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De Albóndigas y otras estupideces.


La primera semana de Agosto de 2010 sorprendió a muchos usuarios de redes sociales con un volante digital denominado: Albóndigas de Exterminio.

Dicho panfleto, entre otras cosas, argumentaba que en defensa de la salud, en reprimenda a los irresponsables y en protección de los niños, comenzaría una campaña de exterminio canino a través de alimento envenenado, depositado de manera premeditada, entre arbustos y jardines de los principales parques de la Colonia Condesa.

He aquí algunos fragmentos:

Amigos, en vista del enorme incremento de mascotas (perros) en nuestra colonia Condesa y al caso omiso de sus dueños de recoger las heces fecales (sic), nos vemos en la necesidad de aplicar el Plan “Albóndigas De Exterminio” a los perros sin correa.

…además a muchos de nuestros hijos NO les gustan los perros y les tienen miedo, y los dueños no hacen nada cuando se les acercan y los espantan, cuando mucho un simple “disculpe” dejando al niño llorando asustado.

…para esto ya puedes pasar a recoger a nuestro lugar de reunión los miércoles, viernes y domingos después de las 10:00 am tu porción de ADE, así también te daremos 6 cápsulas para disolver en las fuentes.

Desde luego vamos a obviar la falta de pericia al redactar, así como los pleonasmos que usa el conocedor “vecino”.

Cómo tal el problema era una amenaza expresa, con delito confeso incluido, de envenenar perros por culpa de dueños irresponsables.

Así de sencillo y claro, tan simplista como la lógica misma con la que el supuesto grupo de vecinos habría llegado a dicha conclusión. Primero supongamos que este volante hubiera resultado verídico:

1.- Los vecinos confesaban que cometerían dos delitos contra la salud, el primero, depositar desechos tóxicos de manera premeditada en medio de la vía pública, más aún, entre la vegetación de parques. El Segundo, más grave, contaminar de manera intencional aguas públicas, que están al alcance, sí de mascotas, pero también de los muchos niños que dicen proteger.

2.- Mucho nos quejamos de la ineficacia de las autoridades, sí, pero para sancionar estos casos de irresponsabilidad (no levantar las heces), les guste o no, existe una autoridad. Dictaminar una solución alterna que incluya la muerte (increíblemente dolorosa, traumática y prolongada, provocada por veneno) por cuenta propia, es lo mismo que tomar la justicia en propia mano. Es decir, se equipara a salir a asesinar ladrones porque nuestras autoridades no los están atrapando.

3.- En el plano teórico, los perros en vía pública deben caminar con correa, esto incluso, por ley. En la realidad, cuando de parques y zonas recreativas se trata, el 90% de los perros que caminan sin correa NO SON AGRESIVOS. Y esto no es por confianza pura en ellos, sino porque como dueño, sé que cuando mi perro es agresivo me causa problemas desde la primera vez, haciendo daño y haciéndose daño y no es lo que una persona cuerda desea. En lugares tradicionalmente canófilos, como el Parque México, el Parque España o “las Islas” en Ciudad Universitaria, los enfrentamientos entre perros son raros, la agresión de un perro a una persona, mucho más.

4.- Siempre hay algún desequilibrado que trae un perro agresivo con ganas de armar pelea o peor, de amedrentar a la gente. Créame, estos tipos NO SON BIENVENIDOS entre las comunidades caninas de los parques y de toparse con ellos, lo hará en un parque, en una calle o en la puerta de su casa. Son delincuentes y hay que denunciarlos, para sancionarlos.

5.- Si al niño no le gustan los perros, es respetable, pues es preferencia, pero debería enseñarla a NO temerles por el mero hecho de ser perros. Un niño equilibrado y seguro de sí mismo, que no le teme a las cosas por antonomasia, es un niño más feliz. Enseñarlo a cuidarse y ser precavido no implica enseñarlo a mantenerse lejos de todos los seres vivos. En todo caso, debería enseñarle a no acercarse a la gente, realmente hay más riesgo de sufrir daño.

6.- Sería todo un derroche de brillantez enviar sus planes por correo electrónico, probablemente es el medio de comunicación con mayor filtración de información. Sería difícil que la información no le llegue rápidamente a algún defensor de los animales. Basta con que UNO de los hijos, sobrinos, primos o hermanos de esos vecinos que hacen el acuerdo se entere para que trate de hacer algo tan sencillo como publicarlos en su Facebook, Twitter o por correo electrónico.

