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Los animales de los Circos están muriendo. ¿De quién es la culpa?


Paco / Claudia

Tras la puesta en vigor de la Prohibición de uso de animales en espectáculos, como el Circo, mucho se ha empezado a barajar el destino que tendrán estos animales, y sobre todo, de quién debe ser culpado de él, cómo si en realidad fuera eso lo más importante.

Y es que todo el mundo se queja del maldito gobierno y de los locos animalistas inhumanos que presionaron para que se prohibiera el uso de animales en los circos, porque AHORA, hay muchos de ellos en mal estado y es nuestra culpa. (Claro, AHORA, porque ANTES de esta prohibición, todos esos animales estaban en perfectas condiciones, ¿cierto?)

Esto no es vida

Muchas personas, que estamos seguros tienen el corazón en el lugar correcto, se han dejado llevar por una falacia Post hoc, ergo prompter hoc. Es decir, un razonamiento en el que sólo porque un hecho sucede a otro, automáticamente, el segundo debe ser provocado por el primero:

1. Se puso en vigor la Ley.
2. Los animales se están muriendo.
R= Los animales se mueren por culpa de la ley.

Pero se llama FALACIA, porque es FALSO. Un argumento no se puede enjuiciar con tal simpleza, porque se eliminan a todos los demás factores y actores que intervienen entre un proceso y otro.

Veamos esto con un poco más detenimiento:
Propuesta del gobierno: Transitorios: Segundo. Los circos presentarán a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de forma inmediata una base de datos que incluya el número y características de los ejemplares de vida silvestre que posean. Estas bases de datos se pondrán a disposición de los zoológicos del país para que éstos estén en posibilidades de seleccionar a los ejemplares que sean susceptibles de ser integrados a sus colecciones. Los ejemplares de vida silvestre incluidos en las bases de datos a que hace referencia el párrafo anterior que no sean seleccionados por los zoológicos, podrán ser entregados por sus poseedores a los Centros para la Conservación e Investigación de la Vida Silvestre pertenecientes a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales con el objeto de que no impliquen gasto por concepto de manutención de animales que ya no podrán ser utilizados en sus centros de trabajo.

Esto tiene un poco de planeación. ¿No? Claro, si te pones a hacer una lista de tus animales y haces el trámite de envío, aún mientras, si quieres, peleas por que esa ley no pase. Pero si te empecinas en creer que lograrás parar una ley y no tienes la mínima intención de Plan B, te agarrarán las prisas, como es tan común entre los mexicanos, y sólo te quedará quejarte.

Propuesta de los cirqueros: Papá gobierno, tus zoológicos no me aceptan a los animales (quienes me dieron de comer por años), entonces los voy a dejar morir a la mitad de un paraje, para que la opinión pública te castigue. ¿Lo peor? Parece que surtió un poco de efecto, pues durante semanas se pudieron hallar notas “informativas” sobre la maldad de una ley mal planeada, y la desesperanza de los pobres y nobles cirqueros.

Sí, “informativas” entre comillas, porque hasta parece que algunas tenían una paga detrás, o un patrocinador, pues casi eximían a los dueños de esos animales de su responsabilidad, como si esos animales hubieran llegado a sus manos por obra de la naturaleza, los hubieran protegido de una tormenta y se hubieran puesto a hacer actos estúpidos, como saltar de un cubito a otro, o a través de una aro de fuego, por decisión propia.

Realidad: Los circos y los cirqueros mismos fueron mantenidos por años con el sufrimiento de los animales. ¿Cuántas veces vimos fotos y videos de animales famélicos? Las 5 libertades de estos animales fueron violadas minuto a minuto, eran “dietados” por días para entrenarlos, vivían en jaulas en las que apenas podían moverse, (sobre todo los felinos, a los que no podían hacerles un corral como a las llamas, eran golpeados, no vivían libres de angustia ni de dolor, y mucho menos tenían la posibilidad de expresar sus conductas naturales. Vivir así, no era vida.

Y algunos todavía se sentían “amantes de los animales”, porque quizá los admiraban, o demostraban ese “amor” malentendido, con muchas caricias. Pero la falta de libertad, no deja espacio para “AMAR”. No se puede secuestrar a una persona en su departamento, y pretender con besos, flores y regalos, compensar la soberbia de creerse “su dueño”.

¿Qué dieron a cambio los animales de esto? Dinero, mucho dinero, con lo cual la gente podía comer, vestirse y salir a divertirse. ¿Qué va a pasar con ellos ahora que “YA NO LES SIRVEN”? Dejarlos morir para castigar y dar escarmiento.

¡Pero es que ya no los puedo hacer trabajar! ¡Y he sido domador de leones toda mi vida! ¡No sé hacer otra cosa! Y claro… como los seres humanos tenemos capacidades tan limitadas y cerebros tan poco plásticos, no puedo aprender ahorita un oficio o profesión que esté dentro de la ley, ¿verdad? ¿O estará involucrada algo de pereza?

No se vale, lo que deberían ponerse a hacer es mejorar los shows para poder alimentarlos como ellos lo hicieron antes. Esto no es algo que saben desde hace 80 días, es algo que se viene dando en todo el mundo. ¿Tomaron previsiones? ¿NO? Pues debieron. Ahora no me vengan que lo único que pueden hacer es quejarse y lavar cerebros para que otros los sigan. Claro que no, siguen siendo SUS animales, deben velar por ellos, buscarles hogar en otros lugares del mundo, contactar ONG´s internacionales, o mudarse con ellos a donde les puedan dar una buena vida en el último de los casos, aunque deban hacer algo increíble: dedicarse a otra cosa.

Pero además con este gran “Circo” (ahora sí) están escondiendo la realidad más importante: Se ha CORTADO la cadena. Claro que la última Generación de Animales de Circo que estuvieran durante una transición así, iban a ser parte de un ajuste complejo, pero serán eso: LA ÚLTIMA GENERACIÓN. Si ya no se pueden hacer espectáculos así en nuestro país, no llegarán cachorros nuevos de felinos, paquidermos o ungulados, muchos de ellos de mercados negros o “criaderos” dudosos, algunos incluso en casas y ranchos de delincuentes de otro nivel. Por dura que sea esta reestructuración, será la última, y será una contribución importante para disminuir la caza furtiva de madres, que dejan a huérfanos a merced del mercado negro.

La solución no es regresarlos a la vida miserable que tenían, con las cartas abiertas para comprar más y más y perpetuar el sufrimiento de miles y miles que nacen, se compran y mueren año con año en los circos. YA BASTA de paternalismos, ¿quieres hacer algo? Organízate y busca la manera de ayudar a un animal, podemos juntar alimento mientras se contacta alguna reserva, se puede hacer la diferencia un animal a la vez.

Que todos vivan así

El Gris destino del Koala


¿A donde va el Koala?

Los Koalas (Phascolarctos cinereus) y los animales emparentados en el pasado con ellos, parecen haber aparecido en continente australiano hace unos 45 millones de años, en los tiempos en que el territorio que hoy conocemos como Australia comenzó su lenta navegación hacia el norte, separándose de la masa antártica que hoy ocupa el polo sur; sin embargo, para la paleontología, formalmente los antepasados más antiguos que se conocen del Koala, no rebasan los 25 millones de años de edad.

Conforme la gran isla de Australia se separaba, el clima se diversificaba en el territorio, perdiendo contacto con gran parte de las corrientes heladas, elevando su temperatura e incluso permitiendo el desarrollo de ecosistemas semi desérticos en algunas zonas.

Con este radical cambio se alteró ese pequeño universo por completo, con lo que se desarrollaron también plantas propias de esos climas, camino que sembró la llegada del hoy conocido Eucalipto, árbol del que depende tanto el Koala.

En 1788, los primeros europeos llegaron a tierras australianas, y sólo 10 años después, el viajero John Price dio cuenta de estos curiosos animales, cuando exploró las Montañas Azules, cerca de lo que hoy es Sydney.

La historia del Koala, entonces, comenzó su decadencia.

Al principio la maravilla de este animal lo hizo ser tan estudiado como admirado, pero poco tiempo después se empezó a pensar en los “beneficios” que podía aportarle al ser humano.

La gran colonia inglesa crecía, y para esto se necesitaba talar con rapidez más y más hectáreas de bosque. En un ecosistema tan especial, esto implicaba un impacto profundo en la vida de los animales nativos.

Los grupos de koalas, tanto como los canguros y wombats, perdían terreno y se hacían más “parte” de los asentamientos urbanos. La lógica de los colonizadores se torció, y de repente sentían que los koalas “invadían sus patios”, como si no siempre hubieran sido de ellos.

El foco de atención cayó sobre el koala y su piel. No era una animal del tamaño suficiente, ni con la taza de natalidad necesaria, para ser un animal de consumo, pero su pelo profuso y suave sí era atractivo para ser comercializado.

