Agresión en un perro recién rescatado. ¿Qué hago?


Adoptar un perrito abandonado o recogerlo de la calle es la satisfacción más grande que alguien pueda conocer. Ver cómo ese pequeño e indefenso ser va ganando confianza y peso, va cambiando su semblante triste y acongojado por una cara y actitud alegre y vivaracha, literalmente no tiene precio. Siempre he creído que es mejor preferir un perro sin casa a uno de raza, aunque desgraciadamente el ser un perro de raza tampoco le garantice un buen hogar durante toda su vida.

Si estas pensando o ya has decidido adoptar un perro sin hogar: ¡Felicidades! Pero recuerda que es una decisión muy importante y que debe ser tomada con toda la responsabilidad del mundo. En este artículo me gustaría orientarte sobre los problemas de conducta más comunes, a los que incluso puede haber predisposición, que puedes enfrentar, así como algunos consejos para poner en práctica mientras buscas ayuda profesional de un Médico Veterinario especialista en conducta.

Hoy hablaremos dela Agresión, ya que esto puede involucrar daño a terceros.

Es muy común que los perros que se encuentran en centros de adopción y en la calle hayan sufrido maltrato. Esto puede llevar al perro a comportarse de dos maneras: 1) Agredir al tratar de defenderse y 2) Volverse un perro miedoso y retraído, tras desarrollar miedos e incluso fobias.

TIPOS DE AGRESIÓN

Agresión por miedo

Para identificar a un perro con agresión defensiva debes fijarte en su postura corporal y el contexto en el que la adquiere. Estos perros pueden agredir en muchas ocasiones sin aviso previo, a diferencia de un perro con agresión ofensiva. Lo que observarías es que el perro te muestra no sólo los colmillos sino todos los dientes al retraer la comisura de sus labios, las orejas están echadas hacia atrás, no te fija la mirada, el cuerpo se encuentra agachado, como si lo hiciera hacia abajo y de lado, y la cola está pegada al cuerpo o entre las patas.

Observarás esta reacción defensiva cuando un perro siente peligro de ser lastimado, recuerda que es la percepción que él tiene de la situación, aunque no sea tu intención real. Por ejemplo, tú levantas el brazo para aventar una pelota o a lo mejor para acomodar tu pelo, pero el perro te ataca creyendo que debe protegerse de un golpe. Esto puede repetirse también por miedo cuando se le acercan otros perros.

Agresividad por Dominancia

La agresión por dominancia es motivada por un desafío hacia el status social del perro o hacia el control que tiene sobre la interacción social. Los perros son animales sociables y ven a su familia humana como su grupo social o “manada”.

En ocasiones algunos perros tienen una predisposición natural a ser líderes y los humanos les damos algunas señales a estos perros que les hacen entender que ellos pueden mandar. Por ejemplo, los alimentamos primero que a nosotros, les dejamos echarse en lugares “importantes” como la cama o los sillones y hacemos todo lo “que ellos dicen” es decir, son perros sobre-consentidos, el problema es que después no se puede hacer nada que el perro no apruebe y el medio de control del perro es su mordida. Muchos perros son puestos en adopción por que en su casa previa mostraron esta conducta.

Si tu perro se percibe a si mismo en una mayor jerarquía que tú, muy probablemente te rete en ciertas situaciones. Un perro con agresión ofensiva puede gruñir si se le molesta mientras descansa o duerme, e incluso si se le pide moverse de algún lugar predilecto como la cama o el sofá. La contención física, aún de manera amigable como un abrazo, puede provocar una respuesta violenta de su parte. El tomarlo del collar o acariciar su cabeza directamente pueden ser interpretados como un reto a su jerarquía. Los perros agresivos dominantes son generalmente descritos como el “Dr. Jekyll y Sr. Hyde” pues se pueden mostrar sumamente amigables mientras no se les reta. La agresión por dominancia puede dirigirse hacia gente u otros animales.

