies que serían su alimento, o cazando a los mismos jaguares, en esa absurda búsqueda de trofeos, entres los que su piel, siempre ha sido sumamente codiciada.

Hoy en día, la noticias, aunque no en pleno consenso, parecen más positivas. Los programas de conservación del jaguar en diferentes partes del continente parecen surtir efecto sobre las poblaciones, que registran un sostenimiento o incluso ligero crecimiento a recientes fechas. En México, instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de su Instituto de Ecología, han llevado a cabo censos locales y un gran censo nacional, cubriendo las 4 zonas delimitadas de distribución de Jaguar: Zona Norte (Sonora, Sinaloa, Tamaulipas y San Luis Potosí), Zona de Occidente (Nayarit, Jalisco, Michoacán y Guerrero), Zona del Pacífico Sur (Oaxaca y Chiapas) y la Península de Yucatán (Campeche, Yucatán y Quintana Roo). La sensación general de los resultados, es medianamente positiva, pero esto no ha logrado que el antiguo dios Balam salga de la lista crítica de especies en extinción.

Sólo a través de la educación, la información y la cultura de valor a la vida, existe una esperanza para lograr que el majestuoso felino americano, siga reinando las selvas, con su belleza y poderío, como lo había hecho durante miles, o quizá millones de años.

La paz de la Selva

Fiel como un Poodle


Nuestro querido Poodle

Cuando su figura se paseaba grácil por los palacios europeos, probablemente ningún miembro de la corte habría creído un escenario como el de hoy, en donde los descendientes de esos preciados animales vagarían en descuido por las calles de algún país en el nuevo mundo.

Durante siglos fue admirado como un símbolo de distinción, como el perro perfecto que podía ser inteligente y protector, pero que permitía a esa realeza exagerada y pomposa, jugar con su figura como si se tratase de una gran muñeca.

Aunque originalmente su corte de pelo se cree que fue ideado con un objetivo zootécnico, las posibilidades de jugar con éste era una gran tentación para quienes lo criaban, encargaban o se hacían acompañar.

Antes de él, ningún perro había podido jugar a ser príncipe con el éxito de su silueta elegante y su esponjoso pelaje. Atrás quedaron incluso sus cualidades de agilidad e impermeabilidad, tan desarrolladas y apreciadas entre el siglo XV y XVII. Su expresión atenta y sus abrigos de varios colores encantaban en casas y palacios, aparecían a los pies de la cama, y seguramente sobre ella.

Su rizado pelo comenzó a ser retratado antes que existiera la fotografía, en manos maestras como las de Durero, Goya, Van Dyck, Landseer y Tolouse-Lautrec, a encargo de reyes, militares, príncipes y nobles. Por supuesto algunos países han estimado profundamente a ciertas razas, pero ninguna a encantado en la misma proporción a tantas naciones distintas.

No se trata únicamente de un figura que se hizo popular, un estilo de pelo o un truco de circo. Hablamos de la genética de un perro que fue apreciado al punto de ser el más común en países como España durante cierta época. Una raza que heredó astucia, inteligencia y apego humano a millones de perros mestizos que hoy esperan un hogar o vagan aún por las calles de las ciudades, muy lejos de su natal Europa, preguntándose quizá en dónde está el amo al que deben escuchar y seguir.

Gran Jefe PoodleDel Canne italiano, el Chién francés y el Pudel Alemán.

El Poodle, el Caniche, trascendió en Europa como uno de los primeros símbolos caninos en ser criados, especialmente uno de los primeros cuya estética resultó más importante que su fuerza o habilidad, como factor genético a ser mantenido.

Su hocico alargado y delgado cuenta a señas la historia de su evolución, como heredero de los primeros lebreles, junto al Grayhound, el Afgano o el Whippet. Su figura fue poco alterada desde la edad media, cuando se tienen los primeros registros.

Fue tan admirado que varios países reclaman propiedad sobre su existencia. Los registros confusos meten a la discusión a varios países de Europa, pero desde luego la mayor ventaja la llevan Francia y Alemania, aunque incluso se meten en su árbol genealógico países de medio Oriente, hoy ya con fronteras muy distintas a aquellas épocas.