Como en pocas ocasiones se había visto, esto tuvo un efecto explosivo/expansivo de la noche a la mañana. Millones de koalas fueron asesinados con una facilidad ridícula y ritmo apocalíptico.

En 1919, el gobierno de Queensland, uno de los 6 estados en los que se divide Australia, anunció un periodo de caza de koalas que duraría 6 meses. Un millón de koalas cayeron en ese periodo, por lo que se cerró la cacería por completo durante 8 años en este estado. Si la política impedía algo en un territorio, los cazadores se movían al siguiente.

Eucaliptus toxicusPara 1924, el Koala ya se había extinto de Australia del Sur, estaba muy cerca de desaparecer en Nueva Gales y se contaban 4 o 5 centenas en todo el estado de Victoria. Como 3 de 6 estados habían acabado con la población de koalas, la operación regresó a Queensland. En 1927 se aceptó, queriendo ser cuidadosos, que se abriera la cacería por sólo un mes. 

Ochocientos mil koalas murieron en 30 días, por lo que la misma opinión pública se escandalizó y se presionó al gobierno que la especie fuera protegida por completo, lo que se logró hacia finales de la década de los treinta.

El problema radicó en que jamás se prohibió la tala de Eucaliptos, así que el Koala seguiría perdiendo terreno habitable con el paso de los años.

El Eucalipto , hay que mencionarlo, es un árbol de verdadera naturaleza superviviente. Es fuerte, robusto y alto, capaz de rebasar los 50 metros de altura en unos cuantos años; es resistente a la suplantación y muy hábil para reproducirse espontáneamente, con rebrotes constantes. Existen cientos de especies de este árbol y sería, junto con el Canguro y el Koala, un símbolo australiano, si no fuera porque hoy en día está tan difundido alrededor del planeta, que se antoja difícil creer que es parte de ese sui generis ecosistema.

Su relación con el Koala, es muy similar a la relación que tienen el Oso Panda y el Bambú. La fibrosidad de sus hojas y el bajo nivel nutricional que tiene, pareciera hacerlo una pésima opción para alimentarse, y quizá fue ese reto lo que empujó al Koala a elegirlo como, prácticamente, único alimento.

Para la mayoría de los animales, la cantidad de taninos y fenoles que contienen sus hojas, resultarían casi tóxicos, por lo que la competencia por la comida es mínima. Es la simple estrategia de escoger el platillo que nadie soporta, para que siempre haya algo que comer.

El Koala no es, ni siquiera entre los animales australianos, tan fuerte como su árbol alimenticio. De hecho tiene una condición de vida relativamente frágil, que no había necesitado mejorar, pues no había sufrido mayor amenaza durante miles de años.

De entrada, como platicamos al respecto de sus hábitos alimenticios, requieren mucha paz para digerir sus alimentos, así que son extremadamente vulnerables durante las 5 o 6 horas al día que comen, pero los son más, durante las 18 o 19 horas al día en las que duermen.

Además, son extremadamente dependientes de los árboles, pero no sólo para comer, sino para moverse, pues se ven sumamente incómodos y torpes en el suelo, a donde acuden sólo en casos extremos, como cuando las hojas de los árboles no tienen la suficiente humedad y deben buscar un depósito terrestre de agua para compensarlo.

Su taza de natalidad es de 1 cría al año, y conforme las hembras van creciendo, esta se va reduciendo hasta tener 1 cría cada 2 o 3 años. El cachorro de koala o “joey”, como se le conoce en Australia, nace tras sólo 35 días de gestación, pero como aún no tiene pelo, sus ojos se mantienen cerrados y sus orejas no se desarrollan todavía, se arrastra a la bolsa de su madre, el marsupio, en donde todavía estará 6 o 7 meses más, desarrollándose.

Si es hembra, madurará lo suficiente para reproducirse alrededor de los 2 años de edad, si es macho tardará entre 1 y 2 años más. En libertad, la expectativa de vida de las hembras está entre 12 y 15 años, mientras los machos no rebasan los 11.

Cierto es que son animales sociales, con estructuras estables y muy territoriales, pero los “grupos” que puede formar el koala, requieren de mucho espacio, pues cada individuo del grupo necesita poseer un cierto número de árboles para si mismo, lo que se denomina rango de hogar.

Por supuesto, el rango de hogar del macho dominante del grupo, es mayor que el resto y se intersecta en sólo algunos puntos con el espacio que corresponde a otros individuos. Esto establece la jerarquía. Los hogares de cada miembro del grupo embonan a la perfección, como un rompecabezas, sin dejar espacio entre unos y otros, otorgándoles cohesión. 

Phascolarctos cinereus

¿Pero qué sucede cuando estos hogares son seccionados con un camino o una casa humana? Por supuesto altera todo la estructura del grupo. No hace falta deforestar por completo una zona para afectar al koala, basta con cortar los árboles que conectan sus hogares.

Es decir, imagina que para hacer un camino de terracería, cortas los árboles en una delgada franja de 2 metros, pero esa franja atraviesa el hogar del macho alfa y el de otras tres hembras.

Se ha reducido drásticamente la cantidad de comida y protección que tenían esos koalas, por lo que tendrá que ajustarse a ello, con el riesgo de que no le sea suficiente. Y después viene el factor de comunicación de grupo, pues aunque se hayan separado algunos por esos dos metros, se escuchan y huelen perfectamente; pero no pueden brincar esa distancia de un árbol a otro, así que al momento del apareamiento, unos y otros tendrán que aventurarse a cruzar por el suelo, sólo para tener contacto, quedando a merced de perros, dingos y otros depredadores.

¿Por qué no se muda a los árboles de a lado? Bueno, primero porque ya tienen dueño, y ningún individuo va a compartir su espacio al otro, así que incluso, si no encuentra más espacio o se adecúa a la reducción, ese koala se tendrá que ir. De hecho, aún si un koala muere, y su rango de hogar queda abandonado, es muy probable que así se quede al menos durante un año, tiempo que le tomará a los árboles perder el olor y las marcas arañadas del anterior inquilino, con el efecto de la lluvia y el crecimiento de nueva corteza.

Algunas personas y miembros del gobierno los siguen viendo como “abundantes” o “plaga” porque se acercan demasiado o invaden territorios habitados por el hombre, pero esta lógica es tan absurda como la queja misma. 

“Los koalas invaden mi patio trasero y alteran a mis mascotas”, dicen algunas personas, sin pensar que son ellos los que han invadido los patios, la sala, la cocina, el dormitorio y la enfermería de los koala, llevando a ese continente, otrora protegido por su lejanía, especies animales no nativas, que han amenazado el ecosistema completo.

Afortunadamente la cultura parece estarse redirigiendo en Australia, en donde muchas personas han dejado de poner cercas a sus patios, talando los menos árboles posibles y respetando al koala que se cruza en su camino. Incluso en algunas localidades, los ciudadanos ponen “arcos” de madera, o vigas, que atraviesan de lado a lado sus rejas o los límites de su casa, otorgando a los koalas una vía de tránsito más segura, lejos del perro de la casa y sin riesgo de atorarse con puntas filosas en la malla ciclónica.

Y es que los koalas no hurgan en la basura, ni muerden los cables eléctricos, ni defecan en la puerta del patio.

Se aproximan a casas y personas con cierta curiosidad, o como mero accidente, transitando por lo que antes ellos veían como su hogar, buscando al fantasma de los árboles que han ido desapareciendo, y averiguando si es que podrán soportar y adaptarse a la nueva vida, con esta especie homínida que tiene tantos individuos voraces, como otros, esperanzados y trabajadores.

La paz de un Koala

¿Aún se puede salvar al Lobo Mexicano?


 

Versión Online de nuestro reportaje para Animalia 24Era un fantasma que descendía cada atardecer. Era esa sombra, ese misterio que se convertía en silueta cuando llegaba a la punta del risco, y más que aullarle a la luna, le aullaba a un sol que descendía, pintando de rojos y naranjas el cielo del desierto. Ese era el hogar del Lobo. Era el paraíso árido y montañoso, en donde este príncipe tenía su reino.

Como el hijo pródigo más audaz, sabiéndose descendiente de un linaje majestuoso, el Lobo Mexicano se había separado de sus hermanos hacía miles de años, aventurándose en llanuras y montañas ocre, que habían sido poco exploradas por los grandes mamíferos.

Era un maestro de las sociedades y las estrategias.

Era el sonido de la oscuridad, el gran aullido que enmarcaba la noche del desierto.

Era admirado. Era temido. Era respetado. Era envidiado.

Y desapareció.

