Prefiero exagerar por un gato.


Nuestros tiempos modernos han acercado tanto a la gente en el mundo como a la información que genera. Internet, como el máximo exponente de la globalización mediática, pone a nuestro servicio millones de datos, anécdotas, vídeos e imágenes nuevas cada día.

Yo, honestamente, creo que esa es la razón por la que vemos últimamente tantos casos de abuso animal, como los de Sinaloa, Michoacán o, el de esta semana, la británica que tira un gato a la basura.

No creo, como el optimista Aguilar – Camín, que la violencia sea mediática, exacerbada por los medios. Al contrario, creo que antes de la Era Internet existían los mismos o más actos de abuso (en nuestro campo, abuso animal), sólo que con las distancias, quedaban en la impunidad del anonimato.

Hoy hay cada vez menos lugares en donde al menos UNA persona no cuente con un celular con cámara. A esto se le añade una computadora con internet y tenemos una nueva celebridad en el mundo del abuso.

Traigo todo esto a colación, porque con el caso reciente de la mujer que pone al gato en el bote de basura, comienza la nueva andanada de discusiones sobre derechos: Derechos humanos vs. Derechos animales.

Desde luego creo que la mujer, bromeando o no, metió a ese gato a la basura en un acto de estupidez que merece un castigo y debe ser un ejemplo. Tampoco estoy de acuerdo en que se le deba dilapidar o quemar en la hoguera, pero sí que su castigo debe ser ejemplar, debe ser tan severo que ella no vuelva a pensar algo así, pero sobre todo, que todas las personas que se enteren piensen dos veces antes de siquiera hacer un nuevo «¡Shu!» o un «¡Sáquese!»

Europa siempre se ha distinguido por poner el ejemplo en cuanto a la legalidad y la severidad con la que se castigan las infracciones, será quizá que transitaron antes que nosotros por edades oscuras en las que la podredumbre humana era una cualidad casi de la realeza, no sé, pero es innegable que los países de Europa Occidental siempre dan la nota en cuanto a castigar cosas que en otros lugares se ven como «menores».

Hace no mucho un par de muchachos imbéciles en Francia fueron a dar a la cárcel por quemar a un perro, se les puso una enorme multa y la incapacidad de poseer una animal por el resto de su vida. En España se sigue meditando el castigo para un hombre que a pedradas le fracturó la mandíbula a un perro, lo que podría representarle un año encerrado.

Ahora le toca a Inglaterra poner el ejemplo con esta mujer.

El caso parece menor (incluso la doña dijo «Es sólo un gato») y a los ojos de muchos, la rabia de la gente Animalista es exagerada. Tomando como punto de partida que golpear a la mujer aún no sucede y todo se ha quedado en ganas, me parece que la reacción se va volviendo natural, común… normal.

El mundo entero, como si se tratara de cumplir la profecía maya, ha entrado en una vorágine decadente, conflictiva y violenta que parece lejos de resolverse. Los pobres culpan a los ricos, los ricos al gobierno, el gobierno a los países vecinos, los países vecinos al país desarrollado y el país desarrollado a los pobres.

Algunos, quiero creer que la mayoría, saben en el fondo que «el gobierno», «las instituciones» y «las empresas» son entes imaginarios y que las acciones acaecidas dentro de estos conceptos son realmente realizadas por seres humanos, y no por una entidad mágica.

Como tal, entonces sabemos, sentimos, que somos nosotros mismos los podridos y nosotros los que tenemos que cambiar.

La gente animalista está en esa línea. La mayoría sabe que para cambiar al mundo humano, hay mecanismos, la mayoría engorrosos y burocráticos, que se deben usar para no empeorar las cosas. Sin embargo, sabe también que en el mundo animal se sigue viviendo bajo la ley del más fuerte, y en dicho rubro, el animal siempre pierde.

Cada semana hay un nuevo caso de abuso contra los animales y cada semana hay un reacción más furibunda de parte de los defensores. ¿Por qué? ¿Estamos exagerando? ¿Somos el simplismo al que le llaman Pet-Lover, Animalista, Ecologista? ¿Somos en verdad un montón de hippies  en sandalias encadenándonos a los tractores que amenazan el Amazonas?

