El Gris destino del Koala


¿A donde va el Koala?

Los Koalas (Phascolarctos cinereus) y los animales emparentados en el pasado con ellos, parecen haber aparecido en continente australiano hace unos 45 millones de años, en los tiempos en que el territorio que hoy conocemos como Australia comenzó su lenta navegación hacia el norte, separándose de la masa antártica que hoy ocupa el polo sur; sin embargo, para la paleontología, formalmente los antepasados más antiguos que se conocen del Koala, no rebasan los 25 millones de años de edad.

Conforme la gran isla de Australia se separaba, el clima se diversificaba en el territorio, perdiendo contacto con gran parte de las corrientes heladas, elevando su temperatura e incluso permitiendo el desarrollo de ecosistemas semi desérticos en algunas zonas.

Con este radical cambio se alteró ese pequeño universo por completo, con lo que se desarrollaron también plantas propias de esos climas, camino que sembró la llegada del hoy conocido Eucalipto, árbol del que depende tanto el Koala.

En 1788, los primeros europeos llegaron a tierras australianas, y sólo 10 años después, el viajero John Price dio cuenta de estos curiosos animales, cuando exploró las Montañas Azules, cerca de lo que hoy es Sydney.

La historia del Koala, entonces, comenzó su decadencia.

Al principio la maravilla de este animal lo hizo ser tan estudiado como admirado, pero poco tiempo después se empezó a pensar en los “beneficios” que podía aportarle al ser humano.

La gran colonia inglesa crecía, y para esto se necesitaba talar con rapidez más y más hectáreas de bosque. En un ecosistema tan especial, esto implicaba un impacto profundo en la vida de los animales nativos.

Los grupos de koalas, tanto como los canguros y wombats, perdían terreno y se hacían más “parte” de los asentamientos urbanos. La lógica de los colonizadores se torció, y de repente sentían que los koalas “invadían sus patios”, como si no siempre hubieran sido de ellos.

El foco de atención cayó sobre el koala y su piel. No era una animal del tamaño suficiente, ni con la taza de natalidad necesaria, para ser un animal de consumo, pero su pelo profuso y suave sí era atractivo para ser comercializado.

Como en pocas ocasiones se había visto, esto tuvo un efecto explosivo/expansivo de la noche a la mañana. Millones de koalas fueron asesinados con una facilidad ridícula y ritmo apocalíptico.

En 1919, el gobierno de Queensland, uno de los 6 estados en los que se divide Australia, anunció un periodo de caza de koalas que duraría 6 meses. Un millón de koalas cayeron en ese periodo, por lo que se cerró la cacería por completo durante 8 años en este estado. Si la política impedía algo en un territorio, los cazadores se movían al siguiente.

Eucaliptus toxicusPara 1924, el Koala ya se había extinto de Australia del Sur, estaba muy cerca de desaparecer en Nueva Gales y se contaban 4 o 5 centenas en todo el estado de Victoria. Como 3 de 6 estados habían acabado con la población de koalas, la operación regresó a Queensland. En 1927 se aceptó, queriendo ser cuidadosos, que se abriera la cacería por sólo un mes. 

Ochocientos mil koalas murieron en 30 días, por lo que la misma opinión pública se escandalizó y se presionó al gobierno que la especie fuera protegida por completo, lo que se logró hacia finales de la década de los treinta.

El problema radicó en que jamás se prohibió la tala de Eucaliptos, así que el Koala seguiría perdiendo terreno habitable con el paso de los años.

El Eucalipto , hay que mencionarlo, es un árbol de verdadera naturaleza superviviente. Es fuerte, robusto y alto, capaz de rebasar los 50 metros de altura en unos cuantos años; es resistente a la suplantación y muy hábil para reproducirse espontáneamente, con rebrotes constantes. Existen cientos de especies de este árbol y sería, junto con el Canguro y el Koala, un símbolo australiano, si no fuera porque hoy en día está tan difundido alrededor del planeta, que se antoja difícil creer que es parte de ese sui generis ecosistema.

Su relación con el Koala, es muy similar a la relación que tienen el Oso Panda y el Bambú. La fibrosidad de sus hojas y el bajo nivel nutricional que tiene, pareciera hacerlo una pésima opción para alimentarse, y quizá fue ese reto lo que empujó al Koala a elegirlo como, prácticamente, único alimento.

Para la mayoría de los animales, la cantidad de taninos y fenoles que contienen sus hojas, resultarían casi tóxicos, por lo que la competencia por la comida es mínima. Es la simple estrategia de escoger el platillo que nadie soporta, para que siempre haya algo que comer.

El Koala no es, ni siquiera entre los animales australianos, tan fuerte como su árbol alimenticio. De hecho tiene una condición de vida relativamente frágil, que no había necesitado mejorar, pues no había sufrido mayor amenaza durante miles de años.

