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Agresión en un perro recién rescatado. ¿Qué hago?


Adoptar un perrito abandonado o recogerlo de la calle es la satisfacción más grande que alguien pueda conocer. Ver cómo ese pequeño e indefenso ser va ganando confianza y peso, va cambiando su semblante triste y acongojado por una cara y actitud alegre y vivaracha, literalmente no tiene precio. Siempre he creído que es mejor preferir un perro sin casa a uno de raza, aunque desgraciadamente el ser un perro de raza tampoco le garantice un buen hogar durante toda su vida.

Si estas pensando o ya has decidido adoptar un perro sin hogar: ¡Felicidades! Pero recuerda que es una decisión muy importante y que debe ser tomada con toda la responsabilidad del mundo. En este artículo me gustaría orientarte sobre los problemas de conducta más comunes, a los que incluso puede haber predisposición, que puedes enfrentar, así como algunos consejos para poner en práctica mientras buscas ayuda profesional de un Médico Veterinario especialista en conducta.

Hoy hablaremos dela Agresión, ya que esto puede involucrar daño a terceros.

Es muy común que los perros que se encuentran en centros de adopción y en la calle hayan sufrido maltrato. Esto puede llevar al perro a comportarse de dos maneras: 1) Agredir al tratar de defenderse y 2) Volverse un perro miedoso y retraído, tras desarrollar miedos e incluso fobias.

TIPOS DE AGRESIÓN

Agresión por miedo

Para identificar a un perro con agresión defensiva debes fijarte en su postura corporal y el contexto en el que la adquiere. Estos perros pueden agredir en muchas ocasiones sin aviso previo, a diferencia de un perro con agresión ofensiva. Lo que observarías es que el perro te muestra no sólo los colmillos sino todos los dientes al retraer la comisura de sus labios, las orejas están echadas hacia atrás, no te fija la mirada, el cuerpo se encuentra agachado, como si lo hiciera hacia abajo y de lado, y la cola está pegada al cuerpo o entre las patas.

Observarás esta reacción defensiva cuando un perro siente peligro de ser lastimado, recuerda que es la percepción que él tiene de la situación, aunque no sea tu intención real. Por ejemplo, tú levantas el brazo para aventar una pelota o a lo mejor para acomodar tu pelo, pero el perro te ataca creyendo que debe protegerse de un golpe. Esto puede repetirse también por miedo cuando se le acercan otros perros.

Agresividad por Dominancia

La agresión por dominancia es motivada por un desafío hacia el status social del perro o hacia el control que tiene sobre la interacción social. Los perros son animales sociables y ven a su familia humana como su grupo social o “manada”.

En ocasiones algunos perros tienen una predisposición natural a ser líderes y los humanos les damos algunas señales a estos perros que les hacen entender que ellos pueden mandar. Por ejemplo, los alimentamos primero que a nosotros, les dejamos echarse en lugares “importantes” como la cama o los sillones y hacemos todo lo “que ellos dicen” es decir, son perros sobre-consentidos, el problema es que después no se puede hacer nada que el perro no apruebe y el medio de control del perro es su mordida. Muchos perros son puestos en adopción por que en su casa previa mostraron esta conducta.

Si tu perro se percibe a si mismo en una mayor jerarquía que tú, muy probablemente te rete en ciertas situaciones. Un perro con agresión ofensiva puede gruñir si se le molesta mientras descansa o duerme, e incluso si se le pide moverse de algún lugar predilecto como la cama o el sofá. La contención física, aún de manera amigable como un abrazo, puede provocar una respuesta violenta de su parte. El tomarlo del collar o acariciar su cabeza directamente pueden ser interpretados como un reto a su jerarquía. Los perros agresivos dominantes son generalmente descritos como el “Dr. Jekyll y Sr. Hyde” pues se pueden mostrar sumamente amigables mientras no se les reta. La agresión por dominancia puede dirigirse hacia gente u otros animales.

Agresividad territorial, proteccionista y posesiva

Estos tres tipos de agresividad son muy similares entre sí e involucran la defensa de recursos valiosos. Algunos perros pueden desarrollar estos tipos de agresión porque en la calle no tenían el recurso que consideran valioso (comida, agua, techo) y ahora no lo quieren perder.

Lo que puedes hacer

  • Primero, asegúrarte que tu veterinario descarte causas orgánicas del comportamiento, por ejemplo que el perro esté lastimado o enfermo.
  • Toma tus precauciones. Tu prioridad es la seguridad de la gente y demás animales en el hogar. Supervisa, confina o incluso restringe las actividades de tu perro hasta que consigas ayuda profesional. Tú eres el responsable del comportamiento de tu perro. Si debes sacarlo a la calle, considera utilizar un bozal cerrado como precaución temporal, y recuerda que algunos perros son lo suficientemente listos para quitárselo.
  • Evita exponer a tu perro a situaciones donde es más probable que se muestre agresivo. Quizá necesites mantenerlo recluido un tiempo o limitar su contacto con la gente.
  • Si tu perro es posesivo con juguetes o recompensas o muy territorial en ciertos lugares, el que prevengas su acceso a ellos te prevendrá del problema. En una emergencia, “sobórnalo” con algo mejor de lo que tiene. Por ejemplo, si te robó un zapato, cámbiaselo por un pedazo de pollo.
  • Castra o esteriliza a tu mascota (sólo si es un macho). Los perros intactos tienen mayor posibilidad de manifestar dominancia, territorialidad y comportamiento proteccionista agresivo.
  • El castigo no ayudará en absoluto e incluso podría agravar la situación. Si la agresividad está motivada por miedo, el castigo sólo lo volverá más miedoso y por lo tanto más agresivo. Intentar castigar o dominar a un perro agresivo dominante podría, de hecho, llevarlo a exacerbar la conducta para mantener su posición dominante. Esto muy probablemente, resultará en una mordida o ataque severo. El castigar la agresividad territorial, posesiva o proteccionista muy probablemente provocará que muestre agresión defensiva adicional.

Lo que NO debes hacer

Recuerda que la agresión no es culpa de ellos, es producto de su experiencia al tener seres humanos cerca, por lo que es responsabilidad de todos evitar que se genere, siguiendo una cultura de respeto animal.

Ningún perro está desahuciado en cuanto a agresividad se refiere.

¡No te rindas con él! ¡Verás que cuando se rehabilite, el no se rendirá contigo jamás!

La pensión correcta.


Ahora que vas a salir de vacaciones, quizá has considerado una «pensión» para dejar a tu mascota, lo cual, aunque puede ser una buena idea, sabemos que puede traer también un montón de dudas al respecto.

Queremos ayudarte a verificar los aspectos que idealmente debe tener una pensión adecuada y lo que tienes derecho de saber cuando estés revisando una.

Primero, debemos decir que no cualquiera puede «pensionar» mascotas. Se requiere conocimiento, paciencia y pasión. Con esto, nos referimos a los INDISPENSABLE que es la participación de un Médico Veterinario. No siempre tiene que ser el dueño o el titular de la pensión, pero debe estar, pues una mascota es muy propensa a desarrollar sintomatología por estrés cuando está lejos de sus dueños. Pregunta en la pensión que eliges quién es el MVZ a cargo y pide sus datos, incluso, si quieres, su cédula. Te sorprendería saber cuantas «pensiones» hay que están puestas solo porque alguien «tiene espacio» o «le gustan los animales».

Después, es importante que esté cerca, pero sobre todo que esté en condiciones adecuadas. La mayoría de la gente busca la pensión más cercana a su casa, con lo que sacrifican la calidad en la mayoría de los casos. Tu mascota se va a estresar por no verte de todas formas, así que estar «en la zona» no le ayuda significativamente. Lo mejor que puedes hacer para disminuir el estrés es llevarlo a un lugar de calidad.

Tres: LUZ. Una bodega oscura, un lugar totalmente cerrado, no es la mejor idea. Una pensión ideal tiene sus guaridas bien cuidadas, en interiores, pero tiene al menos una zona de luz natural a la que las mascotas pueden acudir durante un rato del día.

Cuatro: Una pensión es básicamente una guardería. Como tal, deben tener itinerarios establecidos para que la mascota tenga diferentes actividades. No sólo es comer y dormir, debe haber un rato de esparcimiento, ejercicio y socialización.

Si tu mascota es agresiva, es tu responsabilidad avisarlo, pero de todas formas ellos deben verificarlo con cuidado para ver si puede socializar. En el escenario ideal, encontrarás al mismo tiempo varias mascotas más en la pensión cuando esté la tuya, por lo que en sus actividades debe estar convivir con ellos. Eso le hará muuuuucho bien.

Hay cientos de terapias nuevas para relajar a una mascota. La pensión ideal conoce al menos un par de ellas. La música clásica en la zona de dormitorios es excelente, si en tu pensión no lo saben, puedes decirles. La aromaterapia también. No es sólo cosa de aromas raros compuestos, exóticos, no. Una pensión ideal debe buscar que aunque todo esté perfectamente limpio, no siempre huela a cloro o limpiador.

Como siempre decimos, vuelve a aplicar: revisa desde el momento en que se refiere a tu mascota. «El animal» no es una buena seña. «El muchacho», «este amigo», «este chamaco», «chiquitín», «peludo», «guapo»… esos son síntomas de una cuidador bueno. O claro, mejor aún, si lo llama por su nombre, pues le está dando individualidad, no es «uno más».

