Imágenes y frases con ganas de ser CULTURA.


Como muchos saben, tengo la fortuna de colaborar desde hace un tiempo en la revista Animalia Magazine.

Digo «la fortuna», porque poder hacer de lo que te gusta un modus vivendi es algo inigualable. Los últimos 7 años de mi carrera como periodista y productor, los he dedicado a los animales, y con ello he podido aprender mucho sobre ellos, sobre lo mucho que hace falta, lo que necesitamos como sociedad y la esperanza de que esta cultura siga creciendo.

Por ello es que unimos el trabajo de Animalia Magazine con el de este blog, para que los esfuerzos se unieran y llegáramos a más gente, con reportajes, datos, noticias, programas o acaso pequeños chispazos de cultura animal que vayan haciendo poco a poco su camino entre la gente.

Hoy les comparto esta sección que me encanta, diseñada por el equipo Animalia, con imágenes que bien pueden terminar en la pantalla de tu compu o en donde quieras.

Quizá algún día una buena frase con un animal, sea más popular que un meme.

 

¡Ve a Kroketas!

 

El Panda. Ídolo y símbolo.


 

El Panda, o Ailuropoda Melanoleuca, como es conocido en el argot científico, navega aún sobre una ligera polémica que duda sobre su pertenencia a la familia de los osos.

Esto se debe a que, aunque en el exterior todo pareciera indicar que es un oso negro que jugó con un bote de pintura blanca (o viceversa), no se comporta como el resto de la familia Oso.

En primer lugar, no habita una zona precisamente famosa por su población de Ursidae. Al contrario, parece que el Panda Gigante se alejó de todos lo más que pudo, escogiendo las zonas altas  -entre 1.200 y3.400 m. sobre el nivel del mar-  en Sichuan, China, a temperaturas considerablemente bajas y en donde la fauna no es tan abundante.

Quizá por ello también, evolucionó acostumbrado a que no comería mucha carne y prefirió ser mayormente herbívoro. El Panda Gigante sentado comiendo bambú, probablemente sea la imagen más difundida de este animal y no es un cliché, ya que esta planta representa el 99% de su alimentación. Sin embargo, no deja de tener el sistema digestivo de un carnívoro, por lo que no está diseñado para procesar materia vegetal. Esto significa que le cuesta mucho trabajo extraer la celulosa del bambú, lo que lo obliga a comer enormes cantidades(entre 12 y 38kgs diarios) durante 14 horas, dejando de comer sólo cuando duermen o recorren distancias cortas.

También suele alimentarse de otras hierbas y muy rara vez de algo de carne y grasa, la que puede encontrar en aves o pequeños roedores.

Lo correcto, para hablar del Panda, es siempre añadir su apellido: Gigante. (Y no es para menos, ya que llega a medir hasta 1.80 m y a pesar hasta 125 kg.)

PANDA como tal, es un nombre que obtuvo primero el Ailuridae, un pequeño mustélido, pariente de los hurones y las comadrejas, que resultó vecino del gigante en blanco y negro. El asunto es que su vecino “oso”, tomó tanta fama que la mayoría de la gente terminó por creer que PANDA, era el nombre del grandote y que el pequeñín lo tomaba prestado.

De hecho su nombre científico ya nos dice parte de esa historia:

El Panda original, hoy conocido como Panda Rojo, es Ailuridae Fulgens, único miembro vivo de la familia de los Ailúridos.

Mientras el Panda Gigante fue nombrado Ailuropoda Melanoleuca, lo que básicamente quiere decir “Tiene patas de Panda Rojo, pero es blanco y negro”.

Ailuro (Ailúrido -Panda Rojo-) Poda (Pies) Melano (Negro) Leuca (Blanco)

Se cree que la palabra Panda proviene de la palabra Nepalí Ponya.

Por supuesto su carácter tan dócil y afable lo ha hecho padecer de cazadores tanto como gozar de la ternura generalizada. No es una especie particularmente hábil, rápida o escurridiza. Al contrario, resulta una animal muy confiado cuando se encuentra en su hábitat, un verdadero fanático de disfrutar las tardes chinas sentado junto a un buen arbusto de comida.

El hombre, desde luego, al ver la maravilla de su pelaje, lo convirtió en un “premio” en cuanto pudo, por lo que su población empezó a decrecer hasta el punto de la extinción.

Probablemente por su reducida zona de existencia y su limitada movilidad, fue rápidamente notable el peligro de extinción en el que cayó, por lo que se convirtió en estandarte de la lucha por los animales en riesgo.

Particularmente se hizo el emblema del Fondo porla Vida Salvajedel Mundo,la WWF(World Wildlife Fund), que lo integró a su emblema a mediados de los años 60, cuando la situación riesgosa de la vida salvaje en el mundo se convirtió en un asunto más publicitado.

De hecho el emblema dela WWFestá inspirado en Chi Chi, el primer Panda Gigante famoso del mundo occidental, habitante del zoológico de Londres durante un gran tiempo.

En ese mismo tenor, México tuvo también a una familia de Pandas que se ganaron el corazón de la gente que los visitó en el Zoológico de Chapultepec, a mediados de los años 80. Ellos eran Ying Ying y Pe Pe, donados por el gobierno de China en 1975 como símbolo de amistad para la Ciudad de México, que en 1981 darían a luz al primer Panda nacido en cautiverio fuera de China, la pequeña mexicana Tohuí Panda.

Actualmente el Zoológico de Chapultepec cuenta con tres hembras de panda gigante: Xiu Hua de 25 años, Shuan Shuan de 23 años y Xin Xin de 20 años (hija de `Tohui`), descendientes de la pareja que fue donada.Las tres pandas gigantes que se tienen en el Zoológico de Chapultepec, más un macho en Alemania, son los únicos ejemplares que no pertenecen a China y en el caso de México son los únicos que existen en América Latina.

Aunque puede haber un nivel de polémica al respecto de que éstos ejemplares fueran tan mediáticamente publicitados, lo cierto es que la única forma de generar una cultura de respeto y elevar las alarmas sobre su riesgo, era tratar de generar empatía entre la gente, provocando acciones y reacciones, que poco a poco se convirtieran en costumbres.

Si ejemplares como Tohuí, Ying Ying, Pe Pe o Chi Chi, no se hubieran robado la sonrisa de millones alrededor del mundo con sus maromas y jugueteos, probablemente las fundaciones protectoras habrían necesitado el doble de tiempo para generar recursos, donaciones y cultura en general.

Actualmente se calcula que existen menos de 2500 ejemplares en vida salvaje, aunque este número es ya más esperanzador pues, aunque lentamente, ha venido en incremento en los últimos 10 años. Especialmente ha mejorado la situación a partir de 2005, año en que el gobierno de China creó 50 reservas ecológicas para el Panda Gigante, protegiendo 1 millón de hectáreas y asegurando al menos al 60% de la población de Pandas Gigantes.

