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Los gatos que habitan el metro de la CDMX


En la Ciudad de México, caminar por el pasillo que conduce de los andenes a la salida Guerrero y Rosales en la estación del metro Hidalgo de la Línea 2, cada día representa una molestia para cientos de usuarios. El mal olor es una de las características constantes en esa área del Sistema de Transporte Colectivo (STC), y algunos pasajeros señalan como principal causante de esta situación a un grupo de gatos que habita tras paredes y mamparas publicitarias.

Ahileed Gutiérrez es una joven para quien atravesar ese pasillo es ya parte de la rutina. Afirma que la limpieza se realiza muy de vez en cuando y que el olor a orines, la presencia de excremento y basura son un verdadero foco de infección; sin embargo, no culpa a los felinos, sino a las autoridades del metro por su falta de compromiso para mantener instalaciones limpias y óptimas.

Son varios los usuarios que aseguran han emitido la queja correspondiente ante personal del STC. La respuesta siempre es la misma: “la mayoría de gatos proviene del Panteón San Fernando y los preferimos a ellos en lugar de tener una plaga de ratas que de por sí son tan comunes en esta parte de la ciudad”.

Los usuarios se acostumbran, las autoridades ignoran

De acuerdo con Miguel Hernández, trabajador de limpieza del metro, la administración es muy descuidada y poco responsable, pues al personal no se le proporcionan los recursos ni materiales necesarios para desempeñar su labor. A Don Miguel le gustan los gatos y asegura que ellos no son el origen del problema, incluso aplaude que diariamente algunos pasajeros los alimenten con migajas o croquetas que llevan expresamente para ese fin.

Mientras las horas transcurren, se puede ver a hombres, mujeres y niños que al atravesar por el pasillo de “la muerte”, como muchos de ellos lo llaman, se cubren boca y nariz con lo mano, una pañoleta o lo que tengan a su alcance. Muchos piden la intervención de alguna asociación protectora de animales para que los gatos sean sacados del lugar, esterilizados y puestos en adopción.

Una comerciante de accesorios para celular que diariamente está instalada en algún punto del pasillo, asegura que son aproximadamente 30 felinos los que ahí habitan; “los gatos son muy ariscos, solo se dejan agarrar por una señora que todos los días viene entre 8 y 9 de la noche a alimentarlos”, afirma.

Según la vendedora, hace aproximadamente un año y medio, personal del STC intentó sacar a los animales con agua a presión. Advierte que “los maltrataron y les pusieron veneno, por lo que la población se redujo drásticamente”. Conforme pasaron los meses, el número de felinos volvió a incrementarse.

Aunque no son pocas las personas que alimentan a los gatos de la estación del metro Hidalgo, también son muchas quienes les avientan botellas y los corretean. Para el usuario Jorge Morales, estas acciones son inaceptables e injustas para cualquier ser vivo; advierte que no solo son gatos los que constantemente están en el lugar sino también personas en situación de calle que deberían ser atendidas. Todo esto, destaca, es consecuencia de un trabajo deficiente del gobierno y de la mala administración del STC que solo pretexta el riesgo de ratas para mantener a los gatos y no hacer su labor.

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Leones. Reyes degradados por el espectáculo.


El verdadero rey, el símbolo de fiereza, honor, poder y dominio. Es el felino que ha marcado el imaginario de la humanidad desde que escuchamos el primer rugido.

Paco Colmenares

La gran Sabana Africana es un macro universo propio, de planicies gigantescas que pueden rebasar el imaginario de un hombre, horizontes que nunca llegan y montañas que jamás parecen acercarse, kilómetros y kilómetros de desierto y pastizales secos en donde el agua es un verdadero lujo. En esas condiciones agrestes sólo algunas bestias, las más capaces, han podido desarrollar un poder suficiente para llamarse súper depredadores.

De entre esas bestias, dos pertenecen al género Panthera, el leopardo y el rey de todas ellas, el que ha dominado a lo ancho y a lo alto el continente africano, e incluso hasta hace sólo unos miles de años, también América y Asia.