Agresividad territorial, proteccionista y posesiva

Estos tres tipos de agresividad son muy similares entre sí e involucran la defensa de recursos valiosos. Algunos perros pueden desarrollar estos tipos de agresión porque en la calle no tenían el recurso que consideran valioso (comida, agua, techo) y ahora no lo quieren perder.

Lo que puedes hacer

  • Primero, asegúrarte que tu veterinario descarte causas orgánicas del comportamiento, por ejemplo que el perro esté lastimado o enfermo.
  • Toma tus precauciones. Tu prioridad es la seguridad de la gente y demás animales en el hogar. Supervisa, confina o incluso restringe las actividades de tu perro hasta que consigas ayuda profesional. Tú eres el responsable del comportamiento de tu perro. Si debes sacarlo a la calle, considera utilizar un bozal cerrado como precaución temporal, y recuerda que algunos perros son lo suficientemente listos para quitárselo.
  • Evita exponer a tu perro a situaciones donde es más probable que se muestre agresivo. Quizá necesites mantenerlo recluido un tiempo o limitar su contacto con la gente.
  • Si tu perro es posesivo con juguetes o recompensas o muy territorial en ciertos lugares, el que prevengas su acceso a ellos te prevendrá del problema. En una emergencia, “sobórnalo” con algo mejor de lo que tiene. Por ejemplo, si te robó un zapato, cámbiaselo por un pedazo de pollo.
  • Castra o esteriliza a tu mascota (sólo si es un macho). Los perros intactos tienen mayor posibilidad de manifestar dominancia, territorialidad y comportamiento proteccionista agresivo.
  • El castigo no ayudará en absoluto e incluso podría agravar la situación. Si la agresividad está motivada por miedo, el castigo sólo lo volverá más miedoso y por lo tanto más agresivo. Intentar castigar o dominar a un perro agresivo dominante podría, de hecho, llevarlo a exacerbar la conducta para mantener su posición dominante. Esto muy probablemente, resultará en una mordida o ataque severo. El castigar la agresividad territorial, posesiva o proteccionista muy probablemente provocará que muestre agresión defensiva adicional.

Lo que NO debes hacer

Recuerda que la agresión no es culpa de ellos, es producto de su experiencia al tener seres humanos cerca, por lo que es responsabilidad de todos evitar que se genere, siguiendo una cultura de respeto animal.

Ningún perro está desahuciado en cuanto a agresividad se refiere.

¡No te rindas con él! ¡Verás que cuando se rehabilite, el no se rendirá contigo jamás!

No hay árbol que nazca torcido.


El libre albedrío es un arma de dos filos.

Es la herramienta moral que más nos separa del resto de las especies (porque siempre la usamos, aunque hay especies que ocasionalmente demuestran ser capaces de ir contra sus instintos también). Todo lo que hacemos en la vida pasa por un filtro de «selección», es decir, todo lo que hacemos lo decidimos hacer. Podemos incluso dejar de respirar, de comer o de dormir, si así lo queremos, aún cuando nuestro instinto de supervivencia nos dicte lo contrario.

Así, emocional o racionalmente, escogemos las cosas que vivimos, las cosas que efectuamos, que decimos o aquellas que ignoramos y a las que les ponemos atención.

Ese libre albedrío seguro ha hecho que todos los que defendemos el derecho a la vida animal nos enfrentemos, incluso en nuestro círculo más cercano (pareja, hermanos, padres),  a discusiones sobre lo que es válido y lo que no, sobre lo que está bien y lo que no.

No podemos evitar que incluso las personas que más queremos sean partícipes y simpatizantes de la tauromaquia, que se atrevan a maltratar un animal o que ignoren las conductas aberrantes de los maltratadores.

Y eso es desde que nacemos.

Este fin de semana me tocó enfrentarme con una panorama interesante, aleccionador. Un niño, parte de mi familia, fue a la estúpidamente llamada «fiesta brava» hace tiempo, llevado por supuesto por su padre, también de mi familia, cosa de la que apenas me enteré en estos días.