Su nombre, que pareciera tan claro, hace mas amplia la discusión. Lingüísticamente, el vocablo se afrancesa en su pronunciación, y a esto contribuyó la estrategia de los galos al hacer famoso el complemento French Poodle.

Nadie sabe bien donde comenzó la moda del “French”, pero se supone que fue una acotación al estilo estético, que habrían añadido las cortes francesas. Era como decir “Rosa mexicano”, o “Fútbol Americano”, como si se reservaran una defensa simple: “Nosotros no lo hicimos, pero le dimos ese gran estilo. Es un poodle estilo francés.” A esto le sumaron durante mucho tiempo la máxima de que el antecesor del Poodle, era el Barbet francés, pero esto no es de un consenso absoluto en estos tiempos.

Hoy en día el registro oficial pertenece a Alemania, tanto como la etimología de su nombre, pues “Pudel”, significa “para chapotear” en una antigua jerga alemana, aunque es curioso que hoy la palabra se refiera únicamente a este querido perro.

Esto además eleva su credibilidad cuando se recuerda una de sus principales características, hoy un tanto olvidada: demostraba ser un excelente cobrador en las riveras y marismas. Era ágil para brincar, elevándose sobre las olas y ramas. Sus patas delgadas salían con mayor facilidad de las zonas fangosas, amén de que su zona de apoyo era menor. Su cadera elevada parecía perfecta para sortear aguas medias y su pelo era un aislante perfecto, máxime cuando se le rizaba con frecuencia y esmero, evitando las pesadas y húmedas trenzas que también podía tener.

Tras el rizado icónico

Listo y ágil

Claro que con ese oficio entre sus patas, su pelaje no permanecía inmaculado mucho tiempo, pero no todos eran de ese albo límpido que brinca a la mente cuando se piensa en él. Sus colores eran variados casi desde el nacimiento de la raza, entre los años 1500 y 1600. Los Pudelhund podían ser blancos, negros, café, grises, plateados, en una tonalidad de rojizo-beige o con dos colores, de los que la combinación más frecuente era blanco con grandes motas negras.

Al principio, cuando se perfeccionaban estás cualidades, los criadores comenzaron a ver que su pelaje, tan útil para enfrentar las aguas, era también un riesgo, por el peso que incrementaba absorbiendo agua, al punto de arriesgar sus vidas, enredados por el ramaje acuático y empapados por mucho tiempo después de haber salido. Sin el cuidado correcto, el pelo del Poodle se podía asemejar a las grandes rastas del Komondor, y eso no ayudaba para un perro cobrador de agua.

Fue aquí donde comenzó el cambio estético que se haría tan famoso. En la búsqueda de aprovechar sus ventajas, pero ayudarles contra sus riesgos, comenzaron a reducir su pelaje en las zonas que comprendían menos útiles, pero manteniéndolo en otras.

Descubrían su cara para facilitarles la captura de presas, pero dejaban zonas de pelo que cubrían el cráneo y orejas, protegiendo del frío. En el pecho, dejaban cubierta la zona más importante del tórax, en donde se aloja el corazón y los pulmones, pero reducían lo posible en la cadera para permitirles más velocidad.

Poco a poco el corte que reducía algunas zonas y protegía otras, se fue popularizando, hasta que empezó a verse como una característica indispensable del Poodle.

Desde luego el corte original tenía mucho menos cuidado que como después se vería en aquellos ejemplares destinados a acompañar, pero aún así era notable y destacaba por encima de cualquier perro utilitario.

Pero el Caniche no sólo poseía un pelaje especial y un atuendo excéntrico. Era también un perro fuerte, de inteligencia notable y de gran empeño. La fidelidad que demostraban, la misma que hoy mantienen, los hacía los favoritos de mujeres en posiciones acomodadas, pues les proveía de un confiable guardián que además podía ser casi parte de su atuendo, y hasta combinar con él.

El Poodle no está en el imaginario colectivo como un perro de trucos y piruetas de forma gratuita. La simpleza del hombre quizá lo haya llevado a colocarse durante mucho tiempo como el pequeño perro de circo, o perro de payaso, pero esta era sólo la forma más pueril de aprovechar su tenacidad.

