Las especies que sufren las consecuencias del derrame.


Hay ciertas noticias que realmente nos gustaría decir que son sólo modas.

Así como sucede con ciertos eventos sociales, astronómicos o naturales. La realidad es que algunas noticias son sólo modas.

Los mundiales de futbol, las misiones espaciales, los festivales cinematográficos. Noticias que tienen su tiempo y a su tiempo, se van.

Ojalá este fuera uno de los casos, porque ojalá tuviera un final sin consecuencias que seguirán siendo noticia por mucho tiempo más.

Al hablar de todo eso me estoy refiriendo al derrame petrolero producto del hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon de BP, en el Golfo de México.

Para muchos medios, la noticia ya pasó, ya se acabó, aunque en la realidad, los efectos y consecuencias de este monumental accidente están apenas comenzando.

Mientras esta semana escuchamos que finalmente el derrame petrolero se ha detenido, el daño natural apenas se está cuantificando, en niveles que incluso los expertos no habían atinado a calcular hasta que sencillamente ocurrieron.

Aquí reseñamos uno de esos potenciales efectos secundarios, aún por confirmar:

Hay más de 400 especies animales amenazadas por el derrame en el Golfo de México, entre las que se encuentran algunas de por sí en estado crítico.

La tortuga Laúd. De la decreciente población de tortugas laúd en nuestro país, sólo un pequeño porcentaje se encuentra del lado del Golfo, algo así como el 18%. Esto significa un menor número de individuos afectados, pero también más velocidad para un potencial extermino de la familia del golfo. La tortuga laúd, si bien sale muy poco del agua, debe llegar a la superficie para respirar… y es ahí donde el petróleo le afectará en mayor medida.

El delfín nariz de botella. Otra especie amenazada por tradición. Aunque son fuertes inquilinos marinos, su piel es delgada y el contacto con el petróleo de la zona les puede causar un daño irreversible, aunque a mediano plazo, por lo que además, podrían morir muy lejos de la zona, tras haber nadado contaminados por varias millas náuticas.

El pelícano pardo. En el caso del pelícano, un natural flotador, el petróleo le adelgaza y pega las plumas, deshaciendo su impermeabilidad natural al agua fría, incapacitándolos para volar y desorientándolos en términos de alimentación.

El Atún de aleta azul. La zona del derrame de BP es probablemente el punto de concetración más alto de esta especie de pez. Con unas gotas de petróleo se pueden contaminar peces, huevos y larvas, además de enfrentar la oscuridad en pleno oceáno, lo que dificulta su tránsito en banco.

El cachalote. Está en peligro crítico de extinción… y vive en la zona crítica del problema, el delta del Mississippi. La ingesta y aspiración del crudo son mortales y veloces… no es necesario decir lo fácil que esto puede ocurrir en estas circunstancias.

Y finalmente, el plancton. No, no está en peligro de extinción, es inagotable y diminuto. Pero por eso mismo, no se puede limpiar, y representa la base alimenticia de la cadena oceánica. Peces, plantas, aves y mamíferos se alimentan de él, el que ahora estará aderezado con sabor a aceite, el terrible aceite accidental de BP y Deepwater Horizon.

Esto no es moda, no es morbo. Es de nueva cuenta el parte de guerra, el conteo de bajas y problemas en esta brutal guerra contra el petróleo que en un accidente, dejamos escapar.

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