¿Precio? La verdad es que una buena pensión no puede ser baratísima. Con el costo debe incluir la seguridad de su salud y bienestar. Si te cobran 20 pesos diarios… ¿Con qué lo ayudarían si lo ven mal? Honestamente, debes calcular el bien de todos. Si con sacrificar los gastos de un día de tus vacaciones, le elevas la calidad de pensión por otros 4, no tiene comparación.

Cuida a tus mascotas y dales la mejor calidad posible, también en vacaciones.

El adiós 2. Cómo despedirlo.


El no pensar en algo, por doloroso, triste o temible, hace que la mayoría de nosotros no estemos preparados cuando sucede. Es por ello que la muerte de nuestros seres queridos, las mascotas incluidas, no es algo para lo que mucha gente se prepare.

Es perfectamente comprensible -hasta lo comparto- que a los niños con mascotas no se les pida pensar en la muerte de ellas con demasiada frecuencia, pero nosotros adultos, debemos tener la responsabilidad de pensarlo, estar conscientes y sí, prepararnos para dicho momento.

En nuestro país, a diferencia de los países del llamado ‘primer mundo’, los funerales para mascotas no son muy comunes. Esto sucede, sobre todo, por dos factores. El primero, el motivo por el que taaantas cosas nos pasan, es la desinformación: no sabemos que existen. El segundo, es por una cuestión de conceptualización: La cultura general nos hace ver que estos ritos diseñados «para humanos» se vuelven ‘ridículos’, ‘exagerados’ o incluso ‘irrespetuosos’ si se aplican a los animales.

Afortunadamente, ante ambos asuntos, hay cura.

En nuestro país, particularmente en nuestra ciudad, no hay muchos servicios funerarios para mascotas, pero los hay.

Hay que aclarar que cuando hablamos de «servicios funerarios» nos referimos a personal capacitado, que realmente sabe manejar el asunto en la parte práctica y en la parte emocional. Esto lo menciono porque desde luego hay varios servicios de cremación de mascotas, pero esto no significa que sean servicios funerarios. Desafortunadamente, muchas clínicas veterinarias ofrecen a sus clientes «hacerse cargo» de la mascota cuando muere, pero este manejo no es más que llevarlo con simpleza (por decirle de alguna forma al hecho de meterlo en una vil bolsa de plástico) y llevarlo a incinerar, en instalaciones que carecen de la higiene y seguridad necesarias, no se diga del respeto mínimo a un ser que nos entregó su corazón por años. El resultado: no sabemos si las cenizas recibidas (en el caso de los que las entregan, porque muchos ni eso) son realmente de nuestra mascota, mientras puede permear la sospecha permanente de que el cuerpo de tu mascota esté siendo usado en alguna escuela veterinaria; pocas ofrecen alguna garantía para saber que tu recién fallecido amigo no está siendo tirado en algún basurero, con lo doloroso e insultante que esto resulta, mientras la gente que te dijo que lo incineraría, se ahorra el gas y el tiempo necesario para realmente hacerlo.

La consecuencia: El recuerdo eterno de una despedida en la que se le falló al ser que cada día dio amor incondicional y una lealtad que habría demostrado con su vida.

En el otro extremo, hemos tenido la fortuna de contactar con uno de los servicios cuya calidad y transparencia es realmente para remarcarse. Platicando con la compañía Pets Memorial nos enteramos que sí existe en nuestra ciudad un sistema como el suyo, completo, serio, inteligente y accesible.

Brenda Montes, Coordinadora de Logística de Pets Memorial, abre con una frase que explica la importancia de este proceso con claridad: «Sólo tienes una oportunidad para hacerlo. La muerte y por tanto, la despedida de tu mascota, es algo que sólo vivirás una vez, es un momento irrepetible que recordarás por siempre. Si te equivocas, si no te ocupas de cada aspecto para que se haga de la mejor manera, te quedarás con un recuerdo malo, duro, triste, imposible de borrar.»

Un verdadera compañía de servicios funerarios actúa cuando lo necesitas, no cuando ‘tiene espacio’. De entrada, deben estar disponibles las 24 horas del día. Claro, nadie puede tener personal que labore sin descansar, pero en los tiempos en que la tecnología está al alcance de todos, no se puede perdonar la falta de comunicación, por lo que deben tener formas de contacto en todos los rubros. Teléfonos con correo de voz y/o contestadoras, por los casos en que el momento llega a media madrugada. Debe tener correo electrónico y página de internet, bien diseñada, que cuiden los detalles tanto como deberán cuidar a tu mascota en su último viaje.

Checa tú los detalles. Antes de que sea necesario, llama a alguna de estas compañías y checa cómo se refieren a tus mascotas. No es bueno cuando dicen ‘el animal’. No es bueno cuando la persona que te atiende parece tener prisa o te dice los precios antes de que lo preguntes. Incluso puedes preguntar por planes ‘adelantados’, es decir, preparar el servicio y que tengan tus datos para que cuando ocurra no tengas que echar todo un rollo.

Si tu mascota muere en tu casa o en la veterinaria, no debe haber diferencia para ellos. Un servicio funerario debe ir a recogerla a donde esté, en una camilla, no en costales, bolsas o nada que se le parezca. Debes fijarte que aborde un transporte establecido específicamente para ello, con el respeto y la seriedad que se merece ese gran amigo tuyo.

La tramitología no debe ser engorrosa. En cuestión legal no lo es, así que un verdadero servicio de calidad no tiene que complicarte con mil «permisos». Si los contratos o formularios son muy extensos y con muchas letras ‘chiquitas’, debes revisar que no estés autorizando otra cosa, como el uso de ese cuerpo para algo más.

Y después, la cremación. El proceso se debe llevar a cabo de la manera más transparente posible y en las mejores instalaciones. Uno de los principales problemas de los malos servicios, los que sólo «incineran», es la oscuridad en la que todo se maneja. Un buen servicio, si te sientes listo para ello, debe permitirte presenciar el proceso completo en el que tu mascota es ingresada al horno de cremación, sin otros elementos y, si así lo decides, sin ninguna otra mascota. Debe permitirte acudir con tu familia o amigos, realmente despedir a tu mascota como tú lo decidas e incluso estar listo para ofrecerte un espacio en donde le hagas el rito religioso que quieras. Algunos, como yo, creemos que el Dios que nos cuida a los humanos, ama y cuida de la misma manera a nuestros animales, por lo que no tiene nada de malo pedirle a un sacerdote que haga una oración por él. Se comprende que la mayoría de las religiones no pueden llevar a cabo los mismos sacramentos que utilizan para un difunto humano, pero no pueden negarte su ‘bendición’ o como quieras llamarle.

Cuando esto haya pasado, debes y puedes pedir que te la entreguen en distintas formas y urnas. Las hay de tipos, precios y tamaños, de acuerdo a lo que te guste.

En el caso de Pets Memorial, nos encantó encontrar que no sólo cumplen con todo lo antes mencionado, sino que lo han perfeccionado. Su directora general, Monserrat Berriel, puede ser jefa de una empresa, pero no deja de ser un usuario potencial que comprende tu situación.

De hecho, el nacimiento de esta empresa es producto de lo contrario. Cuando la fundadora de Pets Memorial perdió a su mascota Xirro, se enfrentó a un sistema horrible, falto de respeto y seriedad, que le dejó un amargo sabor de boca y un, aún más, triste recuerdo.

Por eso buscó crear una empresa que le ofreciera a la gente lo que ella no encontró: respeto.

Esa mascota te entregó cariño, lealtad, amistad… amor. No merece menos que una despedida amorosa.

Y si a todos estos elementos ideales le añado que DEBEN SER, es por la importancia de ello para tu bienestar emocional. Debemos estar conscientes que cuando llegue ese momento, enfrentarás una PÉRDIDA, una parte de tu vida, tan importante y grande como quieras sentirla, se está yendo, no hay nada más sano que cerrar ese círculo con la calma y seguridad que debes. Es importante para tu mente, tu emoción, para tu alma vaya.

Si recomendamos con tanta vehemencia un servicio como el de Pets Memorial, es porque los conocemos y hemos visto su forma de trabajo. Es porque son amantes de los animales trabajando para los animales, lo que es sí mismo una gran recomendación ya.

Yo, como saben muchos lectores a los que agradezco, tengo 5 perros que son como mis hijos. ¿Sus edades? 13, 10, 6, 2 y 1 año. Aunque no me gusta imaginarlo, TENGO que estar preparado, en dos de ellos porque la edad ya no es corta y el tiempo no se puede detener, en los demás porque nunca sabemos lo que nos depara la vida. Sé que cuando ocurra la muerte de cualquiera de ellos, mi mundo se va a nublar y no podré ni pensar coherentemente, así que necesito a especialistas de mi lado, a gente que comprenda la situación y esté lista para ayudarme a decidir lo mejor.

Con toda sinceridad, yo ya tengo mi plan adelantado con Pets Memorial. No son los únicos, puedes buscar más opciones, pero por lo pronto, te dejo los datos de aquellos que conozco en realidad y por quienes puedo hablar.

Disfruta a tus mascotas a cada segundo. Prepararte para su muerte no es «echarles la sal» es amarlos lo suficiente para no permitir que tu tristeza te haga equivocarte en un momento crucial.

Nos leemos pronto.

Justificada discriminación científica.


Experimentación en Animales I.

En más de una ocasión hemos hablado del problema que regularmente tenemos como sociedad hacia los animales: valoramos sus vidas de maneras distintas, con raseros diferentes dependiendo de la especie que nos guste.