El Camino Caninae

Como apareció en la portada de Animalia 24

Hace casi 40 millones de años, por lo menos, los primeros cánidos recorrían el territoriode América. No eran parecidos a los perros o lobos que hoy conocemos, de hecho, Hesperocyon, como se le conoce a esta familia, parecería una rara mezcla entre un mapache grande, un felino robusto o un coyote alargado. Pero se trataba apenas del primer gran cambio desde que el primer carnívoro, Miacis, evolucionara, separando su información genética en los que hoy conocemos como caninos y felinos.

El estrecho de Bering fue, como para muchas especies, clave en la comunicación y la evolución especializada. La teoría más aceptada en estos años es que los antepasados carnívoros de los caninos se originaron en Norteamérica, pero a través de Bering llegaron al norte de Asia y Europa, en donde la gran combinación comenzó. Se expandieron por esos vastísimos territorios, encontrando poca o nula resistencia como depredadores, especialmente porque se mantenían siempre en grandes manadas.

Después de la vuelta evolutiva que tuvieron en aquella segunda parada, regresaron a Norteamérica por el mismo camino, habiendo desarrollado ya una línea de cánidos más estable. Se podían ver ya los rasgos más claros de los Canis, los Vulpes y los Urocyon, es decir, los antepasados de Lobos y Zorros.

Por encima del cinturón ecuatorial, prácticamente llegaron a todo el mundo. Pero fue quizá por su pelaje caluroso y denso, o por su estrategia social de cacería que se veía beneficiada en lo espeso de los bosques, que pocas subespecies se desarrollaron en las zonas desérticas. Apenas 3 se han aceptado como subespecies adaptadas a este tipo de ambientes: El Lobo Árabe (Canis lupus arabs), el Lobo Indio (Canis lupus pallipes) y en Lobo Mexicano (Canis lupus baileyi).

El Lobo Mexicano se constituyó como un prolífica especie, la más pequeña, nativa del punto más al sur y genéticamente más distinta, del Lobo gris de Norteamérica. Aparece oficialmente como nativa de las regiones montañosas al norte de México: Durango, Coahuila, Chihuahua y Sonora,  así como de partes de Texas, Nuevo México y Arizona, pero se llegaba a encontrar ocasionalmente en territorios de más al oeste y noroeste, como California y Nevada.

Un Lobo Mexicano macho promedio pesa entre 30 y 45 kilos, con un máximo de metro y medio de longitud y unos 70 u 80 centímetros de altura, lo que generalmente lo compara con la morfología de un Pastor Alemán adulto.

Su figura es más estilizada que la de otras especies, ligeramente de rasgos más alargados y menos anchos, como si fuera un vínculo entre los coyotes, chacales y perros comunes.

El Gran Padre Lobo

El respeto olvidado

Y fue esta figura, delgada pero fuerte, la que dominó también la iconografía de las poblaciones humanas que habitaron a su alrededor.

Prácticamente todas las tribus de nativos americanos que compartían territorio con el Lobo Mexicano, lo retrataban y guardaban como un símbolo al que respetaban y querían. Si bien temían ser atacados por alguna manada de lobos cuando se adentraban en su terreno, no existen leyendas o cuentos del folclore en los que el Lobo sea un antagónico, o tenga rasgo alguno de terror.

Apareció una y otra vez dibujado en pieles, en paredes, en tee pees y hasta en el rostro de los guerreros. Se tallaba, como símbolo de protección, en las figuras que conocemos en la generalidad como tótems, o en ornatos y colgantes que se añadían al cuello de los guerreros o a sus accesorios de cacería.

Su aullido no era el ícono de terror, absurdo y artificial, que heredamos de las culturas europeas. El aullar de los lobos era símbolo de vida y de que la noche transcurría en orden. Eran algo así como “vigilantes”, como el sereno que hace años pasaba por las calles encendiendo las farolas y avisando que podían dormir en paz.

El fuego los mantenía a la distancia, y ante la posibilidad de cazar muchas otras presas menos complicadas, rara vez invadían un asentamiento humano, ni seguían demasiado tiempo a un expedición de hombres.

Tribus como los Cherokee, Apalache, Hopi, Zuñi, Acoma, Mojave, Pápago o Seri, tenían en un lugar muy alto al Lobo Mexicano.

El principio del fin

Camino a la extinción

Al igual que todos los lobos, los lobos mexicanos tienen una firme estructura social y un sistema de comunicación complejo que incluye el marcado, posturas corporales, formas más especializadas como postura de orejas y cola, amén de vocalizaciones numerosas tales como aullidos, ladridos, gemidos y gruñidos.

Viven en grupos familiares o manadas, que consisten en una pareja alfa y sus crías, con un proceso de a menudo varias generaciones, por lo que podían llegar a encontrarse grupos numerosos, con “abuelos” o incluso “bisabuelos” como líderes. Entres sus presas se cuentan alces, venado bura y venado cola blanca, pero son capaces de enfrentar y matar ganado, especialmente ejemplares jóvenes y menos robustos.

Este fue su principal problema cuando el “nuevo mundo” empezó a ser colonizado.

A la llegada de los europeos a tierras americanas, todo era un asombro que llenaba libros y relatos orales de estos hacia el viejo continente. Las especies nuevas de aves, mamíferos y plantas, eran celebradas por su valor, variedad, belleza estética y hasta sabor. Pero no todas las especies de américa eran un maravillosa novedad.

El Lobo Mexicano cargaba con tres estigmas que incomodaban a los colonos europeos:

En primera instancia, era muy parecido al lobo euroasiático, viejo conocido, temido y cazado en los bosques de toda Europa y Asia, ícono de leyendas nada favorables y hasta representante de infantiles historias que los retrataban como monstruos, devoradores de niños, conexiones con el diablo y con la brujería, o hasta transmutaciones de demonios.

Después, eran un riesgo para la ganadería que se comenzaba a desarrollar al norte de México y sur de los Estados Unidos. Eran ágiles y podían cazar casi a todas horas. Con los numerosos grupos de ganado que devoraban los pastizales próximos a los bosques, las bajas, que mermaban la economía de los pobladores, los llenaba de rencor hacia la especie.

Finalmente estaba el factor cultural. Como parte de un proceso de suplantación de cultura, la destrucción o intercambio de cada símbolo era importante para el éxito de estas empresas. Como lo hemos visto, prácticamente para todas las culturas nativas que conocieron al Lobo Mexicano, este significaba un ser de respeto, casi un Dios… y eso no podía ser tolerado.

Esa combinación de elementos fue disminuyendo las poblaciones constantemente, irrefrenablemente. El fin del mundo, para el Lobo Mexicano, había llegado en las naves de estos invasores. Los perros de raza grande habían llegado también de Europa, y algunos podían ser más feroces y grandes que el mismo lobo, así que tampoco podían comprender su valor o belleza en el ecosistema propio.

Huir de la ignorancia

Los cuentos y las historias, cada vez más exageradas, abundaban. Las expresiones “te va a comer el lobo” y hasta los relatos infantiles como “Caperucita” o “Los 3 Cerditos”, habían hecho de la frase “lobo feroz”, parte del vocabulario; un vocabulario que sólo respondía a la fantasía, pero no había nadie cerca para desmentirlo.

Programas de control de depredadores, desbordantes de ignorancia, casi exterminaron al lobo mexicano en el medio silvestre, antes de que alguien pudiera reaccionar.

Seguramente, alguna noche, el aullido de un Lobo Mexicano se escuchó en solitario, y por primera vez en miles de años, ningún otro lobo le contestó. Se escuchó por última vez, ahogado, sin sentido y sin réplica, rindiéndose ante algo que, sin comprender, tenía que aceptar.

Con la captura de los últimos 5 lobos mexicanos que quedaban en estado salvaje en México, desde 1977 y hasta 1980, se inició un programa de cría en cautividad y se salvó al lobo mexicano de la extinción, aunque muchos creen que quizá es ya muy tarde.

El Lobo Mexicano se encontraba en la lista de especies en peligro en 1976, cuando comenzaron el trabajo de recuperación. El plan de recuperación tiene el objetivo de restablecer en vida libre, aunque en zonas de reserva, una población de lobos mexicanos dentro de algunas áreas de distribución histórica. En marzo de 1998, se liberaron tres manadas en la “zona de recuperación primaria”, en la zona pública del Bosque Nacional Apache, al este de Arizona. En 2002, la Tribu Apache White Mountain también se convirtió en un colaborador del proyecto, y la primera manada de lobos en la Reserva Fort Apache ocurrió en 2003.

Hoy en día, la población cautiva se compone de aproximadamente 300 animales, y abarca más de 45 parques zoológicos y centros de la vida silvestre en los Estados Unidos y México, pero las condiciones sociales no han cambiado tanto como se quisiera.