Nada más lejos.

Quienes reaccionamos así por el maltrato animal, trabajamos, comemos, vivimos y consumimos como todos. Somos como cualquier otro ciudadano, muchos trabajamos (para vivir, por un sueldo) en cosas totalmente alejadas de esto que defendemos. Y porque estamos como cualquier otro en esta sociedad, es que reaccionamos así, es que nos preocupa tanto.

No tenemos los medios para luchar contra el crimen humano, así que seguimos los mecanismos sociales y esperamos su respuesta.

No podemos hacer mucho contra las decisiones de las empresas multimillonarias.

No manejamos Wall Street, el Banco Mundial. No movemos el Dow Jones ni nos dejan hablar con Obama o Calderón.

Sin embargo, sabemos que los narcotraficantes no son amantes de los animales, que los criminales ganan más dinero apagando vidas (de cualquier especie) que cuidándolas. Sabemos que Donald Trump no está tan preocupado por la belleza de la mariposa monarca como por la de su utilísima Miss Universo. Sabemos que hasta Rico Mc Pato prefería guardar una moneda en su bóveda antes de dársela a otro patito hambriento.

Y porque sabemos eso, sabemos que tenemos que hacer lo que SI podemos. Sabemos que podemos educar mejor a nuestros hijos y, quizá, hacer reflexionar a nuestros padres.

Sabemos que si la mayoría de la gente fuera capaz de respetar y apiadarse de la vida de UN perro, tendría una visión diferente a la hora de acabar con miles de empleos, pagar miserias por jornadas de doce horas… y claro, a la hora de pensar en matar a otro hombre.

Nos preocupa y enoja tanto que maltraten a UN animal, porque nos recuerda que la podredumbre interna que nos tiene en este precipicio empieza en las bases, en los instintos. Sabemos que con cada patada a un perro se da permiso para ocho golpes a un niño, que por cada gato incinerado se da permiso de ocho balazos a un padre de familia.

Cada maltrato animal nos recuerda que el peor mal de este planeta somos nosotros, que el peor enemigo del hombre es el hombre, que el sentimiento más riesgoso es la insensibilidad.

Y por eso es que si la reacción es exagerada, sólo puede ser contenida con leyes que realmente nos sirvan. Leyes, autoridades y castigos que le enseñen a las nuevas generaciones a ser sensibles, a respetar la vida.

Si ponemos como ejemplo a un muchacho idiota que quema vivo a un gato, dándole 1 año de cárcel, 5 años de servicio a la comunidad, una multa de 100 mil pesos y la obligación de someterse a un tratamiento psiquiátrico, él y todos sus «amiguitos»  la van a pensar dos veces la próxima vez que vean a un animal cualquiera caminando por la calle.

Pedimos justicia, acción y leyes severas,  porque nos urge mejorar algún aspecto de nuestra vida, proteger lo poco que queda limpio de este mundo, cuidar la última conexión que tenemos con este planeta, propagar la idea de que cualquier vida tiene un valor específico en este universo.

No nos pidan que nos calmemos a la hora de exigir justicia, no nos digan que es intrascendente la vida de un gato; sobre todo, no nos pidan que nos preocupemos por otras cosas como… el futuro… o sus hijos… porque eso es lo que estamos haciendo.

La vejez no es una enfermedad: El perro Senior.


Antes de decir nada, necesitamos entender algo: el envejecimiento de un perro no es una enfermedad, no es un mal y no tiene por qué ser un sufrimiento. El que un perro sea anciano o Senior, es un proceso natural que se notará en menor o mayor medida, dependiendo de la vida que el perro haya llevado hasta ese momento.

Un perro se considera senior cuando rebasa regularmente los siete años de edad, pero dependiendo de su raza y tamaño, puede darse un poco antes o un poco después.