Esto obedece a un mismo vicio que, creemos, solamente aplicamos entre humanos: la discriminación.

Discriminar, por su significado puro no es negativo, pues significa sólo «Seleccionar excluyendo», lo que hacemos todos los días al escoger algo. Sin embargo, como fieles seres humanos, el sentido que más hemos usado, es el negativo, que se complementaría como «Seleccionar excluyendo, dando un trato de inferior valor a lo que se excluyó».

Discriminamos pues, por ignorancia, por miedo y por estupidez.

Pero no por hablar de «ignorancia», me refiero a que sea un vicio de la gente «sin cultura» como generalmente se llama (discriminando) a la gente de menores recursos y con menor educación. De hecho, mucha de la gente que ha recibido mayor educación académica y posee conocimientos científicos más amplios discrimina de manera más frecuente y con consecuencias más letales.

En lo que nos concierne a este blog, los animales, dicha valorización, y por tanto discriminación, de la vida ha sido hecha en gran medida por la llamada «comunidad científica«.

En el afán por conocer más de su mundo, descubrir nuevas cosas para el bien de su especie y para la mejora de su «calidad» de vida, el ser humano científico desarrolló un método denominado «experimentación». Sí, sé que no estoy hablando de algo del otro mundo como para explicarlo con tanta puntualidad, pero el sarcasmo en mi explicación tendrá un sentido.

En esta «experimentación» el hombre busca sustitutos de los elementos que rodean un hecho. Por ejemplo: el hombre observó que un rayo caía e incendiaba un árbol, para entenderlo (y controlarlo) trató de repetir las condiciones que sucedieron. Ideó la forma de «simular» un rayo y puso un árbol en ese camino. Lo incendió. Comprendió el fuego y «lo controló» (o eso cree, porque aún en la era moderna los incendios naturales cuestan muchas vidas).

Cuando dicha experimentación invadió el campo de la vida, comenzó la valorización científicamente justificada. Para entender el funcionamiento de los organismos que le afectaban, el hombre encontró similitudes entre si mismo y otras especies, por lo que le pareció naturalmente más seguro «experimentar» poniendo en su lugar a otros animales, para entender los efectos sin sufrir las posibles consecuencias.

Yo sé que parece muy reaccionario atacar la experimentación con animales sin valorar los avances médicos que se han logrado con ello. Cierto, probablemente lo es; seguramente nuestros conocimientos médicos habrían sido más lentos para hoy sin ello, o habrían costado la mórbida muerte de los humanos en experimentación, pero es donde el valor de la vida hace que todo cobre sentido.

Para experimentar sobre una medicina, usando sólo humanos como sujetos de prueba, quizá una nación tendría que poner en riesgo a 1000 individuos en un periodo de 5 años, (¡con la posibilidad de fallar 999 veces!) pero obviamente la vida de uno solo de sus ciudadanos es demasiado valiosa para arriesgarla. Sin embargo, en una guerra de baja escala, se ponen en riesgo (que generalmente se concreta) la vida de 10 veces ese número. Claro, ahí no es lo mismo, pues se juega la vida de personas MENOS valiosas. La vida de un extranjero es siempre menos valiosa que la vida de un nacional.

No digo que esté mal valorar a tus ciudadanos, digo que es muy claro que la vida vale dependiendo de quien juzgue ese valor.

Pues ahora hablemos de una guerra más sencilla: la guerra humano – animal. En esa guerra no hay discusión. La vida de un ser humano vale más que la de un animal. ¿Por qué? «Porque lo digo yo y te callas» diría el humano con firmeza.

¿O… saben de otra razón? ¿Hay alguna razón genética o natural que nos diga que la vida humana es más valiosa? No somos una especie en extinción… no le proveemos a la naturaleza de algo que le faltaría con nuestra ausencia… no hemos hecho cosas que hagan a este planeta más productivo…

Entonces ¿por qué vale más la vida humana? «Porque lo digo yo y te callas», repite con firmeza el humano.

Vaya pues que llegamos al punto de reconocer que en esta guerra somos juez y parte, pero como además tenemos esta divina ventaja de la «razón», podemos idear formas de capturar animales y ponerlos a nuestro servicio sin que puedan hacer mucho al respecto.

Y… regresamos a la experimentación, en donde el ser humano científico justifica que la vida de uno de sus congéneres vale mucho más que la vida de millones de animales cada año. Claro está, siempre y cuando sea un humano de su misma raza y nacionalidad, porque de lo contrario tendría derecho a matarlo en una guerra.

Ganamos la guerra animal y desde entonces podemos usarlos para lo que nos plazca, incluso para experimentar sobre ellos cosas que queremos averiguar sobre nosotros mismos. Desde luego ningún animal es exactamente igual a nosotros, por lo que los resultados tardan hasta 1000 veces más en llegar, de simulación incompleta en simulación incompleta.

¿Digo que deberíamos experimentar con nosotros mismos? Sí, siempre que se pueda. Los resultados serían más rápidos y fidedignos. De todas formas, existen muchas menos investigaciones médicas que utilizan animales de las que imaginamos (cuando actualmente se habla de las grandes pandemias, de las enfermedades devastadoras y aquellas que hasta el momento son incurables, los científicos tienen una idea generalizada: son tan complicadas que experimentando en animales se llegará a muy pocos avances). Hablamos de experimentos para desarrollar antiácidos que alivien un dolor en quince minutos, en lugar de media hora, antigripales más veloces… y peor aún, «medicinas» que hemos hecho pasar como necesarias, pero que son meramente cosméticas.

La sentencia debería ser muy sencilla: Si el experimento es demasiado riesgoso, entonces hagamos simulaciones virtuales, cálculos más exactos, estudios más detallados… o sencillamente ¡no probemos ese algo que es tan riesgoso para nosotros!

Sobre todo, porque estoy hablando ahora, en este momento.

En una era en la que podemos «interpretar» el color de una supernova que nuestros ojos reales jamás verán, esinjustificable que no seamos capaces de simular la reacción de un cuerpo humano a un maquillaje o una aspirina.

  • ¿Por qué las carreras de Veterinaria en América Latina permiten que se practique a «operar» con un perro real si después ese perro no puede salir a la calle?
  • ¿Tan malos practicantes hicieron la operación?
  • Entonces… ¿no podríamos esperarnos un poco más para hacer la práctica?
  • ¿Por qué las carreras de Medicina (humana) no practican con mujeres reales que después deban «sacrificar»?

Porque los humanos «valemos más».

La mayoría de los cosméticos y medicamentos «mejorados» son probados en roedores, cerdos, conejos, perros o simios. ¿Es vital para nosotros saber si el nuevo Large Lash Mascara funciona sin irritar el párpado? ¿No sabemos los químicos que contiene como para calcular matemáticamente su efecto?

Si en verdad no somos capaces de calcularlo, quizá deberíamos de prescindir de ese algo que no podemos desarrollar sin asesinar en el camino a otro ser que según nosotros, Y SÓLO NOSOTROS, vale menos.

¿Sabías que en los primeros 20 años de los viajes espaciales se experimentó solamente con monos, perros y ratas? Obviamente, fueron 20 años de experimentos infructuosos, pues cada animal que fue sacado de órbita murió en una u otra circunstancia. Sólo hasta 1966 (20 años exactos después del primer intento) dos perros rusos sobrevivieron a nuestros experimentos astronómicos.

Esa es nuestra era moderna. Ya no cometemos la «tontería» de explorar el mundo y sus consecuencias con la aventura de nuestra inquisitiva y preguntona persona. Ya no tenemos que arriesgarnos a caer al mar en el límite del mundo cuando crucemos la tierra plana, ahora podemos mandar animales, seres que VALEN MENOS que nosotros, cuya vida es sólo un número, y cuyo fallo o éxito nos van a dar más facilidad para avanzar sin arriesgar el pellejo.

¿Que valientes, modernos y valiosos no?

Pequeños golpes de Cultura Animal


¿Qué sientes cuando escuchas que mientras un perro fue rescatado de la calle, 5 más fueron abandonados? ¿O cuando te enteras que un gato callejero fue adoptado mientras acaban de nacer otros 5 en algún callejón perdido de la ciudad?

¿Te da impotencia? ¿Sientes que es una lucha perdida? ¿Te dan ganas de rendirte de repente y aceptar que no hay solución? No sería algo raro, ni te hace mala persona. Esa sensación nos da a todos los protectores y defensores alguna vez, cuando nos damos cuenta que la lucha a mano, es más lenta y, a veces, menos efectiva que la lucha intelectual.

La lucha intelectual o cultural es la que se hace expandiendo la cultura de respeto animal. Es una lucha que todos podemos hacer, en cualquier momento, todos los días, sin necesidad de un esfuerzo físico, sin el riesgo del rescate y sin ensuciarse un zapato.

La verdad sea dicha, no necesitamos a todos los protectores animales allá afuera, colgados de un barco ballenero en las costas de Japón, ni atados a un árbol del Amazonas.

De hecho, pareciera que gran parte del problema es que no atendemos cierto frente. Ese, el más descuidado, es el de la educación.

Es el más descuidado en proporción de uso, pues de ser más defendido, sería más efectivo que cualquier gran marcha, que cualquier manifestación o cualquier barco Antiballenero de Greenpeace. Sería más efectivo porque prevendría los problemas animales y ecológicos, antes de tener que defenderlos.

Es así: no importa cuanto nos esforcemos, rescatando de uno en uno no podremos ganar jamás. No podemos detener nuestra labor física, cierto, pero sobre todo no podemos olvidar nunca nuestra obligación cultural.