Ante todo son perros que escuchan con particular atención a los humanos. Son obstinados al seguirlo y dan la impresión de estar empeñados en entender.

Como algunas otras razas, contadas, destacan por un rápido aprendizaje de palabras y por recordarlas durante mucho tiempo. En su código genético viene impreso el diploma a la inteligencia de sus antecesores.

La evolución y su viaje transoceánico

Antes hemos mencionado que el desarrollo de las razas no ha sido sólo un experimento de estética, sino un valioso ejercicio de selección que ha vinculado de manera aún más estrecha a los hombres con los perros. Bueno, el Poodle es un ejemplo de esta ecuación.

Si la crianza y el desarrollo de las razas era ya un asunto de cuidado y atención que no cualquiera desempeñaba, ahora imaginemos que somos los encargados de criar a los perros de un rey, o un gran potentado.Portada Animalia Magazine No.27

Cada camada debía ser cuidada y se presentaban como animales de compañía sólo los individuos con el mejor carácter, con inteligencia que saltara a la vista, con un cuerpo que demostrara integridad y fuerza desde cachorros, con disponibilidad para aprender. Esto era así de importante porque estaba en juego la carrera o hasta la vida del criador.

Presentarle a un noble animales que murieran rápidamente o que no fueran fáciles de entrenar, significaría la frustración de éste, y eso no podía terminar bien.

Así es como se aceleraron los buenos resultados y se cuidó más la selección del Poodle, como sucedió con muy pocas razas.

Por supuesto el arraigo de estos maravillosos ejemplares era grande, y ningún propietario lo quería dejar atrás cuando comenzaron las migraciones al nuevo mundo, entrado el siglo XVI.

Pocos llegaron a América en calidad de ‘perros de conquista’. Para eso se tenían ya a los mastines, a los pastores, a los fila. Además, en España, ya era tan famoso y difundido como perro de compañía, que la crianza se había concentrado en un tamaño más estándar, y los gigantes eran tan raros como hoy pueden serlo en relación al número de pequeños.

El poodle llegó a América en la misma calidad de celebridad que sus amos, por lo que llegó después. Cuando los primeros binomios hombre-perro ya habían cubierto la zona a conquistar y se habían apaciguado a los nativos, venían los nobles, los terratenientes los gobernantes y con ellos, los Poodle.

Cada vez es más conocido que el grueso de la población que llegaba con las conquistas del nuevo mundo, eran personas indeseables en Europa. Gracias a acuerdos y “ofertas” que hacían las monarquías europeas a su población, muchos presos, indigentes y bárbaros acudían al nuevo continente con nada que perder, pues se les otorgaba la libertad a cambio de arriesgar la vida en estos nuevos y agrestes territorios.

Así el nivel cultural no era muy elevado y tampoco lo era su trato hacia los animales, a quienes veían más como un compañero útil en la exploración y sometimiento, que un aliado emocional o una compañía en casa.

Pero el Caniche llegó de mano de estudiados, artistas, letrados, regentes y pobladores de sociedad más elevada, que si poseían un perro, era porque tenían el tiempo y la posibilidad de apegarse más a él como un elemento de vida, que como parte de la supervivencia.

Mientras los grandes y feroces perros de los conquistadores estaban libres y empezaban a reproducirse también con perros nativos de América, los Poodle de la alta sociedad se mantenían bajo control en mejor medida, salían menos y rara vez gozaban de “libertad” sin supervisión de sus amos.

Rizado, decías?La genética que poco antes habían cuidado en Europa para criarlos, no podía ser abaratada, y los ejemplares en si mismos tenían un valor más elevado ante el riesgo de extravío.

Esto influyó para que las características del poodle se solidificaran más y, probablemente, se volvieran más dominantes.

Desde luego no todos eran perros consentidos por la nobleza. Casi a la par en Europa también se habían vuelto populares como perros de espectáculo, porque con la profunda necesidad de agradar a su dueño, se les entrenaba con notable facilidad para hacer trucos y poses humanizadas, como el famoso parado de dos patas. Una línea de Poodle, de menor tamaño, se volvió itinerante en los espectáculos circenses y las pequeñas carpas. Poodles de colores brincaban de un lado a otro, sobre ellos mismos, permitían ser vestidos y viajaban con facilidad en transportes más pequeños.