Esto desde luego en términos de teoría, pues hay perros que aún después de los 10 años no parecen evidenciar un comportamiento de viejo, así como algunos perros pueden reducir su actividad física antes de esa edad. Todo depende de la vida que le hemos dado.

En un sentido general, el envejecimiento representa una disminución de las capacidades físicas, menor agudeza en los sentidos y mayor tardanza corporal para autoregularse, algo así como para “epararse solito”

Los síntomas primeros son, desde luego, los físicos. Es normal que un perro Senior pierda algo de su pelo en ciertas zonas, que reduzca su masa muscular y aumente la grasa en su cuerpo, además de las conocidas canas, que generalmente empiezan a darse por zonas pequeñas, empezando en la cara.

Como en todos los demás seres, su cuerpo debe disminuir su actividad porque ya no soporta lo mismo. Su corazón trabaja más lento, por lo que correrá menos. Algunos días no querrá y en general no deberá brincar. Su vista y oído empezarán a ser menos agudas.

El envejecimiento es inevitable, pero no así los síntomas negativos, lo que se pueden retrasar mucho con la atención adecuada.

Por ejemplo el baño. Nada de bañarlo cada semana o cada quince días. Más que nunca nuestro perro necesita conservar las condiciones naturales en su pelo, por lo que debe bañarse cada mes o mes y medio. No antes.

Por supuesto el cepillado del pelo y de dientes no entra en esta categoría, esos deben hacerse con la misma regularidad de siempre. De la cepillada de pelo dependerá que conserve su brillo. De la cepillada dental, que no adquiera enfermedades bucales.

Ahora es tiempo más que obligado para acudir con los expertos, pues habrá zonas más sensibles en nuestra mascota, como los ojos, oídos, nariz y boca. Para cada zona hay un experto veterinario y ante cualquier cambio notorio, hay que buscarlos.

Una de las afecciones más comunes, estará en los músculos y articulaciones. Hay que evitar que un perro mayor de 7 años se pare en dos patas, brinque de la nada o arranque en una carrera como cuando era cachorro.

Las articulaciones deben ser un punto de especial cuidado, junto con la cadera. Mientras más grande nuestro perro, más grande el cuidado.

Y desde luego, como nosotros, la alimentación. Si antes debías evitar golosinas y comida a escondidas, ahora más. Al envejecer, un perro necesita cada vez menos calorías y grasas, además de requerir alimento de fácil digestión. Esto no significa menos alimento, sino de mejor calidad. Cuando acudas con tu veterinario, le podrá hacer un diagnóstico y recomendarte los mejores ingredientes para tu perro.

Si nuestro perro aún está en la frontera de la vejez, es decir 7 u 8 años, aún hay tiempo de preveer enfermedades graves. Aún puedes hacer esa esterilización a la que le diste tantas vueltas. Machos y hembras reducen el riesgo de cáncer si han sido operados de su sistema reproductor, pues evitamos que las glándulas sigan produciendo hormonas, con el riesgo de descontrolarse.

Y viene, claro, el carácter. Ya no es la mejor edad para educarlo (pues además debiste hacerlo antes, ¿verdad?), pero tampoco podemos dejarlo comportarse como quiera. Si no quieres darle un entrenamiento formal, todavía podemos enseñarle cuestiones básicas de obediencia, y más aún, reforzar lo que ya había aprendido. El viejito sigue entendiendo y créanme, puede seguir aprovechándose de un dueño barco.

La vejez es una nueva etapa, no debe verse como el principio del fin. Hay que recordar que en sus años de juventud, él estuvo al pendiente de ti, dormía menos profundo para estar alerta, respondía en cuanto le llamabas y siempre estaba de buenas para recibirte.

Te toca hacer lo mismo por él, se lo debes, se lo ganó. Lo único que te pedirá es amor, compañía, comprensión y algunas veces, más paciencia, pues también él está pasando por una etapa nueva, en la que encontrará cosas que no le gustan, pero no puede evitar.