El león (Panthera leo) ha sido el símbolo de la dominación animal por encima de cualquier otra imagen o ícono de fauna. El león ha estado presente en la historia de la humanidad desde que nos encontramos por primera vez. Desde las pinturas rupestres de las cuevas de Lascaux, hasta la biblioteca de Nueva York, pasando por prácticamente todos los emblemas, estandartes y escudos heráldicos en que las familias reales quisieron tener al león como representante, para equiparar, si es que era posible, su poder, su valentía, su gallardía y la imagen de dominación que tenía este gran felino en su hábitat natural.

El camino del León

El género Panthera, en donde se encuentran los 4 felinos más grandes, (el tigre, jaguar, leopardo y león), se extendió por toda África y América, gran parte de Asia, algunas partes de Europa, e incluso, aunque nos parezca difícil imaginar leones andando por el norte de México o Estados Unidos y Centro América, una especie de león existió y dominó esos territorios, el Panthera leo atrox, que en términos paleontológicos vivió hace muy poco, aunque en términos prácticos significan unos 10 u 8 mil años. De hecho el Panthera leo atrox era aún más grande que el león actual. Dominaba y solamente competía con las especies antiguas de puma y con el otro gran antecesor del depredador actual, el Oso de Cara Corta o Oso Arctodus.

Hoy, los leones africanos viven sobre todo en la África subsahariana, excepto en las zonas completamente desérticas y en las de bosque lluvioso. Los leones han incluso desaparecido de algunas zonas y han sido reintroducidos gracias a este esfuerzo conservacionista de algunos grupos, como lo que sucede en el Parque Nacional Kruger y el Parque Nacional Kalahari, así como algunas otras áreas protegidas. Además de los leones africanos existe una subespecie, el León Asiático (Panthera leo pérsica), que con mucha dificultad subsiste aún en el noroeste de India.

Los leones africanos dominan las planicies de la sabana, especialmente en donde el alimento abunde y con mayor importancia los ungulados (todos aquellos que tienen pezuñas), en grupos que puedan cubrir y satisfacer sus necesidades de alimentación. En estas condiciones óptimas los leones son el depredador más eficiente, aunque sólo el segundo más abundante, detrás de su eterno y gran competidor: las Hienas Moteadas (Crocuta crocuta).

Esta relación de depredación y competencia ha sido siempre tan compleja que los ha llevado a ser retratados, por supuesto, en películas animadas o cuentos orales que los presentan a veces como amigos, a veces como súbditos y a veces como francamente enemigos. Algunas veces luchan entre sí con cierta fiereza, con riesgo a que las hienas salgan muy lastimadas u ocasionalmente muertas, pero eventualmente las hienas parecen aprender, sobre todo algunos grupos que se ubican en territorios donde los leones abundan un poco más, la importancia de cuidar y trabajar en equipo con la otra especie.

Leones blancos y leones negros

En algunas poblaciones de leones ocurre un fenómeno sumamente interesante y que ha admirado notablemente a los seres humanos que se han topado con ellos. Se trata del leucismo, un fenómeno genético en el que un gen recesivo se hace presente dando una coloración casi por completo blanca. Los leones blancos no parecen tener registro ni siquiera en las tradiciones orales de la antigüedad, tan rara ha sido su aparición que sólo hasta el siglo pasado, entre 1930 y 1940 se registraron los primeros reportes, y oficialmente hasta la década de los 70, se pudo tener un registro fotográfico de ellos. Actualmente se tienen ejemplares incluso en cautiverio, con lo que se ha podido comprender además la diferencia entre su condición de leucismo y la que sucede en algunos otros animales que es el albinismo. Es importante no confundirlas, pues en el caso de leucismo no hay una hipersensibilidad al sol, lo que no los hace necesariamente individuos más débiles, al contrario, en este el pelaje tiene un albedo más elevado, lo que los protege más del calor y reflejan más los rayos del sol. En el caso del albinismo, generalmente se presenta con deficiencias en la piel y variación de color en ojos, nariz, patas e interior de las orejas.

Es curioso también notar que en el caso de los leopardos, suelen existir individuos con melanismo, que sería el contrario, pero no se ha registrado jamás un miembro con leucismo. En el león pasa lo contrario, podemos encontrar leones blancos, pero a diferencia de los mitos de internet, no se ha encontrado nunca un león negro.