Ahora, digo todo lo anterior con un afán de razonar el hecho, pues no dudo que entre las personas que se enteraron de este volante, exista alguno a quien la idea le pareció realmente una “solución”. Afortunadamente, hasta el día de hoy dicho volante ha resultado solo una amenaza, un mito, o como se les conoce en la red, un Hoax.

Entonces, ¿no hay problema? ¿Para qué nos preocupamos?

Todo lo contrario. Lo que este volante decía, es sólo la expresión ficticia de una “organización”, pero es algo que sucede todos los días en cualquier colonia de muchas ciudades, si no es que de todas.

El “perro envenenado” es una figura común de nuestra sociedad, una triste expresión de la falta de cultura, educación e inteligencia, es un recuerdo común para muchos niños cuya mascota era más ruidosa que lo normal, tenía más energía o paseaba más lejos de lo deseado.

Le cuento, como anécdota que un buen amigo (que hoy en día es el Editor de la fantástica revista Animalia Magazine) cuenta entre las memorias de su niñez con tres perros consecutivos envenenados.

El “perro envenenado” es la resultante de dos sectores: dueños irresponsables y gente sin respeto por la vida.

Por un lado, los dueños irresponsables que dejan al perro correr libre por la calle sin vigilarlo caen en la comodidad y cargan la primera culpa. Es muy sencillo, cuando se tiene a un perro que  siempre regresa a casa, abrir la puerta por las mañanas, permitirle subsanar sus necesidades en donde sea (sin recogerlo, claro, porque “no lo ví“) y esperar a que regrese. Ese perro ciertamente puede resultar, además de un riesgo para la salud, una amenaza para otros perros que sí pasean con correa o personas que se cruzan en su camino.

Se estima que sólo entre el 8 y 9% de los perros extraviados son producto de una correa o collar rotos. El restante 91% son perros que corren libres y en alguna vuelta o carrera no encontraron el camino de regreso. En cambio, un perro que aprende a caminar siempre con correa al lado de su dueño, se convierte en un perro equilibrado, sin ansiedad, más educado y asertivo.

Es decir, para todos conviene que el perro salga con correa, falta quitarse la pachorra, la flojera de caminar a un ritmo más elevado para ayudarlo a hacer ejercicio. No hay nada mejor que comenzar el día con una caminata al lado del perro y nada mejor para rematar un buen día. (Créame, para un sedentario común, cuando llegó a casa el primero de mis cinco perros, mi vida comenzó a cambiar para bien, comenzando por mi salud y mi peso.)

Sin embargo, como tantas cosas acerca de los animales se necesitan legislar, urgen espacios expresos para que los perros equilibrados convivan y hagan ejercicio libres. Espacio controlados, seguros, en donde la gente sepa que ciertos días, encontrará perros libres y entonces, decida si acude o no. Lugares con depósitos para heces y con algún vigilante que se cerciore de que se cumpla con la limpieza. Lugares en donde la cultura animal florezca y en donde después, los mismos dueños se vigilen y se insten a cumplir la norma entre ellos.

Estos lugares ya existen, creados por la costumbre y el acuerdo tácito, pero no están reglamentados para evitar estos enfrentamientos.

Y por el otro lado, el sector de los “envenenadores”, necesita una severa reprogramación. Alguien debe hacerle saber el valor de una vida, la complejidad maravillosa de un organismo vivo y hasta su peso cósmico en este mundo. Andar cargando muertes absurdas de animales sobre los hombros no es bueno para nadie. Ser un asesino de perros es el resultado de una educación pobre, de un descuido familiar y una disfuncional concepción de la vida.

Ser capaz de matar a un animal por el hecho mismo de que “no me gusta”, es un paso más cerca de la estupidez y habla de una agresividad latente, un paso más cerca del sociópata. La agresión hacia los animales es uno de los problemas psiquiátricos más severos en la niñez y adolescencia, que desensibiliza al individuo, haciéndole perder el valor por la vida, la de los demás y la propia, permitiéndole aprender a descargar la ira contenida en su forma más pueril y peligrosa.

Y esto no lo digo yo, lo dicen cientos de estudios alrededor del mundo, lo dicen expertos como el Dr. Albert Schweitzer, el especialista del FBI Robert Ressler, la famosa antropóloga Margaret Mead, la psicóloga Linda Merz-Perez, el Dr. Alan Felthous… y muchos, muchos más. ¿No me cree? Googleé eso nombres nada más, no tiene que tomar mi palabra como cierta.