El panda gigante es un muy buen ejemplo de una especie carismática que ha conquistado al mundo y por la que en su país y fuera de él, se está haciendo todo lo posible por conservarla.

 

Cómo rescato a un perro de la calle


En Red Mascota Multimedia y Animalia Magazine constantemente recibimos llamadas y correos pidiéndonos ayuda para perros y gatos en situación de calle. Los consejos, recomendaciones y anécdotas que a veces les podemos regalar a nuestros radioescuchas, versan sobre todo acerca del cuidado que se debe tener al tratar con estos amigos, pero el 100% de ellos, incluyen o terminan en el mismo punto: acude con un especialista.

No es fácil ayudar o rescatar a un animal en situación de calle, tampoco es un juego y no debe ser un pasatiempo. De hecho, debemos empezar por excluir uno de esos dos términos. No sirve de mucho «ayudarlos«, se debe estar listo para completar el proceso entero hasta que se finiquite como un Rescate.

El Rescate como tal, debe de verse como un proceso de corto, mediano o largo plazo, que es interdisciplinario, es decir, se compone del trabajo cuidadoso de varios especialistas.

Pero tampoco hay que asustarse. Al hablar de especialistas, no sólo me refiero a los valiosísimos médicos que cuentan con la experiencia y la academia. Hay verdaderos especialistas en rescate, cuya carrera y vida externa nada tienen que ver con la Veterinaria. Grupos protectores que saben cómo acercarse a animales huraños o que pueden ser hasta agresivos, Hogares temporales que saben cómo promocionar y encontrar hogares definitivos, Psicólogos y Etólogos que ayudan a la mascota a reducir la ansiedad, el estrés o el miedo. En fin, gente que aparte de sus actividades de vida (contadores, maestros, amos y amas de casa, meseros, vendedores, no importa…) dedican gran parte de su semana a ayudar animalillos domésticos que cayeron en la mala fortuna de la indiferencia o descuido humanos, porque algo debe quedar claro: TODOS los animales domésticos que sobreviven en la calle, tienen como origen ese factor.

Muchas de las llamadas y correos que recibimos son de gente que busca un «refugio» para un perro o gato que está «afuera de su casa«. Es decir, nos piden darles los datos sobre lugares en donde reciban al animalito que les parte el corazón cada que salen y lo encuentran. No estoy diciendo en lo absoluto que esta empatía sea mala, no. Sentir, emocionarse o sufrir por el dolor de un animal callejero es el primer y muy necesario paso, el que todos deberíamos dar siempre. Sin embargo, está muy lejos de la acción que esta enorme «comunidad callejera» necesita.

Rescatar a un animal de calle es un proceso increíblemente satisfactorio que puede ser tan corto o tan largo como las ganas que le «echemos», pero también como la disciplina que tengamos al respecto.

Cualquier animal de calle, por mucho o poco tiempo que lleve en ese estado, tiene un desgaste de salud y de higiene, pero sobre todo, tiene un desgaste emocional por enfrentarse a la lluvia, los autos, las personas indiferentes o hasta agresivas, el ruido y la falta de comida.

Por ello el primer paso, de mucho cuidado, es saber aproximarse a él. No importa si es un perro pequeño o un «gatito indefenso», estresado y atemorizado puede reaccionar violentamente, agrediéndote a tí y poniendo en peligro su vida al huir. Debes acercarte con cautela, pero firmemente. Que tu primer paso no sea agarrarlo, ni siquiera acariciarlo. Debes empezar por aproximarte con los brazos abajo, para evitar parecer una amenaza. Si puedes siéntate a unos pasos de él, en una banca o en la acera. Demuéstrale que no eres un peligro, que TÚ estás en calma. En el mejor de los casos, el animal por sí solo se acercará, lentamente o con confianza, pero al estar a tu lado, demostrará que no te tiene miedo y puedes avanzar.

El segundo paso es el contacto. Muchos animales de calle han sufrido, al menos, un golpe. Por ello la mano por encima de su cabeza es mucho más señal de riesgo que por debajo. Parece más riesgoso para tí aproximarte a su cuello bajo que a sus ojos, pero en realidad estaría más listo para defenderse por encima y estará expectante por si esa mano significa un golpe. Si tiene las orejas permanente bajas y no mueve la cola, está estresado, dale tiempo. Mucha gente confunde ese gesto con «docilidad», pero lo que el animal está haciendo es proteger sus orejas y preparando sus músculos para defenderse o correr. Permítele que se relaje, que relaje el cuello, las orejas y que mueva la cola. Si para entonces has logrado acariciar su cuello, estás del otro lado, es muy probable que él confíe en tí.

Tercer paso: muy importante. Sin apretones ni toques fuertes, trata de explorar su cuerpo, especialemente sus patas, cara y cuello, en busca de mordidas, golpes o lesiones de cualquier tipo. Si por error acariciaras una zona afectada sin verla, podría dolerle y reaccionar. En caso de que halles un problema, evita acercarte a esa zona y tomarlo así.

En adelante es un poco de instinto tuyo. Puedes ofrecerle agua o comida, esperando que la necesite, lo que generará un vínculo mayor. El alimento humano les resulta más atractivo y conocido (por lo que han podido «robar» o encontrar en sus días de calle), pero si así fuera no pretendas llenarlo con él, solo hazlo confiar más. Jamón, carne de res o salchichas, son las opciones más seguras, pero lo ideal es que sean croquetas. Si come y bebe agua limpia, el vínculo entre ambos será mayor y puedes invitarlo a tu hogar.

Ubica a un veterinario cercano y/o de tu confianza. Lleva al animal o hasta pídele al doctor que te ayude con él. Su experiencia lo hará manejarlo mejor y al mismo tiempo, mientras el animalillo siente que lo acaricia, lo puede revisar de base.

Hasta el momento NO he mencionado el baño, ¿te fijaste?. Aunque la mascota esté muy sucia, es importante primero revisarlo de salud y generar ese vínculo fuerte. El agua es un enemigo común de los animales callejeros. La gente la usa para ahuyentarlos y de la lluvia se protegen. Si pretendes bañarlo con cubeta o manguera, lo más seguro es que huya o desconfíe y regresamos al punto cero.

Si lo han revisado y requiere atención, es hora de deslindarse del dinero o hacer cooperacha. Los cuidados básicos no son tan caros, pero si necesita algo mayor, puedes acudir a gente protectora, asociaciones o hasta tus amigos y familia, pero recuerda, no se vale regresarlo a la calle porque te va a costar, es tu responsabilidad y asumiste cumplir ese papel por él.

Si no requiere atención médica o ya se la han dado, viene el proceso más complejo: hallarle hogar.