Los leones tienen una estructura de dominación por coalición, es decir, no es solamente un león macho el que domina y se mantiene siendo jefe de la manada, realmente es el producto de una coalición con otros dos, tres o cuatro machos más que parecen estar de acuerdo en llevar, por así decirlo, a uno de ellos al poder. Poder que durará entre 2 y 3 años, difícilmente más. Mientras las coaliciones de leones sean más jóvenes y sean más unidas, la posibilidad de que este dominio se mantenga, evidentemente crece.

El macho que domina a la manada, el que llega a la cima en estos retos que se hacen constantemente, tendrá entre 2 y 3 años antes de que otro león más joven, junto con otra coalición de las mismas características, llegue a reemplazarlo, a él y a todos los machos de la manada. Estas batallas o encuentros para derrocar al antiguo rey y colocar a uno nuevo, probablemente se relacionan con tradiciones orales que han llevado a frases usadas entre los hombres, como “El Rey ha muerto, viva el Rey”.

Las manadas está unidas por las hembras que generalmente tienen una relación entre ellas. Son las residentes de cada manada y son las que se mantienen en el mismo territorio durante casi toda su vida. Las hembras no compiten por ocupar algún lugar en la manada en un sentido jerárquico. No les interesa la dominancia y se ha observado que dentro de los sistemas matriarcales de los animales, el de las hembras de león, es el más permisivo entre individuos del mismo género.

Mano y garra

El león ha estado presente en la vida del hombre prácticamente desde siempre; el encuentro de ambos no siempre ha sido amistoso y la mayoría de las veces el hombre desarrolló un miedo natural por encontrarse con estos grandes depredadores que, por supuesto, mientras más cerca de su hábitat natural están, son más efectivos.

En el antiguo Egipto se veneraban principalmente a las leonas, en la representación de Bastet o Menit. En las religiones judeocristianas y los emblemas bíblicos, se han representado al león en diversas circunstancias, como e incluso como una representación del mismo Jesucristo. El león aparece en los periodos Paleobabilónico y neobabilónico y es un motivo clásico que encontramos en estatuas, en formas talladas o imágenes. Así hasta los estandartes de la edad media, como el mismo escudo de Jerusalén, que tiene un león rampante delante del muro de los lamentos, y hasta el subcontinente indio, donde el león asiático ha sido simbólico para los cingaleses, la mayoría étnica de Sri Lanka.

Aunque actualmente hay muchas alertas sobre el riesgo de extinción de los leones, la mayoría de las poblaciones se ven dentro o cerca del rango de “estable”, en las zonas protegidas del continente africano. En el caso del león asiático las cosas son muy distintas y podría presentarse la desaparición total en un rango de 15 o 20 años si las cosas no cambian radicalmente.

En México muchas personas han visto un león. Con la tradición de circo que cubrió el país durante todo el siglo pasado, es muy probable que la mayoría de los mexicanos hayan visto a la distancia un león en la peor de sus facetas: ejecutando trucos y movimientos aprendidos a través de sistemas de castigos y recompensas. La imagen del león fustigado por el látigo, no es ajena para las generaciones nacidas antes del año 2000, pero gratamente esto se va haciendo cada vez más extraño con la entrada en vigor de la ley que prohíbe a los circos usar animales salvajes para espectáculo alguno.

Sin embargo, este movimiento legislativo puso en evidencia dos cosas. La primera es que la mala planeación sigue siendo otra gran tradición mexicana para la creación de leyes, y es que sin un esquema apropiado de entrega, registro y amortiguación del impacto, en cosa de algunos meses cientos de felinos salvajes fueron dejados a su suerte por sus otrora dueños, una vez que ya no podían obtener dinero con sus trucos; así que los “refugios” para estos animales se empezaron a improvisar o crear sobre la marcha, por lo que muy pocos han logrado tenerlos en un nivel óptimo.

La segunda, y más preocupante, es que aún así, la mayoría de felinos salvajes que son abandonados o “entregados” a alguna autoridad, no provenía de los circos. Una gran cantidad de estos son extraídos de colecciones particulares, adquiridos en su etapa de cachorro como un capricho de “mascota exótica”.