Niños, jóvenes y adultos, todos podemos expandir esta cultura, para que cada vez haya menos rescates qué hacer, al tiempo que haya más gente conciente.

Hablemos de la cultura animal, el respeto por las especies y una nueva concepción de la vida. Un nuevo concepto de RESPETO.

Eso sí, aquí no hay hechizos, encantamientos ni frases mágicas. Todo necesita una base sencilla pero ardua: predicar con el ejemplo.

Empecemos por los niños.

Ellos son los que más rápido absorben lo bueno, pero también lo malo. Cuida tu actitud y tus palabras. Evita que aprendan frases como “es sólo un perro”. El valor que le des a las cosas, será el que le asignen ellos.

Sé Parejo.

Que tu estándar de la vida sea el mismo para todas las especies. Aunque no seas fanático de un animal, no dejes que parezca que no vale como los demás. Es muy fácil hablar de “los bonitos perros”, “los simpáticos gatos”, “los maravillosos tigres” o “las majestuosas águilas”… pero cuando se trata de serpientes, arañas, chacales o buitres, mucha gente, usa adjetivos como “sucio”, “horrible” o peor aún, hay quien llega a decir que si pudiera, desaparecería a tod@s. Es importante saber y promover la importancia de todas las especies del planeta, por su lugar en el equilibrio natural.

¿Sabías que Einstein calculaba que si las abejas desaparecieran, la humanidad tendría menos de 5 años de vida? Apuesto que si te picó alguna vez una, no eres fan de ellas…

No dejes que los niños jueguen a los “cazadores”. Cada vez más son los programas de televisión que exhiben la única cacería válida, la que se hace con una cámara.

Además, ya existe el supermercado, aprender el “arte” de la cacería ya no es una necesidad y sólo se convierte en un hobby costoso, irrespetuoso y cruel.

Así mismo no los expongas a espectáculos polémicos que les confundan la concepción de la vida. Si de adultos deciden asistir a una plaza de toros, será decisión de ellos, pero un niño no tiene por que ser obligado a ver a un toro sangrar.

Di no a las pieles.

No existe método alguno para despojar a un animal de su piel sin que haya una absurda e infame tortura de por medio.

Si alguien te presume la maravilla de su abrigo de piel, dile que en tu “tribu” ya desarrollaron una cosa que se llama “material sintético” y que ya ni siquiera los nativos americanos despellejan bisontes.

No consumas animales “exóticos”.

No existen proteínas desconocidas, afrodisíacos o poder especial alguno en la carne de ningún animal. Después de la res, el pollo y el pescado, nuestro cuerpo no requiere ninguna otra sustancia que no se pueda encontrar en los vegetales.

En serio, los sabores más geniales, se logran con buen sazón y condimento. Ninguna sopa o platillo que contenga huevo de tortuga, conejo teporingo, zorro, venado o elefante, vale la pena su peligro de extinción.

Por cierto, hay un material en nuestro planeta que debería ser aborrecido: el marfil. Cualquier adorno que te presuman de este material trae consigo la vida de medio elefante. Si alguien tiene dos adornos, seguramente es responsable de un elefante completo menos.

Algunos animales tienen cierta cercanía con los seres humanos, pero ninguno es igual. Entonces ¿para qué experimentar con animales el funcionamiento de un medicamento o cosmético? Aléjate de ellos.

Existen muchas marcas que fabrican DE TODO sin probarlo en animales y no por eso son más caras o menos fáciles de encontrar. Hay muchas investigaciones serias en internet, busca información y elige marcas ecológicamente responsables.

Si al ir al supermercado estás escogiendo una marca amigable con los animales, siéntete orgulloso de ello y platícalo en voz alta con quien te acompaña. Te asombrarás de ver una reacción positiva de alguien más o incluso que te pregunten sobre ello.

No tienes que ser un agresivo reaccionario para compartir tu cultura con tu familia y amigos. La serenidad es más fuerte que un grito. Diles que respetas su posición, pero que no entiendes como alguien tan inteligente no se da cuenta el mal que hace.

Especialmente en la ciudad, es absurdo que te hablen de “instintos cazadores”. El ser humano se ha esforzado por aprender a imitarlo todo, ¿por qué justificar ahora que estamos “en contacto con nuestro cavernícola interno”?

Analiza las cosas que aprendiste de niño y las que puedes mejorar. Ya estamos grandecitos para escudarnos en “tradiciones” o “costumbres”. Demostremos que la educación y la inteligencia sirven para luchar contra las viejas mañas.

Y cada consejo que puedas añadir a esta lista, no dudes en compartirlo con nosotros. Recuerda que la fuerza y la cultura la hacemos todos, y nosotros especialmente queremos escuchar a los y cibernautas de Red Animalia.

El Perro «Hiperactivo». Cuando la energía desespera.


El día de hoy vamos a platicar de un aspecto canino que para muchas personas resulta difícil de entender yde controlar, tanto, que en muchos casos puede ser razón suficiente para abandonar o regalar a la mascota.

Curiosamente, la hiperactividad es un aspecto que en términos de salud, es una muy buena seña. No sólo es normal, en cierta etapa de su vida es importante que la mascota sea así.

¿Contradictorio?

Primero habrá que decirlo con justicia: el término Hiperactividad se usa en estos tiempos con mucha simpleza, aplicado en la mayoría de los casos a humanos y animales que sencillamente tienen mucha energía y pocas vías de canalización.

Es decir: a veces para justificar, por ejemplo, la deficiencia en la educación, maestros y padres de familia acuden a “diagnosticar” Hiperactividad en un niño, lo que los exenta de la responsabilidad, pasándola a la genética y a la necesidad de un psiquiatra. Bueno, pues esto no está muy alejado de lo que sucede con los perros:

¿Mi perro joven muerde un zapato cada que no estoy? es hiperactivo. ¿En cuanto le suelto la correa sale volando a oler a otros perros y correr sin control? es hiperactivo.

 

Y no, la mayoría de las veces no se trata de un perro hiperactivo… y si así fuera, no es tan trágico.

Esto tiene dos partes involucradas: La naturaleza canina y la comprensión humana.

Primero, lo perro del asunto:

  • Un perro, de cualquier raza, especialmente entre los 6 meses y los 2 años, tiene mucha energía y mucha curiosidad, es natural, pues, que responda a la mayoría de los impulsos, pero especialmente a los nuevos.
  • Los ruidos extraños, los que nunca había experimentado, le pueden causar extrañeza, curiosidad, emoción o miedo.
  • Los olores desconocidos, especialmente los de otros perros que sean nuevos en la zona, lo harán entrar en acción.
  • Las caras nuevas pueden agradarle demasiado o provocarle mucha desconfianza dependiendo de cómo lo hayamos socializado hasta el momento (y de eso que conocemos como “vibra”, dicen).
  • No sólo las novedades son razón para detonar su energía. Si bien existen comportamientos más o menos generalizados, cada perro es único y tiene una “perronalidad” definida, que puede ser muy distinta a la de otro de su misma edad y raza. Conócelo.
  • Un perro, como cualquiera de nosotros, se ve afectado por los elementos del ambiente, como la casa en la que vive y la forma en la que lo tratan, así como por el sentido de pertenencia.
  • El perro quiere PERTENECER a nuestra manada, para lo que tratará de encontrar y copiar conductas que vea en los líderes, a fin de complacerlos.
  • Si tiene dueños desconfiados y huraños, es muy probable que lo copie, desconfiando de cuanto perro o humano se le aproxime.
  • Si por el contrario, ve a sus líderes como dos seres muy sociales, que saludan a mucha gente diferente en la calle y que acarician a otros perros, es posible que se vuelva el perro amiguero.
  • Si a cualquiera de estos ejemplos le añadimos su natural energía exacerbada en la adolescencia, podemos tener a un perro muy miedoso, ladrador, histérico y hasta agresivo, o a uno encimoso, querendón pero brusco, juguetón hasta el extremo y difícil de parar.

Y nos concentramos en este especial periodo de edad, porque si bien es la edad perfecta para educarlos, también es el momento exacto en que podemos malcriarlos.

En esta etapa (6 meses a los dos años) pocos perros saben lo que “quieren ser en la vida”, o sea, no les importa mucho ser el jefe de la manada o el subordinado, ellos solamentes están explorando los puestos.

Por eso una educación adecuada en este momento les cae tan bien, pues están listos para entender su rol en el grupo.

Sin embargo en su otro extremo, el negativo, debemos decir que los miles de años de domesticación han borrado instintos, y si el jefe de la manada no pone reglas, en esta edad pueden aprender muy bien que son libres. Se pueden comportar como jefes cuando quieran, pero pueden ser dependientes y exigentes de comida y sustento, así como demandantes de atención.

Si llegan a entender que la energía desbordada les traerá frutos (juegos, atención, caricias o comida) es probable que se comporten como el “perro hiperactivo” tan temido durante mucho más que ese tiempo, esforzándose por serlo incluso cuando en la adultez ya no tengan la misma fuerza por naturaleza.

Y es aquí donde importa lo humanamente posible:

Muchos dueños disfrutan a un perro con energía y fuerza cuando están de buenas, pero si fue un día pesado, llegar a casa a encontrar a una mascota incansable les parece casi un castigo de la naturaleza, lo que es sencillamente injusto.