La mayoría cree que «debe haber un refugio» en donde lo reciban. Sí, los hay, pero todos están en su límite. Seguramente te lo recibirían, pero la verdad, estás pasando la responsabilidad a otros y tu rescatado aún enfrentará otros problemas.

Lo mejor que puedes hacer es buscar a un persona que lo quiera para siempre.

Aquí puedes apoyarte de la difusión que nosotros o los muchos amigos protectores te podemos brindar. Te puedes meter a nuestro facebook Red Mascota y encontrarás a muchos de ellos, o desde el tuyo busca términos como «adopciones», «rescate» o «animales». Encontrarás mucha gente que te puede ayudar y sobre todo, asesorar para darle seguimiento a la adopción, así como a elaborar cuestionarios y hojas de datos que puedes presentarle a los adoptantes, más aún si no son conocidos tuyos.

A todos ellos diles que TÚ te quieres hacer cargo del animal durante la adopción, para que sepan que cuentan con un voluntario más, con una mano nueva en esta pesada, pero muy importante labor que tenemos en la ciudad.

En el área metropolitana existen unos 22 millones de habitantes y se calculan 3 millones de perros callejeros. ¿Te imaginas si sólo el 10% de la población se dedicara a rescatar, cada quién, a UNO SOLO de estos animalitos callejeros? En cuestión de una semana, habríamos terminado con el problema de los perros en la calle.

Claro que esos números son una utopía aún, pero la difusión de esta maravillosa disciplina de rescate nos irá acercando poco a poco a ayudar a más animales callejeros al año y quizá un día nos acerquemos al margen Cero Calle. No más callejeros.

No te espantes, el cuidado que debes poner, no se compara en NADA con la satisfacción que te da ver a ese perrito que estaba afuera de tu casa, cómo juega y brinca con su nueva familia. Si no lo has vivido, te has perdido una de las mayores alegrías de tu vida.

Siempre ten en cuenta el riesgo de enamorarte y convertirte tú mismo en el adoptante. Te lo dice un amigo que ha colocado algunas mascotas en otras casas, pero que al mismo tiempo hoy tiene 5 maravillosos hijos, de los cuáles 4 llegaron de esa exacta manera.

No bajes los brazos y cuenta con todos nosotros.

Homenaje al Mestizo


(Texto publicado en Animalia magazine No.10, Julio-Agosto 2010)

Es el perro que todos conocemos, el que vemos todos los días. Algunos se han vuelto inclusive familiares a la vista, pues conquistan una zona como propia, aunque formalmente no sea su hogar. 

¿Historia?

Si abordáramos este tema de manera formal, habríamos de empezar por los antecedentes y la historia… pero en este caso en especial, eso sería prácticamente imposible.

Para empezar, debemos tener claro que de las 337 razas caninas actualmente reconocidas por la Federación Cinológica Internacional, es probable que ninguna rebase los mil años sin cambios. Es decir, las características que hoy debe tener, por ejemplo, un Pastor Alemán, son producto de la cruza selectiva que los seres humanos han realizado a lo largo de la historia, en la busca de un tipo de perro que cumpliera con ciertas expectativas.

Así como todas las demás especies animales del planeta, los perros evolucionaron de acuerdo con la zona en donde comenzaron su andar. Su pelo, tamaño, fuerza física, resistencia y hasta el tono de su ladrido, se fueron acoplando a las necesidades que les exigía su entorno. En ese sentido, podríamos suponer que los primeros perros del mundo eran de “razas puras”, pues compartían entornos y necesidades.

Sin embargo, las cruzas interraciales también debieron comenzar de manera natural, cuando algunas manadas de razas antiguas, aún salvajes, iban migrando lentamente a otra zona, hasta toparse con otras manadas distintas. Entonces, nos encontramos con que tanto el perro criollo como el de raza pura deben tener una antigüedad muy similar: desde siempre. Claro que las colonizaciones, conquistas e invasiones humanas promovieron las cruzas interraciales y aceleraron la proliferación de estos perros, al traer consigo ejemplares de cierto tipo a lugares lejanos con razas muy diferentes.

Correcta denominación

En nuestros días hay una costumbre errónea en el trato y conocimiento del perro Mestizo.

Para empezar, el punto de partida de esta equivocación es la forma en como los llamamos. Cuando el común de la gente ve un perro cuyas características físicas no le permiten otorgarle un definición clara de raza, suelen llamarle “cruzado”, “corriente” o “callejero”.

El primer término, cruzado, es un uso incorrecto del término y prácticamente un pleonasmo, pues para que un perro –ya sea de raza pura o criollo– nazca, forzosamente debe ocurrir una “cruza” entre dos ejemplares, ya sean de la misma raza o no; es decir, todos los perros del mundo son “cruzados”.

El segundo término, corriente, es desde luego una forma despectiva que compara a un ejemplar con características únicas con otro de características definidas por la raza. Eso implicaría un grado de “fineza” en los perros de raza, lo que habla de la calidad morfológica y genética del ejemplar, pero –como platicaremos más adelante–, algunos perros Criollos pueden tener características tan buenas que incluso rebasarían la calidad de un perro de raza pura.

Finalmente, quizás el término más común, callejero, debiera referirse a cualquier perro por su situación de vida, “en la calle”, y no por sus características de raza. Por ejemplo, si un Pastor Alemán, Labrador o Schnauzer de raza pura es abandonado o extraviado, aprendería a sobrevivir en la calle, por lo que se convertiría inmediatamente en callejero. No es realmente ofensivo, o no debe tomarse así, pero este término no define  puntualmente a un perro Criollo. Además, es temporal y lo más curioso del caso es que algunas personas le llaman de esta forma incluso a mascotas que viven con su dueño, que sí tienen un techo donde vivir: “¿De qué raza es tu perro, es callejero?”

En círculos con un poco más de conocimiento, se ha comenzado a poner de moda el término perros ferales, aludiendo a aquellos que llevan mucho tiempo viviendo en la calle y que han llegado a formar manadas bien establecidas. El problema con este término es que tampoco puede abarcar a todos, pues estrictamente se debe aplicar a los perros que han nacido en la calle y han vivido siempre en ella, aprendiendo poco o nada de la convivencia con los seres humanos, más allá de verlos como otra especie de la cual cuidarse.

Estos perros usualmente desarrollan instintos que podrían interpretarse como salvajes, aunque en realidad no lo son. Primero, porque tras 15 mil años de domesticación, estos instintos propios de otros cánidos (como el lobo o el zorro) han desaparecido casi por completo; y segundo, porque aprender a “cazar” de la basura o bajo un puesto de comida ambulante, nada tiene que ver con la cacería que los perros salvajes solían hacer. De hecho, para la Real Academia de la Lengua Española, la palabra “feral” es un adjetivo en desuso que significa “cruel o sanguinario”. Es probable que el término moderno lo hayan empezado a poner de moda algunos sectores gubernamentales que buscan advertir, de manera alarmista, el riesgo que constituyen las manadas de perros callejeros, que ­–en la defensa de su territorio– pueden comportarse agresivamente si se les provoca.