De entrada, como platicamos al respecto de sus hábitos alimenticios, requieren mucha paz para digerir sus alimentos, así que son extremadamente vulnerables durante las 5 o 6 horas al día que comen, pero los son más, durante las 18 o 19 horas al día en las que duermen.

Además, son extremadamente dependientes de los árboles, pero no sólo para comer, sino para moverse, pues se ven sumamente incómodos y torpes en el suelo, a donde acuden sólo en casos extremos, como cuando las hojas de los árboles no tienen la suficiente humedad y deben buscar un depósito terrestre de agua para compensarlo.

Su taza de natalidad es de 1 cría al año, y conforme las hembras van creciendo, esta se va reduciendo hasta tener 1 cría cada 2 o 3 años. El cachorro de koala o “joey”, como se le conoce en Australia, nace tras sólo 35 días de gestación, pero como aún no tiene pelo, sus ojos se mantienen cerrados y sus orejas no se desarrollan todavía, se arrastra a la bolsa de su madre, el marsupio, en donde todavía estará 6 o 7 meses más, desarrollándose.

Si es hembra, madurará lo suficiente para reproducirse alrededor de los 2 años de edad, si es macho tardará entre 1 y 2 años más. En libertad, la expectativa de vida de las hembras está entre 12 y 15 años, mientras los machos no rebasan los 11.

Cierto es que son animales sociales, con estructuras estables y muy territoriales, pero los “grupos” que puede formar el koala, requieren de mucho espacio, pues cada individuo del grupo necesita poseer un cierto número de árboles para si mismo, lo que se denomina rango de hogar.

Por supuesto, el rango de hogar del macho dominante del grupo, es mayor que el resto y se intersecta en sólo algunos puntos con el espacio que corresponde a otros individuos. Esto establece la jerarquía. Los hogares de cada miembro del grupo embonan a la perfección, como un rompecabezas, sin dejar espacio entre unos y otros, otorgándoles cohesión. 

Phascolarctos cinereus

¿Pero qué sucede cuando estos hogares son seccionados con un camino o una casa humana? Por supuesto altera todo la estructura del grupo. No hace falta deforestar por completo una zona para afectar al koala, basta con cortar los árboles que conectan sus hogares.

Es decir, imagina que para hacer un camino de terracería, cortas los árboles en una delgada franja de 2 metros, pero esa franja atraviesa el hogar del macho alfa y el de otras tres hembras.

Se ha reducido drásticamente la cantidad de comida y protección que tenían esos koalas, por lo que tendrá que ajustarse a ello, con el riesgo de que no le sea suficiente. Y después viene el factor de comunicación de grupo, pues aunque se hayan separado algunos por esos dos metros, se escuchan y huelen perfectamente; pero no pueden brincar esa distancia de un árbol a otro, así que al momento del apareamiento, unos y otros tendrán que aventurarse a cruzar por el suelo, sólo para tener contacto, quedando a merced de perros, dingos y otros depredadores.

¿Por qué no se muda a los árboles de a lado? Bueno, primero porque ya tienen dueño, y ningún individuo va a compartir su espacio al otro, así que incluso, si no encuentra más espacio o se adecúa a la reducción, ese koala se tendrá que ir. De hecho, aún si un koala muere, y su rango de hogar queda abandonado, es muy probable que así se quede al menos durante un año, tiempo que le tomará a los árboles perder el olor y las marcas arañadas del anterior inquilino, con el efecto de la lluvia y el crecimiento de nueva corteza.

Algunas personas y miembros del gobierno los siguen viendo como “abundantes” o “plaga” porque se acercan demasiado o invaden territorios habitados por el hombre, pero esta lógica es tan absurda como la queja misma. 

“Los koalas invaden mi patio trasero y alteran a mis mascotas”, dicen algunas personas, sin pensar que son ellos los que han invadido los patios, la sala, la cocina, el dormitorio y la enfermería de los koala, llevando a ese continente, otrora protegido por su lejanía, especies animales no nativas, que han amenazado el ecosistema completo.

Afortunadamente la cultura parece estarse redirigiendo en Australia, en donde muchas personas han dejado de poner cercas a sus patios, talando los menos árboles posibles y respetando al koala que se cruza en su camino. Incluso en algunas localidades, los ciudadanos ponen “arcos” de madera, o vigas, que atraviesan de lado a lado sus rejas o los límites de su casa, otorgando a los koalas una vía de tránsito más segura, lejos del perro de la casa y sin riesgo de atorarse con puntas filosas en la malla ciclónica.

Y es que los koalas no hurgan en la basura, ni muerden los cables eléctricos, ni defecan en la puerta del patio.

Se aproximan a casas y personas con cierta curiosidad, o como mero accidente, transitando por lo que antes ellos veían como su hogar, buscando al fantasma de los árboles que han ido desapareciendo, y averiguando si es que podrán soportar y adaptarse a la nueva vida, con esta especie homínida que tiene tantos individuos voraces, como otros, esperanzados y trabajadores.

La paz de un Koala

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