Y finalmente, si aún no ha llegado esta etapa… ¿qué esperas? Pon atención en el futuro y revisa en qué estás fallando, para prepararle una vejez feliz.

De Albóndigas y otras estupideces.


La primera semana de Agosto de 2010 sorprendió a muchos usuarios de redes sociales con un volante digital denominado: Albóndigas de Exterminio.

Dicho panfleto, entre otras cosas, argumentaba que en defensa de la salud, en reprimenda a los irresponsables y en protección de los niños, comenzaría una campaña de exterminio canino a través de alimento envenenado, depositado de manera premeditada, entre arbustos y jardines de los principales parques de la Colonia Condesa.

He aquí algunos fragmentos:

«Amigos, en vista del enorme incremento de mascotas (perros) en nuestra colonia Condesa y al caso omiso de sus dueños de recoger las heces fecales (sic), nos vemos en la necesidad de aplicar el Plan “Albóndigas De Exterminio” a los perros sin correa.»

«…además a muchos de nuestros hijos NO les gustan los perros y les tienen miedo, y los dueños no hacen nada cuando se les acercan y los espantan, cuando mucho un simple “disculpe” dejando al niño llorando asustado.»

«…para esto ya puedes pasar a recoger a nuestro lugar de reunión los miércoles, viernes y domingos después de las 10:00 am tu porción de ADE, así también te daremos 6 cápsulas para disolver en las fuentes.»

Desde luego vamos a obviar la falta de pericia al redactar, así como los pleonasmos que usa el conocedor «vecino».

Cómo tal el problema era una amenaza expresa, con delito confeso incluido, de envenenar perros por culpa de dueños irresponsables.

Así de sencillo y claro, tan simplista como la lógica misma con la que el supuesto grupo de vecinos habría llegado a dicha conclusión. Primero supongamos que este volante hubiera resultado verídico:

1.- Los vecinos confesaban que cometerían dos delitos contra la salud, el primero, depositar desechos tóxicos de manera premeditada en medio de la vía pública, más aún, entre la vegetación de parques. El Segundo, más grave, contaminar de manera intencional aguas públicas, que están al alcance, sí de mascotas, pero también de los muchos niños que dicen proteger.

2.- Mucho nos quejamos de la ineficacia de las autoridades, sí, pero para sancionar estos casos de irresponsabilidad (no levantar las heces), les guste o no, existe una autoridad. Dictaminar una solución alterna que incluya la muerte (increíblemente dolorosa, traumática y prolongada, provocada por veneno) por cuenta propia, es lo mismo que tomar la justicia en propia mano. Es decir, se equipara a salir a asesinar ladrones porque nuestras autoridades no los están atrapando.

3.- En el plano teórico, los perros en vía pública deben caminar con correa, esto incluso, por ley. En la realidad, cuando de parques y zonas recreativas se trata, el 90% de los perros que caminan sin correa NO SON AGRESIVOS. Y esto no es por confianza pura en ellos, sino porque como dueño, sé que cuando mi perro es agresivo me causa problemas desde la primera vez, haciendo daño y haciéndose daño y no es lo que una persona cuerda desea. En lugares tradicionalmente canófilos, como el Parque México, el Parque España o «las Islas» en Ciudad Universitaria, los enfrentamientos entre perros son raros, la agresión de un perro a una persona, mucho más.

4.- Siempre hay algún desequilibrado que trae un perro agresivo con ganas de armar pelea o peor, de amedrentar a la gente. Créame, estos tipos NO SON BIENVENIDOS entre las comunidades caninas de los parques y de toparse con ellos, lo hará en un parque, en una calle o en la puerta de su casa. Son delincuentes y hay que denunciarlos, para sancionarlos.

5.- Si al niño no le gustan los perros, es respetable, pues es preferencia, pero debería enseñarla a NO temerles por el mero hecho de ser perros. Un niño equilibrado y seguro de sí mismo, que no le teme a las cosas por antonomasia, es un niño más feliz. Enseñarlo a cuidarse y ser precavido no implica enseñarlo a mantenerse lejos de todos los seres vivos. En todo caso, debería enseñarle a no acercarse a la gente, realmente hay más riesgo de sufrir daño.