Algunos naturalistas especializados suelen decir que no hay mejor criador que la naturaleza. Y seguramente tienen razón. En cada especie, los individuos con las mejores características son los que sobreviven y los que mayores oportunidades de reproducción tienen. Esto se aplica de manera muy especial a los perros Mestizos.

Por ejemplo, es probable que un perro que se crió en la calle desarrolle una flora intestinal más fuerte, al acostumbrarse a comer cosas en mal estado o sucias, y es factible que herede esta característica a sus cachorros, los cuales podrían tener, por ejemplo, un oído más agudo y reflejos más desarrollados si la madre también vivió en las calles y aprendió a cuidarse de los autos. A esto añadimos el factor social, o sea el aprendizaje que además enfrentan si efectivamente sobreviven mucho tiempo en la calle.

Todos los trucos o mañas que un perro debe aprender en la calle son esenciales para su sobrevivencia. Primero, asegurar el alimento, encontrar un lugar de abastecimiento constante o incluso saber guardarlo. Después, protegerse de las amenazas vivas y las climáticas; hallar un lugar que les proteja de la lluvia o el frío, del extremo sol, de las polvaredas o los gases contaminantes.

Cuando juntamos los dos grupos de características que hemos presentado, tenemos un ejemplar con altas probabilidades de ser un gran perro. Si genéticamente nació con un organismo resistente, las enfermedades estomacales, infecciones y problemas de piel, serán muy raros, pues ha desarrollado anticuerpos y defensas naturales a estos problemas. Si socialmente ha aprendido lo difícil que es encontrar alimento, apreciará rápidamente un plato de croquetas constante, que significa alimento sin riesgo, sin necesidad de “cazarlo” o robarlo. Su casa, aunque sea sólo un rincón de tu hogar, será para él un refugio seguro, cerrado a otros perros más grandes y protegido de las inclemencias climáticas.

Ahora bien, te estarás preguntando ¿acaso el perro Mestizo, rescatado de la calle, es perfecto? No. Por supuesto, sería irresponsable de mi parte hablarte de un ejemplar sin rango de falibilidad. En los perros Criollos también pueden existir enfermedades genéticas o congénitas, tendencia a algún problema de salud y conflictos de comportamiento o socialización, pero lo cierto es que con gran frecuencia resultan perros fuertes, inteligentes y de excelente compañía.

A continuación enlistamos algunos mitos comunes sobre los queridos Mestizo.

Mitos

Mito: Es agresivo, está acostumbrado a ser libre y cuando se aburra de mi casa me va a desconocer.

Falso. Los perros en general no tienen necesidades de cambio por gusto. Se divierten con la convivencia y eso es suficiente. No conocen el concepto de aburrimiento por monotonía. Mientras tengan casa segura y comida y agua constantes, defenderá el lugar y agradecerá la oportunidad de tenerlo. En esas condiciones puede pasar toda su vida.

Mito: Está acostumbrado a restos de comida cocida, carne, pollo, tortillas. No va a querer las croquetas.

Falso. El criollo de calle está acostumbrado a comer lo que encuentra. Al principio puede no sentirse atraído porque las croquetas tienen un aroma menos intenso que otras comidas, pero en cuanto entienda que es comida segura y que no le provoca ningún daño al organismo, apreciará las croquetas como el mejor alimento.

Mito: Son huraños y temerosos, no querrá socializar con otras mascotas.

Falso. Con mayor frecuencia los perros Criollos son líderes en un grupo de mascotas, están más pendientes de las necesidades, regaños o indicaciones de sus amos y, aun cuando no entiendan a la primera tus palabras, intentarán adivinar para complacerte y seguir gozando de tu compañía. Además están acostumbrados a vivir cerca de otros perros, por lo que socializan en casa o en el parque con mayor facilidad.

Mito: Al sentir casa cómoda se volverá consentido y caprichoso.

Falso. Difícilmente olvidan lo duro que es vivir en la calle, por lo que es probable que algunos elementos les recuerden su vida dura y los atemoricen –como la lluvia, los truenos o los autos–, pero al mismo tiempo esto les ayuda a revalorar su nuevo hogar cada vez que regresan de un paseo, lo cual se traduce en un agradecimiento constante, casi eterno.

Mito: Traen consigo enfermedades raras, bacterias que enfermarán a otros miembros de mi familia.

Falso. Con los cuidados habituales como vacunación y desparasitación periódicas, no presentan problemas distintos a los de cualquier raza. Al contrario, como mencioné antes, suelen ser más resistentes a contagiarse de otros o enfermarse de cosas simples, como problemas de estómago y piel.

Además de todas estas ventajas, debo subrayar que al adquirir un perro criollo tendrás a un ejemplar único, especial por su individualidad y características propias.

Se calcula que en todo nuestro país existen unos 10 millones de perros en situación de calle, de los que más del 90 por ciento son Criollos o Mestizos. En los muchos refugios oficiales e improvisados de México, puedes encontrar y conocer a la mascota perfecta para ti. Acude especialmente a uno de los refugios “libres”, aquellos en donde –por turnos o de modo permanente– están los perros sueltos en patios. Así podrás ver su temperamento y sabrás si puede socializar fácilmente. Son amigos gratuitos que, a cambio de tus cuidados, te otorgarán toda una vida de cariño y agradecimiento, características que ningún dinero puede comprar.

Agresión en un perro recién rescatado. ¿Qué hago?


Adoptar un perrito abandonado o recogerlo de la calle es la satisfacción más grande que alguien pueda conocer. Ver cómo ese pequeño e indefenso ser va ganando confianza y peso, va cambiando su semblante triste y acongojado por una cara y actitud alegre y vivaracha, literalmente no tiene precio. Siempre he creído que es mejor preferir un perro sin casa a uno de raza, aunque desgraciadamente el ser un perro de raza tampoco le garantice un buen hogar durante toda su vida.

Si estas pensando o ya has decidido adoptar un perro sin hogar: ¡Felicidades! Pero recuerda que es una decisión muy importante y que debe ser tomada con toda la responsabilidad del mundo. En este artículo me gustaría orientarte sobre los problemas de conducta más comunes, a los que incluso puede haber predisposición, que puedes enfrentar, así como algunos consejos para poner en práctica mientras buscas ayuda profesional de un Médico Veterinario especialista en conducta.

Hoy hablaremos dela Agresión, ya que esto puede involucrar daño a terceros.