Su inteligencia pues, los había hecho también unirse a un ámbito que no siempre significaba una vida de comodidades, pero este perro podía soportarlo, pues además de las características antes mencionadas, también era fuerte y resistente. Estaba cubierto para las noches frías del espectáculo europeo, pero no tanto para sufrir en las épocas cálidas del mediterráneo.

En esta paradoja, también América tenía dos tipos de Poodles: los payasos, los divertidos, los pequeños rizaditos que brincaban, y los elegantes, los delicados más grandes que observaban desde el pórtico de haciendas o incluso desde las ventadas en las habitaciones de sus encumbrados amos.

Así el Poodle se mantuvo admirado y querido, pero poco difundido en este lado del atlántico, hasta mediados de 1800.

De hecho aún en Europa el registro del Poodle fue tardío, sobre todo si se piensa en la antigüedad de esta raza. En las últimas dos décadas de 1800 se discutieron sus características y se comenzaron los clubs para esta raza. Hacia 1910 se habían separado las categorías y competencias para los Corded (encordados, con trenzas) los Non-corded (todos los demás, con el rizado más habitual) e incluso a los miniatura, a quienes se les clasificó aparte.

Es notable que muy pocas razas, como sucede con el Poodle, son aceptadas con una variedad tan amplia de características físicas. La distancia entre un Poodle miniatura y uno gigante, puede ser de hasta 40 centímetros a la cruz, pues el gigante llega a medir 60, y un Toy es normal en un margen de 20 o 21 centímetros.

El Caniche de todos¡Conoce ByM ahora!

¿Y es importante conocer todas las características genéticas del Poodle para poder presumirlo o competir en círculos caninos? No en lo absoluto.

Mi firme creencia, después de la última década de estudio sobre los perros, es que ninguno es más valioso que otro por su “fineza”, pero ignorar la información genética que hemos podido recabar, sería sólo el error de un ignorante y un necio.

El Poodle es un sobreviviente histórico; es un testigo de la historia de Europa y la mixtura humana. Acompañó a la realeza y se mezcló con ella, la siguió al nuevo mundo y así también, empezó a mezclarse con sus similares nativos de este lado del mundo. Si bien no podemos hablar de un animal de crianza “rústica”, es sin duda uno de los más antiguos, es un referente y un punto de identificación histórica en el desarrollo de nuestros perros.

Además, hoy en día la genética del Poodle está en muchas otras patas que se cuentan entre la fauna en abandono, o en estado de libertad involuntaria. La fertilidad de esta raza y la dominancia de sus genes, ha hecho que probablemente la figura de perro callejero más común, sea la del Maltesoide, Poodlés o Maltoodle. Y saber esto debería ser aún un elemento más fuerte para recordarnos el respeto que les debemos y los beneficios de tenerlos en casa.

Recordar, remarcar y hasta potenciar su inteligencia, puede llevar a la gente a tener en casa un perro con la inteligencia que tanto se presume en razas grandes, como los labradores o pastores, pero envuelta en el cuerpo de un muñeco de felpa.

¿Son perfectos? No. Ningún perro lo es, ninguna raza, ningún mestizo, así como ningún humano. Sin embargo, destacan esa característica perruna, que ningún otro animal tiene para con nosotros: se empeñan todos los días en comprender a su humano, en interactuar mejor con él, en agradarle y serle útil.

Confinar a un poodle, como a cualquier perro, a una azotea o un balcón, es mandar a la desgracia siglos de desarrollo genético, en el que su inteligencia ha seguido avanzando.

Y claro, por el lado emocional, desperdiciar la lealtad de tan especial amigo, debería ser un crimen poético. Los franceses entienden bien el porqué, y quizá sólo por hacer popular una frase, merecerían que les entreguemos la propiedad de esta raza. Dicen que alguien leal es “fidele comme une caniche”, es decir, “fiel como un Poodle”.

Fiel Caninche mío

 

 

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