Cuando tuve un momento para que su padre no escuchara, aproveché para hacerle una pequeña entrevista:

«¿Te gustó ir a los toros?» -pregunté.

«Mmmm… no mucho.» –dijo él.

«¿Por qué?» -pregunté después ya con una interna sonrisa, tratando de no incluenciar su respuesta.

«Pues estaba divertido cuando el señor jugaba con el toro y toda la gente gritaba cuando se quitaba, pero cuando el toro por fin le pegó, nadie gritó. O sea, nadie le iba al toro.»

«Pues sí, casi nadie le va al toro.» Dije yo, con un halo de decepción.

«Y además me molestó cuando un hombre gordo sobre un caballo se acercó a picarlo, el caballo no podía correr por tantas cosas encima y el hombre gordo ni siquiera se bajó a pelear bien, todo fue desde lejos» Dijo, aduciendo una notable cobardía de parte del «hombre gordo».

«¿Y qué más?» -preguntaba yo, emocionado por ver que notaba la tan injusta competencia.

«Y al final creí que sí se iban a pelear uno contra uno, pero entonces el torero sacó una espada y lo mató. Eso si ya no me gustó. El toro escupió mucha sangre, temblaba de las patas y además no vino un veterinario, nada más lo arrastraron.»

Para mí sus respuestas fueron una verdadera epifanía, me llenó de esperanza notar que no lo había asimilado como algo «normal» y me llenó de ira saber que había presenciado un espectáculo que a él también le había resultado cruel y mórbido, obligado por su padre.

Voy muy poco a esas comidas familiares, así que por llevar la fiesta en paz no seguí con el asunto ni se lo platiqué a nadie en dicha reunión.

Me llevé mejor la reflexión a casa. (Después de instigar a mi primo -Ups!- a que la próxima vez que lo invitaran, le dijera a sus padres por qué no quería ir, a ver si a éstos les daba vergüenza, al menos)

No existe tal cosa como un «árbol que nace torcido». Todos se «tuercen» o «son torcidos» en algún momento de su vida. Nadie tiene por qué asimilar la muerte de otro ser vivo como algo «normal» o como algo que el hombre «tiene derecho de hacer».

Sólo bajo la defensa propia o la amenaza a nuestra vida un niño puede aceptar quizá, la necesidad de matar a un animal.

Pero a este niño, como seguramente a muchos otros, la Corrida de Toros le parecía un competencia, un juego. Creía de inicio que el hombre debía esquivar al toro, nada más, haciendo puntos, marcando «goles». Pero incluso veía la embestida del toro como algo válido, pues era al fin una competencia.

Cuando se incluyó a un animal cegado y notablemente obligado a estar ahí (el caballo), la injusticia le pareció mayor. El trabajo del «Picador» le resultó aún más cobarde y pueril. A su forma de ver, nada tenía que hacer.

Pero sobre todo, la muerte no era algo con lo que contaba de inicio. La competencia no le justificaba matar al toro… y verlo sufrir sin sentido fue aún peor para él.

Esperaba que viniera un «veterinario» (como sale un médico a revisar a cualquier lesionado en los demás deportes) y esperaba quizá una camilla, un trato digno pues, porque «arrastrarlo» le mereció un «nada más…», es decir, esperaba algo de compasión, de justicia para el competidor animal, aunque hubiera perdido injustamente.

Fue aleccionador y espero, avergonzante para quien lo provocó. (Sí, para su padre, quien ignoro si me está leyendo)

Debería ser motivo de vergüenza para cualquier adulto coherente llevar a sus hijos a ver eso, forzarlos a asimilarlo y aprenderlo. Debería ser preocupante si al ver al toro sufrir su hijo está feliz, deberían reprenderlo si lo festeja… pero no, porque ellos, adultos, en ese rubro ya son árboles torcidos, que por supuesto encuentran normal «torcer» a sus hijos también.