En nuestra ciudad es normal encontrar mascotas que viven en departamentos o en casas sin patio, y más aún, mascotas cuyos dueños están ausentes gran parte del día por el trabajo o el estudio. Esto hace que los perros adolescentes y jóvenes acumulen energia durante el día solos, ansiedad, un poco de estrés y muchas ganas reprimiditas de jugar.

Esto hace que cuando llega su amo, en lugar de estar listos para acabar el día descansando, empiece a descargar la energía, corriendo, brincando, buscando juguetes, y peor aún, puede provocar que al llegar los dueños encuentren muebles dañados, zapatos mordidos, adornos rotos. No son lo que humanamente conocemos como “travesuras”, sino la curiosidad y la necesidad de entretenerse, combinadas.

¿Qué hacemos?

La mayoría de las veces viene un regaño “humanizado”, es decir, le hablamos sobre el problema, le preguntamos el típico “¿Quién hizo esto?” o más absurdo aún, preguntamos por qué. Ya hemos hablado que el perro se asusta por nuestro tono de voz, no por recordar la travesura, pero es importante remarcarlo: el zapato mordido, a menos que sea captado en el acto, es una baja de guerra, y de nada sirve restregárselo en en la cara cuando hace horas lo destrozó.

¿Lo dejamos amarrado? ¿Lo encerramos en un cuarto, en la azotea, en el baño?

No, no… y enfáticamente NO. Aislar a un perro con energía sólo le hará acumular más ansiedad, con el riesgo de que en su intento por liberarse se haga daño en los dientes o patas, además de dañar más otros muebles o puertas. Un perro debe entender cuál es su espacio permitido, pero no porque no pueda accesar a los otros, sino porque ahí están sus cosas, ahí se le acaricia y se le pone atención, ese lugar LE PERTENCE.

¿Necesita entrenamiento?

Por supuesto siempre es bueno un entrenamiento profesional, pero no es la única salida.

Aún hay muchas cosas que se pueden hacer, empezando por: Jugar con él. Así de sencillo. Muchas personas tienen la falsa creencia de que jugar los hará más inquietos al “consecuentar” dicha energía, cuando es exactamente lo contrario: Jugar en un momento específico del día, les ayuda a descargar la energía y a entender que existe un tiempo específico para ello.

Lo ideal es que jugaras una hora o dos diarias, pero si no, al menos unos minutos, dos o tres veces al día les hará mucho bien.

Ahora bien: CUIDADO, trata de no responder en el momento que él lo demanda. Debes ser tú quien ponga el horario y permita que empiece. Por ejemplo, cuando llegues a casa no lo peles tanto, no le sigas la fiesta en el momento en que lo ves. Relájate, ignóralo un poco, cámbiate de ropa, refréscate… y entonces sí, muéstrale que es tiempo de jugar.

Cuando los apapachamos mucho justo al momento de regresar, les estamos diciendo que se preparen para nuestra llegada, pues vendrán los abrazos y el juego… ¿Qué sucede? Pues que mientras no estás, tu amigo se queda a la expectativa, tenso, ansioso, esperando verte cruzar la puerta para explotar.

Debe sentirse querido y tranquilo de verte, pero debe entender que demandar tu atención con brincos, carreras y ladridos no le hará conseguir nada. Debe notar que hasta el momento en que se relaja, tú respondes. Si se pone más que ansioso, peligrosamente activo, quédate quieto, párate en algún lugar cerca de él, con brazos cruzados y postura firme, ni siquiera lo veas a los ojos. No le harás el mínimo caso hasta que se levante.

Recuerda: Como en todos los ámbitos, esto es cosa de creérsela. No sólo finjas una orden, actúala, siéntela para que la sienta él. Tu actitud firme de líder debe estar en todo momento, voz, actitud, postura, firmeza de movimientos. No puedes pedirle que te respete el rol de líder si tú no respetas y sientes esa posición primero.

¿Hay peores o mejores perros en al campo de la energía y la hiperactividad?

Por supuesto hay razas de perros más activas que otras, y generalmente aplica al tamaño: mientras más grande sea, más juego requiere.

Entre los grandes, desde luego el premio se lo llevan todos los Retriever: Labradores, Golden, Chocolates. Su naturaleza les hace perros fuertes, con mucha energía y con ganas de tener un trabajo. Vaya, su nombre lo dice: son Cobradores, lo suyo, lo suyo, es correr a traerte cosas.

Sin embargo, el tamaño no es una regla. Los terrier pequeños, por ejemplo, tienen mucha energía, lo mismo la mayoría de los Chihuahua, el Jack Russell, el Pincher o el Cocker.

Y aunque la fama se cargue de un lado u otro, no debes olvidar que el juego y la atención es necesaria para TODOS los perros. No son un mueble, un juguete o un accesorio. Tienen pensamientos, curiosidad y dudas. Tenlo presente para no dejar cosas fuera de lugar, cables al alcance de su hocico, ni cosas de valor en donde las pueda encontrar. No asumas que un “simple papel” no le atraerá para jugar (así terminan rotos recibos, actas y hasta billetes), no confíes en que “nunca lo ha hecho”, porque eso no significa que nunca lo hará.

Cualquiera que sea la raza de tu perro, dale espacio y atención, dale tiempo de CALIDAD. Juega con él, ponle horarios y días especiales. Si puedes, dedícale alguna mañana completa el fin de semana, verás que pronto identificará el día exacto y casi casi estará en tu carro tocando el claxon la próxima semana.

Ante todo sé responsable de él y de su vida. Mucha energía es seña de buena salud, por lo que no puede ser una característica mala. No se vale regalarlo porque está más “vivo” de lo que creías que estaría.

Y si estás pensando en adquirir apenas a un perro, toma en cuenta todo esto, para que no te hagas el sorprendido después. Si no tienes un rato del día completamente libre para él, ni un espacio que le puedas regalar enteramente, no estás listo para tener un perro.

Acércate siempre a médicos y a especialistas. Investiga, compra buenos libros sobre perros, te ayudará mucho tener el respaldo de conocedores, y por supuesto, cuenta con nosotros si en algo te podemos ayudar.

Consejos mínimos para no perder a una mascota.


Cada persona que ha perdido alguna vez a una mascota en la calle te lo puede decir: Daría lo que fuera por regresar el tiempo y evitarlo.

Para quienes realmente consideran a su mascota como parte de la familia, perderla en la calle, regresar y ver que se ha salido, verla correr y nunca regresar, son golpes muy difíciles de superar. Desde luego, el mayor dolor es la nostalgia, el no volverlo a ver, pero también ocurre un miedo brutal por saber que un perro o gato de casa se enfrentará con un mundo muy difícil y doloroso afuera, así como la culpa recalcitrante por aquellas cosas que pudimos haber hecho mejor para prevenir el extravío.

Aunque hay casos varios de personas que lucharon, buscaron, aguantaron y encontraron de nuevo a su mascota, el índice de mascotas perdidas definitivamente es muy alto. Por eso queremos compartirte algunos muy valiosos consejos para evitar que esto te pase, y si no te sirven de momento (porque tus mascotas tienen un gran jardín o porque tú ya los aplicas todos) pásale el dato a quien sea que conozcas con mascota, así estarás ayudando a dos: la familia humana no tendrá que sufrir el dolor de perderlo y la mascota no sufrirá el dolor de perder a su familia, dolor que es tan o más grande que el humano (creénos, hemos visto mascotas encontradas en la calle que aunque han sido sanadas físicamente, nunca recuperaron el ánimo y murieron de tristeza, esperando ver a su familia humana una vez más).

1.-Fuera la Soberbia

Empecemos por lo más obvio. Hay dos tipos de soberbia (humana, exclusivamente) peligrosa para las mascotas. La primera es sobre el ser dueño: «Soy muy listo para que me pase a mí». Por supuesto el perder a tu mascota no te hace tonto, pero sí es responsabilidad tuya, y en el 98% de los casos, fue un descuido que pudiste evitar. Ser más cuidadoso de lo normal no te hace un exagerado, depende de como veas a tu mascota. Si fuera tu hijo humano, no repararías en cuidados y precauciones, entonces ¿por qué no exagerar con tu perro o gato? El segundo tipo es sobre la mascota: «Tengo el mejor perro del mundo y jamás se perdería». Ahí sí es normal que nos sintamos como con los hijos humanos, TODOS creemos tener el mejor perro/gato del mundo. Un perro no se aleja demasiado porque lo desea, sino porque no se da cuenta a tiempo cuando el camino ya no es conocido. En el caso de los gatos, mucha gente supone que puede dejarlo salir cuando quiera y solito regresará. Su sentido de orientación es muy bueno, pero si algo lo asusta, un perro lo persigue o huye cuando comience a llover, puede llegar a un punto en el que ya no identifique su ubicación. No le otorgues cualidades mágicas a tus mascotas.

2.- La Placa

Te sorprenderías saber cuantos animales de compañía no tiene siquiera una placa con sus datos o estos no están actualizados. Una placa puede costar desde 50 pesos y representa la única forma de lenguaje de tu perro. Mucha gente está dispuesta a devolver a un perro o gato con sus dueños de manera desinteresada… y si no, al menos lo harán por una recompensa, la que seguramente no te molestaría dar si te lo regresaran. El caso es que cualquiera de las dos formas, es imposible sin una placa. No le pongas calle, colonia, número interior y código postal. Ponle muy claro el nombre del perro y un número de teléfono local, si quieres la colonia en todo caso y ya. Eso sí, siendo muy francos, mientras menos brillantitos tenga, mientras menos joyería parezca, menos será lo que te pidan de recompensa en el caso de que lo encuentre alguien medio interesadón. «Depende el sapo, la pedrada», dicen por ahí.