Es muy común que los perros que se encuentran en centros de adopción y en la calle hayan sufrido maltrato. Esto puede llevar al perro a comportarse de dos maneras: 1) Agredir al tratar de defenderse y 2) Volverse un perro miedoso y retraído, tras desarrollar miedos e incluso fobias.

TIPOS DE AGRESIÓN

Agresión por miedo

Para identificar a un perro con agresión defensiva debes fijarte en su postura corporal y el contexto en el que la adquiere. Estos perros pueden agredir en muchas ocasiones sin aviso previo, a diferencia de un perro con agresión ofensiva. Lo que observarías es que el perro te muestra no sólo los colmillos sino todos los dientes al retraer la comisura de sus labios, las orejas están echadas hacia atrás, no te fija la mirada, el cuerpo se encuentra agachado, como si lo hiciera hacia abajo y de lado, y la cola está pegada al cuerpo o entre las patas.

Observarás esta reacción defensiva cuando un perro siente peligro de ser lastimado, recuerda que es la percepción que él tiene de la situación, aunque no sea tu intención real. Por ejemplo, tú levantas el brazo para aventar una pelota o a lo mejor para acomodar tu pelo, pero el perro te ataca creyendo que debe protegerse de un golpe. Esto puede repetirse también por miedo cuando se le acercan otros perros.

Agresividad por Dominancia

La agresión por dominancia es motivada por un desafío hacia el status social del perro o hacia el control que tiene sobre la interacción social. Los perros son animales sociables y ven a su familia humana como su grupo social o “manada”.

En ocasiones algunos perros tienen una predisposición natural a ser líderes y los humanos les damos algunas señales a estos perros que les hacen entender que ellos pueden mandar. Por ejemplo, los alimentamos primero que a nosotros, les dejamos echarse en lugares “importantes” como la cama o los sillones y hacemos todo lo “que ellos dicen” es decir, son perros sobre-consentidos, el problema es que después no se puede hacer nada que el perro no apruebe y el medio de control del perro es su mordida. Muchos perros son puestos en adopción por que en su casa previa mostraron esta conducta.

Si tu perro se percibe a si mismo en una mayor jerarquía que tú, muy probablemente te rete en ciertas situaciones. Un perro con agresión ofensiva puede gruñir si se le molesta mientras descansa o duerme, e incluso si se le pide moverse de algún lugar predilecto como la cama o el sofá. La contención física, aún de manera amigable como un abrazo, puede provocar una respuesta violenta de su parte. El tomarlo del collar o acariciar su cabeza directamente pueden ser interpretados como un reto a su jerarquía. Los perros agresivos dominantes son generalmente descritos como el “Dr. Jekyll y Sr. Hyde” pues se pueden mostrar sumamente amigables mientras no se les reta. La agresión por dominancia puede dirigirse hacia gente u otros animales.

Agresividad territorial, proteccionista y posesiva

Estos tres tipos de agresividad son muy similares entre sí e involucran la defensa de recursos valiosos. Algunos perros pueden desarrollar estos tipos de agresión porque en la calle no tenían el recurso que consideran valioso (comida, agua, techo) y ahora no lo quieren perder.

Lo que puedes hacer

  • Primero, asegúrarte que tu veterinario descarte causas orgánicas del comportamiento, por ejemplo que el perro esté lastimado o enfermo.
  • Toma tus precauciones. Tu prioridad es la seguridad de la gente y demás animales en el hogar. Supervisa, confina o incluso restringe las actividades de tu perro hasta que consigas ayuda profesional. Tú eres el responsable del comportamiento de tu perro. Si debes sacarlo a la calle, considera utilizar un bozal cerrado como precaución temporal, y recuerda que algunos perros son lo suficientemente listos para quitárselo.
  • Evita exponer a tu perro a situaciones donde es más probable que se muestre agresivo. Quizá necesites mantenerlo recluido un tiempo o limitar su contacto con la gente.
  • Si tu perro es posesivo con juguetes o recompensas o muy territorial en ciertos lugares, el que prevengas su acceso a ellos te prevendrá del problema. En una emergencia, “sobórnalo” con algo mejor de lo que tiene. Por ejemplo, si te robó un zapato, cámbiaselo por un pedazo de pollo.
  • Castra o esteriliza a tu mascota (sólo si es un macho). Los perros intactos tienen mayor posibilidad de manifestar dominancia, territorialidad y comportamiento proteccionista agresivo.
  • El castigo no ayudará en absoluto e incluso podría agravar la situación. Si la agresividad está motivada por miedo, el castigo sólo lo volverá más miedoso y por lo tanto más agresivo. Intentar castigar o dominar a un perro agresivo dominante podría, de hecho, llevarlo a exacerbar la conducta para mantener su posición dominante. Esto muy probablemente, resultará en una mordida o ataque severo. El castigar la agresividad territorial, posesiva o proteccionista muy probablemente provocará que muestre agresión defensiva adicional.

Lo que NO debes hacer

Recuerda que la agresión no es culpa de ellos, es producto de su experiencia al tener seres humanos cerca, por lo que es responsabilidad de todos evitar que se genere, siguiendo una cultura de respeto animal.

Ningún perro está desahuciado en cuanto a agresividad se refiere.

¡No te rindas con él! ¡Verás que cuando se rehabilite, el no se rendirá contigo jamás!

No hay árbol que nazca torcido.


El libre albedrío es un arma de dos filos.

Es la herramienta moral que más nos separa del resto de las especies (porque siempre la usamos, aunque hay especies que ocasionalmente demuestran ser capaces de ir contra sus instintos también). Todo lo que hacemos en la vida pasa por un filtro de «selección», es decir, todo lo que hacemos lo decidimos hacer. Podemos incluso dejar de respirar, de comer o de dormir, si así lo queremos, aún cuando nuestro instinto de supervivencia nos dicte lo contrario.

Así, emocional o racionalmente, escogemos las cosas que vivimos, las cosas que efectuamos, que decimos o aquellas que ignoramos y a las que les ponemos atención.

Ese libre albedrío seguro ha hecho que todos los que defendemos el derecho a la vida animal nos enfrentemos, incluso en nuestro círculo más cercano (pareja, hermanos, padres),  a discusiones sobre lo que es válido y lo que no, sobre lo que está bien y lo que no.

No podemos evitar que incluso las personas que más queremos sean partícipes y simpatizantes de la tauromaquia, que se atrevan a maltratar un animal o que ignoren las conductas aberrantes de los maltratadores.

Y eso es desde que nacemos.

Este fin de semana me tocó enfrentarme con una panorama interesante, aleccionador. Un niño, parte de mi familia, fue a la estúpidamente llamada «fiesta brava» hace tiempo, llevado por supuesto por su padre, también de mi familia, cosa de la que apenas me enteré en estos días.

