Franz Marc: El color del sentimiento natural.


“Comienza el nuevo siglo y ante el cambio inevitable que sufre el mundo, algunos pintores han desarrollado técnicas nuevas, atrevidas, coloridas y rebeldes, que contrastan con la mayoría de lo visto hasta el momento. Luces, escenas, romance y paisajes, todos salpicados de la fuerza del color y las nuevas formas.”

No. Esto no es una noticia de actualidad. Estamos hablando de 1900, el inicio del siglo XX y la revolución pictórica del expresionismo alemán.

El expresionismo, si bien no es exclusivo de Alemania, fue en donde comenzó con más fuerza. Esta corriente pictórica tiene muchos detalles en su definición, pero es probable que la forma en la que se le puede resumir sea: el sentimiento encima de la realidad.

Es decir, sabemos como se ve un hombre corriendo, pero ¿cómo pintamos el esfuerzo y la entrega de ese hombre en su ejercicio?

Podemos pintar fácilmente una pareja que enamorada se abraza, pero ¿cómo pintamos el amor, la pasión y la alegría que sienten de estar juntos?

El expresionismo no pretendía dar respuesta a estas preguntas, pero sí trató de imprimir esos sentimientos en las manos de sus artistas, para que la fuerza de las emociones pasaran a un lienzo, con pases como los de un espadachín, a través de cuya espada resultaban formas que no se habían visto antes.

El expresionismo tuvo grandes representantes como Edward Munch y Vasily Kandinsky, pero hubo uno en particular que alzó el pincel en nombre de las fuerzas de la naturaleza: Franz Marc.

Marc nació en Alemania en 1880 y al cumplir 20 años, exactamente en el 1900, conoció esa fuerza que iniciaba, llamada expresionismo.

Marc decidió tomar una ruta poco explorada, los sentimientos y las fuerzas animales.

Perros, vacas, caballos y tigres… todos eran bienvenidos en los lienzos de Franz, siempre y cuando prometieran pasar convertidos en emociones y no sólo en formas clásicas.

Por ejemplo… los machos eran siempre azules. Sencillos y de color sólido. Las hembras eran amarillas, apasionadas pero alegres, espirituales.

La violencia de los instintos era roja, ardiente y viva, moviéndose y brincando por todo el cuadro.

Franz Marc quería ver las cosas como sus inspiradores animales, a quienes veía como fuerzas incontenibles, buenas y honestas, verdaderas, que actuaban como sentían sin pedir permiso.

Por eso Marc encajó tan bien con el expresionismo.

Olvidó las formas típicas y se puso los ojos de un animal.

Los animales grandes podían ser impactantes masas de color con rasgos básicos, los pequeños era escurridizos manchones de colores que iban y venían por todo el lienzo.

Marc no odiaba a la humanidad, pero siempre evitó retratar hombres, pues creía que siempre había algo de falso en esas emociones.

Si bien Marc llegó a pintar animales en lucha, los vio siempre como naturaleza inevitable y llena de honor, no como violencia absurda por rencores o ambición.

Paradójicamente, esa lucha rencorosa y absurda le quitó al vida apenas a los 36 años, mientras servía a su país durante la Primera Guerra Mundial.

Afortunadamente, sus animales pintados quedaron para la historia de la humanidad como un invaluable tesoro de la naturaleza interpretada, de los sentimientos coloridos y de las fuerzas naturales estallando como óleo sobre un lienzo.

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