Dado que la mayor parte del territorio de los Lobos está poblado, algunos estudiosos del tema creen que nunca saldrá de la lista crítica, por lo que pareciera confinarse el esfuerzo a proteger a un número reducido, en zonas protegida.

Muchas personas han estado involucradas en este tipo de esfuerzos de reintroducción, incluyendo a varios de los mejores Médicos Veterinarios y Zoólogos mexicanos, pero el problema educativo se mantiene.

Mientras el Lobo Mexicano no recupere ese lugar de admiración y respeto que ha merecido y que mucho tiempo tuvo, su extinción será un problema latente.

Una preocupación que jamás debió existir.

Animalia 24

Si quieres escuchar los aullidos en libertad de una de las primeras manadas de Lobo Mexicano reintroducida, accede a: http://www.fws.gov/southwest/es/mexicanwolf/MWaudio.cfm

Esta es una versión editada online del reportaje publicado en Animalia Magazine #24. Si quieres conocer la versión completa impresa, puedes pedirla a ventas@animaliamagazine.com

 

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La Teoría de la Jauría Asesina.


La Teoría del Absurdo

México DF. Marzo 7 de 2013.

Las brillantes ideas de los gobernantes, no cesan.

Ahora en Tlanepantla, Estado de México, el equipo del gobierno encabezado por Pablo Basañez García, ha decidido “Recoger y sacrificar” (eufemismo para Redada y Asesinato) a un cierto número de perros que se hallaban en Los Reyes Iztacala, municipio de este Estado, pues se encontró en esa zona el cuerpo de un hombre, de 61 años, con muchas mordidas en su cuerpo.

Es ofensiva a la inteligencia la simpleza con la que se dio este veredicto y se ejecutó su llamada solución.

El caso, que de entrada necesitaría una investigación por asesinato, fue dictaminado, resuelto y encarpetado con una velocidad que da miedo, y que mucho dice de las prioridades de estos gobiernos.

Mientras en la cuenta oficial de twitter de la PROPAEM, Procuraduría de Protección al Ambiente del Gobierno del Estado de México (@propaem_sma) decían “esperar el resultado del dictamen”, el presidente municipal en su cuenta @pablo_basanez, y había dado por hecho que los perros eran los responsables de la muerte. Al día siguiente ya había organizado la cacería y asesinato de los perros que encontraran.

Los dictámenes forenses de lado, el gobierno de Tlanepantla demostró una pobreza de decisiones mayor que lo que habíamos visto, y vaya que lo vimos, unas semanas atrás en Iztapalapa.

Iztapalapa no fue poca cosa, pero al menos, se resolvió con un resquicio de sensatez que derivó en condiciones de bienestar para perros callejeros que nadie había atendido hasta entonces. Aquí muy breve lo que ocurrió, en resumen, y como terminó:

1.- En Iztapalpa, en concreto, se hallaron 5 cuerpos (al principio una pareja de jóvenes, después se habló de una madre y un niño, ahora incluso se especula de un 6to cuerpo, tampoco es clara esa información) en una zona de reserva ecológica en la Ciudad de México. Alguna autoridad dijo que se sospechaba que hubieran sido atacadas y asesinadas por los perros callejeros de los alrededores. Y las suposiciones comenzaron a correr.

los parias de esta ciudad

2.- En días siguientes 100 elementos de la BVA (Brigada de Vigilancia Animal) recorrieron la zona, en lo que podrían ser 100, 150 o 200 hectáreas (porque nadie llevó un registró de hasta donde se dispersaron los elementos) y en total, recogieron a 25 perros de diferentes razas, tamaños y condiciones de salud.  (NADIE, sobre todo NINGÚN elemento de la BVA, afirmó haber visto una “jauría”. Claro, al dar el número total de perros levantados, suenan a un gran grupo, pero nadie habló de cuántos de ellos estaban juntos.)

3.- Parece que nadie en el gobierno delegacional cuestionó que:

El lugar estaba en una de las Delegaciones con mayor índice delictivo del D.F.

En esta ciudad, como en todo el país lamentablemente, los parajes desolados son usados para abandonar cuerpos tras un homicidio.

Los cuerpos tenían otras huellas poco usuales para un ataque de perros. Los ataques mortales entre perro-humano, son algo rarísimo.

En México las estadísticas son incompletas, pero en E.U.A., por ejemplo, hay reportes de sólo 238 casos en casi 20 años(*1), la mayoría de ellos provocados por perros entrenados para ataque, en lugares cerrados.

El dictamen sobre si las mordidas fueron pre o post mortem, ha sido dudosa, pero aún si lo fueron, determinar si fueron mordidas mortales o si fueron hechas por ESOS perros, es aún más difícil, y no se logró, porque eso implicaría haber identificado a los perros responsables, cosa que jamás sucedió.

es sencillo culpar al que no habla

¿Pudieron haber sido los perros?

Sí, claro, pero esto no puede tratarse de buscar CUALQUIER posibilidad, sino la que presente elementos más creíbles.

Claro que un perro puede, si quiere, matar a un hombre. Un perro es un depredador menor y puede, pero los factores para que decida hacerlo, son más complejos que las puras “ganas” de hacerlo.

Aunque pertenezca a los cánidos y sea subespecie del lobo, NO ES UN LOBO. Y el factor que los separa, es precisamente que el perro SABE, ESTÁ CONSCIENTE de la existencia del hombre. Evolucionó, se modificó genéticamente por ESTE factor. El perro tiene información genética que le permite SER DOMÉSTICO, y esto ha alterado sus instintos salvajes de manera casi irreversibles.

¿Un perro puede “regresar” a su estado salvaje?

No. Un perro nunca ha tenido un estado salvaje que “pueda” recordar. Otro animal, parecido al perro, era salvaje, pero es otra especie, y esto no sucedió ayer, o el siglo pasado. Este cambio ocurrió hace al menos 20mil años.

Si acaso, puede aprender cosas nuevas, diferentes, que no sean tan naturales para él, como el cazar otros animales para sobrevivir. Pero… ¿en la Ciudad de México? ¿En verdad?

¿Cuánto necesita caminar un perro para llegar a un tiradero de basura, un puesto de comida o el tiradero de un restaurante? ¿Cuantos restos comestibles puede encontrar en su camino, producto de la suciedad que provocan los seres humanos? ¿Cuántas personas les ofrecen algo de comida al día?

Mestizo de calleYo, en 10 años de contacto profesional con perros callejeros, no he visto UNO que ataque a un ser humano por comida. Se defienden entre ellos o se arrebatan entre ellos, pero es rarísimo que incluso le quiera arrebatar algo comestible a un desconocido humano.

¿Cazar a un ser humano por hambre? Necesitaría tener mucha hambre y algo de locura. Quizá si tuvieran rabia -enfermedad que no se puede dar por erradicada, pero a la que quizá 1 de cada 100 veterinarios se han enfrentado alguna vez-. Sería complicado, arriesgado y requeriría práctica y organización como manada, que si la estuvieran adquiriendo poco a poco, los reportes de ataques habrían en esa zona habrían comenzado hace tiempo, escalonándose, hasta culminar con una muerte.

¿Cazar a 5 seres humanos por hambre? ¿De la noche a la mañana? ¿Sin antecedentes previos de que fuera una zona peligrosa?

¿Y cuál fue el destino de esos inculpados?

(Que no CULPABLES, porque eso nunca se demostró).

El Jefe de Gobierno emitió una orden determinante cuando explotó la presión de la opinión pública: No sacrifiquen a ninguno. Se debe resolver sin matarlos.

Eso fue definitivo, porque requería más trabajo, pero provocaba esfuerzo coherente y concentrado de especialistas. Los animales fueron trasladados al Centro de Atención Canina de Iztapalapa, en donde se resguardaron y pusieron en adopción, primero los cachorros, y después de un examen etológico y clínico, los adultos. Estos análisis no fueron revisados sólo por el gobierno, y el destino de ellos no fue algo que Iztapalapa “dijo” nada más; intervinieron especialistas de la mejor institución en este país y fue revisado por personas comprometidas con proteger la vida animal. Su destino final, antes de las casas que paulatinamente los irán adoptando, fueron las instalaciones de una de las Protectoras más experimentadas del Distrito Federal.

¿Y en Tlanepantla?

Recoger y sacrificar fue la orden. Punto. Antes del forense, antes de otra teoría, antes de investigar si fue un asesinato. Recoger y sacrificar.

Como si eso resolviera algo. Como si diera “justicia”; como si aliviara en una micra la sensación de inseguridad que tienen los habitantes del Estado de México debido a LAS ARMAS y LOS CRIMINALES, no debido a los perros.

Los perros en calle son un problema, en el Distrito Federal, el Estado de México o cualquier entidad de la república, sí, pero es causado por nosotros mismos; problema del que que ellos saldrían gustosos, claro, si les diéramos la oportunidad.