Cuando tuve un momento para que su padre no escuchara, aproveché para hacerle una pequeña entrevista:

«¿Te gustó ir a los toros?» -pregunté.

«Mmmm… no mucho.» –dijo él.

«¿Por qué?» -pregunté después ya con una interna sonrisa, tratando de no incluenciar su respuesta.

«Pues estaba divertido cuando el señor jugaba con el toro y toda la gente gritaba cuando se quitaba, pero cuando el toro por fin le pegó, nadie gritó. O sea, nadie le iba al toro.»

«Pues sí, casi nadie le va al toro.» Dije yo, con un halo de decepción.

«Y además me molestó cuando un hombre gordo sobre un caballo se acercó a picarlo, el caballo no podía correr por tantas cosas encima y el hombre gordo ni siquiera se bajó a pelear bien, todo fue desde lejos» Dijo, aduciendo una notable cobardía de parte del «hombre gordo».

«¿Y qué más?» -preguntaba yo, emocionado por ver que notaba la tan injusta competencia.

«Y al final creí que sí se iban a pelear uno contra uno, pero entonces el torero sacó una espada y lo mató. Eso si ya no me gustó. El toro escupió mucha sangre, temblaba de las patas y además no vino un veterinario, nada más lo arrastraron.»

Para mí sus respuestas fueron una verdadera epifanía, me llenó de esperanza notar que no lo había asimilado como algo «normal» y me llenó de ira saber que había presenciado un espectáculo que a él también le había resultado cruel y mórbido, obligado por su padre.

Voy muy poco a esas comidas familiares, así que por llevar la fiesta en paz no seguí con el asunto ni se lo platiqué a nadie en dicha reunión.

Me llevé mejor la reflexión a casa. (Después de instigar a mi primo -Ups!- a que la próxima vez que lo invitaran, le dijera a sus padres por qué no quería ir, a ver si a éstos les daba vergüenza, al menos)

No existe tal cosa como un «árbol que nace torcido». Todos se «tuercen» o «son torcidos» en algún momento de su vida. Nadie tiene por qué asimilar la muerte de otro ser vivo como algo «normal» o como algo que el hombre «tiene derecho de hacer».

Sólo bajo la defensa propia o la amenaza a nuestra vida un niño puede aceptar quizá, la necesidad de matar a un animal.

Pero a este niño, como seguramente a muchos otros, la Corrida de Toros le parecía un competencia, un juego. Creía de inicio que el hombre debía esquivar al toro, nada más, haciendo puntos, marcando «goles». Pero incluso veía la embestida del toro como algo válido, pues era al fin una competencia.

Cuando se incluyó a un animal cegado y notablemente obligado a estar ahí (el caballo), la injusticia le pareció mayor. El trabajo del «Picador» le resultó aún más cobarde y pueril. A su forma de ver, nada tenía que hacer.

Pero sobre todo, la muerte no era algo con lo que contaba de inicio. La competencia no le justificaba matar al toro… y verlo sufrir sin sentido fue aún peor para él.

Esperaba que viniera un «veterinario» (como sale un médico a revisar a cualquier lesionado en los demás deportes) y esperaba quizá una camilla, un trato digno pues, porque «arrastrarlo» le mereció un «nada más…», es decir, esperaba algo de compasión, de justicia para el competidor animal, aunque hubiera perdido injustamente.

Fue aleccionador y espero, avergonzante para quien lo provocó. (Sí, para su padre, quien ignoro si me está leyendo)

Debería ser motivo de vergüenza para cualquier adulto coherente llevar a sus hijos a ver eso, forzarlos a asimilarlo y aprenderlo. Debería ser preocupante si al ver al toro sufrir su hijo está feliz, deberían reprenderlo si lo festeja… pero no, porque ellos, adultos, en ese rubro ya son árboles torcidos, que por supuesto encuentran normal «torcer» a sus hijos también.

Mañana, adultos, no se pregunten por qué su hijo «compitió» con otro niño en su escuela, y al ganar, lo tomó de los pies y lo arrastró. No se asusten si al ver uno de esos horribles videos donde un imbécil mata un perro, su hijo ríe y brinca de alegría.

No hay tal cosa como un «árbol que nace torcido». La mayoría de las veces nuestro entorno familiar nos deja torcernos, o nos empuja a ello.

Perro guía para un perro guía. LEALTAD con mayúsculas.


Es sumamente frecuente la historia en la que el perro de la familia, ya sea por edad, alguna enfermedad o por simple cansancio de sus amos, es echado a la calle o incluso sacrificado.

Para quienes nos hacen el honor de seguirnos hace tiempo, seguramente les he contado ya que, precisamente, mi primer hijo, ese que cambio mi vida, mi visión del mundo y mis prioridades, llegó a mí como un rescate cuando sus amos lo iban a sacrificar, a los 4 años de edad, fuerte, joven y con el mejor temperamento del mundo, sólo porque ya nadie «tenía tiempo de atenderlo».

Por eso las historias en las que un amo decide cuidar y conservar a su amigo a toda costa, me llegan tanto.

Como ésta.

Hoy Edward tiene dos amigos. Juntos tienen 2 ojos y 3 corazones gigantes.

Resulta que el Señor Graham Waspe, un ciudadano de Sufolk, en el Reino Unido, era invidente de un ojo y con un visión muy limitada en el otro. Recibió entonces a un perro lazarillo, Edward, un cachorro de dos años que se convirtió en sus ojos y por supuesto, en su mejor amigo.

Pasaron 6 años y Mr. Graham recibió la noticia de que su amigo Edward también perdía la vista debido a una enfermedad. El golpe desde luego fue devastador. Waspe pensó que le quitarían a su amigo, a su compañero, al ser que le ayudó a moverse durante los últimos años, a quién lo cuidó y alertó de los peligros cada día.

Así que decidió que no. No sería así. Comprometido con su mejor amigo, solicitó a un nuevo lazarillo, pero solicitando quedarse con Edward, entonces ya ciego, comprometiéndose a cuidarlo y amarlo el resto de su vida.

Entonces, tras sólo 15 días de entrenamiento y adaptación, Graham Waspe y Edward, recibieron en su pequeña manada a Opal, otro labrador lazarillo, que ahora funge como guía de ambos.

Un bravo para Opal, que representa la vista de los tres, otro aplauso para Edward, retirado por el destino después de años de trabajo fiel… pero un aplauso más fuerte para el SEÑOR Waspe (así, con mayúsuculas) que no renunció jamás a su amistad con su perro, aún cuando este le dejara de ser «útil».

Ahora los 3 recorren escuelas e institutos platicando sobre el lazo tan fuerte que puede crearse entre hombres y perros, sin importar las dificultades. Y de la mano de Graham, con los ojos de Opal y el corazón de Edward, recorren por supuesto, el mundo.

