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Los perros y su capacidad auditiva


¿Cómo los afectan los sonidos fuertes?

Uno de los animales con el sentido del oído más desarrollado indiscutiblemente es el perro. En un comparativo, los perros tienen un espectro auditivo que alcanza los 65.000 hertz (Hz.), mientras que el del ser humano apenas llega a los 20.000 Hz. Esto provoca que los canes tengan una audición muy aguda que les permite escuchar sonidos que para las personas son prácticamente imperceptibles.

Debido a esta situación, cuando los perros son expuestos a sonidos como el generado por una aspiradora o música a alto volumen, experimentan molestia y un cuadro de ansiedad. Sin embargo, el daño puede ir más lejos ya que los ruidos estruendosos, como por ejemplo los registrados durante las explosiones del pasado 5 de julio en Tultepec, Estado de México, afectan células sensoriales, lo que podría disminuir de manera severa su capacidad auditiva.

¿Qué sucede con los ruidos producto de la pirotecnia? Los cohetes o petardos pueden alcanzar los 190 decibeles, mientras que el oído de los perros apenas puede soportar los 85 decibeles. Dadas estas condiciones, el uso de pirotecnia es causante de pánico, desesperación, taquicardia, temblor y aturdimiento entre la población canina.

En México, el uso de juegos pirotécnicos normalmente tiene lugar en septiembre durante las fiestas patrias, en navidad y la celebración de año nuevo. Siempre y cuando se tenga el tiempo suficiente, se recomienda aplicar técnicas de condicionamiento y sensibilización a lo largo de varios meses; estas consisten en proporcionarle al perro trozos de comida o snacks y posteriormente reproducir audios de fuegos artificiales cuyo volumen vaya aumentando de manera gradual a medida que transcurren los días. De esta forma, el perro recibirá el estímulo necesario y finalmente podrá relacionar los cohetes con una determinada recompensa.

No obstante, si los eventos en los que se utilizará pirotecnia están muy próximos o nos toman por sorpresa, lo recomendable es actuar normal, es decir, no sobreprotegerlo como si fuera a ocurrir una tragedia. También se aconseja poner música relajante y cerrar ventanas para disminuir el impacto del ruido, así como poner al alcance algunos de sus juguetes favoritos que lo hagan sentir en un ambiente cómodo y familiar.

 

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El sufrimiento animal. ¿Existe? ¿O es sólo dolor?


Supongo que aquellos que siguen el trabajo publicado aquí en Red Animalia, ya asumen un tanto que mi postura es automática respecto a estos temas, pero no es así. Ni Red Animalia, ni Animalia Magazine, ni lo colaboradores que aquí colaboran, tienen una postura “animalista”, como mucho insisten llamar, de manera automática, es decir, todos estamos abiertos al enfrentamiento de la realidad con la ciencia como bandera. Es por ello que a veces vale la pena explorar preguntas que muchos toman como previamente resueltas, por la mera suposición inducida por las emociones.

Así que si alguna vez te han cuestionado los “sentimientos animales”, quiero que añadas a tu argumentación, un enfoque científico muy interesante, cuyos fundamentos científicos son claros.

¿Los animales tienen emociones? ¿O sólo las interpretamos nosotros? ¿Creemos que ciertos gestos o sonidos son un “sentimiento” cuando en realidad es sólo el reflejo automático del cuerpo?

Porque si no tienen emociones, entonces no “Sufren”, sólo sienten “Dolor”, que no es lo mismo.

¿Qué es un sentimiento? ¿Cómo se encuentra?

Aunque aún no seamos capaces de encapsular un sentimiento como si fuera un perfume, sabemos que existen por las evidencias que dejan, es decir, por los efectos que tienen sobre el cerebro. Ahora que podemos ver el cerebro en acción mediante tomografías y escáneres de última generación, ni siquiera tenemos duda de su funcionamiento cuando un organismo está vivo, a diferencia de hace unas décadas que la única forma de verlo, era sacándolo del individuo.Cerebro

Ahora vemos las huellas de las emociones en nuestro cuerpo, cómo se encienden ciertas zonas del cerebro, se aceleran, se ajustan, y desde luego, las comprendemos mejor con todos sus efectos de carácter social.