6.- Sería todo un derroche de brillantez enviar sus planes por correo electrónico, probablemente es el medio de comunicación con mayor filtración de información. Sería difícil que la información no le llegue rápidamente a algún defensor de los animales. Basta con que UNO de los hijos, sobrinos, primos o hermanos de esos vecinos que hacen el acuerdo se entere para que trate de hacer algo tan sencillo como publicarlos en su Facebook, Twitter o por correo electrónico.

Ahora, digo todo lo anterior con un afán de razonar el hecho, pues no dudo que entre las personas que se enteraron de este volante, exista alguno a quien la idea le pareció realmente una «solución». Afortunadamente, hasta el día de hoy dicho volante ha resultado solo una amenaza, un mito, o como se les conoce en la red, un Hoax.

Entonces, ¿no hay problema? ¿Para qué nos preocupamos?

Todo lo contrario. Lo que este volante decía, es sólo la expresión ficticia de una «organización», pero es algo que sucede todos los días en cualquier colonia de muchas ciudades, si no es que de todas.

El «perro envenenado» es una figura común de nuestra sociedad, una triste expresión de la falta de cultura, educación e inteligencia, es un recuerdo común para muchos niños cuya mascota era más ruidosa que lo normal, tenía más energía o paseaba más lejos de lo deseado.

Le cuento, como anécdota que un buen amigo (que hoy en día es el Editor de la fantástica revista Animalia Magazine) cuenta entre las memorias de su niñez con tres perros consecutivos envenenados.

El «perro envenenado» es la resultante de dos sectores: dueños irresponsables y gente sin respeto por la vida.

Por un lado, los dueños irresponsables que dejan al perro correr libre por la calle sin vigilarlo caen en la comodidad y cargan la primera culpa. Es muy sencillo, cuando se tiene a un perro que  siempre regresa a casa, abrir la puerta por las mañanas, permitirle subsanar sus necesidades en donde sea (sin recogerlo, claro, porque «no lo ví«) y esperar a que regrese. Ese perro ciertamente puede resultar, además de un riesgo para la salud, una amenaza para otros perros que sí pasean con correa o personas que se cruzan en su camino.

Se estima que sólo entre el 8 y 9% de los perros extraviados son producto de una correa o collar rotos. El restante 91% son perros que corren libres y en alguna vuelta o carrera no encontraron el camino de regreso. En cambio, un perro que aprende a caminar siempre con correa al lado de su dueño, se convierte en un perro equilibrado, sin ansiedad, más educado y asertivo.

Es decir, para todos conviene que el perro salga con correa, falta quitarse la pachorra, la flojera de caminar a un ritmo más elevado para ayudarlo a hacer ejercicio. No hay nada mejor que comenzar el día con una caminata al lado del perro y nada mejor para rematar un buen día. (Créame, para un sedentario común, cuando llegó a casa el primero de mis cinco perros, mi vida comenzó a cambiar para bien, comenzando por mi salud y mi peso.)

Sin embargo, como tantas cosas acerca de los animales se necesitan legislar, urgen espacios expresos para que los perros equilibrados convivan y hagan ejercicio libres. Espacio controlados, seguros, en donde la gente sepa que ciertos días, encontrará perros libres y entonces, decida si acude o no. Lugares con depósitos para heces y con algún vigilante que se cerciore de que se cumpla con la limpieza. Lugares en donde la cultura animal florezca y en donde después, los mismos dueños se vigilen y se insten a cumplir la norma entre ellos.

Estos lugares ya existen, creados por la costumbre y el acuerdo tácito, pero no están reglamentados para evitar estos enfrentamientos.

Y por el otro lado, el sector de los «envenenadores», necesita una severa reprogramación. Alguien debe hacerle saber el valor de una vida, la complejidad maravillosa de un organismo vivo y hasta su peso cósmico en este mundo. Andar cargando muertes absurdas de animales sobre los hombros no es bueno para nadie. Ser un asesino de perros es el resultado de una educación pobre, de un descuido familiar y una disfuncional concepción de la vida.

