NOTA IMPORTANTE:
EL PRIMERO DE LOS COMENTARIOS AL TERMINAR ESTE POST, lo hace Alejandro Ramírez, Cineasta, QUE NO ES EL RESPONSABLE DE LO SUCEDIDO A PULGA. Debemos estar conscientes que su nombre puede ser común y se deben verificar las personalidades antes de reaccionar. Red Animalia NO HA PUESTO ENLACES, CORREOS O DIRECCIONES hacia el responsable, en tanto el caso no sea completamente investigado y comprobado. En el caso de la confusión, ESTE ALEJANDRO NO ES NI SIQUIERA EL PRESUNTO RESPONSABLE. Si le dan click en su nombre, los dirigirá a su blog, en donde podrán ver que es una persona completamente diferente. El es un Cineasta verdadero, y hasta donde nos correponde, NO HAY DUDA DE SU HONORABILIDAD.
La confusión puede ser incluso mayor, por lo que aclaramos la existencia de 3 personas más, relacionadas al mundo del cine que NO TIENEN RELACIÓN ALGUNA CON EL CASO DE PULGA, MUCHO MENOS CON CASOS DE MALTRATO.
Ellos son: ALEJANDRO RAMÍREZ MAGAÑA, ALEJANDRO RAMÍREZ CORONA Y ALEJANDRO RAMÍREZ ÁLVAREZ.
Ellos 3 no deben ser confundidos, contactados, identificados ni relacionados de forma alguna con el caso Pulga.
Dada la delicadeza de la confusión, pues, agradecemos su interés en el caso y su actitud hacia los animales, pero les instigamos a permitir que la investigación y castigo se deje a cargo de los responsableS que siguen sobre el caso. EL PRESUNTO RESPONSABLE NO TIENE UNA PÁGINA PÚBLICA, BLOG O ENLACE CONOCIDO, por lo que honestamente NO TIENE CASO BUSCAR SUS DATOS EN LA RED.
En cualquiera de los casos, Planeta Mascotas y Red Mascota Multimedia INVITA ENFÁTICAMENTE A NO REACCIONAR DE MANERA VIOLENTA, AMENAZANTE O INTIMIDANTE HACIA ÉL, O PERSONA ALGUNA. Ante todo somos un país con leyes y la única forma de evolucionar de la forma que deseamos, es demostrar nuestra capacidad para reaccionar por las vías adecuadas.
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Empiezo por lo que muchos de ustedes (gracias) están realmente interesados: el estado de salud de Pulga, nuestra maravillosa perrita (porque como dice Alberto Cortéz, lo que amamos lo consideramos nuestra propiedad) que después de haber sido rehabilitada de las calles, fue entregada en adopción y rescatada nuevamente de las manos de un estúpido adoptante que en sólo UN MES ya la tenía peor que cuando dejó las calles.
Según me comunica directamente su -doble- rescatadora Mariana, Pulga sigue estable, monitoreada permanentemente, hidratada a través de una patita, alimentada a través de otra. Ya se incorpora con dificultad para comer, pero no puede caminar. Las expectativas de recuperación son son altas, aunque inminentemente requerirá mucho tiempo.
Por el otro lado, la organización Rescate Animal está asesorando a Mariana para actuar legalmente contra Alejandro Ramírez, quien formalmente se ha escondido como cucaracha expuesta a la luz. Debo recalcar, para quienes se preguntan «¿Pero por qué se le entregó a un sujeto así a la perrita?», que fue un engaño pleno. Alejandro Ramírez mintió en todo lo que pudo y fingió lo mejor que fue capaz para adoptar a Pulga. Era muy difícil filtrarlo antes de que esto sucediera.
Esto último nos deja con una idea un poco más clara: todo parece indicar que Alejandro sabía bien lo que haría con Pulga, que actuó para conseguirla y luego, para llevarla a ese estado.
Una de nuestras bloggernautas, Gabriela Pérez, me expuso una posibilidad que de entrada no quise aceptar del todo, quizá por mórbida: Tal vez el «cineasta» la vio como un proyecto para «proyectar su mundo». No lo digo ahora como una acusación, es sólo una teoría, pero una teoría posible.
