El Centauro. Montése al mito.


Hoy paseamos por las estepas y las montañas griegas, cunas de tantos y tan importantes mitos, tanto como de filósofos, escritores y hombres de ciencia.

Por aquí, juntos, hemos encontrado a grandes clásicos como Pegaso o el Unicornio.

Bueno, pues los invito a profundizar en el último clásico Equino de la mitología griega: El Centauro.

Los Centauros resultan para los griegos una raza de seres con torso y cabeza de hombre, unidos al cuerpo de un caballo. Estos, y sus versiones femeninas, las centáurides, parecen venir de las montañas de Tesalia, en la parte central de Grecia, justo al pie del Mar Egeo.

Como en todos los mitos griegos, su ascendencia tiene varias versiones, pero la más aceptada, los ubica como hijos de Ixión y Néfele, una nube de lluvia creada por Zeus.

Lamentablemente para los centauros, su concepción común nunca fue amable. Por el contrario, era una raza fincada en la fuerza bruta y los instintos por encima de la razón. Es por ello que para los mismo griegos, la primera representación que se hizo famosa, fue la hecha en bajorrelieves del friso del Partenón, en donde se les encuentra peleando con los lápitas, batalla que al puro estilo metafórico de la mitología griega, parece representar la lucha entre el comportamiento civilizado de la humanidad y los bajos instintos.

Solo un puñado de centauros individualizó su fama y se hicieron de un nombre, quizá por escapar un poco a ese salvajismo y poseer sabiduría.

Folo, Quirón y Neso, son la tercia de centauros más famosa que adquirieron personalidad propia en la pluma de poetas o el cincel de algunos grandes maestros como Miguel Ángel, Rubesn, Bourdelles, Gianbolgona y Pietro Tacca.

Quirón en particular, se hizo famoso, pues al ser inmortal, resultó una tarea muy complicada para el gran Hércules, quien lo hirió clavando una flecha envenenada con la sangre de la Hidra, por lo que después de algunos días de sufrimiento, pidió ceder su inmortalidad a Prometeo y detener ese dolor.

Realmente, la figura de los Centauros en la literatura es de carácter moderno. Probablemente la obra más famosa a su respecto sea El Centauro, de Maurice de Guérin, escrita en 1840. Curioso caso de la mitología griega que pasó con cierta facilidad y resonancia a las plumas latinoamericanas de grandes como Rubén Darío, José Tablada o Luis Urbina.

A nuestros tiempos, quizá la mención más común sea en Astronomía, al hablar de la constelación meridional de Centauro, en donde encontramos a Alpha Centauri, la tercera estrella más brillante de nuestro cielo y la más cercana al sistema solar, a sólo 4.3 años luz de la Tierra. Cosa de un viaje a la tienda de la esquina… para E.T al menos.

Ocasionalmente se le llama Centauro a un jinete, ciclista o motociclista especialmente diestro, que por así decirlo, forma un solo cuerpo con su montura, por lo hábil que resulta.

Salvajes y poderosos, sabios y prudentes, en mármol, en un poema o en una galaxia lejana. El Centauro, gran clásico de la mitología griega… y un invitado más de Animítica.

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