Mañana, adultos, no se pregunten por qué su hijo «compitió» con otro niño en su escuela, y al ganar, lo tomó de los pies y lo arrastró. No se asusten si al ver uno de esos horribles videos donde un imbécil mata un perro, su hijo ríe y brinca de alegría.

No hay tal cosa como un «árbol que nace torcido». La mayoría de las veces nuestro entorno familiar nos deja torcernos, o nos empuja a ello.

Perro guía para un perro guía. LEALTAD con mayúsculas.


Es sumamente frecuente la historia en la que el perro de la familia, ya sea por edad, alguna enfermedad o por simple cansancio de sus amos, es echado a la calle o incluso sacrificado.

Para quienes nos hacen el honor de seguirnos hace tiempo, seguramente les he contado ya que, precisamente, mi primer hijo, ese que cambio mi vida, mi visión del mundo y mis prioridades, llegó a mí como un rescate cuando sus amos lo iban a sacrificar, a los 4 años de edad, fuerte, joven y con el mejor temperamento del mundo, sólo porque ya nadie «tenía tiempo de atenderlo».

Por eso las historias en las que un amo decide cuidar y conservar a su amigo a toda costa, me llegan tanto.

Como ésta.

Hoy Edward tiene dos amigos. Juntos tienen 2 ojos y 3 corazones gigantes.

Resulta que el Señor Graham Waspe, un ciudadano de Sufolk, en el Reino Unido, era invidente de un ojo y con un visión muy limitada en el otro. Recibió entonces a un perro lazarillo, Edward, un cachorro de dos años que se convirtió en sus ojos y por supuesto, en su mejor amigo.

Pasaron 6 años y Mr. Graham recibió la noticia de que su amigo Edward también perdía la vista debido a una enfermedad. El golpe desde luego fue devastador. Waspe pensó que le quitarían a su amigo, a su compañero, al ser que le ayudó a moverse durante los últimos años, a quién lo cuidó y alertó de los peligros cada día.

Así que decidió que no. No sería así. Comprometido con su mejor amigo, solicitó a un nuevo lazarillo, pero solicitando quedarse con Edward, entonces ya ciego, comprometiéndose a cuidarlo y amarlo el resto de su vida.

Entonces, tras sólo 15 días de entrenamiento y adaptación, Graham Waspe y Edward, recibieron en su pequeña manada a Opal, otro labrador lazarillo, que ahora funge como guía de ambos.

Un bravo para Opal, que representa la vista de los tres, otro aplauso para Edward, retirado por el destino después de años de trabajo fiel… pero un aplauso más fuerte para el SEÑOR Waspe (así, con mayúsuculas) que no renunció jamás a su amistad con su perro, aún cuando este le dejara de ser «útil».

Ahora los 3 recorren escuelas e institutos platicando sobre el lazo tan fuerte que puede crearse entre hombres y perros, sin importar las dificultades. Y de la mano de Graham, con los ojos de Opal y el corazón de Edward, recorren por supuesto, el mundo.

Ahora recuerdo cada caso en que he escuchado pretextos para abandonar a un amigo, mientras éste supone que está con la familia que lo amará por siempre… y me provocan una profunda lástima, por la cobardía y simpleza.

Aún queda esperanza. Nuestra especie no está podrida del todo.

Freno a la muerte. Los grandes pasos se dan actuando.


El día de hoy no encontrará usted en la columna de este apasionado por los animales reflexiones o estadísticas obtenidas con mi trabajo. No hablaré de otra cosa que no sea la felicitación y agradecimiento dirigido enteramente a todos lo involucrados en la Marcha hacia la Asamblea Legislativa, realizada este pasado Martes 6 de Abril de 2011.

En uno de los pasos más significativos en materia de rescate y defensa animal de los últimos años, la voz de aquellos que hablan por los que no pueden, fue escuchada ayer en la ALDF para frenar el paso que anunciara el Secretario de Salud del DF, Armando Ahued, para asesinar a miles de perros callejeros como una «medida sanitaria».

