Prefiero exagerar por un gato.


Nuestros tiempos modernos han acercado tanto a la gente en el mundo como a la información que genera. Internet, como el máximo exponente de la globalización mediática, pone a nuestro servicio millones de datos, anécdotas, vídeos e imágenes nuevas cada día.

Yo, honestamente, creo que esa es la razón por la que vemos últimamente tantos casos de abuso animal, como los de Sinaloa, Michoacán o, el de esta semana, la británica que tira un gato a la basura.

No creo, como el optimista Aguilar – Camín, que la violencia sea mediática, exacerbada por los medios. Al contrario, creo que antes de la Era Internet existían los mismos o más actos de abuso (en nuestro campo, abuso animal), sólo que con las distancias, quedaban en la impunidad del anonimato.

Hoy hay cada vez menos lugares en donde al menos UNA persona no cuente con un celular con cámara. A esto se le añade una computadora con internet y tenemos una nueva celebridad en el mundo del abuso.

Traigo todo esto a colación, porque con el caso reciente de la mujer que pone al gato en el bote de basura, comienza la nueva andanada de discusiones sobre derechos: Derechos humanos vs. Derechos animales.

Desde luego creo que la mujer, bromeando o no, metió a ese gato a la basura en un acto de estupidez que merece un castigo y debe ser un ejemplo. Tampoco estoy de acuerdo en que se le deba dilapidar o quemar en la hoguera, pero sí que su castigo debe ser ejemplar, debe ser tan severo que ella no vuelva a pensar algo así, pero sobre todo, que todas las personas que se enteren piensen dos veces antes de siquiera hacer un nuevo “¡Shu!” o un “¡Sáquese!”

Europa siempre se ha distinguido por poner el ejemplo en cuanto a la legalidad y la severidad con la que se castigan las infracciones, será quizá que transitaron antes que nosotros por edades oscuras en las que la podredumbre humana era una cualidad casi de la realeza, no sé, pero es innegable que los países de Europa Occidental siempre dan la nota en cuanto a castigar cosas que en otros lugares se ven como “menores”.

Hace no mucho un par de muchachos imbéciles en Francia fueron a dar a la cárcel por quemar a un perro, se les puso una enorme multa y la incapacidad de poseer una animal por el resto de su vida. En España se sigue meditando el castigo para un hombre que a pedradas le fracturó la mandíbula a un perro, lo que podría representarle un año encerrado.

Ahora le toca a Inglaterra poner el ejemplo con esta mujer.

El caso parece menor (incluso la doña dijo “Es sólo un gato”) y a los ojos de muchos, la rabia de la gente Animalista es exagerada. Tomando como punto de partida que golpear a la mujer aún no sucede y todo se ha quedado en ganas, me parece que la reacción se va volviendo natural, común… normal.

El mundo entero, como si se tratara de cumplir la profecía maya, ha entrado en una vorágine decadente, conflictiva y violenta que parece lejos de resolverse. Los pobres culpan a los ricos, los ricos al gobierno, el gobierno a los países vecinos, los países vecinos al país desarrollado y el país desarrollado a los pobres.

Algunos, quiero creer que la mayoría, saben en el fondo que “el gobierno”, “las instituciones” y “las empresas” son entes imaginarios y que las acciones acaecidas dentro de estos conceptos son realmente realizadas por seres humanos, y no por una entidad mágica.

Como tal, entonces sabemos, sentimos, que somos nosotros mismos los podridos y nosotros los que tenemos que cambiar.

La gente animalista está en esa línea. La mayoría sabe que para cambiar al mundo humano, hay mecanismos, la mayoría engorrosos y burocráticos, que se deben usar para no empeorar las cosas. Sin embargo, sabe también que en el mundo animal se sigue viviendo bajo la ley del más fuerte, y en dicho rubro, el animal siempre pierde.

Cada semana hay un nuevo caso de abuso contra los animales y cada semana hay un reacción más furibunda de parte de los defensores. ¿Por qué? ¿Estamos exagerando? ¿Somos el simplismo al que le llaman Pet-Lover, Animalista, Ecologista? ¿Somos en verdad un montón de hippies  en sandalias encadenándonos a los tractores que amenazan el Amazonas?

Nada más lejos.

Quienes reaccionamos así por el maltrato animal, trabajamos, comemos, vivimos y consumimos como todos. Somos como cualquier otro ciudadano, muchos trabajamos (para vivir, por un sueldo) en cosas totalmente alejadas de esto que defendemos. Y porque estamos como cualquier otro en esta sociedad, es que reaccionamos así, es que nos preocupa tanto.

No tenemos los medios para luchar contra el crimen humano, así que seguimos los mecanismos sociales y esperamos su respuesta.

No podemos hacer mucho contra las decisiones de las empresas multimillonarias.

No manejamos Wall Street, el Banco Mundial. No movemos el Dow Jones ni nos dejan hablar con Obama o Calderón.

Sin embargo, sabemos que los narcotraficantes no son amantes de los animales, que los criminales ganan más dinero apagando vidas (de cualquier especie) que cuidándolas. Sabemos que Donald Trump no está tan preocupado por la belleza de la mariposa monarca como por la de su utilísima Miss Universo. Sabemos que hasta Rico Mc Pato prefería guardar una moneda en su bóveda antes de dársela a otro patito hambriento.

Y porque sabemos eso, sabemos que tenemos que hacer lo que SI podemos. Sabemos que podemos educar mejor a nuestros hijos y, quizá, hacer reflexionar a nuestros padres.

Sabemos que si la mayoría de la gente fuera capaz de respetar y apiadarse de la vida de UN perro, tendría una visión diferente a la hora de acabar con miles de empleos, pagar miserias por jornadas de doce horas… y claro, a la hora de pensar en matar a otro hombre.

Nos preocupa y enoja tanto que maltraten a UN animal, porque nos recuerda que la podredumbre interna que nos tiene en este precipicio empieza en las bases, en los instintos. Sabemos que con cada patada a un perro se da permiso para ocho golpes a un niño, que por cada gato incinerado se da permiso de ocho balazos a un padre de familia.

Cada maltrato animal nos recuerda que el peor mal de este planeta somos nosotros, que el peor enemigo del hombre es el hombre, que el sentimiento más riesgoso es la insensibilidad.

Y por eso es que si la reacción es exagerada, sólo puede ser contenida con leyes que realmente nos sirvan. Leyes, autoridades y castigos que le enseñen a las nuevas generaciones a ser sensibles, a respetar la vida.

Si ponemos como ejemplo a un muchacho idiota que quema vivo a un gato, dándole 1 año de cárcel, 5 años de servicio a la comunidad, una multa de 100 mil pesos y la obligación de someterse a un tratamiento psiquiátrico, él y todos sus “amiguitos”  la van a pensar dos veces la próxima vez que vean a un animal cualquiera caminando por la calle.

Pedimos justicia, acción y leyes severas,  porque nos urge mejorar algún aspecto de nuestra vida, proteger lo poco que queda limpio de este mundo, cuidar la última conexión que tenemos con este planeta, propagar la idea de que cualquier vida tiene un valor específico en este universo.

No nos pidan que nos calmemos a la hora de exigir justicia, no nos digan que es intrascendente la vida de un gato; sobre todo, no nos pidan que nos preocupemos por otras cosas como… el futuro… o sus hijos… porque eso es lo que estamos haciendo.

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2 comentarios en “Prefiero exagerar por un gato.

  1. Totalmente, de acuerdo, excelente articulo.

    Exigimos leyes y espero hagan lo propio para evitar que estos asesinos en potencia anden sueltos por la vida.

    Saludos!

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