Más de esto en Pasión Animalia

Debemos estar al pendiente de los programas de esterilización, vacunación y adopción que se hace en las colonias y delegaciones de nuestras ciudades, porque hay que actuar; aunque de nuevo, seguramente, será la sociedad civil la que ponga, ejecute y haga efectivas las soluciones; usando a la autoridad y las leyes como lo que son: herramientas a nuestro servicio, y no soluciones en si mismas.

El Panda. Ídolo y símbolo.


 

El Panda, o Ailuropoda Melanoleuca, como es conocido en el argot científico, navega aún sobre una ligera polémica que duda sobre su pertenencia a la familia de los osos.

Esto se debe a que, aunque en el exterior todo pareciera indicar que es un oso negro que jugó con un bote de pintura blanca (o viceversa), no se comporta como el resto de la familia Oso.

En primer lugar, no habita una zona precisamente famosa por su población de Ursidae. Al contrario, parece que el Panda Gigante se alejó de todos lo más que pudo, escogiendo las zonas altas  -entre 1.200 y3.400 m. sobre el nivel del mar-  en Sichuan, China, a temperaturas considerablemente bajas y en donde la fauna no es tan abundante.

Quizá por ello también, evolucionó acostumbrado a que no comería mucha carne y prefirió ser mayormente herbívoro. El Panda Gigante sentado comiendo bambú, probablemente sea la imagen más difundida de este animal y no es un cliché, ya que esta planta representa el 99% de su alimentación. Sin embargo, no deja de tener el sistema digestivo de un carnívoro, por lo que no está diseñado para procesar materia vegetal. Esto significa que le cuesta mucho trabajo extraer la celulosa del bambú, lo que lo obliga a comer enormes cantidades(entre 12 y 38kgs diarios) durante 14 horas, dejando de comer sólo cuando duermen o recorren distancias cortas.

También suele alimentarse de otras hierbas y muy rara vez de algo de carne y grasa, la que puede encontrar en aves o pequeños roedores.

Lo correcto, para hablar del Panda, es siempre añadir su apellido: Gigante. (Y no es para menos, ya que llega a medir hasta 1.80 m y a pesar hasta 125 kg.)

PANDA como tal, es un nombre que obtuvo primero el Ailuridae, un pequeño mustélido, pariente de los hurones y las comadrejas, que resultó vecino del gigante en blanco y negro. El asunto es que su vecino “oso”, tomó tanta fama que la mayoría de la gente terminó por creer que PANDA, era el nombre del grandote y que el pequeñín lo tomaba prestado.

De hecho su nombre científico ya nos dice parte de esa historia:

El Panda original, hoy conocido como Panda Rojo, es Ailuridae Fulgens, único miembro vivo de la familia de los Ailúridos.

Mientras el Panda Gigante fue nombrado Ailuropoda Melanoleuca, lo que básicamente quiere decir “Tiene patas de Panda Rojo, pero es blanco y negro”.

Ailuro (Ailúrido -Panda Rojo-) Poda (Pies) Melano (Negro) Leuca (Blanco)

Se cree que la palabra Panda proviene de la palabra Nepalí Ponya.

Por supuesto su carácter tan dócil y afable lo ha hecho padecer de cazadores tanto como gozar de la ternura generalizada. No es una especie particularmente hábil, rápida o escurridiza. Al contrario, resulta una animal muy confiado cuando se encuentra en su hábitat, un verdadero fanático de disfrutar las tardes chinas sentado junto a un buen arbusto de comida.

El hombre, desde luego, al ver la maravilla de su pelaje, lo convirtió en un “premio” en cuanto pudo, por lo que su población empezó a decrecer hasta el punto de la extinción.

Probablemente por su reducida zona de existencia y su limitada movilidad, fue rápidamente notable el peligro de extinción en el que cayó, por lo que se convirtió en estandarte de la lucha por los animales en riesgo.

Particularmente se hizo el emblema del Fondo porla Vida Salvajedel Mundo,la WWF(World Wildlife Fund), que lo integró a su emblema a mediados de los años 60, cuando la situación riesgosa de la vida salvaje en el mundo se convirtió en un asunto más publicitado.

De hecho el emblema dela WWFestá inspirado en Chi Chi, el primer Panda Gigante famoso del mundo occidental, habitante del zoológico de Londres durante un gran tiempo.

En ese mismo tenor, México tuvo también a una familia de Pandas que se ganaron el corazón de la gente que los visitó en el Zoológico de Chapultepec, a mediados de los años 80. Ellos eran Ying Ying y Pe Pe, donados por el gobierno de China en 1975 como símbolo de amistad para la Ciudad de México, que en 1981 darían a luz al primer Panda nacido en cautiverio fuera de China, la pequeña mexicana Tohuí Panda.

Actualmente el Zoológico de Chapultepec cuenta con tres hembras de panda gigante: Xiu Hua de 25 años, Shuan Shuan de 23 años y Xin Xin de 20 años (hija de `Tohui`), descendientes de la pareja que fue donada.Las tres pandas gigantes que se tienen en el Zoológico de Chapultepec, más un macho en Alemania, son los únicos ejemplares que no pertenecen a China y en el caso de México son los únicos que existen en América Latina.

Aunque puede haber un nivel de polémica al respecto de que éstos ejemplares fueran tan mediáticamente publicitados, lo cierto es que la única forma de generar una cultura de respeto y elevar las alarmas sobre su riesgo, era tratar de generar empatía entre la gente, provocando acciones y reacciones, que poco a poco se convirtieran en costumbres.

Si ejemplares como Tohuí, Ying Ying, Pe Pe o Chi Chi, no se hubieran robado la sonrisa de millones alrededor del mundo con sus maromas y jugueteos, probablemente las fundaciones protectoras habrían necesitado el doble de tiempo para generar recursos, donaciones y cultura en general.

Actualmente se calcula que existen menos de 2500 ejemplares en vida salvaje, aunque este número es ya más esperanzador pues, aunque lentamente, ha venido en incremento en los últimos 10 años. Especialmente ha mejorado la situación a partir de 2005, año en que el gobierno de China creó 50 reservas ecológicas para el Panda Gigante, protegiendo 1 millón de hectáreas y asegurando al menos al 60% de la población de Pandas Gigantes.

El panda gigante es un muy buen ejemplo de una especie carismática que ha conquistado al mundo y por la que en su país y fuera de él, se está haciendo todo lo posible por conservarla.

 

Cómo rescato a un perro de la calle


En Red Mascota Multimedia y Animalia Magazine constantemente recibimos llamadas y correos pidiéndonos ayuda para perros y gatos en situación de calle. Los consejos, recomendaciones y anécdotas que a veces les podemos regalar a nuestros radioescuchas, versan sobre todo acerca del cuidado que se debe tener al tratar con estos amigos, pero el 100% de ellos, incluyen o terminan en el mismo punto: acude con un especialista.

No es fácil ayudar o rescatar a un animal en situación de calle, tampoco es un juego y no debe ser un pasatiempo. De hecho, debemos empezar por excluir uno de esos dos términos. No sirve de mucho “ayudarlos“, se debe estar listo para completar el proceso entero hasta que se finiquite como un Rescate.

El Rescate como tal, debe de verse como un proceso de corto, mediano o largo plazo, que es interdisciplinario, es decir, se compone del trabajo cuidadoso de varios especialistas.

Pero tampoco hay que asustarse. Al hablar de especialistas, no sólo me refiero a los valiosísimos médicos que cuentan con la experiencia y la academia. Hay verdaderos especialistas en rescate, cuya carrera y vida externa nada tienen que ver con la Veterinaria. Grupos protectores que saben cómo acercarse a animales huraños o que pueden ser hasta agresivos, Hogares temporales que saben cómo promocionar y encontrar hogares definitivos, Psicólogos y Etólogos que ayudan a la mascota a reducir la ansiedad, el estrés o el miedo. En fin, gente que aparte de sus actividades de vida (contadores, maestros, amos y amas de casa, meseros, vendedores, no importa…) dedican gran parte de su semana a ayudar animalillos domésticos que cayeron en la mala fortuna de la indiferencia o descuido humanos, porque algo debe quedar claro: TODOS los animales domésticos que sobreviven en la calle, tienen como origen ese factor.

Muchas de las llamadas y correos que recibimos son de gente que busca un “refugio” para un perro o gato que está “afuera de su casa“. Es decir, nos piden darles los datos sobre lugares en donde reciban al animalito que les parte el corazón cada que salen y lo encuentran. No estoy diciendo en lo absoluto que esta empatía sea mala, no. Sentir, emocionarse o sufrir por el dolor de un animal callejero es el primer y muy necesario paso, el que todos deberíamos dar siempre. Sin embargo, está muy lejos de la acción que esta enorme “comunidad callejera” necesita.