Ahora recuerdo cada caso en que he escuchado pretextos para abandonar a un amigo, mientras éste supone que está con la familia que lo amará por siempre… y me provocan una profunda lástima, por la cobardía y simpleza.

Aún queda esperanza. Nuestra especie no está podrida del todo.

Freno a la muerte. Los grandes pasos se dan actuando.


El día de hoy no encontrará usted en la columna de este apasionado por los animales reflexiones o estadísticas obtenidas con mi trabajo. No hablaré de otra cosa que no sea la felicitación y agradecimiento dirigido enteramente a todos lo involucrados en la Marcha hacia la Asamblea Legislativa, realizada este pasado Martes 6 de Abril de 2011.

En uno de los pasos más significativos en materia de rescate y defensa animal de los últimos años, la voz de aquellos que hablan por los que no pueden, fue escuchada ayer en la ALDF para frenar el paso que anunciara el Secretario de Salud del DF, Armando Ahued, para asesinar a miles de perros callejeros como una «medida sanitaria».

Por supuesto, empezando por dicha propuesta, podemos ver el absurdo en dos segundos. Me recordó esas viejas costumbres priístas de dar despensas para una semana a poblaciones que sufren hambre todo el año.

No sólo era una medida ridícula y profundamente cruel, sino una verdadera estupidez en términos de necesidades y soluciones. Los cálculos son diversos, pero la mayoría convergen en los 3 millones de perros callejeros. Aún si fuéramos los insensible imbéciles que toman esas decisiones… ¿Serviría de algo matar a 3 mil de esos perros? ¿A 30 mil? «Soluciona» con una cruel «medida sanitaria» el 1% del problema. ¿En serio? ¿Le pareció  inteligente? ¿Útil?

No. No servía de nada ni para los que odian a los animales. Era un kilo de frijol para una persona que sufre hambre y pobreza todo el año. Pero se nota, se «ve el trabajo» ¿verdad?

Esa política tan arraigada en la mexicanidad, la política de las pequeñas dádivas, de los regalos y la demagogia, esa política llevaría a la muerte -cabe añadir que con los peores métodos, aunque todos sean injustos- a miles de perros que tuvieran la desdicha de encontrarse en el camino de los asesinos.

No se podía tolerar. No por la mirada de esos perros, no porque nos parta el corazón nada más. POR CULTURA. Peleamos la desdicha de ver un video con un enfermo mental asesinando a un perro… ¿pero permitimos la muerte de miles porque la realiza el gobierno sin grabarla o postearla en YouTube?

No. Ya no podemos permitir esa cultura de solucionar los problemas desapareciéndolos de nuestra vista. Esa es la solución del cobarde, del flojo, del idiota. Esa es la solución del crimen organizado, de las mafias y de los patéticos políticos de antaño. POR CAMBIAR nuestra cultura, eso tiene que erradicarse.

Ayer, Asociaciones, Organizaciones, Hogares y Personas «de a pie», demostraron que sí importa y que, como los políticos son nuestros empleados, tenemos todo el derecho de reclamar que nos hagan caso, pues para eso les pagamos.

Nadie fue a requerirles ese asesinato, ¿verdad? Nadie se organizó para pedir esa solución… entonces, ¿por qué habrían de ejecutarla cuando sí les consta que se les pide la solución contraria?

Y más aún, los que fueron a esta marcha no sólo fueron a reclamar. Fueron con los argumentos, los estudios y las soluciones alternas en las manos. Fueron con propuestas puntuales y útiles. Fueron porque sabían del caso y han estudiado otras opciones por mucho tiempo.

Y eso se tiene que agradecer. Eso se los agradezco, en nombre del trabajo que miles tratamos de hacer todos los días, rescatando UN perro, seis recién nacidos, veinte gatos en un terreno abandonado o 200 perros en espera de ser adoptados.

Se los agradezco porque, aunque este servidor no pudo acudir, deseaba con todas sus fuerzas que por fin les escucharan, los atendieran… y se me cumplió. No por magia, por gracia de un poder divino o por suerte.

YO TUVE LA SUERTE de que se me cumpliera ese deseo por el trabajo y esfuerzo de ustedes. Por estar bajo el calor terrible de estos días, en plena calle. Porque han trabajado por años y han estado al pendiente de cada anuncio estúpido o propuesta absurda.

Gracias. Profundamente gracias a todos ustedes.

En el plano personal, es un orgullo además que Comunidad Gaia y su dirigente, Rebeca Pérez Flores, haya sido parte de ese movimiento y gran avance. Nuestra colaboradora, a la que además tengo el honor de llamar AMIGA, nos reportará pronto los resultados de dicha manifestación.

No se ha ganado nada, pero se ha dado un paso muy importante, que para quienes hemos estado en este asunto, sabemos que es siempre lo más difícil de conseguir: que nos escuchen y atiendan.

Por lo menos por el momento, se dio freno a la muerte.

Gracias.

¿Mi Mascota podría tener Alzhemier?


Déjame contarte un poco más: este síndrome es uno de los principales trastornos de comportamiento que se puede observar cuando los animales envejecen, el cual se encuentra directamente relacionada con los cambios físicos y químicos que suceden cuando la edad avanza.

Quisiera describir algunos de los cambios médicos que se pueden observar, pues si identificas por lo que está pasando tu animal de compañía, podrás entenderlo mejor. Con la edad, su cuerpo absorbe menos los nutrientes que consume; su metabolismo se vuelve más lento; hay menor oxigenación a nivel celular y, por lo tanto, cerebral.

Por ejemplo, el 33% de las mascotas mayores de 13 años presentaran alguna enfermedad cardiaca; esto pasa porque son más propensos a enfermarse, pues su sistema inmune ya no los defiende como antes. Su vejiga ya no funciona igual; se  deteriora su función neuromuscular y  sus articulaciones se degeneran; disminuye el número de sus neuronas y el tamaño y peso del cerebro; disminuye su agudeza visual y puede perder la audición y el olfato, entre otras cosas. En este momento de su vida requiere más cuidados que nunca.

Todos estos cambios tienen diferentes implicaciones que son los signos principales de este Síndrome: ya no ve, oye o huele (o si lo hace, se ha reducido), puede orinarse donde no lo hacía ya sea por incontinencia o porque no se acuerda donde es el lugar apropiado, le cuesta trabajo moverse, duerme mucho en el día y poco por la noche, se vuelve muy ansioso, disminuye su actividad, pierde la curiosidad, ya no tolera hacer ejercicio, reacciona más lentamente al cumplir órdenes.

