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Socialización Canina. ¿Agresivo?


Uno de los problemas más es el referente a la agresividad.

Y digo uno de los más importantes porque desde luego no es el único, ni el que primero ocurre a la llegada de un nuevo miembro canino a la familia. Si empezáramos cronológicamente, deberíamos hablar quizá de la adaptación al nuevo hogar, la higiene fallida o las “travesuras”. Empero, aunque también son problemas importantes, la agresividad de un perro resulta el más delicado de los problemas por las consecuencias que puede tener.

Basta decir que es ésta la primera causa de sacrificio o abandono en perros jóvenes.

Y aún cuando no seamos capaces de siquiera pensar en esa posibilidad, tener un perro agresivo sigue siendo un riesgo, sobre todo para si mismo, en tanto nosotros como dueños no seamos capaces de actuar al respecto.

Es muy triste escuchar la expresión “me lo envenenaron”, pero desafortunadamente no es raro.

Además de los vecinos inadaptados que simplemente crecieron con deficiencias sociales y odian a los perros, hay mucha gente que siente que si el dueño de un perro agresivo “no se hace cargo”, son ellos los que deberán tomar cartas en el asunto “antes de que ocurra una desgracia”.

Por eso es tan importante tratar la agresividad de un perro en cuanto la demuestra, tanto hacia otros humanos como hacia otros perros.

De entrada hay que ser conscientes de la realidad: existen perros que genéticamente tienen mayor disposición a la agresividad. De hecho, hay razas que se fueron mezclando hasta obtener capacidades de ataque y agresión similares o hasta superiores a las de los cánidos salvajes, como el lobo.

Entre las razas más propensas a la agresividad están Pit Bull Terrier, Rottweiller, Dogo Argentino, Sttafordshire Bull Terrier, Akita, Tosa Inu y Fila Brasileiro.

Atención: estos tienen mayor posibilidad de alcanzar un nivel de agresividad riesgoso o letal, no significa que inevitablemente la tendrán. Su tendencia, desarrollo y complexión, hace más sencillo y efectivo detonarles estas capacidades, pero para ello es casi necesario que un ser humano intervenga.

Estos perros, como todos los demás, aprenderían a aprovechar su agresividad de manera natural con la misma frecuencia que cualquier otro perro, es decir, cuando defendieran el alimento o la guarida. Sin embargo, en ellos las intervenciones humanas negativas surten un efecto mayor que en otras razas. Si son callejeros, los malos tratos de la gente, aunados a la consciencia de su efectividad para defenderse, los vuelve más peligrosos. Si son de casa, dueños irresponsables los pueden entrenar para ser agresivos con mucha más facilidad y con resultados más efectivos.

Así como nadie puede decir que estas razas están obligadas a ser agresivas, tampoco se puede eximir a las demás de serlo. El Chihuahua y el Cocker Spaniel, por ejemplo, pueden ser perros muy agresivos, la diferencia de concepción está en su tamaño y las consecuencias. Puede pensarse “¿Qué puede hacer un perro de ese tamaño?” y quizá tengan razón, pero en proporción, puede ser grave. Es decir, un Chihuahua demasiado territorial podría atacar a un niño pequeño causándole heridas de cuidado.

Con esto hay que entender que un perro agresivo, del tamaño, raza o cruza que sea, es un perro infeliz, condenado a vivir en el estrés, en la tensión, probablemente disminuido en su sistema nervioso y por tanto, menos longevo. Es un perro que debe y puede ser corregido, o al menos, debe ser bien controlado.

En México la legislación para mascotas es tan deficiente para defenderlas como para exigirle resposanbilidad a sus dueños. Aún así, es responsabilidad de cualquier dueño pasear con la mascota atada a una correa. Un perro no es más feliz por correr libre, de hecho, muchas veces es más caprichoso y siempre corre más riesgo. La correa es indispensable, así como importante y útil es un collar de “castigo”.

No me gusta la expresión, pero es su nombre oficial, sin embargo, creo que le queda más el nombre “collar de control” porque es lo que realmente puede hacer: controlar a nuestra mascota. Al recorrerse automáticamente, el perro mide de manera sencilla la presión que puede ejercer contra la correa. Un collar normal para un perro agresivo grande, sólo le da control sobre el dueño, la mayoría de las veces los incita a llevar ellos el rumbo de los paseos y ante una descarga violenta, la fuerza del cuello se tensará al punto de jalar al dueño como muñeco de trapo.

El bozal, por otro lado, no es una tortura para ningún perro, siempre y cuando sea de la medida adecuada, ésta es, que fije bien sobre la nuca pero que en el hocico le permita maniobrar ligeramente. Al principio cualquier perro siente al bozal como un inmerecido regaño, gemirá e intentará quitárselo, es cuando el dueño más debe demostrar paciencia y comprensión. Hay que darle seguridad, tratar de calmarlo, pero no enojarnos porque no le guste. Demostrarle que aún con el bozal, estás a su lado y tu cariño sigue intacto.

Correa, collar y, en casos necesarios, bozal, te ayudarán a llegar al siguiente e importante paso: Socializar.

El peor error que se puede cometer con los perros agresivos es alejarlos de todos los demás. Si se tiene control y cuidado (enfatizamos el bozal para seguridad de todos), el perro, aunque agresivamente, se puede y DEBE acercar a otros. Como su lado dominante (aún sin poder abrir la boca) estará alerta, lo mejor es acercarlo primero a perros menores que él, pues aunque intente “atacarlos” con las patas, el daño no será mayor. Si fuera un perro de su tamaño o mayor, la agresión aún sin colmillos haría responder al otro perro y entonces habríamos entregado a nuestro amigo en una posición indefensa.