Rescatar a un animal de calle es un proceso increíblemente satisfactorio que puede ser tan corto o tan largo como las ganas que le “echemos”, pero también como la disciplina que tengamos al respecto.

Cualquier animal de calle, por mucho o poco tiempo que lleve en ese estado, tiene un desgaste de salud y de higiene, pero sobre todo, tiene un desgaste emocional por enfrentarse a la lluvia, los autos, las personas indiferentes o hasta agresivas, el ruido y la falta de comida.

Por ello el primer paso, de mucho cuidado, es saber aproximarse a él. No importa si es un perro pequeño o un “gatito indefenso”, estresado y atemorizado puede reaccionar violentamente, agrediéndote a tí y poniendo en peligro su vida al huir. Debes acercarte con cautela, pero firmemente. Que tu primer paso no sea agarrarlo, ni siquiera acariciarlo. Debes empezar por aproximarte con los brazos abajo, para evitar parecer una amenaza. Si puedes siéntate a unos pasos de él, en una banca o en la acera. Demuéstrale que no eres un peligro, que TÚ estás en calma. En el mejor de los casos, el animal por sí solo se acercará, lentamente o con confianza, pero al estar a tu lado, demostrará que no te tiene miedo y puedes avanzar.

El segundo paso es el contacto. Muchos animales de calle han sufrido, al menos, un golpe. Por ello la mano por encima de su cabeza es mucho más señal de riesgo que por debajo. Parece más riesgoso para tí aproximarte a su cuello bajo que a sus ojos, pero en realidad estaría más listo para defenderse por encima y estará expectante por si esa mano significa un golpe. Si tiene las orejas permanente bajas y no mueve la cola, está estresado, dale tiempo. Mucha gente confunde ese gesto con “docilidad”, pero lo que el animal está haciendo es proteger sus orejas y preparando sus músculos para defenderse o correr. Permítele que se relaje, que relaje el cuello, las orejas y que mueva la cola. Si para entonces has logrado acariciar su cuello, estás del otro lado, es muy probable que él confíe en tí.

Tercer paso: muy importante. Sin apretones ni toques fuertes, trata de explorar su cuerpo, especialemente sus patas, cara y cuello, en busca de mordidas, golpes o lesiones de cualquier tipo. Si por error acariciaras una zona afectada sin verla, podría dolerle y reaccionar. En caso de que halles un problema, evita acercarte a esa zona y tomarlo así.

En adelante es un poco de instinto tuyo. Puedes ofrecerle agua o comida, esperando que la necesite, lo que generará un vínculo mayor. El alimento humano les resulta más atractivo y conocido (por lo que han podido “robar” o encontrar en sus días de calle), pero si así fuera no pretendas llenarlo con él, solo hazlo confiar más. Jamón, carne de res o salchichas, son las opciones más seguras, pero lo ideal es que sean croquetas. Si come y bebe agua limpia, el vínculo entre ambos será mayor y puedes invitarlo a tu hogar.

Ubica a un veterinario cercano y/o de tu confianza. Lleva al animal o hasta pídele al doctor que te ayude con él. Su experiencia lo hará manejarlo mejor y al mismo tiempo, mientras el animalillo siente que lo acaricia, lo puede revisar de base.

Hasta el momento NO he mencionado el baño, ¿te fijaste?. Aunque la mascota esté muy sucia, es importante primero revisarlo de salud y generar ese vínculo fuerte. El agua es un enemigo común de los animales callejeros. La gente la usa para ahuyentarlos y de la lluvia se protegen. Si pretendes bañarlo con cubeta o manguera, lo más seguro es que huya o desconfíe y regresamos al punto cero.

Si lo han revisado y requiere atención, es hora de deslindarse del dinero o hacer cooperacha. Los cuidados básicos no son tan caros, pero si necesita algo mayor, puedes acudir a gente protectora, asociaciones o hasta tus amigos y familia, pero recuerda, no se vale regresarlo a la calle porque te va a costar, es tu responsabilidad y asumiste cumplir ese papel por él.

Si no requiere atención médica o ya se la han dado, viene el proceso más complejo: hallarle hogar.

La mayoría cree que “debe haber un refugio” en donde lo reciban. Sí, los hay, pero todos están en su límite. Seguramente te lo recibirían, pero la verdad, estás pasando la responsabilidad a otros y tu rescatado aún enfrentará otros problemas.

Lo mejor que puedes hacer es buscar a un persona que lo quiera para siempre.

Aquí puedes apoyarte de la difusión que nosotros o los muchos amigos protectores te podemos brindar. Te puedes meter a nuestro facebook Red Mascota y encontrarás a muchos de ellos, o desde el tuyo busca términos como “adopciones”, “rescate” o “animales”. Encontrarás mucha gente que te puede ayudar y sobre todo, asesorar para darle seguimiento a la adopción, así como a elaborar cuestionarios y hojas de datos que puedes presentarle a los adoptantes, más aún si no son conocidos tuyos.

A todos ellos diles que TÚ te quieres hacer cargo del animal durante la adopción, para que sepan que cuentan con un voluntario más, con una mano nueva en esta pesada, pero muy importante labor que tenemos en la ciudad.

En el área metropolitana existen unos 22 millones de habitantes y se calculan 3 millones de perros callejeros. ¿Te imaginas si sólo el 10% de la población se dedicara a rescatar, cada quién, a UNO SOLO de estos animalitos callejeros? En cuestión de una semana, habríamos terminado con el problema de los perros en la calle.

Claro que esos números son una utopía aún, pero la difusión de esta maravillosa disciplina de rescate nos irá acercando poco a poco a ayudar a más animales callejeros al año y quizá un día nos acerquemos al margen Cero Calle. No más callejeros.

No te espantes, el cuidado que debes poner, no se compara en NADA con la satisfacción que te da ver a ese perrito que estaba afuera de tu casa, cómo juega y brinca con su nueva familia. Si no lo has vivido, te has perdido una de las mayores alegrías de tu vida.

Siempre ten en cuenta el riesgo de enamorarte y convertirte tú mismo en el adoptante. Te lo dice un amigo que ha colocado algunas mascotas en otras casas, pero que al mismo tiempo hoy tiene 5 maravillosos hijos, de los cuáles 4 llegaron de esa exacta manera.

No bajes los brazos y cuenta con todos nosotros.

No hay árbol que nazca torcido.


El libre albedrío es un arma de dos filos.

Es la herramienta moral que más nos separa del resto de las especies (porque siempre la usamos, aunque hay especies que ocasionalmente demuestran ser capaces de ir contra sus instintos también). Todo lo que hacemos en la vida pasa por un filtro de “selección”, es decir, todo lo que hacemos lo decidimos hacer. Podemos incluso dejar de respirar, de comer o de dormir, si así lo queremos, aún cuando nuestro instinto de supervivencia nos dicte lo contrario.

Así, emocional o racionalmente, escogemos las cosas que vivimos, las cosas que efectuamos, que decimos o aquellas que ignoramos y a las que les ponemos atención.

Ese libre albedrío seguro ha hecho que todos los que defendemos el derecho a la vida animal nos enfrentemos, incluso en nuestro círculo más cercano (pareja, hermanos, padres),  a discusiones sobre lo que es válido y lo que no, sobre lo que está bien y lo que no.

No podemos evitar que incluso las personas que más queremos sean partícipes y simpatizantes de la tauromaquia, que se atrevan a maltratar un animal o que ignoren las conductas aberrantes de los maltratadores.

Y eso es desde que nacemos.

Este fin de semana me tocó enfrentarme con una panorama interesante, aleccionador. Un niño, parte de mi familia, fue a la estúpidamente llamada “fiesta brava” hace tiempo, llevado por supuesto por su padre, también de mi familia, cosa de la que apenas me enteré en estos días.

Cuando tuve un momento para que su padre no escuchara, aproveché para hacerle una pequeña entrevista:

“¿Te gustó ir a los toros?” -pregunté.

“Mmmm… no mucho.” –dijo él.

“¿Por qué?” -pregunté después ya con una interna sonrisa, tratando de no incluenciar su respuesta.

“Pues estaba divertido cuando el señor jugaba con el toro y toda la gente gritaba cuando se quitaba, pero cuando el toro por fin le pegó, nadie gritó. O sea, nadie le iba al toro.”

“Pues sí, casi nadie le va al toro.” Dije yo, con un halo de decepción.

“Y además me molestó cuando un hombre gordo sobre un caballo se acercó a picarlo, el caballo no podía correr por tantas cosas encima y el hombre gordo ni siquiera se bajó a pelear bien, todo fue desde lejos” Dijo, aduciendo una notable cobardía de parte del “hombre gordo”.