3.- El doble collar

A mucha gente, el collar de castigo le parece una tortura, cosa que es un poco exagerada porque el umbral de dolor canino es tan elevado que incluso a algunos muy activos les cuesta trabajo entender la corrección con él. Sin embargo, están en todo su derecho de no usarlo con sus perros. El caso es que si no usas uno de estos collares de acero, deberías darle a tu perro un doble collar. Una de las causas más frecuentes de perros perdidos es «Se rompió su collar… en donde traía su placa». Es decir, si el mismo collar de donde cuelga su placa de identificación es de donde lo jalas, en un arranque de emoción, podría romperse, con lo que tu mascota saldría corriendo sin datos para que lo encuentres. Un collar suave de tela no le es molesto a un perro, después de un día se acostumbrará a dormir con él y traerlo siempre. Así, sólo cuando salgas a pasear le pones el otro (o una pechera, cómoda, aunque más tardada de poner y quitar) y en caso de que se rompa, siempre traerá su placa colgando. (En el caso de la pechera lo más común es que se rompa el broche hacia la correa o la correa misma.)

4.- Que conozca la zona

Entiendo que para muchas personas en esta ciudad, el paseo no puede ser lo más largo y calmado del mundo, por sus ocupaciones, pero todos deberían intentarlo. En los alrededores de mi casa he visto vecinos que sacan a sus perros al jardín de enfrente y en cuanto hacen sus necesidades se meten a casa de vuelta. Si un día uno de esos perros llega a salir, le bastará llegar a la esquina para haberse perdido. Si tu vuelta de paseo es siempre lo más lejos que puedas de casa, le estarás dando tiempo a tu mascota de conocer la zona. Si pasea a tu lado cuatro, cinco, diez cuadras a laredonda, estará grabando olores, colores, personas, texturas y vueltas. En caso de que un día se aleje sin tí, tendrá más tiempo para darse cuenta y, al reaccionar, aún reconocerá la zona, por lo que tratará de regresar a tu casa y probablemente tenga éxito.

5.- La socialización

Hay cientos de motivos por los que un perro debe de socializar, y aquí hay uno más. El perro que es jalado o cargado por sus dueños en cuanto ve a otro perro, entiende que la cercanía de cualquiera es señal de alarma (por como te pones tú) y siempre será agresivo o huraño. Esto hará que el día que se encuentre solo en la calle, corra de un lado a otro en cuanto vea otro animal. Entre carrera y carrera, ya sea correteando o huyendo, se alejará de casa en un dos por tres, además de bajar de la acera descuidadamente y será difícil de agarrar por alguien, en caso de que quieran ver los datos de su placa. Un perro que socializa está equilibrado, es más feliz… y está más seguro.

6.- El amigo de todos

Si te es posible, llévalo contigo a la tienda de la esquina, a las afueras de la panadería, a la tintorería, a la cancha de juegos. El punto es que lo conozca Don Pepe el de la tienda, Doña Lucha la de las quesadillas, los chavos que siempre están jugando basquet… que sepan su nombre, que realmente lo conozcan y que vean que nunca está sólo, así como lo mucho que lo quieres. De esta forma tendrás aliados en caso de que desaparezca y habrá más de uno con la chance de detenerlo en el camino, antes de que se aleje más. Incluso, si alguien en una tienda es especialmente amable con los perros, puedes llevarlo y comprarle dos pesos de croquetas cada que vayas, que las coma ahí. Esto hará que si sale solo de tu casa, quizá vaya directo a ese lugar.

7.- El Microchip

A mucha gente le parece algo muy moderno, pero tiene casi 20 años de existencia comercial. El implante de Microchip es muy usado en perros de raza pura vendidos por criadores, pero se puede pedir para cualquier perro. Es diminuto e indoloro, pero contiene mucha información valiosa medicamente, así como los datos del dueño. No es un chip de localización satelital, pero si se extravía una de tus mascotas, un veterinario lo puede leer a la primera visita que lo lleve quien lo encuentre. Un invaluable método de cuidado que cualquier veterinario te puede decir en donde adquirir.

8.- Entérate de la tecnología

Actualmente existen collares con chips como los de un celular, a cuyo número les mandas un mensaje de texto y el collar te rebota una coordenada. Esta la introduces en una página de internet y tienes su ubicación. ¿Carísimos? Para nada, tienen costos que estoy seguro pagarías cualquier día por verlo regresar en caso de que se extraviara. Un buen ejemplo en México de esta tecnología es la empresa GPetS, localizables en www.dondeestamimascota.com o al 12515951.

Y de ahí pa´lante… hay collares, como los de la marca INNOTEK, con sensores que se colocan en la puerta y le dan un toquesito de electroestática (como el que sientes cuando un globo se carga de electricidad con tu cabeza) cuando se acerca a donde ya no debe. Sensores de movimiento que emiten un sonido inaudible para nosotros pero molesto para ellos, en fin… hay más cosas de las que imaginas, sólo no tienen la publicidad necesaria. No dejes de investigar.

Por encima de todo está tu precaución. Nunca los dejes sin correa, a menos que sea un espacio cerrado con una sola salida que puedas controlar. Un perro puede vivir por siempre caminando con correa, siempre y cuando le eches ganas y camines a un buen ritmo. Es muy cómodo sentarse en una banca a verlo correr, pero es más benéfico para ambos si no te sientas y caminas a su lado. Sólo hace falta un descuido para que tu perro «genio» se dé una vuelta equivocada y no te encuentre, si eso coincide con una breve distracción tuya, tendremos un nuevo perro callejero. Cuida puertas y ventanas, no pongas muebles cerca de donde pueda salir, vigila haber cerrado todo bien antes de salir de casa, piensa en su seguridad siempre.

Si tienes alguna recomendación más, no dudes en platicarnos, pues de hecho, este listado lo hemos armado con base en las experiencias de algunos radioescuchas, quienes nos comparten lo que «hubieran» hecho, esperando que tú nunca pases por el trago amargo que ellos pasaron al extraviar a su querido miembro de la familia.

 

De Albóndigas y otras estupideces.


La primera semana de Agosto de 2010 sorprendió a muchos usuarios de redes sociales con un volante digital denominado: Albóndigas de Exterminio.

Dicho panfleto, entre otras cosas, argumentaba que en defensa de la salud, en reprimenda a los irresponsables y en protección de los niños, comenzaría una campaña de exterminio canino a través de alimento envenenado, depositado de manera premeditada, entre arbustos y jardines de los principales parques de la Colonia Condesa.

He aquí algunos fragmentos:

«Amigos, en vista del enorme incremento de mascotas (perros) en nuestra colonia Condesa y al caso omiso de sus dueños de recoger las heces fecales (sic), nos vemos en la necesidad de aplicar el Plan “Albóndigas De Exterminio” a los perros sin correa.»

«…además a muchos de nuestros hijos NO les gustan los perros y les tienen miedo, y los dueños no hacen nada cuando se les acercan y los espantan, cuando mucho un simple “disculpe” dejando al niño llorando asustado.»

«…para esto ya puedes pasar a recoger a nuestro lugar de reunión los miércoles, viernes y domingos después de las 10:00 am tu porción de ADE, así también te daremos 6 cápsulas para disolver en las fuentes.»

Desde luego vamos a obviar la falta de pericia al redactar, así como los pleonasmos que usa el conocedor «vecino».

Cómo tal el problema era una amenaza expresa, con delito confeso incluido, de envenenar perros por culpa de dueños irresponsables.

Así de sencillo y claro, tan simplista como la lógica misma con la que el supuesto grupo de vecinos habría llegado a dicha conclusión. Primero supongamos que este volante hubiera resultado verídico:

1.- Los vecinos confesaban que cometerían dos delitos contra la salud, el primero, depositar desechos tóxicos de manera premeditada en medio de la vía pública, más aún, entre la vegetación de parques. El Segundo, más grave, contaminar de manera intencional aguas públicas, que están al alcance, sí de mascotas, pero también de los muchos niños que dicen proteger.

2.- Mucho nos quejamos de la ineficacia de las autoridades, sí, pero para sancionar estos casos de irresponsabilidad (no levantar las heces), les guste o no, existe una autoridad. Dictaminar una solución alterna que incluya la muerte (increíblemente dolorosa, traumática y prolongada, provocada por veneno) por cuenta propia, es lo mismo que tomar la justicia en propia mano. Es decir, se equipara a salir a asesinar ladrones porque nuestras autoridades no los están atrapando.

3.- En el plano teórico, los perros en vía pública deben caminar con correa, esto incluso, por ley. En la realidad, cuando de parques y zonas recreativas se trata, el 90% de los perros que caminan sin correa NO SON AGRESIVOS. Y esto no es por confianza pura en ellos, sino porque como dueño, sé que cuando mi perro es agresivo me causa problemas desde la primera vez, haciendo daño y haciéndose daño y no es lo que una persona cuerda desea. En lugares tradicionalmente canófilos, como el Parque México, el Parque España o «las Islas» en Ciudad Universitaria, los enfrentamientos entre perros son raros, la agresión de un perro a una persona, mucho más.

4.- Siempre hay algún desequilibrado que trae un perro agresivo con ganas de armar pelea o peor, de amedrentar a la gente. Créame, estos tipos NO SON BIENVENIDOS entre las comunidades caninas de los parques y de toparse con ellos, lo hará en un parque, en una calle o en la puerta de su casa. Son delincuentes y hay que denunciarlos, para sancionarlos.