Hace no mucho, un deficiente mental llamado Guillermo Vargas, quien se creía artista, expuso a un perro callejero amarrado, sin darle de comer o beber, para ser testigo del proceso de su muerte cruel. Él en verdad lo creía arte… y lo peor es que las autoridades que le permitieron montar dicha «exposición» no hicieron nada, juntos con los asistentes, hasta que el perro murió.
A mucha gente alrededor del mundo le parecía una aberración e instigaron al gobierno nicaraguense (de donde estaba dicha exposición) a detener el acto. Nada pasó. El gobierno de Costa Rica (país de donde era originario el mórbido sujeto) pidió lo mismo. Nada pasó.
Algunos desviados, como este tal Guillermo Vargas, consideran que como la muerte es parte intrínseca de la vida, puede ser provocada con la justificación de «proyectar» una realidad. Como si de eso se tratara el arte.

Pero no hay que asustarnos demasiado; esta comprensión del universo la soportamos e impulsamos aún en muchos ámbitos. La mitad de la población en este país está a favor de la tauromaquia o, al menos, no está en contra, las corridas de Toros es otra actividad en la que se pueriliza la palabra ARTE para adjudicársela a una exposición de tortura y muerte. Y aquí tenemos hasta «santuarios» dedicados a esa forma de arte. Todos los diarios deportivos retratan cada día una viñeta de este arte. Los ricos y famosos acuden a verlo. Hay programas de TV dedicados enteramente a él.
¿El Toro es un mueble? ¿Como «no da la patita» es menos «animalito»?
La conmiseración por la vida es o debe ser universal, de otra forma es sólo hipocresía. Es decir: no podemos decirnos pacifistas porque evitamos la guerra con nuestro país vecino, mientras apoyamos la guerra con un país lejano porque «no son como nosotros» o «son raros». Del mismo modo, es hipocresía decir que un perro expuesto a la muerte es una aberración, pero la tauromaquia es arte o los gallos de pelea son un deporte.
Reiteramos lo dicho antes: nos urge un cambio social radical, una visión de la vida distinta. Tenemos que adoptar la «tolerancia cero» que tan bien le funcionó a Giuliani. Nada de «Crueldad, nomás poquita». Si no enseñamos a nuestros hijos a respetar TODA la vida, les dejamos la posibilidad de sembrar el virus de la crueldad. Si no les reprochamos a nuestros padres y hermanos la tauromaquia, les decimos que estamos de acuerdo con «cierta» forma de tortura.
¿Qué tiene que ver todo esto con Pulga? Que la posibilidad de que el maltrato brutal a Pulga haya sido un «proyecto» artístico, es lógica en tanto sabemos que hay quien lo hace y hay quien lo acepta.
Mientras esto se comprueba, tenemos dos cosas que hacer: 1.- Modificar nuestra visión de la tortura y 2.- No olvidar.
¿Qué pasó con lo asesinos de Callejerito? ¿Con el Mata Gatos de Sinaloa?
Lo olvidamos.
No todos, claro. Hay gente que sigue cada uno de esos casos hasta el final, pero la «fuerza» de la gente, de la indignación, de la masa, se apagó. Por eso en nuestro país existen expresiones como «en lo que se calman las aguas». Estos abusadores solo deben esperar un poco a que la gente olvide. Esconderse en lo que el fervor pasa.
Esto ya no lo podemos olvidar. Estaremos sobre el caso de Alejandro Ramírez hasta el final y después del final. Debemos insistir hasta que se castigue y luego seguirlo hasta ver «su trabajo», presionarlo para que la sociedad recuerde que él hizo esto, en un periodo de su vida en que ya estaba consciente de lo que hacía (ya no era un «pobre chamaco» que no sabía lo que estaba haciendo).
Seguiremos reportando sobre Pulga, pero más, sobre este sujeto, que debe ser estandarte de lo que ya no podemos permitir.

