“¿Y qué más?” -preguntaba yo, emocionado por ver que notaba la tan injusta competencia.

“Y al final creí que sí se iban a pelear uno contra uno, pero entonces el torero sacó una espada y lo mató. Eso si ya no me gustó. El toro escupió mucha sangre, temblaba de las patas y además no vino un veterinario, nada más lo arrastraron.”

Para mí sus respuestas fueron una verdadera epifanía, me llenó de esperanza notar que no lo había asimilado como algo “normal” y me llenó de ira saber que había presenciado un espectáculo que a él también le había resultado cruel y mórbido, obligado por su padre.

Voy muy poco a esas comidas familiares, así que por llevar la fiesta en paz no seguí con el asunto ni se lo platiqué a nadie en dicha reunión.

Me llevé mejor la reflexión a casa. (Después de instigar a mi primo -Ups!- a que la próxima vez que lo invitaran, le dijera a sus padres por qué no quería ir, a ver si a éstos les daba vergüenza, al menos)

No existe tal cosa como un “árbol que nace torcido”. Todos se “tuercen” o “son torcidos” en algún momento de su vida. Nadie tiene por qué asimilar la muerte de otro ser vivo como algo “normal” o como algo que el hombre “tiene derecho de hacer”.

Sólo bajo la defensa propia o la amenaza a nuestra vida un niño puede aceptar quizá, la necesidad de matar a un animal.

Pero a este niño, como seguramente a muchos otros, la Corrida de Toros le parecía un competencia, un juego. Creía de inicio que el hombre debía esquivar al toro, nada más, haciendo puntos, marcando “goles”. Pero incluso veía la embestida del toro como algo válido, pues era al fin una competencia.

Cuando se incluyó a un animal cegado y notablemente obligado a estar ahí (el caballo), la injusticia le pareció mayor. El trabajo del “Picador” le resultó aún más cobarde y pueril. A su forma de ver, nada tenía que hacer.

Pero sobre todo, la muerte no era algo con lo que contaba de inicio. La competencia no le justificaba matar al toro… y verlo sufrir sin sentido fue aún peor para él.

Esperaba que viniera un “veterinario” (como sale un médico a revisar a cualquier lesionado en los demás deportes) y esperaba quizá una camilla, un trato digno pues, porque “arrastrarlo” le mereció un “nada más…”, es decir, esperaba algo de compasión, de justicia para el competidor animal, aunque hubiera perdido injustamente.

Fue aleccionador y espero, avergonzante para quien lo provocó. (Sí, para su padre, quien ignoro si me está leyendo)

Debería ser motivo de vergüenza para cualquier adulto coherente llevar a sus hijos a ver eso, forzarlos a asimilarlo y aprenderlo. Debería ser preocupante si al ver al toro sufrir su hijo está feliz, deberían reprenderlo si lo festeja… pero no, porque ellos, adultos, en ese rubro ya son árboles torcidos, que por supuesto encuentran normal “torcer” a sus hijos también.

Mañana, adultos, no se pregunten por qué su hijo “compitió” con otro niño en su escuela, y al ganar, lo tomó de los pies y lo arrastró. No se asusten si al ver uno de esos horribles videos donde un imbécil mata un perro, su hijo ríe y brinca de alegría.

No hay tal cosa como un “árbol que nace torcido”. La mayoría de las veces nuestro entorno familiar nos deja torcernos, o nos empuja a ello.

El collar no se rompe, el perro no se pierde.


Aunque hace unos meses posteamos en este mismo espacio una serie de consejos para ayudar a disminuir el índice de perros extraviados, hoy vamos a platicar rápido de uno en particular que ha resultado el mejor y más accesible, pero que aún así muchas personas parecen no conocer.

Doble Collar.

Parece una exageración a primera vista, pero es el más económico y sencillo de los métodos posibles para ayudar a la recuperación de mascotas extraviadas.

En una ciudad los índices de perros extraviados son más altos que en localidades más pequeñas. Desde luego esto responde al estilo de vida y el tamaño del lugar. Es decir, en un pueblo pequeño, el perro es más conocido por la gente e identificado, el territorio que puede recorrer es menor y un perro de casa rara vez trata de alejarse mucho tiempo de la gente.

En una gran ciudad, además del inmenso territorio que puede recorrer un perro sin dejar de ver gente, el ritmo acelerado y estresante de la mayor parte  de éstas hace que se ponga nervioso con facilidad, huyendo de los autos, de los gritos, de la gente que lo asusta o de las construcciones, por el ruido.

¿Qué tiene que pasar para que tu perro se extravíe? Que te distraigas 20 segundos. Literal.

No importa si es el perro más amoroso contigo, si es tranquilo y no gusta de correr, si es muy inteligente. Basta una pequeña distracción tuya, que lo pierdas de vista un momento y que esto se combine con un ruido fuerte, un gato que perseguir o un automóvil escandaloso, para que tu amigo salga corriendo sin posibilidad de alcanzarlo.

Insistimos en que deberías traerlo siempre de la correa, pero como sabemos que de todas formas mucha gente ve como una “justa libertad” soltarlo cada cierto tiempo (o a algunos, TODO el tiempo), te explicamos la función del doble collar.

Tu perro debería traer un collar ligero pero resistente TODO el tiempo. En este collar TIENE que traer su placa, con su nombre y tus datos. Algo que parece simple pero mucha gente no toma en cuenta: pon en la placa un número de teléfono LOCAL. Las placas pueden ser muy chiquitas, no te preocupes por poner toda tu dirección, con colonia y código postal. Lo que más importa es el teléfono en donde te localizan, claro y grande.

La mayoría de la gente que se encuentra a un perro en la calle, con placa, no tiene el tiempo (y muchas veces las ganas) de llevarte tu perro hasta tu casa, eso ya es mucho pedir, así que tu dirección es irrelevante. Pero si hay un teléfono local, es más sencillo que en donde sea que lo encuentren, te llamen de inmediato para que vayas a recogerlo.

Parece increíble pero para muchas personas la diferencia entre gastar una llamada local y una llamada a celular, puede ser la decisión para ayudar a tu perro o no. Ya sea de un teléfono público o de su propio móvil, la verdad es que de 10 personas, 9 te llamarían a un número local cuando encontraran a tu perro, mientras sólo 5 lo harían a un celular. (Datos estadísticos realizados por este equipo, en una muestra de 1000 personas escogidas al azar, entre 18 y 40 años)

Ahora, cuando salgas a pasear con él, ponle OTRO collar junto con el de siempre. Este segundo collar será solo para el paseo. Al salir se lo pones, al llegar se lo quitas.

Es increíblemente frecuente para nosotros la llamada diciendo: “Mi perro se perdió, es así y así… no trae placa, se rompió el collar en donde la traía”

Los collares no se rompen solos. Se rompen por un jalón de correa, por estirar mucho la hebilla, por el desgaste de la tela cuando se ponen y se quitan mucho…

Si tu perro trae su placa en ese otro collar permanente, difícilmente éste se romperá solito. Si por cualquier razón alguien abre la puerta y sale corriendo, traerá sus datos, si encuentra un lugar por donde brincar de tu casa, traerá sus datos… pero sobre todo, si se rompe el collar en el paseo, traerá sus datos.

El número de perro atropellados en la vía pública, no es por mucho, alarmante. En una ciudad como la Ciudad de México, esto también obedece, además de la simpatía que la gente les tenga, al tráfico. No hay muchas vías en donde puedas ir muy rápido sin que te detenga el tránsito pesado, por lo que no hay muchas opciones para atropellar a un perro.

Esto lo menciono para comprender que si tu perro se extravía, tienes muchísimas más probabilidades de que regrese a tí gracias a la llamada de alguien, a que le suceda algo malo antes de eso.

Hay mucha gente en esta ciudad dedicada a ayudar a cada perro que se encuentra, verdaderos ángeles que están dispuestos a hacer lo que sea necesario. Para todos ellos, encontrar a un perro con placa es como un oasis en el desierto, porque saben que podrán ayudarlo con mayor facilidad, que no necesitan buscar un lugar en donde albergarlo y que aunque a la primera no te encuentren, te van a seguir insistiendo.

Quítate los mitos bobos de “pobre perrito con su collar todo el tiempo“. Mientras este no le apriete y no le cause una reacción alérgica, le estás cuidando más, queriendo más y siendo más responsable con él. “Pobre perrito” es el que después de dormir en casa toda la vida, duerme bajo un auto sin haber comido. Ese perro sufre de verdad, no el que tiene un collar con su placa TODO el tiempo.

 

Caza “Deportiva”. Más pretextos estúpidos.


Deporte.

(De deportar). 1. m. Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas. 2. m. Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre.