La conexión entre los asesinatos humanos y el maltrato animal es tan clara como riesgosa… y sí, envenenar a un animal es agredirlo de manera expresa, se esté presente cuando el animal muere, o no.

Dejemos de engañarnos, hay un problema de cultura de ambos lados, pero uno de los dos es más peligroso que el otro, uno de los dos afecta a la psique del individuo y necesita ser tratado antes de convertirse en algo peor.

Ustedes decidan a cuál de los dos me refiero.

Cuiden a sus mascotas, sean responsables y denuncien a los agresores. Esto aún está en nuestras manos.

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Fin en Cataluña. ¿Quién sigue?


El Miércoles 28 de Julio de 2010 será recordado como un día muy importante en la historia de la lucha por los animales.

Esa fecha será (o debería ser, porque muchos medios de comunicación tienen jefaturas aficionadas a la tauromaquia) celebrada como el día en que Cataluña hizo oficial la prohibición de las corridas de toros en su territorio.

Y ¿Por qué es tan importante? Ni siquiera es un país completo…

Precisamente por eso.

España es la cuna de la Tauromaquia, de todos sabido. Originada ahí y propagada con mayor éxito al nuevo mundo (como la viruela) es un reflejo claro de tradiciones absurdas que los países desarrollados supieron abandonar. No es casualidad que el 90% de los países que la permiten, pertenezcan al llamado “Tercer Mundo”. No vamos a clavarnos en el nivel educativo, cultural o social que tienen sus habitantes como un factor para que siga existiendo, sino en su fuerza y poder hacia sus gobiernos.

Aunque el “tercermundismo” se refiere a condiciones de desarrollo económico y social, lo que caracteriza -ypor tanto mantiene limitado- a este sector del mundo, es su muy complicado sistema de gobierno, que facilita el ascenso y permanencia de gente poco preparada al poder, complicando a la vez la exigencia de su población en una pseudo “democracia”, donde el pueblo debería tener el poder, pero es una batalla frontal (y a veces sangrienta) poder ejercerlo tan siquiera un poco.

¿Por qué me alejo de la Tauromaquia con tanto rollo político?

Porque el desarrollo de la sociedad catalana y su exigencia frontal en un sistema político un tanto más accesible, fueron los factores que permitieron este gran paso.

Para muchos es sabido que Cataluña se ha mantenido en una polémica “separación” de la nación española desde hace tiempo. Términos como “nación” y “nacionalidad” se han impuesto, borrado y reinterpretado en los estatutos y legislaciones del territorio de Cataluña, en una supuesta y paulatina búsqueda de independencia. No vamos a ahondar en ello, porque no nos compete siquiera opinar, pero lo mencionamos porque a tan sólo unas horas de hecho el anuncio sobre la prohibición, los aficionados a la Tauromaquia esgrimieron su único argumento: Cataluña quiere separarse de España, es la verdadera razón por la que se prohíben las corridas de Toros.

Twitter y Facebook fueron los testigos de como intentaba una comunidad en desuso, menospreciar un avace social como el logrado por los catalanes.

La prohibición de las corridas de toros en Cataluña (cuya capital es una de las ciudades más importantes y, por tanto, complejas del mundo: Barcelona) es el resultado de una lucha larga de grupos de personas -odio la expresión “grupos ambientalistas”, como si fueran entes, no humanos- que jamás fueron aficionados a esta costumbre antigua. Gente que creció sin comprender por qué en un lugar público y grande se asesinaba y torturaba a un animal. Más aún, gente que afortunadamente no “aprendió” a apreciar esa costumbre y jamás vio un traje de luces más notorio y bello que el ensangrentado delantal de un carnicero.

La prohibición catalana es el resultado de un pueblo que le demandó a su gobierno lo que quería y lo que NO QUERÍA. No quería animales escupiendo sangre siendo arrastrados por la tierra ante los aplausos y gritos del ocio humano. No quería que sus hijos vieran más fotos de ganado atravesado con una espada, de gente riendo y disfrutando la deshumanización. No querían más “ejemplos” de vida que salieran en el “HOLA” a media plaza bebiendo vino. (No encuentro evento más cercano a las orgías de la época de la decadencia, que un lugar lleno de alcohol, ropas elegantes, joyas, sangre, muerte y risas)

La prohibición catalana es la muestra del poder del pueblo sobre sus empleados, los gobernantes. Exigieron y estos obedecieron, como la definición de “Democracia” infiere.