Es importante y aún más efectivo hablar un momento antes con el dueño del otro perro, decirle que el bozal está asegurado pero que quieres que socialice. Si el otro dueño está renuente, no lo presiones, no se puede exigir a nadie que deje de tener miedo por su propia mascota.

¿Has visto a esas personas que llevan perros pequeños (Poodles, Chihuahua, Yorks) y al ver a otro perro de inmediato lo cargan o lo alejan neuróticamente? ¿Has visto cómo se comportan esos perros?

Es un círculo vicioso. El dueño está temeroso porque ve que su perro se aterra o ladra… y el perro se aterra o ladra porque su dueño temeroso le ha condicionado a que la presencia de cualquier otro perro implica peligro.

Un perro es un animal social, como nosotros, por eso nos llevamos también. Necesitan socializar, conocer a otros. Tu responsabilidad está en demostrarle que los otros NO SON ENEMIGOS, que no corre riesgo, y en caso de perros “guardianes” -entrenados para ello o no- demostrarles que TÚ no estás en riesgo, que no les temes a los demás y ÉL no debe temerles. Muestra tu lado más calmado y amable con el otro perro, acarícialo frente a tu mascota sin dejar de darle su lugar, ínstalo a que se siente, se calme frente a los canes vecinos.

Será una labor diaria y de a pocos, pero es lo mejor que puedes hacer por él.

En estos casos, aplica más que nunca esa frase que decimos los canófilos: “No es culpa del perro”, porque es cierto, prácticamente nunca lo es.

¡Hasta la próxima!

Criollos, Mestizos, mi amigo el milrazas.


El nombre “Criollo” proviene de la palabra Criar y fue usado originalmente durante la época de La Colonia, para referirse a las personas que nacían en nuestro país, teniendo ambos padres españoles. Poco a poco la palabra fue flexibilizando su significado, hasta ser aceptable para denominar a aquellos cuya raza podía ser difícil de identificar debido a que no tenía las características fenotípicas claras hacia ninguna de las razas de origen.

En esta comprensión del término, se comenzó a aplicar hacia nuestros amigos caninos, casi con tanta frecuencia como el término Mestizo, de similar historia. Pero… ¿Cuándo aparecieron los Criollos?

Todas las razas del mundo son actualmente muy distintas a cómo fueron en su origen. Se podría suponer que los primeros perros del mundo eran de “razas puras”, pues se mantenían compartiendo entornos y necesidades similares en la zona donde vivían, por lo que evolucionaron con características muy parecidas.

Sin embargo, las cruzas interraciales también comenzaron de manera natural, cuando algunas manadas de razas antiguas, aún salvajes, iban migrando lentamente a otra zona, hasta toparse con otras manadas diferentes.

Entonces nos encontramos con que el perro criollo y el perro de raza pura, deben tener una antigüedad muy similar: desde siempre.

Es fácil entender que las colonizaciones, conquistas e invasiones humanas, promovieron las cruzas interraciales y aceleraron la proliferación de perros criollos, al traer consigo ejemplares de cierto tipo a lugares lejanos con razas muy diferentes.

En nuestros días hay una costumbre al error en el trato y conocimiento del perro Criollo.

Para empezar, el punto de partida de esta equivocación es la forma en como los llamamos, con términos como “Cruzado”, “Corriente” o “Callejero”.

El primer término, Cruzado, es un uso incorrecto de la palabra y la conceptualización, prácticamente un pleonasmo. El segundo término, Corriente, es desde luego una forma despectiva que enfrenta a un ejemplar con características únicas con uno de características definidas por raza. Eso implicaría un grado de “fineza” en los perros de raza, lo que habla de la calidad morfológica y genética del ejemplar, pero algunos perros Criollos pueden tener características tan buenas, que podrían rebasar la calidad de un perro de raza pura. Finalmente el más común, Callejero, debiera referirse a cualquier perro por su situación de vida, en la calle. No es realmente ofensivo, o no debe tomarse así, pero no explica puntualmente cuando nos referimos a un perro Criollo, además de que es temporal.

En algunos círculos se ha puesto de moda el término Perros Ferales, aludiendo a aquellos que llevan mucho tiempo viviendo en la calle y que han llegado a formar manadas bien establecidas.

El problema con este término es que tampoco puede abarcar a todos, pues estrictamente se debe aplicar a los perros que han nacido en la calle y han vivido siempre en ella, aprendiendo poco o nada de la convivencia con los seres humanos, más allá de verlos como otra especie de la cual cuidarse. De hecho, para la Real Academia de la Lengua Española, la palabra Feral es un adjetivo en desuso que significa Cruel o Sanguinario. Es probable que el término es nuestros días lo hayan empezado a poner de moda algunos sectores de gobiernos que buscan advertir, de manera alarmista, el riesgo de perros callejeros en manadas, que en la defensa de su territorio, pueden comportarse agresivamente si se les provoca.

Hasta aquí la entrega de hoy, la historia y descripción del perro Criollo, en el próximo post hablaremos de las ventajas genéticas y de comportamiento que puede tener un perro criollo.

Mientras eso pasa, queremos leerlos, saber su opinión al respecto.

Y les recomiendo que busquen la próxima edición de la revista Animalia Magazine, en donde extenderemos el tema y hablaremos de algunos mitos al respecto.

No se lo pierdan.