Con esta muy libre acepción, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española denomina lo que conocemos como deporte. Es decir, casi cualquier actividad puede ser deporte, según lo permite la lengua.

Y con esa misma libertad, ambigüedad y amplísima conceptualización de la palabra, es que los cazadores “recreativos” tienen la posibilidad de llamarle “Caza Deportiva” al hecho de asesinar a un animal con una arma, generalmente de fuego, con todas las ventajas y comodidades que esto significa.

A mí me asquea que ensucien el término.

Como un amante de los animales y un aficionado al deporte, me causa mucho conflicto que se trate de equiparar a una actividad tan benéfica y divertida como el Deporte con un hecho tan simplista y burdamente inútil como el asesinato frontal de animales.

Así como sucede con la Tauromaquia, a la que algunos ociosos insisten en llamarle “Arte”, la Cacería es una de esas costumbres que parten de instintos pueriles y demostraciones involucionadas de poder.

¿Por qué cazan a un animal? Porque pueden, simple y llanamente.

Los Cazadores “deportivos” son por lo general, gente con recursos económicos cómodos, pues cuentan con armamento, ropa especial y accesorios que facilitan al máximo su actividad, elementos nada baratos en el mundo comercial.

Vaya pues, no necesitan alimentarse, no viven en una cabaña en el bosque acechada por osos o lobos de los cuales defenderse y no están tratando de delimitar un territorio urbano. Al contrario, los Cazadores se internan en un hábitat natural, en donde no vive un ser humano, para buscar animales desprevenidos y sorprenderlos con un tiro a muchos metros de distancia, en donde no haya riesgo para el cazador.

¿Cómo es que esto es una competencia?

Si el cazador tuviera que correr para alcanzar a un venado y ahogarlo con sus propias manos, tendría una competencia. Si tuviera que cazar a un oso a golpes, tendría una competencia. Pero no. El único esfuerzo físico que hace un “Cazador deportivo” radica en cargar una escopeta durante un rato, hasta el lugar en donde decide sentarse sin ser visto a esperar que pase un animal.

¿El trofeo? Por supuesto su cabeza, su piel, sus garras, pezuñas, cornamenta… en fin, cualquier parte del cuerpo que pueda colgar en su sala para recordar sádicamente que tuvo enormes ventajas frente a un animal salvaje, mientras se atraganta con un McTrío.

Esa es la maravillosa caza “deportiva”.

De acuerdo a estadísticas obtenidas por organizaciones como PETA, Greenpeace, WWF y Animal Rights, sólo en Estados Unidos hay unos 15 millones de cazadores, los que cazan alrededor de 200 millones de animales CADA AÑO.

¿Sabes cuánto son 15 millones de cazadores? Sólo el 5% de la población de USA. Ni siquiera hablamos de la mayoría de norteamericanos. Gran parte de estos cazadores se “recrean” en zonas forestales cuidadas específicamente para esta actividad, mantenidas con los impuestos del país. O sea, en el desarrolladísimo país del norte, el 95% de sus habitantes que pagan impuestos y no les gusta la cacería, mantienen la sádica costumbrita del 5% restante.

¿Y cuánto es 200 millones de animales cazados? Veámoslo así: si fueran humanos, representaría ASESINAR a la población de España, Francia y Alemania, TODOS, en un sólo año.

El Holocausto Nazi, al que no ofendo ni minimizo en medida alguna, costó la vida de aproximadamente 10 millones de personas en los primeros 5 años. Significa que el peor episodio de crueldad entre humanos, en la era moderna, costó el 1% de vidas que lo que cuesta la permitida actividad de la Caza “deportiva”.

No hablamos de insectos pisados sin querer, ni de ratones que eran una plaga. Hablamos de Patos, Gansos, Osos, Gatos monteses, Venados, Alces, Lobos, Coyotes…

¿Estoy exagerando por comparar números de vidas humanas con animales?

Cuestión de enfoques. Podría cada quien tener la libertad de valorar la vida como quisiera, eso mismo hizo un zotaco de bigote chaplinesco hace más de 60 años… y convenció a todo un país de que la vida de un judío, no valía igual que la de un “ario”.

En la frontera entre México y E.U.A. existen hombres que creen que la vida de un “Spic”, “wetback” o “frijolero”, no vale lo mismo que la de un norteamericano, así que literalemente los cazan como venados.

Mientras no aprendamos a valorar la vida como el complejo cúmulo de circunstancias maravillosas que se requieren para que suceda, la mentalidad humana seguirá tan podrida como desarrollado su intelecto.

Mientras justifiquemos con “arte” o “deporte” el asesinato, siempre habrá algún desviado que extrapole y confunda ese “derecho” y convenza a otros débiles de ejecutarlo en contra de otros humanos.

Si la Tauromaquia es Arte y la Cacería es Deporte, el Canibalismo debe ser Gastronomía y una Narcotienda debe ser una PyME.

La familia unida, asesina unida.

 


Hombre: Depredador estúpido.


Depredador es la denominación que se le da a cualquier ser vivo en referencia a sus hábitos de caza, ya sea por alimentación o dominio, y con relación directa a otras especies, aquellas que resultan más débiles frente a las habilidades de caza del primero.

Esto significa que ningún animal es un “Depredador” permanente y ninguno está exento de serlo.

Lo anterior lo menciono para, primero, dejar de escuchar la palabra como si fuera un adjetivo negativo y malvado. Los insectos “depredan” plantas y otros insectos. El ganado “depreda” pastizales y de paso, insectos. El león “depreda” cebras, impalas o ñúes. El tiburón depreda otros peces. Los peces depredan plancton. Y el hombre depreda… bueno, todo, hasta hombres.

La cualidad de Depredador se ve magnificada por las habilidades que cada especie tiene y cómo éstas evolucionan para mejorar esta misma cualidad. En el hombre, desde luego la característica que lo convierte en el depredador más inteligente, se encuentra dentro de su cabeza: la inteligencia.

El cerebro ha demostrado ser el órgano clave para el dominio y la superación de las especies, razón que hizo a la nuestra convertirse en el más letal de los animales sobre la tierra. Sin embargo, aunque genéticamente todos los seres humanos sanos están diseñados para nacer con el mismo potencial cerebral, el cerebro evolucionado también ha traído una verdadera espada de dos filos: el libre albedrío.

En la mayoría de los animales, si bien existe la posibilidad de “escoger” lo que puede hacer cada día, la mayoría de estas decisiones se ven limitadas y sesgadas por una constante: el instinto.

Es decir, el hombre puede elegir, motivado por la búsqueda de diversión o empujado por el aburrimiento, hacer algo riesgoso para su sobrevivencia. El león, el tiburón o el perro, no. A un Tigre no le gusta saltar de un acantilado por gusto, si lo hace es buscando cazar (sobrevivir), escapar (sobrevivir) o ir a un mejor hábitat (sobrevivir).

Así también, los Depredadores no-humanos exterminan ejemplares de otras especies en la búsqueda de alimento o tratando de dominar un territorio, pero cuando cualquiera de sus motivaciones se ven satisfechas, detiene la práctica.

El hombre no.

Nuestro libre albedrío hace que la Depredación pueda ser bien un deporte, una diversión, una forma de perder el tiempo o una aberrante expresión cultural.

Los “adolescentes” que demuestran su adultéz en la Islas Feroe matando delfines, no necesitan hacerlo realmente por que su hábitat se vea amenazado, mucho menos para demostrarle algo a esa especie de delfín (que se acerca prácticamente solito al hombre).

Los “cultos” que acuden a la tauromaquia y quienes la practican, no lo hacen por sobrevivir o para dominar a la especie de toro que enfrentan, sino únicamente porque se les ocurrió matar el aburrimiento matando a otro ser.

Sí, el ser humano es un Depredador y esto es importante para su sobrevivencia, pero ha convertido esta habilidad en una práctica absurda, que ha puesto a su hábitat en riesgo. Lo que, por supuesto, lo pone en riesgo a él mismo.

El Hombre es un Depredador estúpido. Su desarrollo cerebral llegó a tanto que no supo qué hacer con él para manejar su propia existencia.

Ha llevado a miles de especies animales al borde de la extinción, lo que ha provocado la degradación vegetal de dichas zonas, permitiendo que los fenómenos naturales ataquen con mayor fuerza el lugar… y pierda el control de la zona.

Ninguna otra especie animal convirtió jamás una zona viva en territorio desértico. No hay otra especie que haya aprendido a “provocar” la erosión. Ninguna convirtió el aire del lugar mismo en donde respira, en gas peligroso. Ninguna ha cazado a otra por encima de la “necesidad” hasta prácticamente verla desaparecer.

El Hombre es un Depredador. El más efectivo de los depredadores. Y el más estúpido.