Tomando en cuenta que Cataluña hace frontera con el sur de Francia (la única zona del país galo que permite la tauromaquia), la prohibición además separa físicamente una parte del territorio taurómaco, la aisla. Divide y vencerás, dijo Julio César.

La prohibición en Cataluña es un estandarte a la lucha por nuestros derechos. El derecho de exigir respeto a las decisiones de los pueblos, no a los gustos de los oligarcas y jerarcas. Estadísticamente hay casi tres veces más gente que odia la tauromaquia, que gente que la aprecia. Esto dice que la exigencia de prohibirla, sería rápidamente respondida si la democracia fuera real.

Los Taurinos dicen que “no cualquiera lo aprecia“, es decir, porque son pocos, son una élite culta. En ese orden de ideas, los necrófilos, pedófilos y zoofilos son también una élite.

Dicen también que es una “tradición“. También lo era el Circo Romano.

Dicen que es una fuente de empleo, que dejaría en la calle a mucha gente. El Narcotráfico contrata 25 veces más gente al año… y eso no es argumento para defenderlo, ¿cierto?

Dicen que “el toro es criado para eso“. ¿Los criadores de perros de raza tienen derecho a jugar con ellos hasta la muerte porque ellos los críen con esa idea?

Dicen que el toro de lidia es bravo, es incapaz de socializar, nace para atacar. El demonio de tasmania también, el tigre, el tiburón blanco… entonces…

Dicen que es la lucha de igual a igual, hombre contra bestia. El Toro está minado, confundido, deshidratado y en la oscuridad, antes de saltar al ruedo. La naturaleza le dio al toro sus cuernos, la espada fue invención del hombre. Hace uso de al menos otras cuatro personas (y dos animales más, indefensos y ciegos) durante la corrida…

En fin… ayer Cataluña dejó de escuchar todo eso, dejo de permitir esos argumentos vacíos y absurdos. Cataluña exigió respuesta de su gobierno, aún formando parte del país con más “tradición” al respecto.

Cataluña exigió y obtuvo respuesta. La lucha es cierta, es clara, es frontal y más que nunca, es útil.

Ayer fue el fin en Cataluña. ¿Quién sigue?

Socialización Canina. ¿Agresivo?


Uno de los problemas más es el referente a la agresividad.

Y digo uno de los más importantes porque desde luego no es el único, ni el que primero ocurre a la llegada de un nuevo miembro canino a la familia. Si empezáramos cronológicamente, deberíamos hablar quizá de la adaptación al nuevo hogar, la higiene fallida o las “travesuras”. Empero, aunque también son problemas importantes, la agresividad de un perro resulta el más delicado de los problemas por las consecuencias que puede tener.

Basta decir que es ésta la primera causa de sacrificio o abandono en perros jóvenes.

Y aún cuando no seamos capaces de siquiera pensar en esa posibilidad, tener un perro agresivo sigue siendo un riesgo, sobre todo para si mismo, en tanto nosotros como dueños no seamos capaces de actuar al respecto.

Es muy triste escuchar la expresión “me lo envenenaron”, pero desafortunadamente no es raro.

Además de los vecinos inadaptados que simplemente crecieron con deficiencias sociales y odian a los perros, hay mucha gente que siente que si el dueño de un perro agresivo “no se hace cargo”, son ellos los que deberán tomar cartas en el asunto “antes de que ocurra una desgracia”.

Por eso es tan importante tratar la agresividad de un perro en cuanto la demuestra, tanto hacia otros humanos como hacia otros perros.

De entrada hay que ser conscientes de la realidad: existen perros que genéticamente tienen mayor disposición a la agresividad. De hecho, hay razas que se fueron mezclando hasta obtener capacidades de ataque y agresión similares o hasta superiores a las de los cánidos salvajes, como el lobo.

Entre las razas más propensas a la agresividad están Pit Bull Terrier, Rottweiller, Dogo Argentino, Sttafordshire Bull Terrier, Akita, Tosa Inu y Fila Brasileiro.

Atención: estos tienen mayor posibilidad de alcanzar un nivel de agresividad riesgoso o letal, no significa que inevitablemente la tendrán. Su tendencia, desarrollo y complexión, hace más sencillo y efectivo detonarles estas capacidades, pero para ello es casi necesario que un ser humano intervenga.