Un sentimiento es eso, una construcción cerebral, derivada de estímulos diversos del entorno, que harán sentir bien a un ser vivo, o mal, y dependiendo de eso, el mismo será más o menos propenso a repetir lo que hizo para que se sintiera así.

Sí, por naturaleza buscamos lo positivo, y aunque ciertas personas parecen volverse adictas a conductas negativas, esto está más relacionado a que al final de esa conducta, reciben un estimulo placentero, y lo están buscando.

No trato de simplificar erróneamente, pero como tampoco vamos a tener una clase de anatomía, podemos decir que de todo el tejido complejo que nuestro cerebro forma, el sistema límbico, en algo así como la capa intermedia del cerebro, es el más importante encargado de las emociones, los sentimientos, memoria y aprendizaje.

Y si sabemos que este sistema y sus partes (por eso es un SISTEMA) está presente en muchos otros animales, ¿por qué ponemos en duda que lo usan para lo mismo?

Si ya hemos rebasado las máximas religiosas y mágicas cuya respuesta última es “Porque lo dijo el Sacerdote”, entonces aceptamos la teoría evolutiva darwiniana, por la cual afrontaríamos que no existen características exclusivamente humanas en términos de TIPO, sino que las diferencias entre nosotros y los animales, tienen que ver con la complejidad de esas cualidades, o sea, con la intensidad o cantidad en la que se experimentan.

Si algo te causa sufrimiento, ¿por qué no se lo causaría a otro animal que tiene las mismas estructuras cerebrales que tú tienes para sentir eso? (Vamos, me refiero a argumentos un poquito más inteligentes que “porque no y ya”, porfa).

Particularmente en este punto, les comparto lo escrito por la Dra. MVZ MCV Beatriz Vanda Cantón sobre el sufrimiento animal, en un documento llamado “EVIDENCIAS DE QUE LOS ANIMALES VERTEBRADOS EXPERIMENTAN EMOCIONES Y ESTADOS MENTALES”, y a quien he tenido la oportunidad de escuchar personalmente, en una muy grata experiencia de aprendizaje.

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Es un estado psicológico que puede surgir como resultado de dolor físico,
emocional, por malestar o por la combinación de sentimientos desagradables,
persistentes, a los que el individuo no logra adaptarse (Spinelli, 1987), y por lo
tanto, refleja un bajo nivel de bienestar. Cuando se presenta en un grado extremo,
o el animal no logra superarlo, puede inducir en él, desesperación o “pérdida de la
esperanza” (Broom, 1998).
Muchos dicen que el sufrimiento animal es distinto al del humano, porque es a
corto plazo, argumentando que los demás animales no pueden anticipar el futuro
ni hacer planes a largo plazo, como lo hace nuestra especie. Si este argumento es
cierto, no haría más que apoyar el supuesto contrario, es decir, que los animales
pueden tener un sufrimiento aún más intenso que los humanos, ya que si no
pueden tener la habilidad de anticipar cuando va a cesar el estímulo o la situación
que les causa malestar, dolor o miedo, –porque es un evento nuevo y desconocido
para ellos–, esto no hará más que aumentar su ansiedad, y con ello, su sufrimiento
(Dolan, 1999) .

Y el estudio de la Doctora Vanda, publicado en la FMVZ de la UNAM, es el resultado de muchos estudios más como telón de fondo, con aportes de casi todo el mundo, y para muchos fines, digo, para aquellos que creen que defender las emociones y la realidad del sufrimiento animal, es sólo cosa de algunos hippies sin cerebro, ¿eh, abuelos?

Tenemos los mismos órganos, y muchas de las mismas partes de cada órgano. Si aceptamos que dos especies con estómago, digieren con él, decir que nosotros sufrimos y ellos no, cuando estamos compuestos de manera tan similar en el cerebro, son sólo ganas de cerrar los ojos a lo obvio.