Ser capaz de matar a un animal por el hecho mismo de que «no me gusta», es un paso más cerca de la estupidez y habla de una agresividad latente, un paso más cerca del sociópata. La agresión hacia los animales es uno de los problemas psiquiátricos más severos en la niñez y adolescencia, que desensibiliza al individuo, haciéndole perder el valor por la vida, la de los demás y la propia, permitiéndole aprender a descargar la ira contenida en su forma más pueril y peligrosa.

Y esto no lo digo yo, lo dicen cientos de estudios alrededor del mundo, lo dicen expertos como el Dr. Albert Schweitzer, el especialista del FBI Robert Ressler, la famosa antropóloga Margaret Mead, la psicóloga Linda Merz-Perez, el Dr. Alan Felthous… y muchos, muchos más. ¿No me cree? Googleé eso nombres nada más, no tiene que tomar mi palabra como cierta.

La conexión entre los asesinatos humanos y el maltrato animal es tan clara como riesgosa… y sí, envenenar a un animal es agredirlo de manera expresa, se esté presente cuando el animal muere, o no.

Dejemos de engañarnos, hay un problema de cultura de ambos lados, pero uno de los dos es más peligroso que el otro, uno de los dos afecta a la psique del individuo y necesita ser tratado antes de convertirse en algo peor.

Ustedes decidan a cuál de los dos me refiero.

Cuiden a sus mascotas, sean responsables y denuncien a los agresores. Esto aún está en nuestras manos.

Los mestizos de moda: Acciones I.


Entre los muchos comentarios que hemos recibido a recientes fechas sobre nuestra postura de «Poner de moda al mestizo», en algunos de ellos hemos recibido un argumento importante: «No somos personas públicas y en teoria no queremos re-educar a la gente, entonces ¿cómo ponemos de moda al mestizo?»

Ciertamente nuestro post y nuestra posición al respecto (de la que somos portavoces pero no autores, pues hay miles de personas luchando por ello antes que nosotros), tiene algo de teórico. Teóricamente queremos que aquellas personalidades que sí gozan de notoriedad y, por ende, de seguidores, adopten dicha postura y nos ayuden con esta expansión de la idea.

Claro, sería un poco ególatra decir que esperamos que esas personas pasen por nuestro post y adopten la postura simplemente porque nos leyeron, empero, no nos hemos quedado de brazos cruzados y tratamos de acercarnos a quienes representan un modelo, ejemplo o líder de opinión para la gente, pero la verdad es que ellos, como lo dijimos serán herramientas de información. No serán la fuerza misma.

Entonces, refrendamos ¿qué hacemos para poner de moda al mestizo?

Vamos a tocar algunos de los puntos que pueden ser muy útiles al respecto y para los que solamente necesitas actitud.

Ya no más «callejeros»

Dejemos de llamarles así. «Callejero» es una condición de vida, es una circunstancia, porque vive en la calle. No es su denominación fenotípica o biológica, no dice nada sobre sus características físicas. En lo personal no creo que sea despectivo per se, sin embargo, es una forma en que la gente les resta importancia y aprovecha para separarlos de los perros de raza, aduciendo con ello muchas cosas, como suciedad, enfermedad, descuido o riesgo. Quizá entre los amantes de los perros, «Callejero» no se dice en sentido negativo, pero otra vez, no vamos por las personas que ya los amamos, vamos para el resto de la gente, para la que «Callejero» sí es común que se use como un calificativo de inferioridad.

Obviamente, menos de los menos les llamemos «corrientes» o «eléctricos» (cuyo chiste radica desde luego en: corriente con corriente). La «finura» no tiene que ver con la pureza de la raza, si así fuera, el 90% de los habitantes de este país seríamos corrientes y el restante 10%, casi. Hay perros mestizos cuyas condiciones genéticas funcionan de manera más «fina» que los de raza pura, pues su organismo es más fuerte, sus reflejos más rápidos, sus instintos más útiles y sus reacciones más inteligentes.