Estos perros, como todos los demás, aprenderían a aprovechar su agresividad de manera natural con la misma frecuencia que cualquier otro perro, es decir, cuando defendieran el alimento o la guarida. Sin embargo, en ellos las intervenciones humanas negativas surten un efecto mayor que en otras razas. Si son callejeros, los malos tratos de la gente, aunados a la consciencia de su efectividad para defenderse, los vuelve más peligrosos. Si son de casa, dueños irresponsables los pueden entrenar para ser agresivos con mucha más facilidad y con resultados más efectivos.

Así como nadie puede decir que estas razas están obligadas a ser agresivas, tampoco se puede eximir a las demás de serlo. El Chihuahua y el Cocker Spaniel, por ejemplo, pueden ser perros muy agresivos, la diferencia de concepción está en su tamaño y las consecuencias. Puede pensarse “¿Qué puede hacer un perro de ese tamaño?” y quizá tengan razón, pero en proporción, puede ser grave. Es decir, un Chihuahua demasiado territorial podría atacar a un niño pequeño causándole heridas de cuidado.

Con esto hay que entender que un perro agresivo, del tamaño, raza o cruza que sea, es un perro infeliz, condenado a vivir en el estrés, en la tensión, probablemente disminuido en su sistema nervioso y por tanto, menos longevo. Es un perro que debe y puede ser corregido, o al menos, debe ser bien controlado.

En México la legislación para mascotas es tan deficiente para defenderlas como para exigirle resposanbilidad a sus dueños. Aún así, es responsabilidad de cualquier dueño pasear con la mascota atada a una correa. Un perro no es más feliz por correr libre, de hecho, muchas veces es más caprichoso y siempre corre más riesgo. La correa es indispensable, así como importante y útil es un collar de “castigo”.

No me gusta la expresión, pero es su nombre oficial, sin embargo, creo que le queda más el nombre “collar de control” porque es lo que realmente puede hacer: controlar a nuestra mascota. Al recorrerse automáticamente, el perro mide de manera sencilla la presión que puede ejercer contra la correa. Un collar normal para un perro agresivo grande, sólo le da control sobre el dueño, la mayoría de las veces los incita a llevar ellos el rumbo de los paseos y ante una descarga violenta, la fuerza del cuello se tensará al punto de jalar al dueño como muñeco de trapo.

El bozal, por otro lado, no es una tortura para ningún perro, siempre y cuando sea de la medida adecuada, ésta es, que fije bien sobre la nuca pero que en el hocico le permita maniobrar ligeramente. Al principio cualquier perro siente al bozal como un inmerecido regaño, gemirá e intentará quitárselo, es cuando el dueño más debe demostrar paciencia y comprensión. Hay que darle seguridad, tratar de calmarlo, pero no enojarnos porque no le guste. Demostrarle que aún con el bozal, estás a su lado y tu cariño sigue intacto.

Correa, collar y, en casos necesarios, bozal, te ayudarán a llegar al siguiente e importante paso: Socializar.

El peor error que se puede cometer con los perros agresivos es alejarlos de todos los demás. Si se tiene control y cuidado (enfatizamos el bozal para seguridad de todos), el perro, aunque agresivamente, se puede y DEBE acercar a otros. Como su lado dominante (aún sin poder abrir la boca) estará alerta, lo mejor es acercarlo primero a perros menores que él, pues aunque intente “atacarlos” con las patas, el daño no será mayor. Si fuera un perro de su tamaño o mayor, la agresión aún sin colmillos haría responder al otro perro y entonces habríamos entregado a nuestro amigo en una posición indefensa.

Es importante y aún más efectivo hablar un momento antes con el dueño del otro perro, decirle que el bozal está asegurado pero que quieres que socialice. Si el otro dueño está renuente, no lo presiones, no se puede exigir a nadie que deje de tener miedo por su propia mascota.

¿Has visto a esas personas que llevan perros pequeños (Poodles, Chihuahua, Yorks) y al ver a otro perro de inmediato lo cargan o lo alejan neuróticamente? ¿Has visto cómo se comportan esos perros?

Es un círculo vicioso. El dueño está temeroso porque ve que su perro se aterra o ladra… y el perro se aterra o ladra porque su dueño temeroso le ha condicionado a que la presencia de cualquier otro perro implica peligro.