Por supuesto, empezando por dicha propuesta, podemos ver el absurdo en dos segundos. Me recordó esas viejas costumbres priístas de dar despensas para una semana a poblaciones que sufren hambre todo el año.

No sólo era una medida ridícula y profundamente cruel, sino una verdadera estupidez en términos de necesidades y soluciones. Los cálculos son diversos, pero la mayoría convergen en los 3 millones de perros callejeros. Aún si fuéramos los insensible imbéciles que toman esas decisiones… ¿Serviría de algo matar a 3 mil de esos perros? ¿A 30 mil? «Soluciona» con una cruel «medida sanitaria» el 1% del problema. ¿En serio? ¿Le pareció  inteligente? ¿Útil?

No. No servía de nada ni para los que odian a los animales. Era un kilo de frijol para una persona que sufre hambre y pobreza todo el año. Pero se nota, se «ve el trabajo» ¿verdad?

Esa política tan arraigada en la mexicanidad, la política de las pequeñas dádivas, de los regalos y la demagogia, esa política llevaría a la muerte -cabe añadir que con los peores métodos, aunque todos sean injustos- a miles de perros que tuvieran la desdicha de encontrarse en el camino de los asesinos.

No se podía tolerar. No por la mirada de esos perros, no porque nos parta el corazón nada más. POR CULTURA. Peleamos la desdicha de ver un video con un enfermo mental asesinando a un perro… ¿pero permitimos la muerte de miles porque la realiza el gobierno sin grabarla o postearla en YouTube?

No. Ya no podemos permitir esa cultura de solucionar los problemas desapareciéndolos de nuestra vista. Esa es la solución del cobarde, del flojo, del idiota. Esa es la solución del crimen organizado, de las mafias y de los patéticos políticos de antaño. POR CAMBIAR nuestra cultura, eso tiene que erradicarse.

Ayer, Asociaciones, Organizaciones, Hogares y Personas «de a pie», demostraron que sí importa y que, como los políticos son nuestros empleados, tenemos todo el derecho de reclamar que nos hagan caso, pues para eso les pagamos.

Nadie fue a requerirles ese asesinato, ¿verdad? Nadie se organizó para pedir esa solución… entonces, ¿por qué habrían de ejecutarla cuando sí les consta que se les pide la solución contraria?

Y más aún, los que fueron a esta marcha no sólo fueron a reclamar. Fueron con los argumentos, los estudios y las soluciones alternas en las manos. Fueron con propuestas puntuales y útiles. Fueron porque sabían del caso y han estudiado otras opciones por mucho tiempo.

Y eso se tiene que agradecer. Eso se los agradezco, en nombre del trabajo que miles tratamos de hacer todos los días, rescatando UN perro, seis recién nacidos, veinte gatos en un terreno abandonado o 200 perros en espera de ser adoptados.

Se los agradezco porque, aunque este servidor no pudo acudir, deseaba con todas sus fuerzas que por fin les escucharan, los atendieran… y se me cumplió. No por magia, por gracia de un poder divino o por suerte.

YO TUVE LA SUERTE de que se me cumpliera ese deseo por el trabajo y esfuerzo de ustedes. Por estar bajo el calor terrible de estos días, en plena calle. Porque han trabajado por años y han estado al pendiente de cada anuncio estúpido o propuesta absurda.

Gracias. Profundamente gracias a todos ustedes.

En el plano personal, es un orgullo además que Comunidad Gaia y su dirigente, Rebeca Pérez Flores, haya sido parte de ese movimiento y gran avance. Nuestra colaboradora, a la que además tengo el honor de llamar AMIGA, nos reportará pronto los resultados de dicha manifestación.

No se ha ganado nada, pero se ha dado un paso muy importante, que para quienes hemos estado en este asunto, sabemos que es siempre lo más difícil de conseguir: que nos escuchen y atiendan.

Por lo menos por el momento, se dio freno a la muerte.

Gracias.