También disminuye su interacción social hacia los miembros de la familia, está más irritable y/o agresivo, se desorienta, tiene menor habilidad para reconocer gente, no identifica cuando tiene hambre, sed o calor, tiene problemas para desarrollar conductas previamente aprendidas, en ocasiones tiene la mirada perdida, tiene dificultad para encontrar la puerta, es decir, parece que se pierde o se queda atrapado en esquinas,  se le olvida que iba a su plato a comer, llega a la mitad del camino se detiene y se va a otro lado, jadea excesivamente, entre otras conductas.

La consecuencia principal del SDC es la disminución de las habilidades cognitivas, así que es posible que parezca que te cambiaron a tu perro o a tu gato por otro distinto, provocando que la familia se sienta triste y a la vez angustiada por él. Para estar seguro de que tu animalito esta cambiado debido al síndrome es necesario descartar otras causas médicas, y el diagnóstico lo debe hacer un médico veterinario.

Una vez que se diagnostica el SDC, el promedio de vida con un buen tratamiento puede ser de entre 1.5 a 2 años, lo que aún puede representar una verdadera vida con calidad, si realmente cuenta contigo.

Si crees que tu compañero sufre de esta enfermedad, en lo que lo llevas al médico veterinario, trata de hacerle más cómoda y accesible la vida y su hogar: no muevas las cosas y muebles de lugar constantemente, pon tiras de piso antiderrapante en las escaleras o lugares  muy resbalosos, juega con él rutinariamente y visita a un médico veterinario especialista en conducta para que te recomiende la medicación adecuada.

Recuerda que él hizo mucho por ti y ahora puedes retribuírselo cuidándolo y procurando para que se sienta bien a pesar de esas condiciones.

El collar no se rompe, el perro no se pierde.


Aunque hace unos meses posteamos en este mismo espacio una serie de consejos para ayudar a disminuir el índice de perros extraviados, hoy vamos a platicar rápido de uno en particular que ha resultado el mejor y más accesible, pero que aún así muchas personas parecen no conocer.

Doble Collar.

Parece una exageración a primera vista, pero es el más económico y sencillo de los métodos posibles para ayudar a la recuperación de mascotas extraviadas.

En una ciudad los índices de perros extraviados son más altos que en localidades más pequeñas. Desde luego esto responde al estilo de vida y el tamaño del lugar. Es decir, en un pueblo pequeño, el perro es más conocido por la gente e identificado, el territorio que puede recorrer es menor y un perro de casa rara vez trata de alejarse mucho tiempo de la gente.

En una gran ciudad, además del inmenso territorio que puede recorrer un perro sin dejar de ver gente, el ritmo acelerado y estresante de la mayor parte  de éstas hace que se ponga nervioso con facilidad, huyendo de los autos, de los gritos, de la gente que lo asusta o de las construcciones, por el ruido.

¿Qué tiene que pasar para que tu perro se extravíe? Que te distraigas 20 segundos. Literal.

No importa si es el perro más amoroso contigo, si es tranquilo y no gusta de correr, si es muy inteligente. Basta una pequeña distracción tuya, que lo pierdas de vista un momento y que esto se combine con un ruido fuerte, un gato que perseguir o un automóvil escandaloso, para que tu amigo salga corriendo sin posibilidad de alcanzarlo.

Insistimos en que deberías traerlo siempre de la correa, pero como sabemos que de todas formas mucha gente ve como una «justa libertad» soltarlo cada cierto tiempo (o a algunos, TODO el tiempo), te explicamos la función del doble collar.

Tu perro debería traer un collar ligero pero resistente TODO el tiempo. En este collar TIENE que traer su placa, con su nombre y tus datos. Algo que parece simple pero mucha gente no toma en cuenta: pon en la placa un número de teléfono LOCAL. Las placas pueden ser muy chiquitas, no te preocupes por poner toda tu dirección, con colonia y código postal. Lo que más importa es el teléfono en donde te localizan, claro y grande.

La mayoría de la gente que se encuentra a un perro en la calle, con placa, no tiene el tiempo (y muchas veces las ganas) de llevarte tu perro hasta tu casa, eso ya es mucho pedir, así que tu dirección es irrelevante. Pero si hay un teléfono local, es más sencillo que en donde sea que lo encuentren, te llamen de inmediato para que vayas a recogerlo.

Parece increíble pero para muchas personas la diferencia entre gastar una llamada local y una llamada a celular, puede ser la decisión para ayudar a tu perro o no. Ya sea de un teléfono público o de su propio móvil, la verdad es que de 10 personas, 9 te llamarían a un número local cuando encontraran a tu perro, mientras sólo 5 lo harían a un celular. (Datos estadísticos realizados por este equipo, en una muestra de 1000 personas escogidas al azar, entre 18 y 40 años)

Ahora, cuando salgas a pasear con él, ponle OTRO collar junto con el de siempre. Este segundo collar será solo para el paseo. Al salir se lo pones, al llegar se lo quitas.

Es increíblemente frecuente para nosotros la llamada diciendo: «Mi perro se perdió, es así y así… no trae placa, se rompió el collar en donde la traía»

Los collares no se rompen solos. Se rompen por un jalón de correa, por estirar mucho la hebilla, por el desgaste de la tela cuando se ponen y se quitan mucho…

Si tu perro trae su placa en ese otro collar permanente, difícilmente éste se romperá solito. Si por cualquier razón alguien abre la puerta y sale corriendo, traerá sus datos, si encuentra un lugar por donde brincar de tu casa, traerá sus datos… pero sobre todo, si se rompe el collar en el paseo, traerá sus datos.

El número de perro atropellados en la vía pública, no es por mucho, alarmante. En una ciudad como la Ciudad de México, esto también obedece, además de la simpatía que la gente les tenga, al tráfico. No hay muchas vías en donde puedas ir muy rápido sin que te detenga el tránsito pesado, por lo que no hay muchas opciones para atropellar a un perro.

Esto lo menciono para comprender que si tu perro se extravía, tienes muchísimas más probabilidades de que regrese a tí gracias a la llamada de alguien, a que le suceda algo malo antes de eso.

Hay mucha gente en esta ciudad dedicada a ayudar a cada perro que se encuentra, verdaderos ángeles que están dispuestos a hacer lo que sea necesario. Para todos ellos, encontrar a un perro con placa es como un oasis en el desierto, porque saben que podrán ayudarlo con mayor facilidad, que no necesitan buscar un lugar en donde albergarlo y que aunque a la primera no te encuentren, te van a seguir insistiendo.

Quítate los mitos bobos de «pobre perrito con su collar todo el tiempo«. Mientras este no le apriete y no le cause una reacción alérgica, le estás cuidando más, queriendo más y siendo más responsable con él. «Pobre perrito» es el que después de dormir en casa toda la vida, duerme bajo un auto sin haber comido. Ese perro sufre de verdad, no el que tiene un collar con su placa TODO el tiempo.