Un perro es un animal social, como nosotros, por eso nos llevamos también. Necesitan socializar, conocer a otros. Tu responsabilidad está en demostrarle que los otros NO SON ENEMIGOS, que no corre riesgo, y en caso de perros “guardianes” -entrenados para ello o no- demostrarles que TÚ no estás en riesgo, que no les temes a los demás y ÉL no debe temerles. Muestra tu lado más calmado y amable con el otro perro, acarícialo frente a tu mascota sin dejar de darle su lugar, ínstalo a que se siente, se calme frente a los canes vecinos.

Será una labor diaria y de a pocos, pero es lo mejor que puedes hacer por él.

En estos casos, aplica más que nunca esa frase que decimos los canófilos: “No es culpa del perro”, porque es cierto, prácticamente nunca lo es.

¡Hasta la próxima!

Criollos, Mestizos, mi amigo el milrazas.


El nombre “Criollo” proviene de la palabra Criar y fue usado originalmente durante la época de La Colonia, para referirse a las personas que nacían en nuestro país, teniendo ambos padres españoles. Poco a poco la palabra fue flexibilizando su significado, hasta ser aceptable para denominar a aquellos cuya raza podía ser difícil de identificar debido a que no tenía las características fenotípicas claras hacia ninguna de las razas de origen.

En esta comprensión del término, se comenzó a aplicar hacia nuestros amigos caninos, casi con tanta frecuencia como el término Mestizo, de similar historia. Pero… ¿Cuándo aparecieron los Criollos?

Todas las razas del mundo son actualmente muy distintas a cómo fueron en su origen. Se podría suponer que los primeros perros del mundo eran de “razas puras”, pues se mantenían compartiendo entornos y necesidades similares en la zona donde vivían, por lo que evolucionaron con características muy parecidas.

Sin embargo, las cruzas interraciales también comenzaron de manera natural, cuando algunas manadas de razas antiguas, aún salvajes, iban migrando lentamente a otra zona, hasta toparse con otras manadas diferentes.

Entonces nos encontramos con que el perro criollo y el perro de raza pura, deben tener una antigüedad muy similar: desde siempre.

Es fácil entender que las colonizaciones, conquistas e invasiones humanas, promovieron las cruzas interraciales y aceleraron la proliferación de perros criollos, al traer consigo ejemplares de cierto tipo a lugares lejanos con razas muy diferentes.

En nuestros días hay una costumbre al error en el trato y conocimiento del perro Criollo.

Para empezar, el punto de partida de esta equivocación es la forma en como los llamamos, con términos como “Cruzado”, “Corriente” o “Callejero”.

El primer término, Cruzado, es un uso incorrecto de la palabra y la conceptualización, prácticamente un pleonasmo. El segundo término, Corriente, es desde luego una forma despectiva que enfrenta a un ejemplar con características únicas con uno de características definidas por raza. Eso implicaría un grado de “fineza” en los perros de raza, lo que habla de la calidad morfológica y genética del ejemplar, pero algunos perros Criollos pueden tener características tan buenas, que podrían rebasar la calidad de un perro de raza pura. Finalmente el más común, Callejero, debiera referirse a cualquier perro por su situación de vida, en la calle. No es realmente ofensivo, o no debe tomarse así, pero no explica puntualmente cuando nos referimos a un perro Criollo, además de que es temporal.

En algunos círculos se ha puesto de moda el término Perros Ferales, aludiendo a aquellos que llevan mucho tiempo viviendo en la calle y que han llegado a formar manadas bien establecidas.

El problema con este término es que tampoco puede abarcar a todos, pues estrictamente se debe aplicar a los perros que han nacido en la calle y han vivido siempre en ella, aprendiendo poco o nada de la convivencia con los seres humanos, más allá de verlos como otra especie de la cual cuidarse. De hecho, para la Real Academia de la Lengua Española, la palabra Feral es un adjetivo en desuso que significa Cruel o Sanguinario. Es probable que el término es nuestros días lo hayan empezado a poner de moda algunos sectores de gobiernos que buscan advertir, de manera alarmista, el riesgo de perros callejeros en manadas, que en la defensa de su territorio, pueden comportarse agresivamente si se les provoca.

Hasta aquí la entrega de hoy, la historia y descripción del perro Criollo, en el próximo post hablaremos de las ventajas genéticas y de comportamiento que puede tener un perro criollo.

Mientras eso pasa, queremos leerlos, saber su opinión al respecto.

Y les recomiendo que busquen la próxima edición de la revista Animalia Magazine, en donde extenderemos el tema y hablaremos de algunos mitos al respecto.

No se lo pierdan.