Incluso evitemos llamarlo «cruzado». No es sólo un término que tampoco sirve para definirlos, sino que es un pleonasmo. Conocemos como «cruza» al apareamiento de dos perros. Es decir, todos los perros del mundo, de raza pura o mestizos, requieren de una cruza, entonces, todos los perros del mundo son cruzados.

Empezar por la denominación correcta es un buen paso, especialmente para los niños y jóvenes. Hay muchos adultos que nunca supieron cambiar esa costumbre y que aún los llama así. No desaprovechemos la oportunidad de corregir amablemente a cualquiera que oigamos llamarlos erróneamente. «Es un Mestizo» o al menos «Criollo».

La pregunta

No es que esté mal querer sobre las razas y conocer algunas más, pero es mucho mejor emocionalmente hablando, darle personalidad a las mascotas. Tratemos de que la primera pregunta al ver a un perro, propiedad de alguien más, no sea «¿De qué raza es?».  Es darle más importancia de la necesaria a un aspecto secundario. Lo mejor para ayudar a que la gente los vea más como individuos y menos como objetos de tienda, es empezar por «¿Cómo se llama?». Es lo que nos preguntamos entre nosotros. No imagino la cara de uno de nosotros cuando nos invitaran de viaje, por ejemplo a Europa, y alguien le preguntara a nuestro acompañante (suponiendo que nosotros no podemos contestar porque no hablamos el idioma) «¿Y tú amigo de qué raza es?». Esto es especialmente útil frente a niños, pues los enseñamos desde chicos a tener prioridades… y la raza no debe ser una de ellas.

La reacción

Cuando vemos un poodle, un labrador o un schnauzer, por la calle, aparentemente sin dueño, es normal que la gente diga «Mira, pobre perrito», «Que bonito perrito«, o alguna frase similiar. En cambio, ante un perro que parece «genérico», es decir, tan mestizo que se aleja mucho de las razas comunes, los tratan de alejar con un «shush», «úshcale» o «sáquese«. Es una forma más de hacer diferencia. El Mestizo en la calle no tiene más gérmenes, enfermedades o riesgos que cualquier otra raza. Los que se han vuelto agresivos por su mala suerte (de encontrar gente agresiva) no suelen acercarse, así que si lo hace, no importa si parece de raza o no, merece el mismo trato que los demás. No hay que dejar de tener cuidado, no debemos aproximarnos demasiado a la ligera, pero no permitamos que se siga propagando la idea del «feral», término tan odiosamente usado por autoridades sin conocimiento para hacerlos ver como «perros peligrosos».

La felicitación

Esto es especialmente para nosotros los amantes de los perros: felicitemos a quien orgullosamente pasea con su mestizo. Adoptar a un perro de calle o a un mestizo a través de una asociación, implica una mentalidad ganadora: buscaba un amigo, no un accesorio de color y forma específica. Eso es razón suficiente para felicitar al dueño. Felicidades por adoptarlo, felicidades por encontrar un perro tan lindo, felicidades por no tener prejuicios. Incluso se vale agradecerles a nombre de los perros mestizos, ¿por qué no?

La propaganda

Especialmente para quienes tienen ocasional, o frecuentemente, algún contacto con los medios. Cuando por alguna razón somos parte de algún artículo, encuesta o muestra gráfica sobre las mascotas, no tenemos por qué seleccionar a nuestras mascotas más «puras». Dejemos que compitan por la cámara equilibradamente. Hay perros mestizos que se roban la foto mucho más que cualquier raza. Esto aplica para nuestra foto de Facebook, Hi5, Twitter o el portal que sea. Mientras más perros mestizos veamos aquí y allá, más fuerte será su imagen como mascota ideal.

No es lo único que podemos hacer, pero son algunas ideas, discutidas también con nuestros blogeros, internautas y radioescuchas. Si tienes alguna nueva idea, no dudes en platicarnos, ¡necesitamos de todos!