5.- Si al niño no le gustan los perros, es respetable, pues es preferencia, pero debería enseñarla a NO temerles por el mero hecho de ser perros. Un niño equilibrado y seguro de sí mismo, que no le teme a las cosas por antonomasia, es un niño más feliz. Enseñarlo a cuidarse y ser precavido no implica enseñarlo a mantenerse lejos de todos los seres vivos. En todo caso, debería enseñarle a no acercarse a la gente, realmente hay más riesgo de sufrir daño.

6.- Sería todo un derroche de brillantez enviar sus planes por correo electrónico, probablemente es el medio de comunicación con mayor filtración de información. Sería difícil que la información no le llegue rápidamente a algún defensor de los animales. Basta con que UNO de los hijos, sobrinos, primos o hermanos de esos vecinos que hacen el acuerdo se entere para que trate de hacer algo tan sencillo como publicarlos en su Facebook, Twitter o por correo electrónico.

Ahora, digo todo lo anterior con un afán de razonar el hecho, pues no dudo que entre las personas que se enteraron de este volante, exista alguno a quien la idea le pareció realmente una «solución». Afortunadamente, hasta el día de hoy dicho volante ha resultado solo una amenaza, un mito, o como se les conoce en la red, un Hoax.

Entonces, ¿no hay problema? ¿Para qué nos preocupamos?

Todo lo contrario. Lo que este volante decía, es sólo la expresión ficticia de una «organización», pero es algo que sucede todos los días en cualquier colonia de muchas ciudades, si no es que de todas.

El «perro envenenado» es una figura común de nuestra sociedad, una triste expresión de la falta de cultura, educación e inteligencia, es un recuerdo común para muchos niños cuya mascota era más ruidosa que lo normal, tenía más energía o paseaba más lejos de lo deseado.

Le cuento, como anécdota que un buen amigo (que hoy en día es el Editor de la fantástica revista Animalia Magazine) cuenta entre las memorias de su niñez con tres perros consecutivos envenenados.

El «perro envenenado» es la resultante de dos sectores: dueños irresponsables y gente sin respeto por la vida.

Por un lado, los dueños irresponsables que dejan al perro correr libre por la calle sin vigilarlo caen en la comodidad y cargan la primera culpa. Es muy sencillo, cuando se tiene a un perro que  siempre regresa a casa, abrir la puerta por las mañanas, permitirle subsanar sus necesidades en donde sea (sin recogerlo, claro, porque «no lo ví«) y esperar a que regrese. Ese perro ciertamente puede resultar, además de un riesgo para la salud, una amenaza para otros perros que sí pasean con correa o personas que se cruzan en su camino.

Se estima que sólo entre el 8 y 9% de los perros extraviados son producto de una correa o collar rotos. El restante 91% son perros que corren libres y en alguna vuelta o carrera no encontraron el camino de regreso. En cambio, un perro que aprende a caminar siempre con correa al lado de su dueño, se convierte en un perro equilibrado, sin ansiedad, más educado y asertivo.

Es decir, para todos conviene que el perro salga con correa, falta quitarse la pachorra, la flojera de caminar a un ritmo más elevado para ayudarlo a hacer ejercicio. No hay nada mejor que comenzar el día con una caminata al lado del perro y nada mejor para rematar un buen día. (Créame, para un sedentario común, cuando llegó a casa el primero de mis cinco perros, mi vida comenzó a cambiar para bien, comenzando por mi salud y mi peso.)

Sin embargo, como tantas cosas acerca de los animales se necesitan legislar, urgen espacios expresos para que los perros equilibrados convivan y hagan ejercicio libres. Espacio controlados, seguros, en donde la gente sepa que ciertos días, encontrará perros libres y entonces, decida si acude o no. Lugares con depósitos para heces y con algún vigilante que se cerciore de que se cumpla con la limpieza. Lugares en donde la cultura animal florezca y en donde después, los mismos dueños se vigilen y se insten a cumplir la norma entre ellos.

Estos lugares ya existen, creados por la costumbre y el acuerdo tácito, pero no están reglamentados para evitar estos enfrentamientos.

Y por el otro lado, el sector de los «envenenadores», necesita una severa reprogramación. Alguien debe hacerle saber el valor de una vida, la complejidad maravillosa de un organismo vivo y hasta su peso cósmico en este mundo. Andar cargando muertes absurdas de animales sobre los hombros no es bueno para nadie. Ser un asesino de perros es el resultado de una educación pobre, de un descuido familiar y una disfuncional concepción de la vida.

Ser capaz de matar a un animal por el hecho mismo de que «no me gusta», es un paso más cerca de la estupidez y habla de una agresividad latente, un paso más cerca del sociópata. La agresión hacia los animales es uno de los problemas psiquiátricos más severos en la niñez y adolescencia, que desensibiliza al individuo, haciéndole perder el valor por la vida, la de los demás y la propia, permitiéndole aprender a descargar la ira contenida en su forma más pueril y peligrosa.

Y esto no lo digo yo, lo dicen cientos de estudios alrededor del mundo, lo dicen expertos como el Dr. Albert Schweitzer, el especialista del FBI Robert Ressler, la famosa antropóloga Margaret Mead, la psicóloga Linda Merz-Perez, el Dr. Alan Felthous… y muchos, muchos más. ¿No me cree? Googleé eso nombres nada más, no tiene que tomar mi palabra como cierta.

La conexión entre los asesinatos humanos y el maltrato animal es tan clara como riesgosa… y sí, envenenar a un animal es agredirlo de manera expresa, se esté presente cuando el animal muere, o no.

Dejemos de engañarnos, hay un problema de cultura de ambos lados, pero uno de los dos es más peligroso que el otro, uno de los dos afecta a la psique del individuo y necesita ser tratado antes de convertirse en algo peor.

Ustedes decidan a cuál de los dos me refiero.

Cuiden a sus mascotas, sean responsables y denuncien a los agresores. Esto aún está en nuestras manos.

Fin en Cataluña. ¿Quién sigue?


El Miércoles 28 de Julio de 2010 será recordado como un día muy importante en la historia de la lucha por los animales.

Esa fecha será (o debería ser, porque muchos medios de comunicación tienen jefaturas aficionadas a la tauromaquia) celebrada como el día en que Cataluña hizo oficial la prohibición de las corridas de toros en su territorio.

Y ¿Por qué es tan importante? Ni siquiera es un país completo…

Precisamente por eso.

España es la cuna de la Tauromaquia, de todos sabido. Originada ahí y propagada con mayor éxito al nuevo mundo (como la viruela) es un reflejo claro de tradiciones absurdas que los países desarrollados supieron abandonar. No es casualidad que el 90% de los países que la permiten, pertenezcan al llamado «Tercer Mundo». No vamos a clavarnos en el nivel educativo, cultural o social que tienen sus habitantes como un factor para que siga existiendo, sino en su fuerza y poder hacia sus gobiernos.

Aunque el «tercermundismo» se refiere a condiciones de desarrollo económico y social, lo que caracteriza -ypor tanto mantiene limitado- a este sector del mundo, es su muy complicado sistema de gobierno, que facilita el ascenso y permanencia de gente poco preparada al poder, complicando a la vez la exigencia de su población en una pseudo «democracia», donde el pueblo debería tener el poder, pero es una batalla frontal (y a veces sangrienta) poder ejercerlo tan siquiera un poco.

¿Por qué me alejo de la Tauromaquia con tanto rollo político?

Porque el desarrollo de la sociedad catalana y su exigencia frontal en un sistema político un tanto más accesible, fueron los factores que permitieron este gran paso.

Para muchos es sabido que Cataluña se ha mantenido en una polémica «separación» de la nación española desde hace tiempo. Términos como «nación» y «nacionalidad» se han impuesto, borrado y reinterpretado en los estatutos y legislaciones del territorio de Cataluña, en una supuesta y paulatina búsqueda de independencia. No vamos a ahondar en ello, porque no nos compete siquiera opinar, pero lo mencionamos porque a tan sólo unas horas de hecho el anuncio sobre la prohibición, los aficionados a la Tauromaquia esgrimieron su único argumento: Cataluña quiere separarse de España, es la verdadera razón por la que se prohíben las corridas de Toros.

Twitter y Facebook fueron los testigos de como intentaba una comunidad en desuso, menospreciar un avace social como el logrado por los catalanes.

La prohibición de las corridas de toros en Cataluña (cuya capital es una de las ciudades más importantes y, por tanto, complejas del mundo: Barcelona) es el resultado de una lucha larga de grupos de personas -odio la expresión «grupos ambientalistas», como si fueran entes, no humanos- que jamás fueron aficionados a esta costumbre antigua. Gente que creció sin comprender por qué en un lugar público y grande se asesinaba y torturaba a un animal. Más aún, gente que afortunadamente no «aprendió» a apreciar esa costumbre y jamás vio un traje de luces más notorio y bello que el ensangrentado delantal de un carnicero.

La prohibición catalana es el resultado de un pueblo que le demandó a su gobierno lo que quería y lo que NO QUERÍA. No quería animales escupiendo sangre siendo arrastrados por la tierra ante los aplausos y gritos del ocio humano. No quería que sus hijos vieran más fotos de ganado atravesado con una espada, de gente riendo y disfrutando la deshumanización. No querían más «ejemplos» de vida que salieran en el «HOLA» a media plaza bebiendo vino. (No encuentro evento más cercano a las orgías de la época de la decadencia, que un lugar lleno de alcohol, ropas elegantes, joyas, sangre, muerte y risas)

La prohibición catalana es la muestra del poder del pueblo sobre sus empleados, los gobernantes. Exigieron y estos obedecieron, como la definición de «Democracia» infiere.

Tomando en cuenta que Cataluña hace frontera con el sur de Francia (la única zona del país galo que permite la tauromaquia), la prohibición además separa físicamente una parte del territorio taurómaco, la aisla. Divide y vencerás, dijo Julio César.

La prohibición en Cataluña es un estandarte a la lucha por nuestros derechos. El derecho de exigir respeto a las decisiones de los pueblos, no a los gustos de los oligarcas y jerarcas. Estadísticamente hay casi tres veces más gente que odia la tauromaquia, que gente que la aprecia. Esto dice que la exigencia de prohibirla, sería rápidamente respondida si la democracia fuera real.

Los Taurinos dicen que «no cualquiera lo aprecia«, es decir, porque son pocos, son una élite culta. En ese orden de ideas, los necrófilos, pedófilos y zoofilos son también una élite.

Dicen también que es una «tradición«. También lo era el Circo Romano.

Dicen que es una fuente de empleo, que dejaría en la calle a mucha gente. El Narcotráfico contrata 25 veces más gente al año… y eso no es argumento para defenderlo, ¿cierto?

Dicen que «el toro es criado para eso«. ¿Los criadores de perros de raza tienen derecho a jugar con ellos hasta la muerte porque ellos los críen con esa idea?

Dicen que el toro de lidia es bravo, es incapaz de socializar, nace para atacar. El demonio de tasmania también, el tigre, el tiburón blanco… entonces…

Dicen que es la lucha de igual a igual, hombre contra bestia. El Toro está minado, confundido, deshidratado y en la oscuridad, antes de saltar al ruedo. La naturaleza le dio al toro sus cuernos, la espada fue invención del hombre. Hace uso de al menos otras cuatro personas (y dos animales más, indefensos y ciegos) durante la corrida…

En fin… ayer Cataluña dejó de escuchar todo eso, dejo de permitir esos argumentos vacíos y absurdos. Cataluña exigió respuesta de su gobierno, aún formando parte del país con más «tradición» al respecto.

Cataluña exigió y obtuvo respuesta. La lucha es cierta, es clara, es frontal y más que nunca, es útil.

Ayer fue el fin en Cataluña. ¿Quién sigue?

Socialización Canina. ¿Agresivo?


Uno de los problemas más es el referente a la agresividad.

Y digo uno de los más importantes porque desde luego no es el único, ni el que primero ocurre a la llegada de un nuevo miembro canino a la familia. Si empezáramos cronológicamente, deberíamos hablar quizá de la adaptación al nuevo hogar, la higiene fallida o las «travesuras». Empero, aunque también son problemas importantes, la agresividad de un perro resulta el más delicado de los problemas por las consecuencias que puede tener.

Basta decir que es ésta la primera causa de sacrificio o abandono en perros jóvenes.

Y aún cuando no seamos capaces de siquiera pensar en esa posibilidad, tener un perro agresivo sigue siendo un riesgo, sobre todo para si mismo, en tanto nosotros como dueños no seamos capaces de actuar al respecto.

Es muy triste escuchar la expresión «me lo envenenaron», pero desafortunadamente no es raro.

Además de los vecinos inadaptados que simplemente crecieron con deficiencias sociales y odian a los perros, hay mucha gente que siente que si el dueño de un perro agresivo «no se hace cargo», son ellos los que deberán tomar cartas en el asunto «antes de que ocurra una desgracia».

Por eso es tan importante tratar la agresividad de un perro en cuanto la demuestra, tanto hacia otros humanos como hacia otros perros.

De entrada hay que ser conscientes de la realidad: existen perros que genéticamente tienen mayor disposición a la agresividad. De hecho, hay razas que se fueron mezclando hasta obtener capacidades de ataque y agresión similares o hasta superiores a las de los cánidos salvajes, como el lobo.

Entre las razas más propensas a la agresividad están Pit Bull Terrier, Rottweiller, Dogo Argentino, Sttafordshire Bull Terrier, Akita, Tosa Inu y Fila Brasileiro.

Atención: estos tienen mayor posibilidad de alcanzar un nivel de agresividad riesgoso o letal, no significa que inevitablemente la tendrán. Su tendencia, desarrollo y complexión, hace más sencillo y efectivo detonarles estas capacidades, pero para ello es casi necesario que un ser humano intervenga.

Estos perros, como todos los demás, aprenderían a aprovechar su agresividad de manera natural con la misma frecuencia que cualquier otro perro, es decir, cuando defendieran el alimento o la guarida. Sin embargo, en ellos las intervenciones humanas negativas surten un efecto mayor que en otras razas. Si son callejeros, los malos tratos de la gente, aunados a la consciencia de su efectividad para defenderse, los vuelve más peligrosos. Si son de casa, dueños irresponsables los pueden entrenar para ser agresivos con mucha más facilidad y con resultados más efectivos.

Así como nadie puede decir que estas razas están obligadas a ser agresivas, tampoco se puede eximir a las demás de serlo. El Chihuahua y el Cocker Spaniel, por ejemplo, pueden ser perros muy agresivos, la diferencia de concepción está en su tamaño y las consecuencias. Puede pensarse «¿Qué puede hacer un perro de ese tamaño?» y quizá tengan razón, pero en proporción, puede ser grave. Es decir, un Chihuahua demasiado territorial podría atacar a un niño pequeño causándole heridas de cuidado.

Con esto hay que entender que un perro agresivo, del tamaño, raza o cruza que sea, es un perro infeliz, condenado a vivir en el estrés, en la tensión, probablemente disminuido en su sistema nervioso y por tanto, menos longevo. Es un perro que debe y puede ser corregido, o al menos, debe ser bien controlado.

En México la legislación para mascotas es tan deficiente para defenderlas como para exigirle resposanbilidad a sus dueños. Aún así, es responsabilidad de cualquier dueño pasear con la mascota atada a una correa. Un perro no es más feliz por correr libre, de hecho, muchas veces es más caprichoso y siempre corre más riesgo. La correa es indispensable, así como importante y útil es un collar de «castigo».

No me gusta la expresión, pero es su nombre oficial, sin embargo, creo que le queda más el nombre «collar de control» porque es lo que realmente puede hacer: controlar a nuestra mascota. Al recorrerse automáticamente, el perro mide de manera sencilla la presión que puede ejercer contra la correa. Un collar normal para un perro agresivo grande, sólo le da control sobre el dueño, la mayoría de las veces los incita a llevar ellos el rumbo de los paseos y ante una descarga violenta, la fuerza del cuello se tensará al punto de jalar al dueño como muñeco de trapo.

El bozal, por otro lado, no es una tortura para ningún perro, siempre y cuando sea de la medida adecuada, ésta es, que fije bien sobre la nuca pero que en el hocico le permita maniobrar ligeramente. Al principio cualquier perro siente al bozal como un inmerecido regaño, gemirá e intentará quitárselo, es cuando el dueño más debe demostrar paciencia y comprensión. Hay que darle seguridad, tratar de calmarlo, pero no enojarnos porque no le guste. Demostrarle que aún con el bozal, estás a su lado y tu cariño sigue intacto.

Correa, collar y, en casos necesarios, bozal, te ayudarán a llegar al siguiente e importante paso: Socializar.

El peor error que se puede cometer con los perros agresivos es alejarlos de todos los demás. Si se tiene control y cuidado (enfatizamos el bozal para seguridad de todos), el perro, aunque agresivamente, se puede y DEBE acercar a otros. Como su lado dominante (aún sin poder abrir la boca) estará alerta, lo mejor es acercarlo primero a perros menores que él, pues aunque intente «atacarlos» con las patas, el daño no será mayor. Si fuera un perro de su tamaño o mayor, la agresión aún sin colmillos haría responder al otro perro y entonces habríamos entregado a nuestro amigo en una posición indefensa.

Es importante y aún más efectivo hablar un momento antes con el dueño del otro perro, decirle que el bozal está asegurado pero que quieres que socialice. Si el otro dueño está renuente, no lo presiones, no se puede exigir a nadie que deje de tener miedo por su propia mascota.

¿Has visto a esas personas que llevan perros pequeños (Poodles, Chihuahua, Yorks) y al ver a otro perro de inmediato lo cargan o lo alejan neuróticamente? ¿Has visto cómo se comportan esos perros?

Es un círculo vicioso. El dueño está temeroso porque ve que su perro se aterra o ladra… y el perro se aterra o ladra porque su dueño temeroso le ha condicionado a que la presencia de cualquier otro perro implica peligro.

Un perro es un animal social, como nosotros, por eso nos llevamos también. Necesitan socializar, conocer a otros. Tu responsabilidad está en demostrarle que los otros NO SON ENEMIGOS, que no corre riesgo, y en caso de perros «guardianes» -entrenados para ello o no- demostrarles que TÚ no estás en riesgo, que no les temes a los demás y ÉL no debe temerles. Muestra tu lado más calmado y amable con el otro perro, acarícialo frente a tu mascota sin dejar de darle su lugar, ínstalo a que se siente, se calme frente a los canes vecinos.

Será una labor diaria y de a pocos, pero es lo mejor que puedes hacer por él.

En estos casos, aplica más que nunca esa frase que decimos los canófilos: «No es culpa del perro», porque es cierto, prácticamente nunca lo es.

¡Hasta la próxima!